7 ago. 2018

¿Qué siente el ciudadano de Caracas ante la fallas en el servicio de agua potable?



Imagen tomada de Analitica.com

La Coalición Clima21 en alianza con la Fundación Tierra Viva y el apoyo de Civilis Derechos Humanos estamos realizando este año una serie de informes que documenten la situación de los derechos humanos ambientales de los venezolanos.

En tal sentido, hemos comenzado realizando informes sobre violaciones al derecho al agua potable en el Área Metropolitana de Caracas y otro sobre las violaciones a los derechos ambientales en las zonas mineras de Guayana.

Para el primero de estos informes se realizó una encuesta online enviada por correo electrónico dirigida a los habitantes de los municipios Libertador, Chacao, Baruta, Sucre y El Hatillo que conforman el Área Metropolitana de Caracas.

Con los resultados de la misma se realizó un informe preliminar sobre el cual presento un breve resumen:

¿Qué siente el ciudadano de Caracas ante las fallas en el servicio de agua potable?

Percepción de los ciudadanos sobre el servicio de agua en el Área Metropolitana de Caracas


El agua es una condición necesaria e insustituible para la vida, por ello el acceso al agua es un prerrequisito para el disfrute del derecho a la salud, a la vida, al trabajo y a un nivel de vida digno.

En el año 2010 la Asamblea General de las Naciones Unidas reconoció al acceso al agua potable y al saneamiento como un derecho humano.  Adicionalmente, el Estado venezolano se ha comprometido con el cumplimiento de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, donde el Objetivo 6 es garantizar la disponibilidad de agua y su gestión sostenible y el saneamiento para todos.

Por ello, el  Estado venezolano tiene la obligación de garantizar a toda la población el derecho al agua potable. Derecho que debe de ser medido en términos de cantidad, continuidad y calidad del servicio.

A pesar de ello, los problemas de déficit en el abastecimiento y calidad de agua se han venido extendiendo por toda Venezuela desde hace varios años, pero ha sido durante el primer semestre del 2018 cuando el Área Metropolitana de Caracas se ha visto más afectada, alcanzando niveles de  crisis en los últimos meses.

Los resultados más relevantes obtenidos por la encuesta son los siguientes:

  • 3 de cada 4 caraqueños no recibe agua regularmente
  • De cada 100 caraqueños, 98 están afectados de alguna forma por el racionamiento de agua
  • 92% de los encuestados perciben que la calidad del agua que reciben es regular o mala
  • 95 de cada 100 caraqueños responsabilizan al gobierno por la crisis de agua

Igualmente la gran mayoría de los que respondieron a la encuesta entienden que es necesario un Programa de Gestión Integral del Agua como medida necesaria para revertir esta situación que está impactando en su calidad de vida.

En conclusión, este trabajo revela que la población del AMC está siendo sometida a unas condiciones de servicio de agua potable que no cumplen con las condiciones necesarias para realizar el derecho al agua potable y que el Gobierno Nacional no parece estar adoptando las medidas apropiadas para lograr la plena efectividad de este derecho.

Tal situación tiene consecuencias importantes sobre otros derechos, tales como: los derechos a la salud, alimentación, trabajo, educación y un nivel de vida adecuado, entre otros. Por lo cual es posible que se esté frente a una emergencia en materia de abastecimiento de agua en el AMC.

Para lograr un cambio en esta situación será necesario una activación de las organizaciones de la sociedad civil de tal manera de exigir al gobierno nacional cumplir con sus obligaciones y adoptar medidas apropiadas con miras a lograr la plena efectividad del derecho y proponer acciones participativas a escala municipal y local que permitan la solución a los problemas existentes. Asimismo consideramos muy valiosa la experiencia realizada en este sentido por La Red de Organizaciones Vecinales de Baruta


Para leer y descargar el informe completo marque aquí

10 abr. 2018

Taller de Técnicas básicas para la comunicación de derechos ambientales




LLAMADO A INSCRIPCIONES


Sin unas condiciones ambientales adecuadas la vida y la dignidad de las personas no resultan posibles. Por tales razones,  desde hace varios años se ha venido avanzando en la toma de conciencia de que temas ambientales tales como: el acceso al agua y al saneamiento, un ambiente sano libre de contaminantes,  la existencia de condiciones naturales seguras y armónicas, entre otras circunstancias, deben ser considerados derechos humanos.

