12/10/2014

Notas sobre la extinción del Ministerio del Ambiente en Venezuela 2. Metiendo el ambiente por el ojo de una aguja


Imagen: Micro-escultura de Willard Wigan


Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre en el reino de Dios. Marcos, 10. 25.

En un artículo anterior en este mismo blog, comencé a presentar los argumentos críticos que han sido publicados con respecto a la desaparición del Ministerio del Poder Popular para el Ambiente en Venezuela, así como los contraargumentos usados hasta el momento para intentar invalidar las opiniones contrarias a esta decisión. Para ello, revisé los distintos artículos de opinión, declaraciones, resoluciones, artículos y notas de prensa publicados hasta el momento. A partir de este análisis encontré cuatro argumentos básicos utilizados para criticar u oponerse a la decisión:

  1. Se percibe esta decisión como un retroceso en materia de desarrollo institucional en un país pionero y con avances innegables en este tema, y, aún peor, por parte de un gobierno que se presenta internacionalmente como adalid de las causas ambientales del mundo.
  2. Se consideran incompatibles las funciones de un ministerio que debe actuar como ente rector de las políticas ambientales del país – que deberían ser transversales a toda la acción del Estado – con las de un ministerio dirigido al desarrollo urbano y que a su vez, sus actividades deberían ser orientadas y supervisadas por el primero. 
  3. Se percibe una desproporción entre los retos ambientales que afectan al país y el hecho de que de ahora en adelante estos deberán ser asumidos por una institución degradada al rango de “sub-ministerio” (luego aclaro este término) y 
  4. Finalmente, un grupo expresa estar en desacuerdo con el uso del concepto de “Ecosocialismo” para definir el objeto del nuevo ministerio y por lo contrario otro grupo celebra y apoya esta decisión.

En el primer artículo analicé el primero de estos argumentos y ahora sigo con el segundo, para ello me hice la pregunta:

¿Es compatible la gestión ambiental del país con la construcción de viviendas?

“Veo dificultad para ejercer la función reguladora sobre todo el Estado (si se maneja) desde un viceministerio (…) creo que estamos a tiempo de hacer de una rectificación. Un ministerio regulador no puede estar subsumido en un ministerio constructor” Declaraciones de Ana Elisa Osorio, ex-ministra del Ambiente 

Para contestar esta pregunta, en primer lugar es necesario saber cuáles son las funciones que fueron asignadas al Ministerio del Ambiente (MINAMB) para entender su rol en la estructura del Estado venezolano.

El MINAMB tiene asignadas una variedad de funciones que lo definen como rector de las políticas ambientales del país, contralor de las actividades capaces de generar daño al ambiente, orientador de las actividades realizadas en el país, promotor de educación y participación en temas ambientales, así como ejecutor de programas de conservación, uso sostenible, control ambiental, entre otros.

Vale la pena decir que estas funciones, que aquí se resumieron de forma muy apretada, nacen de un muy complejo cuerpo de leyes existentes en Venezuela, que orientan y regulan las políticas y gestión ambiental del país.

En tal sentido, el ministerio tuvo una dimensión múltiple y compleja que es transversal a todas las actividades que se realizan en todos los ámbitos territoriales, incluyendo zonas urbanas y no urbanas, espacios terrestres y acuáticos, así como espacios aéreos influenciados por la actividad humana. Por otra parte su acción se articula con temas prioritarios para la vida y desarrollo nacional como la salud, alimentación, seguridad, economía, cultura y ocupación territorial, entre otros. Asimismo es un ministerio con doble función: De orientador del desarrollo nacional a través de la definición de instrumentos de ordenamiento territorial, control ambiental, manejo de recursos y procesos de educación y participación, así como de ejecutor de acciones específicas en cada una de esas áreas.

Por su parte, las funciones del Ministerio de Vivienda y Hábitat están definidas por la Ley del Régimen Prestacional de Vivienda y Hábitat, norma que fue dictada para garantizar el derecho de los venezolanos a una vivienda digna.

En el artículo 5º de esta Ley se indica que este ministerio ejercerá la rectoría del Sistema Nacional de Vivienda y Hábitat en los ámbitos nacional, regional y municipal para el desarrollo del Sistema Nacional de Vivienda y Hábitat, de seguimiento y monitoreo de la ejecución programática, física y financiera, así como la coordinación de todas las instancias organizativas y territoriales.

Asimismo, le asigna competencias sobre la política nacional de vivienda, hábitat, diseño, ejecución y seguimiento de planes de ordenamiento de asentamientos urbanos, establecimiento de normas, procedimientos y orientaciones para el desarrollo de programas de vivienda, establecer fondos para la financiación de estos planes, e intervenir en la ejecución de los mismos, entre otros.

A través del ejercicio de estas funciones, el Ministerio de Vivienda y Hábitat es un ente sectorial, dirigido a establecer, implementar políticas y acciones dirigidas a establecer políticas de desarrollo urbanístico y habitacional del país, así como a la planificación y ejecución de programas y proyectos dirigidos a garantizar viviendas para la población.

Al comparar las funciones que debían desempeñar ambos ministerios ahora fusionados, me queda claro que son totalmente diferentes y en su mayor parte difícilmente compatibles. En este punto difiero un poco de la apreciación antes mencionada de la diputada y ex-ministra Ana Elisa Osorio: Para mí, ambos ministerios, previo a la fusión, tenían roles reguladores dentro de su ámbito de competencia particular, pero la diferencia es que mientras que la función que fue asignada al ministerio de Vivienda y Hábitat queda enmarcado en un tema sectorial: El desarrollo urbanístico y promoción de la construcción de viviendas, el MINAMB tenía asignadas funciones que son transversales a todas las acciones del Estado venezolano en toda la geografía nacional, y que ahora de alguna manera nada clara toca mezclar.

Respondiendo a las críticas y dudas existentes, el ministro de “Ecosocialismo, Hábitat y Vivienda” (como ahora lo nombran a pesar del Decreto de creación) Ricardo Molina indicó “No se está eliminando la palabra ambiente, ahora la tenemos más presente que nunca, hábitat es sinónimo de ambiente, y la construcción de vivienda asociada al desarrollo armónico con la naturaleza, es la unión de conceptos de políticas que tendrán que convertirse en una sola” (sic).

El intento del ministro de hacer sinónimos los conceptos de ambiente y hábitat, no me parece inocente, ni resultado de simple ignorancia. En este último caso bastará que el nuevo vice-ministro de “Ecosocialismo Ambiental” (sic) el biólogo y profesor de la Universidad Simón Bolívar Guillermo Barreto pueda aclararle la diferencia entre ambos términos. Por otra parte pudiera ser un intento, poco feliz según mi opinión, de justificar la razón jamás explicada de esta fusión.

Pero, más allá de estas posibilidades, creo que hay un trasfondo subyacente más complejo: el intento de vaciar de significado al concepto central de las ciencias ambientales para poder constreñirlo dentro del ámbito del hábitat humano. Es decir empequeñecer las dimensiones ecológicas, económicas, sociales y políticas del ambiente para poder referir de aquí en adelante a proyectos de desarrollo urbanístico como temas ambientales. Más adelante en este artículo desarrollaremos esta idea.

Luego de esas declaraciones me quedaron dos preguntas: ¿En dónde, además de algunas pocas experiencias en el mundo, la construcción de viviendas está asociada al desarrollo armónico con la naturaleza? Y por otra parte ¿en cuál de los proyectos urbanísticos desarrollados por el gobierno venezolano se ha intentado lograr este objetivo?

Por otra parte, el argumento del señor ministro de que “la fusión de los dos ministerios es la unión de conceptos de políticas que tendrán que convertirse en una sola”, podría haber sido usado para fusionar el ministerio del ambiente con una variedad de otros ministerios, quizás haciendo sinónimos los conceptos de ambiente con los de salud, cultura o quizás el de planificación, entre otros.


¿Cuál ha sido la experiencia de otros países al hacer fusiones similares?

Otro nivel de análisis acerca de la posible inadecuación de fusionar ministerios de Ambiente y Vivienda es revisar los resultados logrados por otros países donde se haya realizado una acción similar. Sorprendentemente, esta situación, hasta donde he podido saber, solo había ocurrido hasta ahora en Colombia durante el gobierno del presidente Álvaro Uribe y revertida al inicio del gobierno del actual Presidente Juan Manuel Santos.

En tal sentido tenemos un punto de comparación, no necesariamente equivalente, pero sí con algunas similitudes ambientales, históricas, sociales y culturales (mas no ideológicas) que permiten establecer algunas analogías.

Al respecto, podemos citar las declaraciones del ambientalista y ex-ministro de Ambiente colombiano Juan Mayr, el cual en declaraciones a la revista Semana calificó como: “un desastre” esa fusión, porque “minimizó y debilitó la gestión ambiental en el país, pues el ministerio obedeció más a la política desarrollista, sin consideraciones ambientales”. Asimismo, expresó que: “la fusión de funciones puso al ministerio en un escenario inconveniente, al señalar que se convirtió en “juez y parte”, pues al tener competencias en vivienda y desarrollo, algunas disposiciones se enfrentaban a su papel de defensa ambiental”. Igualmente alertó que frente al… reto de la inversión extranjera, especialmente para la minería, (se) necesita un ministerio que garantice que el ambiente esté a salvo y sea derecho de todos los colombianos. Eso sólo lo puede hacer un ministerio con dientes y voluntad política para avanzar en procesos de desarrollo sostenible”. (Las negrillas son mías)

Más claro imposible. Y en gran medida aplicable a nuestra realidad actual, principalmente ante la entrada de empresas extranjeras que vienen a explotar nuestros recursos naturales, la mayor parte de las mismas provenientes de países muy poco conocidos por su preocupación, avances y responsabilidad en temas ambientales.

