28 nov. 2010

Educadores Ambientales de Venezuela 21 – Adriana Boccalon



Muchos de los profesionales que trabajan en el tema ambiental viven intensamente la pasión por la búsqueda de la verdad y la justicia. Y la verdad en temas ambientales es frecuentemente compleja, afecta intereses y muestra los desatinos de los poderes políticos y económicos: Recordemos la famosa frase de Lord Northcliffe: “Noticia es lo que alguien hace en alguna parte, que no quiere que sea publicado. Todo lo demás es publicidad".

En este contexto, vamos a recorrer las ideas y vivencias de una periodista que ha vivido intensamente su profesión y que de esas vivencias nos puede mostrar el difícil camino de informar a la población como se lesionan sus derechos ambientales y como luchar para hacer valer estos derechos. Para mi, esta entrevista es una forma de homenaje a todos los comunicadores que trabajan intensamente, a través de su trabajo de información, en hacer de este país un sitio más democrático, justo y donde se respeten los derechos de todos los venezolanos.

En un giro interesante de estas entrevistas, Adriana se presenta a sí misma, por lo que los dejo directamente con sus palabras:

La lectura siempre fue mi pasión, así como la lucha por el bienestar de la sociedad basado en el desarrollo de sus ciudadanos, la educación y, por supuesto, la justicia, quizás por eso no fue difícil para mí tomar la decisión de estudiar Comunicación Social, sabiendo desde que comencé mi formación académica que jamás me dedicaría a hacer diarismo, sino mas bien a estudiar los procesos para interpretarlos desde sus diferentes aristas y entonces, desde mi tribuna como Periodista, desempeñarme de acuerdo a mi propuesta.

Tuve excelentes profesores, quizás los mejores que han pasado por la Escuela de Comunicación Social de la UCV, quienes contribuyeron con creces a abonar mis ideales que logré materializar con éxito durante mis años de ejercicio profesional, especialmente en el diario El Correo del Caroní, en Ciudad Guayana, donde gracias a la confianza de su Director, el Dr. David Natera Febres, consolidé un espacio valiosísimo donde el medio ambiente fue siempre el principal protagonista. En paralelo, mis años de desempeño en Fundacite-Guayana me permitieron estrechar vínculos con investigadores y científicos especializados en diferentes disciplinas, participar con ellos en múltiples actividades como jornadas, congresos, simposios y charlas, incluyendo, por supuesto, salidas de campo, lo que me permitió ganar su confianza y respeto, así como la credibilidad de mis seguidores.

Durante años trabajé el tema ambiental desde dos ópticas: La primera, la información para la educación; la segunda, la denuncia, y fue precisamente esta ultima la que prácticamente me forzó, bajo amenazas,  a alejarme de los medios de comunicación social a finales de 2006, acabando de recibir el Premio de Periodismo en Biodiversidad que otorga Conservation International. Desde entonces sigo activa, pero desempeñándome freelance para revistas, trabajando en mi taller de diseño y confección de bolsos, y sintiéndome siempre Periodista Ambiental.

 ¿Puedes decir por qué eres una comunicadora ambiental?
Primero me gustaría puntualizar que entiendo el “ambiente” desde su óptica más amplia, es decir, mucho más que flora y fauna, pues integra al hombre y todo lo que este hace para modificar para bien o para mal, su entorno natural. Y ha sido desde esa visión que he trabajado la mayoría de mis reportajes periodísticos relacionados al tema ambiental, siempre asesorada por especialistas en cada disciplina.

¿Cómo llegaste a convertirte en comunicadora ambiental?
Como comenté al inicio, siempre supe que el diarismo no sería mi fuerte, y no porque desestime esta actividad, sino porque me interesaba mucho más hacer trabajos de investigación que explicaran el por qué y el para qué de los acontecimientos, de los sucesos, de las tendencias, y de este modo poder transmitir un mensaje más completo, integral, con posibilidades de razonamiento y reflexión. Entonces, estando en la Universidad, cayó en mis manos un libro sobre Periodismo Científico de Manuel Calvo y decidí que indudablemente esa sería mi especialidad, aunque académicamente no existía nada parecido en el país. Mucho menos el periodismo ambiental, por supuesto, quizás porque el “ambiente” no estaba de moda.

Al cabo de varios años, después de graduarme, me fui a vivir a Ciudad Guayana y allí fue justamente donde tuve la oportunidad de involucrarme con la gente de los centros de investigación de las universidades y las empresas, conocer los proyectos, estudiarlos, entenderlos y servir de puente entre el científico y su lenguaje, y el público en general. Recorrí un largo trayecto antes de sentirme una periodista ambiental, pues hay que derrumbar algunos muros rígidos que levanta, generalmente, el mismo investigador, quien celoso de su trabajo de años, teme, con sobrada razón, que este termine siendo malinterpretado por algún profesional de la comunicación social que por falta de formación en tan delicada lid o acostumbrado a hacer sólo diarismo, escriba o hable con ligereza de temas que podrían tener una génesis muy remota, un sinfín de interpretaciones, términos que son necesarios aprehender o resultados que a su vez generan información para nuevas investigaciones, y a la hora de divulgar estos tópicos al ciudadano común, es importante que el periodista haya establecido un vínculo estrecho con su principal fuente de información: el científico o el investigador. Y así fue justamente como me formé como Periodista Ambiental.