Para lograr la plena vigencia y disfrute de esos derechos, resulta necesario lograr la concientización de la población sobre los mismos y su importancia para su vida y su desarrollo humano.

En este sentido, las distintas organizaciones que trabajan con temas de derechos humanos ambientales, así como las que desarrollan programas relacionados con la conservación ambiental y el desarrollo sostenible, les corresponde realizar programas efectivos de comunicación que den a conocer los derechos ambientales.

 Igualmente, deben promover su valoración, denunciar las situaciones de violaciones de estos derechos, exigir a los gobiernos y empresas el cumplimiento de sus obligaciones con respecto a los mismos y difundir las historias de las luchas de las comunidades y las personas por alcanzar el disfrute de esos derechos.

Para lograr este propósito es necesario que las organizaciones manejen criterios y técnicas de comunicación que les permitan realizar estas actividades, no sólo de manera eficiente, sino ética, responsable y segura.

Por tales razones la Coalición Clima21 en conjunto con la Fundación Tierra Viva y el apoyo de Civilis DDHH, han organizado este taller cuyo objetivo es aportar a las organizaciones relacionadas con temas ambientales las orientaciones y herramientas básicas para comunicar los derechos ambientales en Venezuela de manera eficiente y responsable.

Las características del taller son las siguientes:
Fecha: 18 de abril.
Lugar: Caracas (el lugar exacto del taller se informará posteriormente)
Duración: 8 horas, de 8:30 am a 4:30 pm.
Facilitadores: Lic. Jeanfreddy Gutiérez, Corresponsal de Mongabay e instructor de AC Medianalisis / Alejandro Álvarez, Coalición Clima21 / Alejandro Luy, Fundación Tierra Viva.
Coordinación: Alejandro Álvarez

Para solicitar inscribirse por favor llene la siguiente planilla electrónica marcando aquí.

Por razones presupuestarias tenemos los cupos muy  limitados. Para la asignación de los cupos tendrán prioridad los miembros de las organizaciones de la sociedad civil e estricto orden de inscripción. Posteriormente se les enviará un correo a las personas que hayan sido aceptadas de acuerdo a los criterios anteriores.

Este proceso de inscripción cerrará el próximo domingo 15 de abril.

En el caso de que se inscriba le pedimos que se comprometa con su participación en el taller. Si por cualquier razón usted no puede asistir, le rogamos le deje su cupo a otra persona.

Cualquier otra pregunta, comentario o sugerencia, le rogamos nos los envíe a través del correo: ​coalicion.clima21@gmail.com

Le agradecemos divulgar esta invitación a las personas que puedan estar interesadas.

13 mar. 2018

La naturaleza como enemigo público: Cuentos de la iguana insurrecta





Muchas culturas concibieron la naturaleza como un enemigo. El mundo natural estaba lleno de monstruos aterradores, fenómenos catastróficos, plagas y calamidades. Los humanos temían a su poder y no entendían sus designios ni reglas.

Era necesario protegerse: Por ello construyeron ciudades, murallas, culturas, dogmas y religiones que pusieron límites entre lo humano y lo natural.

Con el paso del tiempo, los humanos aprendimos, hasta cierto punto, a leer la naturaleza. Determinamos sus patrones y dedujimos sus leyes. Pudimos usar los lenguajes de la ciencia para representar y prever sus dinámicas. Describimos, mapeamos, analizamos y modelamos. Fuimos capaces, dentro de ciertos límites, de planificar y gestionar nuestro entorno, incluso de hacernos menos vulnerables  a sus momentos de furia.