Por otra parte, la intención explícita del gobierno del presidente Uribe al producir estas y otras fusiones fue la reducción del tamaño del gobierno, dentro de una política común dentro de gobiernos con ideologías mucho más a la derecha que la seguida por nuestro gobierno. Entonces ¿si ideológicamente no pareciese tener sentido que las razones políticas fuesen similares, cuál entonces fue la razón de fondo del gobierno venezolano de haber tomado una decisión similar?


Receta para hacer pasar un camello por el ojo de una aguja

Las ideas aquí analizadas me llevan continuamente a la pregunta: sí no parece tener sentido ni ideológica, ni técnica, ni políticamente hablando esta fusión; entonces ¿cuáles fueron las razones que guiaron a esta decisión?

No hemos encontrado hasta ahora ninguna respuesta más o menos coherente a esta pregunta más allá del intento de rescribir los conceptos que sustentan a las ciencias ambientales o el de la implantación del ecosocialismo (que en este caso hubiese tenido más sentido fortalecer a un ministerio que le diera fuerza a esta idea)

Por ello habrá que recurrir a la imaginación: Usemos esta analogía: Si queremos pasar un camello (la gestión ambiental) por el ojo de una aguja (del desarrollismo) solo existen dos posibilidades: O hacer agujas muy grandes o hacer que el camello sea muy pequeño.

Como ya lo había comentado más arriba, este pudo ser el trasfondo de esta decisión: la necesidad de tener un sector ambiental muy pequeño, que no tenga capacidad política ni técnica de controlar los futuros planes de desarrollo urbanístico, industrial, minero o de cualquier otro tipo.

Varias pistas parecen apuntar en esa dirección: En los últimos años se han multiplicado las denuncias referidas a la minimización de la partida presupuestaria del MINAMB, el secuestro continuado de sus competencias por otras instituciones, la demolición de las bases técnicas de su trabajo a través de la incorporación de conceptos e ideas ambiguas, inaplicables o simplemente absurdas, la reducción y desvalorización de sus cuadros técnicos, la pérdida de su capacidad operativa, y un muy largo etcétera.

Si este análisis tiene algún sentido, la fusión del MINAMB con el ministerio de Vivienda y Hábitat fue únicamente la última fase de este proceso de miniaturización que ahora puede permitir pasarlo sin problema por el ojo de cualquier aguja que hayan previsto los grupos desarrollistas del país.

Cuál entonces será el futuro de la gestión ambiental del país. No tengo ninguna respuesta lógica e esta pregunta, pero siguiendo en la onda bíblica, quizás valga la pena citar el siguiente proverbio: “El que confía en sus riquezas, caerá, pero los justos prosperarán como la hoja verde(Proverbios 11:28)

1/10/2014

Notas sobre la extinción del Ministerio del Ambiente en Venezuela 1. La guagua va en reversa




Recientemente, el Ejecutivo Nacional decretó la creación del Ministerio del Poder Popular de Vivienda, Hábitat y Ecosocialismo a la vez que ordenó la supresión del Ministerio del Poder Popular para el Ambiente  (Ver texto del decreto)

Esta decisión representó el cambio más importante en la política ambiental del país desde la creación del Ministerio del Ambiente y los Recursos Naturales Renovables en 1977.

La medida generó una enorme sorpresa y contrariedad entre las personas relacionadas con la conservación, investigación y gestión del ambiente. Esta percepción ha quedado plasmada en un importante número de declaraciones y artículos de opinión (una recopilación de estos artículos está disponible en el Portal de Desarrollo Sustentable)

Revisando los textos publicados hasta la fecha, parece existir un acuerdo básico en considerar inconveniente tal decisión. Esta idea ha sido expresada tanto por personas afectas a las políticas gubernamentales, como aquellos críticos a las mismas. Tal consenso resulta una novedad en la historia reciente de Venezuela marcada por una extrema división y polarización entre muchos grupos sociales.

Por otra parte, al analizar los mismos es posible clasificar los argumentos utilizados en cuatro ideas básicas:

  1. Se percibe esta decisión como un retroceso en materia de desarrollo institucional en un país pionero y con avances innegables en este tema, y, aún peor, por parte de un gobierno que se presenta como adalid de las causas ambientales del mundo.
  2. Se consideran incompatibles las funciones de un ministerio que debe actuar como ente rector de las políticas ambientales del país – que deberían ser transversales a toda la acción del Estado – con las de un ministerio dirigido al desarrollo urbano y que a su vez, sus actividades deberían ser orientadas y supervisadas por el primero. 
  3. Se percibe una desproporción entre los retos ambientales que afectan al país y el hecho de que de ahora en adelante estos deberán ser asumidos por una institución degradada al rango de “sub-ministerio” (luego aclaro este término) y 
  4. Finalmente, un grupo expresa estar en desacuerdo con el uso del concepto de “Ecosocialismo” para definir el objeto del nuevo ministerio y por lo contrario otro grupo celebra y apoya esta decisión.
En artículos sucesivos les presentaré un análisis de estos argumentos, así como las contra-argumentaciones que he podido conseguir hasta el momento. Quizás esta revisión nos permita comprender cuáles son las circunstancias que definirán los posibles escenarios futuros de la gestión ambiental del país.

Debo decir que procuraré realizar este trabajo de la manera más honesta posible, aunque no necesariamente de manera objetiva, ya que estoy totalmente en desacuerdo con esta decisión. Para mayor rigurosidad del trabajo, todas las citas que se hacen en el texto pueden ser revisadas mediante los enlaces colocados en cada caso.

Fundamentado en lo anterior iniciemos en este artículo el análisis del primer grupo de argumentos:

¿Vamos hacia atrás? O “ni lo uno ni lo otro sino todo lo contrario”

Muchos de los artículos críticos cuestionan la inconveniencia de destruir una de las historias de éxito de Venezuela al haber sido un país pionero y líder regional en materia de institucionalización y desarrollo de políticas para la gestión ambiental.

En tal sentido, quizás valga la pena preguntarse: ¿haber avanzado tempranamente en estos temas fue de alguna utilidad para el país?

Un resumen apretado y no exhaustivo de estos logros son los siguientes: Durante los treinta y siete años de existencia del Ministerio del Ambiente (MINAMB) se decretaron treinta y uno de los Parques Nacionales existentes, lo cual permite la protección de los ecosistemas que producen el 70% de la electricidad y el 80% del agua consumida en el país y se creó el sistema de administración hidráulica de Venezuela. Por otra parte se implantaron múltiples programas de conservación de la biodiversidad, se concretaron Planes de Ordenamiento del Territorio para todo el país, se establecieron Normas Técnicas especializadas para el control de contaminantes, mitigación de daños ambientales y procedimientos para la realización de estudios de impacto ambiental y se implantaron programas de control y guardería de las actividades generadoras de daños ambientales. Asimismo, se promovió la inserción de programas de educación ambiental en todos los niveles de enseñanza y se realizaron acciones para el cumplimiento de los compromisos internacionales del país en materia de protección de diversos temas ambientales y del desarrollo sustentable.

Por supuesto esto no quiere decir que su labor fue totalmente satisfactoria, ya que igualmente a lo largo de estos años hubo muchas fallas, errores y omisiones, incluso graves, pero el balance es enormemente positivo en cualquier contabilidad que se haga y estos logros, representan avances importantes en materia de gestión ambiental en comparación con otros países vecinos similares a Venezuela, y así fue reconocido incluso por el Presidente de la República en su reciente discurso en la ONU.

Creo que hay que destacar un logro adicional que quizás no es tan visible. Durante esos años y hasta el presente, una gran cantidad de trabajadores del MINAMB y sus instituciones adscritas, fueron la vanguardia de una lucha muy desigual dirigida a resistir las apetencias, intereses y negociados de todo un ejército de empresarios y políticos inescrupulosos que siempre consideraron las normas ambientales como una limitación excesiva a sus ambiciones.

Quizás también valga  la pena decir que el último capítulo de esta guerra fue el progresivo desmantelamiento de sus cuadros técnicos, el secuestro de sus funciones por otros entes gubernamentales, la contracción de su capacidad de acción real y la depreciación de su presupuesto a niveles incompatibles con la importancia de sus funciones. Es posible que esa acción fuese el preámbulo a la decisión actual y justifica para muchos su eliminación final.

Es importante añadir que en algunos de los textos críticos escritos por personas ideológicamente cercanos al gobierno, argumentan que no solo no se debió eliminar el ministerio del ambiente, sino que por el contrario se debió elevar al nivel de Vice-Presidencia (en este caso de Vice-Presidencia de Ecosocialismo)

Frente a estas críticas, el Ministro Ricardo Molina, actuando como vocero del Gobierno Nacional, respondió que no se habían sumado dos ministerios, sino que se había creado uno nuevo, cuyo nombre ahora sería (noten el giro) de “Ecosocialismo, Vivienda y Hábitat” Que este no sea el que aparece en la Gaceta Oficial no parece ser problema para el ministro.

Asimismo declaró que el presidente Maduro “está dando un paso adelante mundial, no hay ministerio en ninguna parte del mundo que anteponga la palabra ecosocialismo…”.

Según el ministro, no sólo no perdimos nada, sino que ahora volvemos a estar en posición de vanguardia. Me parece una idea brillante  por parte de este funcionario. Que esto haya sido logrado a través de mezclar las funciones de rectoría ambiental con las de construcción de viviendas es un detalle menor. Quizás los colombianos nos pueden explicar que tal funcionó en su país durante el gobierno del presidente Uribe, del cual quizás se tomó la idea de esta fusión.