¿Cuál es el proyecto más significativo en materia de comunicación ambiental en el cual has participado o participas?
 Honestamente debo confesar que no tengo UN proyecto que considere el más significativo en lo que a comunicación ambiental se refiere, pues desde el más sencillo hasta el más engorroso cumplió su objetivo; sin embargo, la serie de seis reportajes de investigación que titulé “Aguas” fue quizás uno de los trabajos que más revuelo causó en Guayana, pues quedaron al descubierto muchos entuertos que tenían como escenario el Lago de Macagua, donde van a parar todo tipo de desechos, desde los biológicos hasta los tóxicos y químicos, sin haber sido tratados adecuadamente antes de llegar al cuerpo de agua, donde a escasos metros están ubicadas las tomas de la Planta de Tratamiento de Agua Potable, que dicho sea de paso tiene una infraestructura obsoleta y un mantenimiento muy básico, tal como quedó demostrado por los resultados de laboratorio de las muestras de agua, indicando que la salud de los sectores que reciben esa agua está en permanente riesgo, amén del otro porcentaje de la ciudad que solamente recibe agua industrial. Esta serie de reportajes generó reuniones de emergencia, visita de la entonces Ministra de Ambiente, declaraciones de altos funcionarios de la CVG, ofertas, promesas, pero la ciudad sigue creciendo y la situación empeora con el transcurrir del tiempo.

El caso de las lagunas de Lodos Rojos de CVG Bauxilum también fue a parar a mis páginas de ambiente, cuando comprobamos que las mismas tienen filtraciones que terminan drenando su compuesto de agua, hierro, alúmina, sílice, galio y soda cáustica, una combinación altamente tóxica, junto a los lixiviados del relleno sanitario de Cambalache, hacia la laguna natural de Cardonal donde la gente pesca para alimentarse, o hacia el mismísimo río Orinoco. Han transcurrido varios años desde aquella denuncia refrendada entonces por representantes y técnicos del Ministerio de Ambiente en la región, la vice-presidencia de Ambiente Ciencia y Tecnología de la CVG, la Defensoría del Pueblo y la Guardería Ambiental de la GN; sin embargo, la situación se torna cada día más delicada y la indiferencia gubernamental asusta.

¿Cómo ves el estado actual de la comunicación ambiental en Venezuela?
Evidentemente, de unos años a esta fecha los medios de comunicación han entendido que el tema ambiental merece un espacio privilegiado, aunque siguen siendo muy pocos los periodistas con dedicación exclusiva a la temática ambiental; sin embargo, este esfuerzo no es suficiente si en paralelo el estado venezolano no implementa responsablemente un programa sostenido, no una mera campaña, dirigido a la educación ambiental en escuelas, colegios, liceos y universidades, tal como lo señala la Constitución Nacional. Y para que este programa resulte efectivo con el transcurrir de los años, debe contar, además, con el apoyo de los medios de comunicación y las ONG, así como la asesoría de científicos, especialistas e investigadores, de modo que se establezca una sinergia a favor de una cultura ambiental que lamentablemente no tenemos en el país. Observo apreciadas iniciativas en algunos medios de comunicación social, ONG que hacen un trabajo excelente y el esfuerzo de profesionales conocedores del tema que transmiten mensajes en positivo, pero del mismo modo percibo un preocupante vacío oficial así como la participación en público de personas como locutores de radio y entrevistados, por ejemplo, que opinan a la ligera sobre temas ambientales, probablemente con la mejor intención, pero sin bases sólidas para hacerlo.

¿Qué sería lo más importante que habría que hacer para mejorar la comunicación ambiental en el país?
Concretamente, creo que la simbiosis debe establecerse entre científicos/investigadores, comunicadores sociales y Estado, pero en vista que este último parece ser el más difícil de integrar, quizás por ser sus empresas las que más atentan contra la sanidad del entorno natural, entonces deberíamos comenzar por estrechar vínculos entre los otros dos componentes. Para ello, los primeros deben perder el miedo de conversar con los periodistas y dedicarles un poco de su tiempo a “educarlos” en materia ambiental para contribuir a derrumbar el muro, mientras que la nueva generación de comunicadores sociales debe interesarse en el tema y comprender que el periodismo dejó de ser, hace años, la noticia que responde al qué, quién, dónde, cuándo y cómo, para aclarar el por qué y el para qué, y para eso es necesario el estudio, la reflexión y la especialización.

Un comentario final
Durante mis 6 meses de “exilio” en Montreal, Canadá, de marzo a septiembre de 2007, a diario compraba el diario Gazette de la prensa local. Una sola vez llegué a leer un suceso en aquellas páginas, recuerdo que se trataba de un asesinato pasional en Alberta, mientras que el tema ambiental con frecuencia abría la edición. Entre lo que más me llamó la atención, recuerdo el caso de un crucero de verano por el río Saint Laurent al que una periodista descubrió que no tenía planta de tratamiento y dejaba colar los excrementos humanos al cuerpo de agua. El gobierno sancionó a la empresa con suspensión de licencia y una multa millonaria. Otro caso interesante fue el Presidente de la Comisión de Ambiente del Senado, al que otro periodista lo hizo seguimiento para descubrir que el susodicho sacaba la basura de su casa colocando en la misma bolsa todo tipo de desecho, cuando por regla cada tipo de residuo debe ir en su respectiva bolsa y depositado, en consecuencia, en el pipote que le corresponde. El hombre no hacía lo que predicaba, como tantos otros. Fue sancionado y removido de su cargo.

3 comentarios:

  1. Los felicito por estas entrevistas tan interesantes... La voz de los periodistas siempre está viva aunque se dediquen a otras cosas.... Felicito a todos aquellos que defienden una noble causa, mas cuando se trata de salvar y defender nuestra casa: La Tierra

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