Ciertos enfoques contemporáneos buscan avanzar aún más en la comprensión del mundo natural. Ellos parten de reconocer la conexión inseparable de la naturaleza con los humanos, así como de la necesidad de entender y respetar las dinámicas naturales y trabajar con ellas. Esta perspectiva permitiría avanzar hacia sociedades prósperas, sanas y equilibradas.

Pero ahora en Venezuela renacen los viejos temores e ignorancias. Ya toda lluvia es una catástrofe, toda sequía es destrucción, toda acción responsable es soslayada, ignorada, negada.

Incluso están siendo relegados los conocimientos tradicionales sobre las condiciones ambientales del territorio venezolano. Son olvidados neciamente los desastres previos y se vuelven a cometer los mismos errores. Las condiciones ambientales son forzadas hasta el colapso.

Ahora ministros sin vergüenza usan la naturaleza como excusa, como enemigo, como elemento subversivo y terrorista.

Venezuela tuvo hasta hace poco un excelente servicio eléctrico que cubría prácticamente el territorio nacional. El mismo fue construido sobre la base de la explotación de nuestras propias capacidades de producción hidroeléctrica.Como consecuencia de esa acción, el servicio de electricidad en gran parte del país era una condición dada por hecho, por lo que incluso se instauró una cultura del derroche energético.

Asimismo teníamos un servicio de distribución de agua que mejoraba continuamente. Esto a pesar de las dificultades de la topografía y la estacionalidad extrema. A éste se unió un Sistema Nacional de Áreas Protegidas que preservaban las principales cuencas productoras de agua. Gracias a ello, por décadas la mayor parte de las ciudades tuvieron servicio de agua permanente y los racionamientos eran eventuales y de corta duración.

Avanzábamos hacia un Sistema Nacional de Gestión de Riesgos que progresivamente iba estableciendo políticas de defensa civil y protección contra desastres socionaturales, aún insuficientes pero en mejora.

Pero ahora, las graves y continuas deficiencias en el sistema eléctrico son culpa de iguanas, rabipelados, lluvias, centellas, sequías o cualquier otro fenómeno natural común.

Igualmente el servicio de agua es un derecho negado. En todo el territorio nacional, pueblos, ciudades, sectores urbanos y zonas rurales tienen el suministro racionado, a veces hasta de manera cruel e inhumana. La culpa parece ser de sequías que no han afectado de igual manera a los países cercanos.

En este momento toda lluvia fuerte o período de sequía tiene efectos dramáticos. Una tormenta costera reciente, mostró como en toda la zona afectada los daños más graves habían ocurrido en instalaciones construidas, incluso por entes gubernamentales, dentro del espacio que por Ley debía ser protegido y libres de toda construcción.

Actualmente la escasa producción agrícola depende únicamente de la buena suerte y las oraciones de los productores para que la lluvia y los otros fenómenos naturales sean propicios.

Y como dicen “parió la abuela”. El cambio climático es un enorme monstruo que nos amenaza de manera tan cerca que ya sentimos su aliento en nuestros cuellos.

Ya no vale la pena hablar del número de altos cargos del gobierno que han vociferado que el país es ejemplo global de lucha contra el cambio climático. Eso a la vez que el Plan Nacional de Adaptación al Cambio Climático previsto por la Ley de Gestión Integral de Riesgos Socionaturales y Tecnológicos tiene un retraso de casi nueve años y el Arco Minero del Orinoco es el proyecto de destrucción ambiental más grave que se ha planteado sobre esta tierra.

Es necesario reaccionar y resistir ante esa arremetida de ignorancia, perversión y demencia contra la base misma de los fundamentos ambientales de los cuales dependemos.

Reaccionar será tomar conciencia colectiva de a dónde nos lleva esta situación. Resistir es negarse a creer que este será un destino inevitable.

Es necesario como dice un amigo “pensar más duro” sobre lo que debemos hacer para prender la luz que haga retroceder a la oscuridad.

Es también comenzar a construir el futuro. No podremos salir del laberinto en que vivimos si no creemos que tiene salida y caminamos hacia ella. Quizás aún no las tiene. Posiblemente haya que construirlas, perforar un túnel que nos lleve afuera. Pero ello no será posible sin unión, solidaridad, coraje y trabajo duro.