En relación con el argumento dado por el ministro, uno puede pensar que, en los años setenta del siglo pasado una de las tendencias globales que definieron las políticas internacionales y nacionales, fue la preocupación por el deterioro ambiental, y por ello fue realmente revolucionario avanzar tempranamente en esa dirección. Por otra parte, no sé si será  demostrable que el ecosocialismo en este momento sea una tendencia global.

Lo que sí parece ser palpable, es la necesidad que tiene los voceros gubernamentales de cambiar la percepción negativa inicial sobre la decisión, tanto dentro como fuera del país, en particular entre los grupos cercanos al gobierno.

Por tal razón, el gobierno ha tenido que apresurarse a reafirmar en el plano internacional su discurso político ambientalista. A la vez que hacia dentro del país ratificar su apego a los lineamientos expresados en el Objetivo 5 del Plan de la Patria y aclarar que serán mantenidas todas las funciones y actividades asignadas al extinto ministerio.

A pesar de la necesidad de mejorar la percepción en relación con la decisión tomada, en ninguna de estas explicaciones se intenta presentar, y mucho menos justificar, las razones por las cuales se consideró necesario eliminar al MINAMB, en vez de por el contrario fortalecerlo en consonancia con los principios que el gobierno dice defender.

Un elemento adicional que surge en el análisis, es que en varias de las declaraciones recientes realizadas por voceros gubernamentales aparecen ideas que no estaban o son distintas a las presentadas en los primeros momentos luego de que fuese comunicada la decisión de la desaparición del MINAMB. Asimismo se evidencia en las mismas una gran confusión conceptual y técnica por parte de estos funcionarios. Tales imprecisiones sugieren que sobre la marcha y de manera improvisada ha sido necesario corregir y explicar aspectos que resultaron inaceptables para algunos grupos o que simplemente nunca estuvieron totalmente definidos y justificados.

Finalmente, este primer análisis parece dejar en evidencia que la decisión fue arbitraria y que sus motivaciones políticas no están para nada claras. Por lo contrario, quizás haya que buscar explicaciones relativas a intereses grupales con vaya usted a saber cuáles objetivos. Por ello, parafraseando al cantautor dominicano Juan Luis Guerra da la impresión que en Venezuela en materia ambiental "la guagua va en reversa”.

10/7/2014

Una escuela llamada Fundación Científica Los Roques



Imagen tomada de: http://fundacionlosroques.wordpress.com

Este es mi homenaje personal a la Fundación Científica Los Roques y su gente que a lo largo de toda su historia se convirtieron en el sitio perfecto para aprender sobre el mar y la gente del mar. En la actualidad el gobierno venezolano está exigiendo el desalojo de la Fundación de la Estación Biológica de Dos Mosquises en el Parque Nacional Archipiélago de Los Roques por razones desconocidas y sin ninguna valoración del extraordinario trabajo que ha realizado esta organización a lo largo de su historia.


I. La formación de ecólogos marinos

Hace 34 años yo era un estudiante de los últimos años de biología y me estaba formando como ecólogo marino: Me sentía casi un discípulo de Jacques  Cousteau el ídolo de mi infancia.

En agosto de ese año fui por primera vez a la Estación Biológica de Dos Mosquises en el Parque Nacional Archipiélago de los Roques, administrada por La Fundación Científica Los Roques.

En esa ocasión, junto con un grupo de estudiantes de diferentes universidades del país, hice mi primer curso de ecología marina en el campo. No frente a un pizarrón y viendo una diapositiva. Ni tampoco leyendo un “paper” técnico. Sino literalmente inmersos en la grandiosidad y diversidad de los ecosistemas marinos del Caribe.

Un año después tuve una segunda oportunidad de volver a Dos Mosquises, ahora a aprender Ecología de Arrecifes Coralinos. Este fue un curso intenso tanto en lo intelectual como en lo físico. Teníamos inmersiones diarias para hacer mediciones y observaciones en los arrecifes del archipiélago, para en la noche discutir los distintos aspectos que permiten entender la diversidad y complejidad de los ecosistemas más diversos y a la vez más sensibles de los mares tropicales.

Estas dos experiencias marcaron mi vida profesional. Me di cuenta que a pesar de que tenía una muy buena base educativa, me había faltado la disciplina, la experiencia y el contacto cotidiano con el mar y la gente que busca aprender del mar.

Pero además me permitió acercarme al conocimiento en un ambiente de excelencia educativa. Encontré que en mi país era posible la formación de profesionales como en las mejores universidades del mundo. Y además pude aprender y trabajar con investigadores de extraordinaria calidad y valor como científicos y docentes tales  como: Fernando Cervigon, Roger Laughlin, Joaquín Buitriago, Freddy Losada, Ernesto Weil y Juan Urich. De nuevo la excelencia no había que buscarla fuera, estaba en nuestro país y era convocada por la Fundación Científica los Roques.

En los años posteriores, cientos de estudiantes de varias universidades venezolanas tuvieron la oportunidad de formarse como ecólogos marinos en uno de los espacios de trabajo más importantes de nuestro país y una enorme cantidad de información científica nació de sus tesis y sus investigaciones profesionales.


II. La educación para la gente de Los Roques

Treinta años después ya como educador ambiental volví al Archipiélago de los Roques, ahora a hablar e interactuar con los estudiantes de las escuelas del Gran Roque y de la mano de Blanca Elena Machado, Coordinadora de Programas Educativos de la Fundación Científica Los Roques.

De nuevo, más que enseñar, regresé con aprendizajes y vivencias que me marcaron y siguen marcando.
De Blanca Elena aprendí, que la educación no es una profesión para únicamente ganarse la vida. Para ella, ser educadora es una misión y un compromiso con la gente de Los Roques y en particular con sus niños.

Creo que nunca había tenido la oportunidad de ver ejercer un apostolado por la educación como la que la mueve a mantener con enorme esfuerzo y paciencia su misión: la de conectar a los niños de Los Roques con la ciencia nacida en Dos Mosquises y en el resto del Archipiélago.

Pero no es sólo ciencia lo que ella lleva a los roqueños, sino amor por su comunidad y por la maravilla que le rodea. No es sólo verter en ellos conocimientos académicos, sino por el contrario devolverle el conocimiento que ha sido develado en los estudios científicos, para convertirlo en orgullo y sabiduría para defender su tierra y su mar. Por todo ello y más, es que no es casualidad que un plantel educativo en el Gran Roque lleve su nombre.

III. De los ecosistemas amenazados a las organizaciones amenazadas

Realmente será un día muy triste cuando se diga que ya la Fundación Científica Los Roques no podrá seguir haciendo esta labor educativa. En particular ahora cuando en el país se está hablando de “Calidad de la Educación”, y en este contexto ¿algunos gobernantes tendrán el valor de eliminar esta escuela científica y comunitaria que es y espero siga siendo la Fundación Los Roques? Y ¿Cuáles excusas tendrán frente a los profesionales que se formaron allí, a los estudiantes y en particular a los roqueños para desconocer este extraordinario legado educativo e impedir su desarrollo futuro?

Pase lo que pase, volveremos a Los Roques a aprender y a enseñar. Tengo la esperanza que será siempre en conjunto con la Fundación Científica Los Roques.



Este artículo fue originalmente publicado en el Portal de Desarrollo Sustentable. Agradezco la Fundación Tierra Viva y Alejandro Luy la oportunidad de escribir sobre mi experiencias con la FCLR.



22/5/2014

¿Para qué sirve un parque urbano? Parte 2. Los parques urbanos y la educación para la conservación de la biodiversidad



¿Qué pasa cuando la gente no sabe la diferencia entre un chinche y un chipo?


La siguiente anécdota es real y la viví personalmente:

Sala de espera de un consultorio médico. Una señora comienza a protestar en voz alta porque supuestamente hay un chipo en la habitación. El resto de los pacientes mira a la señora con nerviosismo, pero ninguno hace el menor intento de corroborar lo que  dice. El bicho resultó ser una chinche de jardín, famosa por el olor desagradable que emite cuando es molestada, pero nada que ver con un vector del mal de Chagas. No hubo manera de  tranquilizar a la señora hasta que alguien sacó al insecto de la habitación.

Puedo contar un sinfín de cuentos similares que involucran mariposas nocturnas, escarabajos, arañas, chicharras, orugas, ranas  y otros animales, en su mayoría totalmente inofensivos, frente a los cuales muchas personas tuvieron reacciones de miedo e incluso de pánico.

También he vivido situaciones en las cuales la respuesta de las personas involucradas fue de ignorancia, rechazo o repugnancia. O, por otra parte, ver a personajes manipulando de manera imprudente organismos vivos que eran un riesgo para su seguridad o las de otras personas.

La ciudad como territorio del olvido

En todos estos casos, el problema parece estar en el analfabetismo ambiental de la mayor parte de la población humana que habita en las ciudades actuales. Es decir, en el desconocimiento total o parcial sobre las especies biológicas presentes en el entorno de muchas personas, así como de las conexiones que nos ligan a ellas.

En regiones donde todavía existen ambientes naturales la mayor parte de las personas que allí viven tienen muchos conocimientos sobre los organismos que los rodean. Ellos deben aprender cuáles animales son peligrosos y como defenderse de ellos; deben conocer la disponibilidad de frutos y animales que se usan como alimento, así como de materias primas y plantas medicinales. Estos saberes son transmitidos entre generaciones mediante la práctica diaria y a través del contacto directo con la biodiversidad.

