1 feb. 2017

@morrocoyusuario un cuento de morrocoyes en el metro





Más razones para educar sobre la biodiversidad a las personas que viven en ciudades


Entro al metro en la estación Chacaito y logro  encontrar un asiento al lado de un niño de unos seis años. Tenía en sus manos una cajita con un morrocoy no más grande que la mano de un hombre adulto. Alrededor del animalito había varios pedazos de lechuga y nada más.

Para muchos de los que nacimos y vivimos en ciudades, nuestra experiencia sobre animales silvestres es escasa y la principal fuente de información es la televisión. Infortunadamente parte de la información que adquirimos por este medio es falsa o es una re-simplificación de la realidad.

Además muchos crecimos viendo comiquitas (dibujos animados) Estos programas nos crearon una serie de ideas fantasiosas con respecto a muchos aspectos de la vida y en particular sobre los animales y su alimentación. En estos programas los conejos siempre aparecen comiendo zanahorias, los ratones queso y las tortugas terrestres lechuga. Hasta Mafalda le da lechuga a su tortuga “Burocracia”.




Hace unos años, tuve la oportunidad de aprender con mi amigo Saúl Gutiérrez que los morrocoyes requieren de una dieta variada para crecer y mantenerse sanos. En algunas ocasiones presencié como a su oficina se acercaban personas que querían donar morrocoyes que ya no querían tener. Algunos tenían deformidades en sus caparazones. Habían vivido encerrados en el interior de viviendas, sin acceso al sol y alimentándose de manera inadecuada (¿Eso es una forma tortura no?)

Vuelvo a mi historia con el morrocoy en el metro y el niño que lo poseía.

Le pregunto a este último: - ¿Dónde está tu mamá? Y me contesta señalando con el dedo a una señora joven parada a su lado. La señora me miró con gesto de suspicacia cercano a la cara de cañón y me pregunta qué quiero.

Pongo mi mejor cara de profesor y le hago algunas recomendaciones básicas para una alimentación más o menos adecuada de estos animales.

La señora me oye con desconfianza, pero al final parece que le llegó la idea. Sobre todo cuando le dije que en su casa tenía fuentes de alimentación sanas y más baratas (esto resultó la palabra clave) que la lechuga. Le conté que podía suministrarle restos de vegetales y frutas que usara en su cocina y que le adicionara pedazos de auyama cruda de vez en cuando (Saúl cultivaba sus propias auyamas para sus morrocoyes).

En la próxima estación se bajaron. No tuve tiempo de hablarle sobre la importancia de que el animalito tuviera acceso a la luz solar y tuviera una superficie para caminar que no fuese únicamente el piso duro y frío de un apartamento, ni mucho menos que estos animales necesitan un pequeño porcentaje de proteína en su dieta.

En este momento ya varios de mis amigos amantes de los animales están con el dedo en la respectiva tecla del “dislike” o del final de la amistad. ¿Eso fue todo lo que le dijiste? ¿Cómo no reclamaste a la señora que tener un animal silvestre en una casa es un acto ilegal y cruel?

Quizás tienen razón, pero ya hace tiempo me di cuenta que esos argumentos eran inútiles y  a veces peligrosos para el animal y el ambiente.

Las personas que se criaron en zonas en la cual es costumbre poseer animales silvestres como mascotas, no se perciben a sí mismos como infractores de la ley o personas crueles.

Para ellos no puede ser delito lo que siempre ha sido así, sobre todo si su madre o su abuela tuvieron aves u otros animalitos en su casa (o van a convencer a alguien que su madre era o es una delincuente)

Igualmente, ellos no se ven como crueles: los cuidan y les dan comida, tal como lo hacen con sus otras mascotas, independiente de que sus creencias acerca de la alimentación de la especie en particular sean totalmente erradas.

Por otra parte, puede ser peligroso inducir a uno de los dueños a liberar a un animal que han mantenido en cautiverio. Sobre todo si ya ha pasado mucho tiempo desde su captura.

Frecuentemente no será liberado en su hábitat natural  y cuando llevan un largo tiempo en cautiverio estos seres vivos pierden sus habilidades para mantenerse por sí mismos.

En estos casos, la vida del animal “liberado” será penosa y muy breve. En el peor de los casos, la introducción de ciertas especies en zonas distintas a su origen puede generar graves problemas ambientales al invadir hábitats, desplazar a especies locales y diseminar enfermedades.

Por ello, los que trabajamos en temas de conservación o educación ambiental nuestra labor debe ser previa a que alguien pueda adquirir un animal silvestre como mascota.

Necesitamos convencer a las personas a que no compren, ni extraigan animales silvestres. La campaña, “mi casa, no es su casa” fue emblemática y deberíamos ser capaces de retomarla y mantenerla.

Asimismo, hay que denunciar a las redes de delincuentes que trafican con especies de la vida silvestre, labor que cuando es posible hacerla, hay que proceder con inteligencia y prudencia.

A la vez, será necesario luchar contra las condiciones de pobreza que llevan a las comunidades rurales e indígenas hacia el comercio ilegal de especies de la fauna.

Por otra parte, será necesario reforzar las instituciones de control y gestión ambiental para que puedan hacer su trabajo de manera eficiente y con justicia.