Creo en eso. Nos iremos encontrando en el camino de la Venezuela sustentable.

7 mar. 2018

¿Y los ambientalistas? A propósito del Acto en el Aula Magna el 06/03/18


Imagen de EDO tomada de su cuenta de Twitter


Me parece muy importante y necesario el evento realizado ayer en el Aula Magna de la UCV. Para mi además es urgente su tema central, magistralmente descrito por EDO en su imagen: Unidad.

Esta idea debería ser prioritaria para nuestro país. La polarización nos ha hecho tanto daño que no estamos divididos: estamos fragmentados, despedazados, y aún seguimos buscando como separarnos aún más. Los efectos de esa perversa acción política están a la vista y se cuentan en miseria, muerte, destrucción, desesperanza y éxodo masivos.

Con este acto se abren caminos para la esperanza. Por supuesto que estos caminos serán largos, difíciles y culebreros. No hay de otra.

Pero me queda una pregunta. Nace de una especie de reclamo cordial que me hizo un amigo: En ese evento faltaban los ambientalistas. Entonces ¿estamos fuera de esa acción ciudadana por el rescate de la democracia?. 

Realmente no se si no asistió nadie que sea parte de algún grupo ambientalista. No me fue posible asistir. Pero casi estoy seguro que no había ninguno que representara realmente a este sector.

Estoy claro que, como muchos otros, las organizaciones ambientalistas han sido muy golpeadas por la situación económica y el hostigamiento gubernamental.

Se que han desaparecido muchos grupos o han tenido que reducir sus acciones. Las plataformas que los articulaban también han decaído en sus acciones y capacidades de representación.

Además viejos recelos y la triste polarización ha impedido la necesaria organización de los reclamos alrededor de temas .tan importantes como el Arco Minero del Orinoco, la crisis de agua, la destrucción de nuestras áreas protegidas, la creciente deforestación y destrucción en cuencas y otros temas muy importantes para el país cuyos efectos son parte de la actual crisis humanitaria compleja del país.

Nos falta mucha unión para dejar de ser un territorio abierto al saqueo y expoliación de los piratas y tiranos actuales.

Asimismo, necesitamos mucho trabajo conjunto, reflexión, estudio y acción ciudadana.

Ello también es necesario para evitar que oportunistas políticos tomen la bandera ambientalista por nosotros. También debemos recordar que si nosotros no lo hacemos, el espacio será ocupado por otros, no necesariamente los más idóneos u honestos.

Pero estoy seguro que el sentimiento ambientalista aún está muy vivo en el país y se manifiesta, como siempre, de manera muy diversa y creativa. Quizás ya no como movimiento organizado. Pero somos una semilla latente esperando por germinar luego de la temporada de sequía e incendios.

La pregunta es ¿podemos esperar hasta que los buenos tiempos lleguen? o más bien ¿no tendríamos que ser un factor que ayude desde su ámbito a impulsar los cambios necesarios? 

La ecología enseña que los ecosistemas surgen de las condiciones ambientales imperantes en un territorio. Pero también que los ecosistemas crean sus propias condiciones ambientales.

Así que queda abiertas las preguntas:

¿Debemos los ambientalistas participar en este proceso por la democratización de Venezuela?

En caso de que la respuesta sea si, ¿De qué maneras podemos contribuir a este proceso? ¿Cuál es el papel que podemos jugar en este momento de la historia del país?

De las posibles respuestas que le demos a estas preguntas se establecerán las bases para un futuro para el ambientalismo en Venezuela y en especial para avanzar hacia una sociedad sustentable, que haga del uso responsable de su extraordinario patrimonio natural la base de su futura prosperidad y capacidad de convertirse en una verdadera nación de oportunidades, justicia y equidad.

Espero por sus contribuciones, opiniones y propuestas.