Por el contrario, esta información tiene poca importancia en ambientes urbanos, por lo que no se propician formas de contactar o aprender sobre las especies silvestres y  la naturaleza misma.

En ausencia de experiencias reales, los conocimientos sobre la biodiversidad son transmitidos por la educación escolar de forma teórica, descontextualizada y desconectada de las experiencias reales o a través de la televisión y otros medios de comunicación, los cuales tienden a referirse a zonas o países lejanos, crea fantasías, mitos e inexactitudes sobre los animales silvestres y la naturaleza en general y promueve la desconexión  de las experiencias reales.

Es por ello, que en muchas ciudades actuales, muchos niños nunca han tomado una fruta de un árbol, no conocen las aves o insectos locales, ni saben usar materiales naturales para construir juguetes. Este proceso ha sido llamado “extinción de la experiencia natural”.

¿Y para qué sirve saber la diferencia entre un chinche y un chipo?

El ambiente más común para un caraqueño, barquisimetano o cumanés es una avenida llena de carros o un centro comercial y no un bosque, un espinar o un manglar. Por ello, parece más importante aprender de como sortear el tránsito o cuidarse de los delincuentes que hacerlo sobre especies que aparentemente no tienen ninguna influencia sobre nuestras vidas.

 Entonces, qué puede tener de malo sufrir de un poco de analfabetismo biológico. Veamos rápidamente lo que nos estamos perdiendo:

Desaprovechamos oportunidades
La biodiversidad incluye grandes cantidades de recursos los cuales han sido aprovechados por todas las generaciones, aunque no siempre de manera responsable,  han servido para sustentar la vida y la prosperidad de los humanos. Esta conexión se ha venido rompiendo por el crecimiento urbano, la destrucción de los ecosistemas y la economía globalizada. A pesar de ello, el aprovechamiento de la biodiversidad aún ofrece grandes oportunidades para apoyar la construcción de sociedades sustentables.

Un ejemplo común en este sentido, es el aprovechamiento de frutos y otros productos biológicos de origen local, los cuales presentan mejores propiedades nutricionales que muchos de los exóticos o importados. La mayoría de ellos están mejor adaptados a  las condiciones ambientales, son más fáciles de cultivar, su producción y comercialización local es más sustentable y su uso fortalece nuestra identidad cultural.

Nos hacemos más vulnerables
Los habitantes en las zonas recién urbanizadas entran en contacto con animales  y plantas que pueden representar riesgos importantes para su salud y seguridad. Con mucha frecuencia estas personas no tienen los conocimientos, ni habilidades para reconocerlos y protegerse adecuadamente.

Igualmente, las nuevas generaciones desconocen la importancia de muchos ecosistemas naturales en la mitigación de catástrofes tales como inundaciones, derrumbes, tormentas, etc. así como el enorme valor de los bosques urbanos para amortiguar los extremos de temperaturas y disminuir la contaminación del aire.

Somos menos humanos
El biólogo Edward O. Wilson concluyó que el contacto con la naturaleza es esencial para el desarrollo psicológico humano. A esta idea la llamó la “hipótesis de la biofilia”. A partir de ella se han desarrollado trabajos que demuestran que comunidades urbanas con presencia de zonas verdes tienen menores tasas de delincuencia, así como de enfermedades psicológicas como la angustia y la depresión. Igualmente el contacto con organismos vivos ayuda a mejorar a pacientes con autismo, trastorno por déficit de atención con hiperactividad y otras patologías.

Por el contrario, personas, particularmente niños, sin contacto con la naturaleza son más propensos a la obesidad, tienen menor capacidad física, aptitud respiratoria y cardíaca, así como problemas emocionales y de comportamiento. Estas condiciones han sido englobadas en el concepto de “trastornos por déficit de naturaleza”.

Asimismo, la naturaleza es fuente de disfrute, goce estético y tiene conexiones profundas con nuestra identidad cultural, por ello la desconexión con la naturaleza nos lleva a la sensación de vacío existencial y la falta de conexión con la vida.

Olvidamos a la naturaleza
Un último efecto degradante de la falta de contacto con la naturaleza es la creciente apatía y falta de compromiso con la naturaleza y cualquier tema ambiental.

El escritor estadounidense Robert Michael Pyle escribió una frase al respecto: “Sólo la gente que le importa algo lo conserva, la gente que no conoce no le importa ¿Qué significa para un niño la extinción de un cóndor si nunca ha visto un pajarito?

Igualmente, Baba Dioum, un conservacionista y poeta senegalés dijo: “Al final, sólo conservamos lo que amamos, amamos lo que conocemos, conocemos lo que se nos ha enseñado”.

Parques para la vida

Revertir estas situaciones es posible y necesario, pero exige esfuerzos importantes educativos y participativos de toda la sociedad y las instituciones relacionadas con la gestión ambiental y la educación. Pero en el centro de esos esfuerzos deberá estar crear las oportunidades para que las personas de las ciudades en particular los niños de las ciudades, tengan las posibilidades de tener experiencias de contacto con la naturaleza y los seres vivos. Por ello los parques urbanos tienen que ser espacios para el aprendizaje y la reconciliación entre las personas y la naturaleza y no únicamente como lugares para la recreación.

Cuando pienso en parques no sólo me viene a la cabeza la idea de áreas verdes de uso público, sino también incluyo avenidas arboladas, jardines (públicos y privados) huertos urbanos, plazas, techos verdes, zonas verdes municipales, parques portátiles y cualquier otro espacio que podamos llenar de verde y robarle espacio al concreto y el pavimento.

Me gusta soñar con la posibilidad de llenar a Caracas de parques. No unos pocos por no dejar. Si no devolverle el verde a la ciudad. No solamente grandes parques para mucha gente, en pocos sitios, sino parques medianos y pequeños en todas partes, parques conectados y diversos, parques para la gente en todas sus expresiones y en particular romper con la injusticia actual de la ausencia de parques en las zonas populares.

Pero queda claro que no habrá biodiversidad sin educación para la biodiversidad y es en los parques públicos es donde debemos generar acciones para aprender y re-conectar a las personas con la naturaleza y enseñar (y aprender) sobre la naturaleza y el disfrute respetuoso de la misma en contacto directo con la misma.

La educación para la conservación de la biodiversidad en las ciudades no es un tema meramente bonito y accesorio, es la oportunidad que tenemos para ayudar a desarrollar ciudades sustentables en las que habitan comunidades y personas con capacidad para construir un mundo con un futuro promisorio para todos.


Fotograma de la película Wall-e


2/4/2014

Ecocidios en Venezuela. Apuntando en la dirección correcta





Imagen tomada de la verdad.com


“Más de mil árboles fueron destrozados en Maracaibo para armar barricadas en las vías públicas y las zonas residenciales, lo que incide en una mayor temperatura en la capital zuliana…”(sic) Aporrea 22/3/2014 

La denuncia

Recientemente, un grupo ambientalista del Zulia acusó a manifestantes en Maracaibo de cometer un ecocidio al haber supuestamente derribado quinientos árboles en las calles de esa ciudad.  Ya para este momento se habla de mil árboles cortados en la capital del Zulia y se han realizado acusaciones similares en varias de las ciudades donde recientemente se han realizado protestas.  Esto ha llevado a solicitar sanciones penales a los posibles culpables de este daño ambiental. Esta denuncia fue ratificada en una marcha de “movimientos sociales, ambientalistas y ecologistas” y por el Presidente de la República en cadena nacional y ya está en marcha una investigación por parte de la Fiscalía General de la Nación.

Antes de analizar este caso, es necesario dejar claro que rechazo la destrucción del escaso arbolado urbano de nuestras ciudades, y he manifestado en anteriores ocasiones la enorme importancia de los mismos en la salud del ecosistema urbano y sus habitantes. Por ello, considero que si esta situación ocurrió tal como fue denunciado, merece el rechazo de toda la ciudadanía, el cual debe estar acompañado de una convocaría amplia y abierta a todos los ciudadanos a apoyar la defensa a nuestro derecho a disfrutar de ciudades sanas, seguras y armoniosas, es decir arboladas.

¿Pero qué es un ecocidio?

La palabra ecocidio fue acuñada por científicos durante la guerra de Vietnam para denunciar la destrucción ambiental y la catástrofe humana generada por el uso extensivo de defoliantes químicos tóxicos como arma de guerra por parte de las Fuerzas Armadas Estadounidenses.  En este contexto el nuevo término se construyó a partir de la confluencia de las palabras ecosistema y genocidio y buscaba concientizar a la población sobre la destrucción masiva y sistemática del ambiente natural producida principalmente por la acción humana deliberada.

A partir de ese momento, esta expresión ha tenido importantes avances en términos de justicia ambiental y la responsabilidad de gobiernos y empresas sobre el impacto de sus acciones sobre los ecosistemas y los derechos ambientales de los ciudadanos.

No existe una definición única de ecocidio por lo que es posible encontrar diferentes enfoques y aproximaciones a la idea básica antes mencionada.

En tal sentido, algunos grupos lo han definido como el daño extenso, destrucción o pérdida de los ecosistemas de un territorio dado. Pero en esta definición podría caber el daño producido por un huracán o un deslave, y creo que a nadie se le ocurriría acusar a un fenómeno natural de “homicida” o “genocida” por más muertes humanas que pudiera generar su acción.

También ha sido definida como “la destrucción de vastas áreas de ambiente natural como resultado de la acción humana deliberada”. En este segundo caso se específica que la destrucción proviene de un acto humano intencional, lo que excluye los daños que provienen de eventos naturales o circunstancias fortuitas.

Por su parte, el grupo activista “Eradicatingecocide” lo define como: “El daño extenso, la destrucción o la pérdida de uno o más ecosistemas de un territorio dado, ya sea por intervención humana o por otras causas, a un grado tal que el disfrute pacífico por los habitantes de ese territorio se vea gravemente limitado, ahora o en el futuro”.

Este mismo grupo precisa algunas de las ideas incluidas en esta definición:

1. Daño extenso: Que sea considerable (que abarque una superficie en la escala de varios cientos de kilómetros cuadrados). Que sea duradero (que su impacto persista por al menos un período de meses) y grave (que suponga una alteración o daño considerable a la vida humana, los recursos naturales y económicos u otros bienes)
2. Intervención humana: Que es posible identificar quién causó el daño.
3. Otras causas: Se refiere al que no fue causado por los seres humanos sino que ocurrió de manera natural.
4. Disfrute pacífico: Un término legal referido al derecho de los habitantes a disfrutar de un bien sin interferencia o inconvenientes.
5. Habitantes: Se refiere a todos los seres vivos tanto humanos como no humanos.

Estas especificaciones son enormemente importantes, ya que pueden permitir la construcción de indicadores objetivos para determinar la existencia de un ecocidio. A pesar de ello, todavía persiste la idea, a mi entender inadecuada, de considerar el daño derivado de fenómenos naturales.

Si intentamos sintetizar los elementos significativos de estas definiciones, consideraremos que estaremos frente a un ecocidio si se ha producido un daño grave y extenso (en escala tanto geográfica como temporal) sobre los ecosistemas en un territorio dado, provocado por la acción humana  deliberada, el cual genera un efecto negativo sobre los derechos de las personas y la existencia de los ecosistemas y comunidades biológicas presentes.

Por su parte, en Venezuela, ni la Ley Orgánica del Ambiente (LOA) del 2011, ni la Ley Penal del Ambiente del 2012 incluyen el concepto de ecocidio, y aunque pudiera extrapolarse a partir de la ampliación del concepto de daño ambiental descrito por el artículo 3 de la LOA (Toda alteración que ocasione pérdida, disminución, degradación, deterioro, detrimento, menoscabo o perjuicio al ambiente o a alguno de sus elementos) aún no contiene elementos claves de la definición a la cual hemos llegado. En tal sentido, en Venezuela este concepto no tiene aplicación legal.

¿En Venezuela se han producido ecocidios?

"¿Es verdaderamente sustentable el modelo de desarrollo que hoy está impuesto en el mundo? ¿Vamos a tratar de hacer sustentable lo insustentable? No pretendamos lo imposible, no sigamos siendo necios, reconozcamos las verdades y actuemos en consecuencia." Hugo Chávez Frías Discurso en la II Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Sustentable, 2 de septiembre de 2002

Fundamentado en la anterior definición, podemos preguntarnos si en el país han ocurrido hechos que puedan enmarcarse en esta idea. Por supuesto no podemos en este artículo hacer una revisión ni siquiera somera de la historia del ecocidio en Venezuela, por lo que apenas intentamos preguntarnos si en este momento es posible describir algunos daños ambientales como ecocidios.

De la información disponible, existen muchas situaciones que pueden caber dentro de esta definición, por lo cual por razones de espacio sólo revisaremos tres de los casos, que quizás podamos llamar ecocidios en función de los impactos que están causando.

1. Efectos de la minería de oro en los estados Bolívar y Amazonas. 

La región de la Guayana venezolana sufre actualmente un grave proceso de deterioro ambiental y humano producto de los efectos derivados de la minería informal del oro. Quizás el más grave de estos problemas sea la contaminación derivada del uso del mercurio en las actividades mineras.

Las investigaciones realizadas indican que un importante número de la población local en las zonas mineras
está contaminada con mercurio, frecuentemente con valores muy superiores a los establecidos por la
Organización Mundial de la Salud (OMS). De hecho en una de las zonas estudiadas
Tomado de: cienciaguayana.com
 se encontraron individuos con valores de contaminación entre los más altos del mundo. Asimismo, en otra zona, el 92% de las mujeres presentan niveles muy superiores a los máximos establecidos por la OMS, y de este grupo más del 36 %  tiene niveles de contaminación tan altos que presentan riesgos importantes de partos de niños con desórdenes neurológicos.

Adicionalmente, se han conseguido concentraciones significativas de este tóxico en la atmósfera, cuerpos de agua, sedimentos, suelos, animales acuáticos y vegetación. Igualmente, se ha observado una disminución de la diversidad biológica en los cuerpos de aguas contaminados.

Por otra parte, se tiene evidencias de que la contaminación por mercurio está afectando zonas aguas abajo de los ríos en los cuales se realiza la minería, amenazando a poblaciones lejanas a los mismos.

A esta grave situación se une el hecho demostrado recientemente de la conexión entre actividad minera, la deforestación y el aumento significativo de los casos de malaria en la zona.

La situación empeora por el incremento de extracción de madera en la región. En un reporte reciente se describe un operativo policial internacional realizado en el 2013 que permitió el decomisó 292.000 metros cúbicos de madera. Dos tercios del mismo provenían de Venezuela.

2. Gestión del agua. 

Un importante número de las cuencas productoras de agua, principalmente en el eje norte costero del país se encuentran severamente afectadas poniendo en peligro la capacidad de proveer de agua potable a las zonas de mayor concentración poblacional del país.

Por otro lado, el gobierno nacional ha informado que el país cuenta con más de un 85% de cobertura en el tratamiento de las aguas servidas, pero en la práctica grandes áreas urbanas no cuenta con ningún sistema de tratamiento. Adicionalmente, la mayor parte de las plantas de tratamiento de aguas residuales existentes, están deterioradas o no funcionan. De hecho de cada diez litros de aguas servidas, siete son vertidos directamente a cuerpos de agua sin ningún tipo de tratamiento.

Imagen tomada de noticiascentro.com
Estos problemas están poniendo en grave peligro la salud de la población, ya que el servicio de agua potable se presta en condiciones deficientes de cantidad, calidad y continuidad en todo el territorio nacional. Un ejemplo importante de esta situación ocurre en el embalse Pao- Cachinche, principal fuente de abastecimiento del Acueducto Regional del Centro, el cual a su vez surte a importantes poblaciones de los estados Carabobo, Aragua y Cojedes. El embalse recibe agua no tratada de varios afluentes con altos niveles de contaminación, así como se bombea agua hacia el mismo proveniente del lago de Valencia, este último tan contaminado que fue descrito en un foro reciente, quizás de manera un tanto brusca, como una "poceta (inodoro) tapada". Tal situación tiene como efectos que el agua distribuida a partir del mismo no cumpla con los parámetros indicados por la legislación venezolana para ser considerada apta para consumo humano y se tiene evidencia de que tal situación está afectando la salud de la población que recibe esa agua. Este caso es emblemático por el hecho de que se ha solicitado ante tribunales e instancias internacionales la solución a este problema sin que hasta ahora se haya producido ninguna acción realmente efectiva.

3. Los efectos de la contaminación derivada de la producción petrolera

La industria petrolera en Venezuela, a lo largo de su historia, ha generado grandes impactos en los ecosistemas tanto en los procesos de extracción, como en los de producción, refinamiento, distribución y consumo. Algunos de los  daños puntuales que ha generado pueden ser considerados ecocidios por sí mismos.

La actividad petrolera ha contribuido de manera significativa con el deterioro de ecosistemas tanto acuáticos como terrestres. Un caso muy conocido es el daño producido al Lago de Maracaibo, tanto por los derrames continuos producto de sus cinco mil pozos activos y una extensa red de tuberías subacuática, así como de la industria petroquímica generadora de efluentes tóxicos muchos de ellos persistentes. Tales daños han tenido efectos muy graves sobre los ecosistemas lacustres, como sobre las personas que viven en su entorno.

Otro caso ocurrido recientemente fue el derrame petrolero que afectó al río Guarapiche en el estado
Tomado de eluniversal.com
Monagas en febrero del 2012. Se estima que el mismo contaminó no solamente a éste río, sino que tendría efectos en el río San Juan y el Golfo de Paria. A lo largo de este recorrido, el crudo derramado dañaría la fauna acuática, la vegetación ribereña y los cultivos, dejando además sin suministro de agua potable a la ciudad de Maturín por un espacio de varias semanas.

Adicionalmente, la industria ha acumulado enormes pasivos ambientales. Para el año 2005 Pdvsa reportó la existencia de 10.269 fosas contentivas de 120 mil metros cúbicos de desechos peligrosos, 533 mil metros cúbicos de lodos petrolizados y 2.353 instalaciones abandonadas

Una situación reciente en este sentido son las enormes montañas de coque y azufre que se acumulan desde el 2008 en las instalaciones del complejo mejorador Antonio José de Sucre en Jose, estado Anzoátegui. Estos enormes volúmenes de materiales tóxicos, no solo son un riesgo potencial de daño al ambiente y a la salud humana sino que su propia existencia produce destrucción de los ecosistemas locales.

Asimismo, la industria petrolera contribuye con el cambio climático global. En tal sentido la ONG ambientalista internacional Greenpeace considera a Pdvsa una de las diez empresas con mayor nivel de responsabilidad en este tema.

Estos pocos casos que revisamos indican que en Venezuela han ocurrido y ocurren muchas situaciones que pueden ser definidas como ecocidios y que es necesario que toda la sociedad se reúna para actuar de manera decidida frente a ellos y reclame la solución de las mismas.

Este proceso de participación social por nuestros derechos ambientales debe ir mucho más allá de  las diferencias y polémicas que coyunturalmente nos separan y deben servir de puente articulador para un despertar de la conciencia ambiental de todos los venezolanos.