26 ene. 2018

Carta al Sr. Ministro del Ambiente de Venezuela en un #26E





Caracas, 26 de enero de 2018

Sr. Ministro del Ambiente
Su despacho.

Estimado Sr. Ministro,

Aprovecho este 26 de enero de 2018 para hacerle llegar esta carta con la esperanza de que alguna vez llegue a sus manos. Pero antes de iniciar mi exposición resulta necesario aclarar algunos aspectos de este mensaje:

Por una parte, no me estoy dirigiendo a algún ministro de Ecosocialismo y Aguas actual o por venir. Estoy seguro que ello sería una absoluta pérdida de tiempo. Sólo en democracia un ciudadano puede dirigirse a un servidor público y esperar respuesta, o al menos aportar opiniones y propuestas en la construcción y evaluación de las políticas públicas nacionales. Y sólo en democracia es posible trabajar todos juntos por la sustentabilidad nacional.

Adicionalmente a lo anterior, no me puedo dirigir a un ministro de un ininteligible “Ecosocialismo”. No porque no pueda comprender las ideas que definen a esta doctrina política, sino porque el régimen que nos gobierna convirtió a las mismas en una contradicción retorcida entre el discurso de “amor por la Madre Tierra” y su práctica de odio y guerra hacia la naturaleza.

Por otra parte, lo de escribirle desde el 26 de enero de este año,  es mi homenaje a la irreverencia de los venezolanos que se inventaron un “Día Mundial de la Educación Ambiental” y ya lograron que otros países lo asumieran (1) Así mismo esta carta es una declaración de fe por los cambios que van a ocurrir.

Aclarado el  destinatario y la fecha, vuelvo a mi misiva, dirigida a usted Sr. Ministro encargado de la gestión ambiental de este país en algún futuro.

Es posible que desde que usted llegue  a ese cargo (espero que por razones legítimas) pudiera quedar abrumado por la magnitud del reto que le asignaron en un contexto de crisis y restricciones extremas.

Aún más, puede usted sentirse maniatado. Muchas personas, y entre ellos sus colegas ministros en las áreas de economía, salud, educación, seguridad etc., quizás ya lo convencieron de que los problemas ambientales son de baja prioridad al lado de los graves problemas derivados de la crisis económica y social y por eso lo dejaron (de nuevo) sin recursos.

Pero eso no es lo peor, pueden intentar convencerlo que para salir de la crisis hay que asumir de manera frontal los mega-proyectos mineros y la expansión de la actividad petrolera. Todos los cuales habría que apoyarlos eliminando las trabas burocráticas y los obstáculos innecesarios, tales como planes de ordenamiento, estudios de impacto ambiental, así como los controles y restricciones ambientales. Todo sea por el “rescate de la economía nacional”.

Usted tiene dos posibilidades: La más sencilla, intentar sobrevivir en ese cargo hasta que un día cualquiera lo sustituyan por otro pendejo (Uslar Pietri dixit) con menos escrúpulos ambientales y más proclive a los negocios.

Otra opción es plantearse hacer algo nuevo, pero infortunadamente más difícil y políticamente riesgoso.

Para ello le propongo trabajar desde dos ángulos: El primero establecer una estrategia de “ecología de la restauración” aplicada al ministerio que dirige. Es decir, realizar una serie de acciones que promuevan la recuperación de las capacidades y funcionalidad institucional a través de la inserción de prácticas de gestión adaptativa (2).

Habrá que aprovechar todas  las oportunidades (financiamientos, apoyos y asesorías nacionales e internacionales) e ir aprendiendo y re-adaptándose sobre la marcha a través del monitoreo y evaluación de los resultados. A medida que usted acompañe de manera decisiva las acciones de cambio verá que la institución comenzará a reverdecer.

Por otra parte, sería necesario establecer un programa nacional de sensibilización, concientización y movilización social de alto impacto.

Ello implica promover, mediante herramientas comunicacionales y educativas, un gran movimiento nacional, dirigido a estimular  el resurgimiento de Venezuela a través de la valoración, promoción y uso sustentable de sus recursos ambientales como ejes de una nueva economía post-petrolera.