Tomado de tatuy.net
Entré a la educación ambiental a trabajar con niños. Treinta años después creo que es más urgente trabajar con los adultos con la esperanza de que pueden incidir sobre nuestro presente y así tener un futuro donde vivan los niños de hoy, pero sigo teniendo devoción y amor por los niños. Por eso, sentiría traicionar a los niños indígenas y criollos del Alto Caura, La Paragua, El Plomo, El Callao, a los niños de las zonas populares de Valencia, Maracay, Güigüe, San Diego, La Victoria, Palo Negro, a los niños de los pescadores zulianos de Santa Rosa de Agua, Congo Mirador,  Capitán Chico, Zapara y Ancón de Iturre entre muchos otros sitios de Venezuela, si protestara por algunos (¿ya vamos por cuantos?) árboles en situaciones nada claras, mientras me hago el desentendido con sus tragedias y encubro el sentido verdadero de denuncia y clamor de justicia social y ambiental de la palabra ecocidio.

Coda

¿Alguien sabrá cuál pueda ser el impacto ambiental y humano del uso de varias decenas (¿o centenas?) de miles de bombas lacrimógenas usadas en zonas residenciales en San Cristóbal, Mérida, Maracaibo, Maracay, Valencia, Caracas, Puerto Ordaz y otras ciudades y localidades durante las últimas semanas? ¿Podrá ser esto considerado un ecocidio?

Niños afectados por bombas lacrimógenas
Tomado de: noticiasvenezuela.org


5/3/2014

Un homenaje a “Fe y Alegría” desde la educación ambiental




"El camino de la libertad para todos, el camino de la prosperidad para todos y, por lo tanto, de la verdadera democracia, tiene que contar con un largo y bello recorrido de muchos años de escuela para todos”
  
“La más grande conquista que Venezuela puede lograr en esta era de progreso, es la Educación Popular Integral. Es la revolución auténticamente creadora. Es la victoria contra la ignorancia que esclaviza al pueblo. Es la resurrección de todas las energías olvidadas”

José María Vélaz, Fundador de “Fe y Alegría”

Camino a Temblador


Temblador es un centro poblado de un poco menos de 40 mil habitantes situado al sureste del estado de Monagas, en Venezuela. Pueblo que creció a la par de un importante campo petrolero. Quizás por eso allí se siente una gran vitalidad económica, a la vez que un aire de campamento temporal sin demasiado orden quizás por la prisa o la falta de atención a eso que llaman ornato.

En julio del 2010 fui a ese pueblo a dictar un taller de educación ambiental para docentes locales.  Hasta ese momento yo tenía muy poca información sobre ese lugar, por lo que no tenía ninguna idea con qué me iba conseguir. Para colmo llegué de noche y mi recibimiento me pareció muy poco propicio: No conseguía donde cenar y el hotel donde debía alojarme quedaba en un sitio que en la oscuridad sonaba inhóspito y poco alentador.

Al amanecer me pasaron recogiendo, y luego de un rápido desayuno, nos dirigimos al sitio donde se realizaría el taller que en este caso sería en una escuela local.

He participado en eventos educativos en muchas partes del país. He visto planteles escolares bastante aceptables y otros no tanto, pero también muchos (quizás demasiados) muy poco propicios para la formación de niños y jóvenes. Desde uno que parecía una cárcel con sus muros grises y sucios y sus rejas que cerraban el acceso a toda ventana y toda puerta, hasta el que sus techos se caían sobre unas aulas de escasos pupitres destartalados, que competían, en penuria, con la fetidez e inmundicia de sus baños.

Escuela "Fe y Alegría" Temblador
Tomado de su cuenta de Facebook
Pero al llegar a la escuela me quedé pasmado. Un amplio terreno con construcciones sencillas pero muy bien mantenidas, hermosos patios llenos de ixoras en flor, carteleras llenas de color y vida, aulas amplias, luminosas y bien ventiladas y mucha gente sonriente y trabajadora. Era el mes de julio, las clases habían terminado, pero decenas de chicos y jóvenes con sus maestros limpiaban, pintaban, arreglaban su colegio como parte de su labor educativa: Había llegado a la escuela de “Fe y Alegría” de Temblador.



Pero lo mejor estaba por llegar. Durante todo el taller nuestros anfitriones: docentes, obreros y personal administrativo derrocharon amabilidad, entusiasmo, ganas de aprender, orgullo por su institución y eso, que ya no está de moda, que antes llamaban mística. A lo largo de todo el día oí historias que hablaban de valores, tenacidad y amor por la enseñanza, por su comunidad, por sus niños y jóvenes.

Era la escuela donde, sí pudiera, cualquiera quisiera tener a sus hijos.

“Fe y Alegría comienza donde termina el asfalto”


Pero qué es “Fe y Alegría”: En una de sus páginas web se lee que es un Movimiento Internacional de Educación Popular Integral y Promoción Social, cuya acción se dirige fundamentalmente a los sectores empobrecidos y a los excluidos, a fin de potenciar su desarrollo personal y participación social.

Esta obra nace en Venezuela en 1955 por iniciativa del sacerdote jesuita José María Vélaz con el propósito de crear y mantener servicios educativos de calidad dirigidos a las zonas más deprimidas tanto en áreas urbanas como rurales. A partir de su creación su desarrollo ha sido vertiginoso y se ha extendido no sólo en todo el país, sino al menos dieciséis países de América Latina y el Caribe.

Pero quizás tan importante como su obra tangible, son los valores que sustentan su trabajo, los cuales están fundamentados en una profunda valoración de la gente, particularmente la más empobrecida y en sus capacidades, las cuales son potenciadas a través de ofrecerles una educación de calidad, llena de valores positivos, espiritualidad y amor.

Este esfuerzo tiene como propósito el desarrollo de las personas a través de la educación para una vida próspera, responsable, autónoma y solidaria.

Quizás una frase de su fundador que pone en perspectiva estas ideas y que tiene fuertes resonancias en nuestra Venezuela actual es la siguiente:

“Mientras la mayoría de los hombres sean esclavos de su propia ignorancia, es quimérico reclamar para ellos derechos ulteriores que no sabrán comprender, utilizar ni defender. Sin la educación integral del pueblo, la democracia es una falsificación de la que se apoderan unos cuantos demagogos cuyo auténtico feudo es la ignorancia de las masas”.

Un corazón verde en la mitad de su alma


 “Los alumnos vivirán aquí animados por una pedagogía activa, en medio de una naturaleza exuberante. No estudiarán la teoría en libros o pizarrones, sino viéndola en las cosas, en las plantas y en los animales, y asimilándola después resumida en los textos impresos” 
José María Vélaz, Fundador de “Fe y Alegría”

Para mí personalmente (es un sesgo de educador ambiental) la propuesta y la obra de “Fe y Alegría” tiene un componente adicional muy importante: Su apuesta por la educación ambiental expresada tempranamente en su desarrollo institucional.

Para mucha gente en Venezuela la educación ambiental es sinónimo de clases de ecología y unas pocas actividades frecuentemente sin trascendencia ni propósito. Lo que vi en Temblador era una apuesta por una educación donde lo ambiental trascendía el libro y se convertía en práctica del buen vivir.

De nuevo, estas ideas fueron mejor explicadas por el Padre Vélaz:

Escuela de "Fe y Alegría" Temblador
Tomado de su página de Facebook
“Entre las variadas escuelas de pedagogía, siempre domina una concepción urbanística de la educación. Si se piensa en la naturaleza y en los grandes ambientes naturales, estas consideraciones tienen un convencionalismo declamatorio y mantienen a la inmensa mayoría del alumnado de espaldas a las maravillas naturales que nos ofrece la tierra. Fe y Alegría ha incluido a la naturaleza, como gran maestra en el elenco de sus preocupaciones pedagógicas”.

No siempre las escuelas de “Fe y Alegría” están rodeadas de naturaleza, ni tienen acceso fácil a las maravillas que brinda la misma. Por lo contrario, muchas están situadas en zonas económica, social y ambientalmente empobrecidas. Los ambientes de la pobreza, en Venezuela y en casi todo el mundo, son el resumen de todas las miserias y errores que la civilización ha creado como producto secundario de sus ilusiones de progreso. Pero en el medio de esos ambientes poco propicios, sus escuelas dentro de sus limitaciones, brindan espacios limpios, sanos y agradables, formando la idea que la pobreza no tiene que estar acompañada de la degradación del ambiente humano, ni espiritual. Para mí esta es la verdadera educación ambiental, la enseñanza en la práctica cotidiana de que todos podemos tener el derecho, sin exclusiones, a disfrutar a un ambiente sano, seguro y ecológicamente equilibrado, que todos debemos participar en hacer valer ese derecho, así como la práctica del amor por tu comunidad y tu escuela, el respeto mutuo y la acción solidaria y amorosa por las personas y todas las formas de vida.

Como cierre de este artículo, en ese taller en Temblador que nombré al inicio de este artículo, los docentes participantes, tanto de la escuela de “Fe y Alegría”, como es justicia reconocerlo, de otras instituciones educativas, compusieron este “Rap de la Biodiversidad Tembladoreña”

I
La diversidad de la vida
Se encuentra por doquier
Por eso amigos míos
La debemos proteger

II
El desarrollo sustentable
Lo debemos implementar
Para asegurarle la vida
A mi pueblo natal

III
El Municipio Libertador
Tiene hermosuras sin igual
Sus paisajes lo adornan
El temblador  y el morichal

IV
La cultura es diversa
Pero solo les voy hablar
Del chinchorro de moriche
Y la medicina tradicional

V
El ecosistema brinda beneficios
Que debemos aprovechar
Hace préstamos facilitos
Pero qué difícil es pagar

Autores: Mirlenys Pagola, Netzabeth Maestre, Nuvia Seijas, Martha Aray, Mary Ramos

Muchísimas gracias a los docentes de Temblador, en particular los de “Fe y Alegría”, por enseñarme sobre su ambiente, su cultura, pero sobre todo a tener la certeza de que, a pesar de los obstáculos que nos hemos construido, si es posible construir un mejor País para todos.

6/10/2013

¿Queremos comer pastel de chucho? Nadando en las aguas turbulentas de la conservación de la biodiversidad venezolana




A Sumito Estévez que le cayó el chaparrón
A Jaime que me enseñó que era totalmente posible el turismo sustentable en las costas venezolanas
A una arepa pelada con “tripa de perla” que no puedo olvidar


En el marco del evento “Margarita Gastronómica” 2013 se anunció como uno de sus eventos principales la elaboración del  “El Pastel de Chucho más grande del mundo”. Este es un plato típico margariteño confeccionado a partir de un guiso de un pez cartilaginoso que tiene cierto parecido con una  mantarraya y que es conocido por los científicos como Aetobatus narinari y por las comunidades del oriente de Venezuela como chucho.

Para ello se anunció que cuarenta “chefs” elaborarían ese plato, esperando poder servir a más de mil personas. No se precisó la cantidad de pescado necesario para realizar esta preparación.

La actividad fue rechazada por organizaciones ambientalistas del Estado Nueva Esparta a través de un comunicado, mediante el cual exigieron retirar esa actividad debido al posible daño que pudiera realizarse a una especie amenazada producto de prácticas pesqueras inadecuadas.

Quizás, como producto de este rechazo, esta actividad parece haber sido descartada y de hecho ha sido retirada de la página Web del evento.

Tal situación fue reflejada en diversos grupos de internet relacionados con la conservación ambiental. En ellos surgieron dos posiciones: Por una parte, los que descalificaron,  no sólo la actividad, sino a sus organizadores. Por otra parte, otros expresaron puntos de vista más moderados, en algunos casos aportando sugerencias para manejar la situación.

Este acontecimiento, permite hacer algunas reflexiones sobre la situación de la gestión de la diversidad biológica en el país, y utilizarla como caso de estudio  para entender y quizás mejorar la acción pro-ambiental de las organizaciones no gubernamentales del país.

¿Cómo estamos en materia de gestión de la biodiversidad?

Podemos extraer algunas ideas preliminares de la experiencia venezolana de muchos años, expresada en diferentes eventos y publicaciones por especialistas, comunidades, empresarios y consumidores:

Aún estamos lejos de tener lineamientos de políticas y normas ambientales eficaces para la gestión de los recursos biológicos del país. Por ello, hay enormes vacíos, desconocimientos e ineficiencia institucional que facilitan el uso insustentable de la biodiversidad. Este hecho se manifiesta día a día en cualquier mercado o restaurant en muchas partes de Venezuela.

En nuestro caso actual, tal situación se expresa en el hecho de que, según el investigador Rafael Tavares, el “chucho” a pesar de que es un recurso pesquero importante en la región oriental del país carece de medidas de manejo y conservación específicas.

Me pregunto ¿no sería en este caso donde debería verse la implementación de la Estrategia Nacional para la Conservación de la Diversidad Biológica? ¿No es prioritario establecer medidas para proteger la especie y el modo de vida de los pescadores?

Existen importantes vacíos de información fidedigna, actualizada y disponible sobre la situación de los recursos biológicos del país. La información cuando existe es frecuentemente incompleta, poco actualizada y de difícil acceso. Adicionalmente, gran parte del conocimiento técnico existente no está articulado con los programas de gestión ambiental. Este tema se ha agravado de manera preocupante por la crisis universitaria nacional y la desprofesionalización de los cuadros técnicos en los organismos de gestión. Es claro que, sin información científica suficiente y adecuada, toda acción que se realice es como  creer que lanzando flechas al azar podamos dar en el blanco.

En este caso particular, resulta urgente aumentar la base de conocimiento sobre la especie que facilite que en el menor plazo posible se puedan establecer medidas adecuadas de conservación y aprovechamiento sustentable.

Aquí me surge otra pregunta ¿qué organismos deberían promover y financiar estos estudios? A mí no me suena que deberían ser los organizadores de un evento gastronómico como alguien sugirió.

La enorme mayoría de la población desconoce la diversidad biológica del país, su situación de conservación y los límites a la explotación de los mismos. Una de las razones para este desconocimiento es la ausencia de una  educación ambiental adecuada. En el país, los currículos escolares sólo contienen algunos elementos conceptuales sobre ecología y grandes temas ambientales, y estos no se  articulan con la realidad ambiental de los estudiantes. Asimismo, el resto de la educación ambiental fuera del ámbito escolar es un esfuerzo meritorio pero puntual y discontinuo realizado por algunas pocas instituciones y organizaciones, con mucha voluntad y muy pocos recursos económicos y profesionales.

La pregunta entonces es ¿castigamos el desconocimiento o trabajamos para eliminarlo?

En el país existen muy pocos modelos y experiencias continuas sobre aprovechamiento sustentable de la biodiversidad. Adicionalmente, algunas de las experiencias conocidas son sólo proyectos de buenas intenciones, ya están desaparecidas, o su pretendida sustentabilidad no está basada en indicadores objetivos.

Además, para un grupo de defensores de los animales, el mismo concepto de “aprovechamiento sustentable” es inaceptable. En algunos de ellos esta posición tiene bases racionales debido a que en algunas partes se mantienen prácticas de explotación absolutamente condenables, incluso en casos pretendidamente "sostenibles" o de “beneficio social”. Pero a la vez, esta posición cuando es mantenida de forma extremista y cerrada puede resultar en el rechazo irracional de todos los métodos de cacería, pesca o cualquier otra forma de captura de organismos vivos para consumo humano.

Estamos perdiendo la batalla contra la extinción de la biodiversidad ¿Estamos dispuestos a buscar alternativas de aprovechamiento sostenible como una de las estrategias para revertir esta situación?

Recientemente en el país  están ocurriendo experiencias interesantes de articulación entre temas económicos, sociales y ambientales.  Este proceso es aún incipiente, pero descubre caminos esperanzadores.  Muchas de las experiencias están relacionadas con la producción y elaboración de alimentos con enfoque sostenible, de tal manera de aumentar la oferta de productos sanos y ambientalmente responsables. Ello no sólo para el consumo local, sino como parte de una oferta dirigida al turismo internacional (¿o Venezuela no se iba a convertir en una potencia turística?)

Por supuesto, esto es una tarea compleja y cargada de dificultades. Aún antes de que uno de estos proyectos pueda superar los escollos financieros y políticos existentes, aparecen los conflictos entre el mantenimiento de las tradiciones culturales y la conservación ambiental, así como los desencuentros entre demandas económicas y restricciones ambientales. Buscarles soluciones viables y aceptables a estos problemas es parte necesaria del proceso de construcción de la sostenibilidad. Para ello es  ineludible el encuentro abierto y armónico entre distintas perspectivas, incluyendo la participación de los profesionales, activistas y gestores de la conservación ambiental.

Esto último implica transformaciones en el movimiento ambiental venezolano y sus relaciones con otros grupos. Promover la conservación ambiental es cada vez más un proceso que implica diálogos, articulaciones, educación y alianzas interinstitucionales. Por ello tenemos que terminar de eliminar algunas prácticas que nos hacen ver como grupo cerrado e intransigente, más dispuesto a cerrar puertas que a encontrar salidas. Por supuesto que frente a los abusos y el delito hay que tener posiciones firmes, pero jamás lo cortés ha quitado lo valiente.

Y entonces, comeremos o no comeremos pastel de chucho

La respuesta a esta pregunta dependerá de que estemos en capacidad de encontrar vías de solución a los desafíos de gestionar de manera responsable nuestra diversidad biológica.

En cualquier caso, los ambientalistas necesitamos estar en capacidad de apoyar y contribuir activamente con la búsqueda de soluciones que garanticen un futuro “ecológicamente equilibrado” como dice el artículo 127 de nuestra Constitución (CRBV). Para ello debemos ponernos de acuerdo en una agenda común para la construcción de la sustentabilidad. Esta agenda podría contener algunas de estas ideas:


  1. Exhortar a las autoridades competentes a establecer de manera participativa lineamientos y acciones dirigidas a establecer normas y prácticas eficaces para promover la conservación y aprovechamiento sostenible de la especies de la diversidad biológica. Estas orientaciones deberán estar basadas en información técnica suficiente y adecuada. En el caso de que esta información no esté disponible, exigir que sean promovidas y financiadas las investigaciones necesarias. En resumen: Debemos exigir que se honren los compromisos existentes en la Estrategia Nacional para la Conservación de la Diversidad Biológica.
  2. Exhortar a las autoridades competentes a cumplir con el artículo 107 de la CRBV que obliga al Estado venezolano a realizar programas de educación ambiental en todos los niveles y modalidades educativas. Adicionalmente exigir que esta sea una educación práctica y centrada en la búsqueda de soluciones participativas a los problemas existentes. Adicionalmente, las autoridades deben apoyar y promover la participación de todos los actores de la sociedad en las labores educativas.
  3. Exhortar a las autoridades a establecer lineamientos claros que permitan establecer programas de aprovechamiento sustentable y formas de consumo responsables y adecuadas a la realidad ambiental y social del país y cada una de sus regiones.
  4. Hacer una llamado de alerta a todos los actores sociales a desarrollar prácticas de producción y consumo responsable basadas en claros enfoques de sustentabilidad y de acuerdo con las normas y lineamientos nacionales.