Para lograr este propósito, será necesario construir una nueva narrativa de país dirigida a redefinirnos como nación formada por ciudadanos que trabajan y emprenden en función del manejo responsable nuestras capacidades ambientales. Narrativa que  debe desplazar a la de país rentista y extractivista poblado por personas que sólo esperan su pequeña ración de una riqueza cada vez más lejana.

Esta misma estrategia  debe ser dirigida a demostrar a los promotores de transiciones económicas, que en un país sin agua, con ambientes degradados nocivos para la salud, afectado por múltiples catástrofes socio-ambientales y que destruye sus servicios y capital ambiental, no tendrá ninguna posibilidad de transición, ni desarrollo.

Asimismo que los recursos naturales de Venezuela: biológicos, hidrográficos, eólicos, solares y de otros tipos, sí son usados de manera responsable, pueden apalancar de manera determinante el regreso del país a un camino de progreso.

Estas últimas ideas son la raíz de mi segundo planteamiento. Todas ellas están centradas en la necesidad de que en Venezuela se implemente un gran programa de educación y comunicación ambiental en todos los sectores y dirigido a todas las personas.

Entre los crímenes cometidos por los que devastaron la institucionalidad ambiental del país, estuvo el de destruir a la Dirección de Educación Ambiental y Participación Comunitaria del antiguo Ministerio del Ambiente. Ello sin ningún respeto por el derecho constitucional de todos los ciudadanos a ser educados ambientalmente y mucho menos por los tratados internacionales que obligan al país a desarrollar programas educativos relacionados con los distintos temas ambientales.

Esa instancia era el órgano competente para diseñar las políticas educativas ambientales, así como de implementar gestiones dirigidas a insertar la dimensión ambiental tanto en todos los niveles y modalidades educativas, como en los procesos de planificación. Como consecuencia de este atentado, la educación ambiental nacional es casi una especie extinta, envejecida y moribunda.

Revertir los daños causados, pasa por entender que la transformación necesaria del país sólo podrá lograrse si se cuenta con una población bien formada e informada y con alto grado de motivación. Ello será necesario para que todos podamos asumir las tareas de reconstrucción y restauración de nuestras funcionalidades y ecosistemas, tanto naturales como institucionales.

No le pido que simplemente restaure la anterior Dirección. Las viejas estrategias no serán suficientes, ni adecuadas para enfrentar los nuevos retos. Será necesario crear una nueva organización con objetivos ambiciosos, basada en criterios actuales que se alejen de las prácticas educativas bancarias (3) y de los modelos de déficit (4).

Venga, atrévase. Para ello contará con el apoyo decidido de muchas organizaciones de la sociedad civil, universidades, academias e incluso empresarios. Todos,  lo apoyaremos de manera decidida y constante.

Tu país y el de tus hijos lo necesita y exige de manera urgente. Vamos juntos a trabajar por un futuro ambientalmente sostenible. Ahora si, para todos.

Cordialmente,

Alejandro Álvarez Iragorry





(1) Ver la última parte de mi artículo “10 viñetas para conmemorar la educación ambiental venezolana” https://forotuqueque.blogspot.com/2017/01/10-vinetas-para-conmemorar-la-educacion.html  Un elemento adicional es la campaña iniciada desde el año pasado por el Secretariado Permanente del Congreso Mundial de Educación Ambiental para promover un Día Mundial de la Educación Ambiental. Cuya fecha propuesta es el 14 de octubre, en celebración del aniversario del Congreso de Tiblisi en 1977.   https://weecnetwork.org/es/october-14-first-world-environmental-education-day/

(2) La gestión adaptativa es un enfoque de gestión dirigido a aumentar las capacidades institucionales  para actuar mediante la creación de nuevas estrategias, así como la de enfrentar los cambios negativos mediante el aprendizaje constante producto de la evaluación de las acciones.

(3) En la concepción educativa de Pablo Freire la basada únicamente en la transmisión de información que es “depositada” por el educador en el educando.

(4) Es un modelo educativo que se caracteriza por asumir que el público tiene un déficit de información sobre temas ambientales  y propone que se diseñen e implementen programas para subsanarlos a partir de la transferencia de conocimientos desde los expertos. El mismo se contrapone a un modelo democrático que promueve el desarrollo de competencias en la ciudadanía para participar de manera activa y preparada para tomar decisiones en los temas ambientales que los involucran.

13 ene. 2018

De Puerto de Hierro a Stavanger: La travesía de la conciencia de Venezuela





El escritor venezolano Golcar Rojas en su artículo ¿Dónde queda Venezuela? afirmó que “Venezuela es un país desperdigado por el mundo”.

En este momento esa afirmación parece rigurosamente cierta. Tengo familiares y amigos viviendo en al menos 24 países.  Y pareciera que esta centrífuga no fuese a parar y por lo contrario que su giro se acelera.

Por otra parte, quisiera creer que las apreciaciones de ese autor sobre lo queda de Venezuela no son tan incontrovertibles, y que aún somos un poco más que “una republiqueta de vivos, sicarios y malhechores”.

En particular me gusta fantasear con la idea de que los que aún estamos aquí, por cualquier razón, somos los depositarios de la idea de un país que fue, y más importante, del que seremos cuando dejemos atrás “este pozo de plomo y sangre, este luto en gerundio, este llanto que no cesa”.

Quizás por esa esperanza  que aún guardo arrugada en la cartera, me resultan tan importantes las historias que nos cuentan este país desde otras perspectivas. Una de ellas es la mirada de los venezolanos que ahora viven “desperdigados por el mundo”.

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Tengo una amiga que nació en Puerto de Hierro, estado Sucre. Esta es una población localizada al extremo oriente del país, al sur de la península de Paria, cerca de Güiria. Es decir, que como canta Cecilia Todd es “la tierra donde amanece más temprano”.

Más tarde, en Barquisimeto, la ciudad de los crepúsculos. creció, se hizo profesional y tuvo una hija. Su vida transcurría teniendo como escenario la luz y el calor del trópico.

Como muchos venezolanos, a lo largo de su vida se tuvo  que comer las verdes y las maduras. A pesar de ello, al fin los caminos parecieron abrírsele y comenzó a tener una vida, a ratos dura, pero satisfactoria en muchos otros aspectos.

Pero un día, ya las cuentas de la vida no le salieron completas y a la inseguridad le crecieron los dientes. Decidió emigrar a España, la tierra de sus padres. Se convenció que le compraba un futuro a su hija.

Su vida de migrante no fue esa novela rosa de las que cuentan de venezolanos conquistando el mundo. Menos para alguien mujer y "sudaca" en un país en crisis económica. Resistió como gata panza arriba por un tiempo, pero luego tuvo que tomar otros rumbos.

Para hacer la anécdota corta, les cuento que luego de muchos avatares, que incluyó vivir en Kenia, terminó recalando en Noruega. En este momento vive en Stavanger. Una hermosa ciudad portuaria al sur de ese país marcada por el frío y la nubosidad permanente.

Esta realidad es dura para una hija del sol como mi amiga.

Ella me cuenta que uno de los aspectos naturales que más extraña de Venezuela es “la maravillosa opción de ser uno quién busca el clima y no al revés”. Y sigue: “Era tan divino ir a Los Andes si uno estaba harto de calor” o “a la playa si uno quería bañarse en ella en diciembre”…  Finalizó su comentario diciendo: “una de las cosas que más me cuesta es adaptarme al clima. Aún no lo consigo.”

Estas palabras son todo un discurso sobre un tema que no es obvio para los venezolanos: que en esta zona del mundo el clima es tan benigno que raramente tenemos que preocuparnos por estaciones, por la temperatura del día o la ropa que debemos usar y que la luz solar es la poderosa protagonista de cada día.

Las reflexiones de mi amiga me recordaron haber oído en mi infancia a emigrantes que llegaban a Venezuela que decían que la tierra en este país era tan fecunda que se podían echar semillas en cualquier parte y estar seguros que nacerían las plantas y darían frutos.