Pero no sólo necesitamos mirar hacia fuera, también tenemos trabajo por hacer:

  1. Establecer programas de educación ambiental en todos los ámbitos de acción de las ONG ambientalistas del país, en particular aquellos dirigidos a conocer, valorar y aprovechar de manera sostenible nuestra diversidad biológica. En el caso del estado Nueva Esparta aprovechar los recursos didácticos existentes para generar un proceso de concientización pública, incluyendo el uso de películas como “Hoy no se hace pastel de chucho” de Braulio Rodríguez y el libro Conservación De Tiburones En Venezuela” de Rafael Tavares, Isabel Magan y María Alejandra Faría.
  2. Desarrollar un proceso de discusión, reflexión y formación dirigido a desarrollar enfoques dirigidos hacia la búsqueda de diálogos, el trabajo común interdisciplinario y las búsqueda de alianzas entre sectores dirigidos a lograr soluciones ambientalmente responsables, justas, viables y aceptables para todos los involucrados.
  3. Apoyar y acompañar activamente las propuestas de distintos grupos dirigidos a establecer nuevas modalidades de relacionarnos con nuestro entorno. Entender que las soluciones las tenemos que encontrar entre todos.

Estas ideas son sólo un paso de inicio que deberá ser completadas con las de muchas otras personas. Pero si queremos en el futuro que nuestros hijos puedan disfrutar de la belleza y riqueza de nuestros mares y puedan disfrutar de una empanada de cazón, y quién sabe si un pastel chucho sustentable, tenemos que comenzar ahora.


P.S. Para completar las ideas aquí expresadas recomiendo leer estos artículos: “Chucho” de Sumito Estévez y "Pastel de chucho con conciencia y sin chucho" de Marialejandra Farías



27/5/2013

¿Para qué sirve un parque urbano? Parte 1. Los parques y el desarrollo humano



Acaba de pasar el “Día del Árbol”, la fecha ambiental más antigua de Venezuela, con su colección de pequeñas actividades con las cuales escondemos que somos uno de los países con mayor tasa de deforestación en América Latina (1)

Esta destrucción no sólo está ocurriendo en las áreas naturales, sino también hacia el interior de nuestras ciudades, en las cuales sus áreas verdes se van reduciendo a un mínimo testimonial.
Algunas personas consideran que este problema es una preocupación menor frente a los graves problemas sociales que sufre la población.

Vale entonces preguntarse ¿es realmente importante mantener y  proteger espacios  arbolados en las ciudades?

En este texto quiero presentar algunas razones que pueden justificar que los ciudadanos exijamos a los gobiernos locales que no sólo mantengan los parques urbanos, sino que desarrollen políticas efectivas para incrementar las áreas verdes en cada una de las zonas de la ciudad. En una segunda entrega hablaré de las consecuencias individuales, sociales y culturales del empobrecimiento biológico de las ciudades, principalmente sobre los niños.

El tránsito de los niños libres – a los niños enjaulados

"Nuestros niños son parte de un vasto experimento –  al ser la primera generación que se está criando sin tener contacto significativo con el mundo natural" Bill McKibben.

Mi niñez estuvo ligada a zonas verdes urbanas y libros. En el centro de ese recuerdo están muchos patios, jardines, plazas, parques y mucho terreno sin construir donde la vegetación y los niños crecíamos de forma silvestre.

Durante ese período de mi vida, me subí a árboles, fui picado por avispas, recogí piedras interesantes, observé la actividad de las hormigas, exploré la vida dentro de un charco, capturé una pequeña serpiente, encontré huevos de lagartijos, me escondí en un bosque, corrí “perseguido” por un murciélago enorme, comí frutas caídas de un árbol, ensayé probar cosas que no debía (jamás muerdan una hoja de malanga) y muchísimas cosas más. Todo eso dentro de los límites de una ciudad.

No se cómo influenciaron esas experiencias en mí, o si ellas me llevaron a ser lo que ahora soy: un educador ambiental y ambientalista. Pero en cualquier caso me llevaron a desear que muchos niños tuvieran la misma oportunidad de contactar con la naturaleza de manera directa y espontánea. Pero para ello se necesitan muchos parques, muchas plazas, muchos árboles.

En los últimos años, los parques urbanos no han corrido con mucha suerte en nuestras ciudades venezolanas: La mayoría sufre de diferentes grados de desidia o abandono. A ello se une que muchos de ellos han sufrido vandalismo, invasiones, mutilación  e incluso de eliminación con fines presuntamente “sociales”. Por su parte, las aceras no han tenido mejor suerte y se han convertido en largos cementerios de lo que alguna vez fueron calles arboladas.

Barriada popular en Caracas. Imagen de Google Earth
Caracas, la ciudad que alguna vez fue famosa por sus brillantes colores naturales, al ser transformada para albergar a más personas se hace cada día más gris, más rígida, más hostil, paradójicamente más inhumana.

Sin parques, ni otras áreas verdes, muchos de sus  niños ahora sólo viven en el mundo virtual de las tres pantallas: el televisor, el juego de video y la computadora. Habitando en espacios cada vez más artificializados, enclaustrados y restrictivos. Son niños enjaulados. Niños sin árboles.

¿Qué son esas manchitas verdes que se ven en el mapa de esa ciudad? ¿Serán tierras ociosas?

“… siempre ha habido una ambigüedad con respecto a la vegetación urbana… ya que por un lado se propicia la construcción de edificaciones, autopistas, estacionamientos y otros locales, todo eso en detrimento de la vegetación, y por otra se controla la misma cercándola y limitándola” Giovanna Merola

Desde hace muchos años, fueron reconocidos los enormes beneficios ambientales, sociales y estéticos del arbolado en las ciudades. Esta afirmación está basada en un extenso cuerpo de investigación científica realizada a lo largo de todo el mundo. Vamos a revisar algunos de estos  beneficios y los trabajos que los apoyan:

Las zonas arboladas urbanas ayudan a disminuir la temperatura local, mitigan el ruido, absorben  contaminantes, así como controlan la radiación solar y el viento  (2, 3)

Asimismo, ayudan a disminuir el consumo de energía en edificaciones,  mejoran el entorno social, protegen los suelos, promueven formas de vida sanas, la participación comunitaria y el encuentro social (4)

También es bien conocido que las áreas verdes urbanas generan beneficios sobre la salud psicológica y emocional de las personas y en particular pueden promover un desarrollo más sano en los niños (5, 6) Por ello, la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda que toda ciudad disponga de al menos 9 m2 de área verde por persona. En Caracas sólo se llega a los 1,5 m2 de área verde por habitante (7) No tengo datos de cómo está la situación en otras ciudades venezolanas.

Por otra parte, la vegetación es un elemento integral del diseño arquitectónico y urbanístico, al integrar los elementos construidos con el entorno natural. En Venezuela este enfoque arquitectónico fue llevado a su máxima expresión por Carlos Raúl Villanueva en el diseño de la Ciudad Universitaria de Caracas. En esta obra, Patrimonio de la Humanidad, este genial arquitecto logró una extraordinaria armonía de las formas arquitectónicas “…con la luz, con la vegetación, con el entorno; este entorno que pasa a ser parte del mismo espacio, en una fusión externo-interno que está presente en todos los edificios del conjunto universitario " (8).

Más recientemente, se han desarrollado una serie de nuevos enfoques que agregan aún más valor a las zonas verdes urbanas. Algunos de ellos son los siguientes:

Las áreas verdes como expresión de la biodiversidad urbana, se consideran ahora fundamentales para generar ecosistemas urbanos sanos y seguros. Por ello, representan elementos claves en las estrategias para el desarrollo humano sustentable, la defensa del hábitat humano en particular de las zonas populares, la protección contra los riesgos de desastres socio-naturales y la lucha contra el cambio climático (9).

Igualmente, existe evidencia que sugiere que el contacto adecuado con la naturaleza y el desarrollo de actividades al aire libre, pueden ser formas de terapia importante en casos de trastorno de déficit de atención e hiperactividad (TDAH) e incluso tener beneficios en el tratamiento con niños autistas (10, 11).

Un área de estudio reciente y muy importante está relacionada con la gestión del hábitat popular. Investigaciones sugieren la posibilidad de que los espacios arbolados en comunidades pobres pueden inhibir la delincuencia y generar zonas más seguras para las familias y los niños (12). Igualmente la gestión de estas zonas verdes puede promover la participación, la inclusión y el sentido de pertenencia (13, 14) Asimismo, es claro que la ausencia de zonas verdes en zonas populares es un claro reflejo de inequidad e injusticia ambiental.

Todo este cuerpo de evidencia parece decirnos de manera muy clara que las áreas verdes urbanas cumplen un rol muy importante para cualquier estrategia de desarrollo humano de las ciudades. Por esas razones muchas ciudades del mundo han incluido en su planificación urbana el aumento del área de parques y otras zonas arboladas dentro de las ciudades, con énfasis en zonas populares.

Claro, hay personas que ignoran o no creen en ninguno de estos trabajos y afirman que el problema es sólo de “oxigenación” y que en el caso de Caracas con el Parque Nacional Warairarepano es suficiente (15)

En relación con esta peregrina explicación, podemos pensar en ignorancia o mala intención, pero quizás también podemos imaginar que esas personas, en su niñez, nunca se subieron a un árbol.


A los demás nos toca seguir trabajando por lograr el sueño de una ciudad llena de árboles fructificados de aves y niños.