No por otra razón Colón, en su primer contacto con tierra firme en este continente, al pasar por las costas de Paria, las llamó “Tierra de Gracia” al considerar que había llegado al Paraíso Terrenal.

Venezuela como país estuvo marcada por esas señas ambientales y en su interior crecieron “La Ciudad Jardín”, la de la “Eterna Primavera”, "La Tierra Donde Nace El Sol" o se nombró una región como la “Tierra del Sol Amada”.

Estas percepciones hablan de las extraordinarias características y posibilidades del ambiente y la Naturaleza en este rincón del mundo.

Hace muchos años, ciertos “intelectuales” manifestaban que el clima suave y la naturaleza fértil de las tierras tropicales generaban que sus pobladores nativos fueran  perezosos y con muy baja capacidad intelectual y moral. A esas opiniones las llamaron “determinismo geográfico”.

Los defensores  de estas ideas nunca entendieron el papel fundamental  de los ecosistemas tropicales sobre toda la vida de la Tierra y mucho menos la muy importante labor de sus habitantes como guardianes y usuarios responsables de esas riquezas. Su racismo les impedía acceder a esta comprensión.

Infortunadamente los grupos de poder que han dominado el territorio de Venezuela tampoco lo entendieron.

Como lo describió Cabrujas: Se han comportado como mineros, usando el país como un mero campamento temporal que se habita únicamente mientras haya riqueza que explotar.

Por ello no tuvieron ni buscaron formar conciencia de país, ni arraigo, ni amor por el mismo. Bajo esta visión los venezolanos crecimos sin cultura ambiental y con una visión lejana de su naturaleza.

Esa visión perversa ha alcanzado su punto más alto. En nombre de la “revolución” y bajo el pote de humo de un "ecosocialismo” de pacotilla, nos dicen que hay que exprimir las riquezas minerales del país. Nos hablan de toneladas de oro y de pagar con diamantes y “petros”, pero no de los costos ambientales y humanos de esa falsa riqueza. Para lavarse la cara por esos crímenes balbucean palabras vacías sobre la  protección ambiental y el respeto por las comunidades indígenas.

Al final pretenden convertir a  toda Venezuela en una cantera en explotación.  Ello hasta dejar sólo la ruina y la desolación de las minas abandonadas.

Yo no me resigno a ello, ni renuncio a mi país.

Estoy seguro que muchos tienen el mismo sentimiento, pero a la vez, algunos piensan que no es posible hacer nada contra un gobierno opresivo y sordo a todo reclamo.

Pero el verdadero enemigo no es el gobierno sino el miedo. A ese monstruo implantado le acompañan el individualismo, el aislamiento y la creencia que nuestras acciones no valen la pena.

Por ello, creo que los venezolanos que aún estamos aquí tenemos que promover la participación y la organización para hacer acciones de denuncia y repudio a la destrucción de nuestro país.

A la vez, los de afuera: se pueden organizar para denunciar los negocios turbios que se hacen a partir de la destrucción del patrimonio natural de los venezolanos y del mundo; exhortar a los gobiernos, de los países donde se encuentren, que no participen en esos negocios y reclamar a las instituciones ambientalistas internacionales a que se manifiesten y exijan el fin de la destrucción del país.

En Stavanger, existe un monumento que marca el inicio de Noruega como país. Son tres espadas clavadas en la roca. Marcan el final de una guerra y el inicio de la paz, ya que las espadas no pueden ser removidas de su lecho de piedra.

Llegará el momento en que en Venezuela clavaremos las espadas de la guerra en la roca más sólida. Ese también será el momento del despertar de la conciencia de que vivimos en un territorio que nos puede dar los recursos  que necesitamos para cubrir todas nuestras necesidades, siempre que actuemos a partir del respeto y trabajo conjunto con la Naturaleza.

Aún mejor, lo haremos en Venezuela el lugar más sabroso y hermoso que existe en este planeta.