Pero siempre quedará la situación de los animales que fueron capturados y viven en cautiverio. En esos casos, será necesario educar  a sus dueños para que de manera responsable puedan mantenerlos en las mejores condiciones posibles.

Esto al menos como solución provisional, hasta que tengamos centros de refugio para animales silvestres, como existen en otros países. Instituciones que tendrían como función principal rehabilitarlos para reintroducirlos de manera segura a sus hábitats, así como reproducir a los que no estén en condiciones de vivir por si solos para luego liberar a sus crías.

¿A algún directivo del flamante nuevo ministerio de ecosocialismo y aguas le interesaría promover estas acciones? ¿O quizás se pueda le interesar uno del Ministerio de Educación el incluir el conocimiento de la biodiversidad nacional y local como parte de los contenidos educativos necesarios en la escuela venezolana? Claro, son tareas demasiado cotidianas y no dan beneficios políticos, ni económicos, así que nada, será para la próxima.

Por ahora sólo me queda desearle buena suerte al @morrocoyusuario en su vida urbana.


En memoria de Saúl Gutiérrez que me enseñó lo poco que sé sobre morrocoyes.


Adición posterior: Tampoco tuve tiempo de pedirle a la señora que le enseñara a su hijo que el pequeño morrocoy es un ser vivo y no un juguete, por lo que debía tratarlo jugar con el, ni usarlo como objeto para ser arrojado, ni ninguna de las otras cosas que se le pueden ocurrir a un niño que aún no ha desarrollado la capacidad de entender el respeto por los seres vivos.




26 ene. 2017

10 viñetas para conmemorar la educación ambiental venezolana






Una viñeta es un recuadro delimitado por líneas que representa un instante de una historia contada por una historieta o “comic”. También en literatura, viñeta es una representación literaria de un instante o breve momento.

Esbocemos entonces algunas pocas viñetas de la historia de la educación ambiental (EA) con momentos, circunstancias y curiosidades de una actividad que en Venezuela está cumpliendo cuarenta de haberse iniciado de manera formal, luego de más de cincuenta años de gestación.

A través de las mismas podemos mapear el camino que fue abierto por extraordinarias personas. Educadores que amaron a este país y su naturaleza, creyeron en la capacidad de la educación para construir conciencia y entendieron que la educación ambiental era la manera de construir un país en el que comprendiera que su naturaleza era y es nuestra mayor fuente de riqueza.

Hoy que la educación ambiental en Venezuela está pasando por una etapa de mengua, necesitamos volver a la trocha para limpiarla y ampliarla para poder retomar esa labor.

Cuadro 1. Comenzamos con la historia antigua

En Venezuela en 1905 los estudiosos de la naturaleza venezolana, convencieron al gobierno de establecer la "Fiesta del Árbol". Esta idea se oficializó como “Día del Árbol” el 10 de abril de 1905.

Mucho más adelante, en mayo de 1948, fueron nombrados el araguaney y la flor de mayo como árboles y flor nacional respectivamente y diez años después fue decretado el turpial como ave emblemática del país.

Quizás esos fueron los primeros pasos en la idea de que para poder conservar nuestra naturaleza es necesario primero conocerla.

Cuadro 2. Una ventana para conocer la naturaleza antes que el “bulldozer” la destruya

En los años cuarenta y cincuenta del siglo pasado, los naturalistas en Venezuela estaban preocupados porque el proceso de modernización iniciado luego de la muerte de Juan Vicente Gómez se estaba realizando sin ninguna consideración con la conservación de la naturaleza. Ese proceso “de desarrollo a la fuerza” alcanzó su pleno avance destructivo en los los años cincuenta, durante la dictadura de Marco Pérez Jiménez. No en balde la antropóloga Ocarina Castillo llamó a esa época “Los años del bulldozer”.

Por ello, investigadores como Tobías Lasser, en la UCV y Francisco Tamayo en el Instituto Pedagógico de Caracas, entre otros, crearon cátedras y programas de formación conservacionista y realizaron una extensa labor divulgativa sobre la importancia de la conservación de la naturaleza.

Un hito importante en esta época fue la creación en 1956 de un “Centro de Ciencias” en el Liceo Aplicación de Caracas. Esta experiencia fue el núcleo del programa que posteriormente se llamaría “Centros de Ciencias Tecnologías y Educación Ambiental” que se expandió por todo el país en un importante número de instituciones de educación media, marcando una etapa extraordinaria de actividades educativas de sensibilización y conocimiento de la naturaleza en los jóvenes venezolanos.

Cuadro 3. El inicio de la educación ambiental en Venezuela

Algunas personas que han trabajado la historia de la EA en el país describen programas educativos conservacionistas, al menos, desde los años cincuenta del siglo pasado. A pesar de ello, la EA en su enfoque actual, debió esperar un poco más de tiempo.

En Venezuela, dos hitos marcaron este inicio. Por una parte, la aprobación de Ley Orgánica del Ambiente de 1976 que incluía a la EA como elemento constituyente de la "conservación, defensa y mejoramiento del ambiente". Acción que comenzaría a implementarse a partir de la creación del Ministerio del Ambiente y los Recursos Naturales el año después.

 Asimismo, en el año de 1978 se realizan las Primeras Jornadas de Educación Ambiental, las cuales fueron organizadas por un grupo de ONG en conjunto con profesores universitarios. En este evento se presentaron las orientaciones surgidas de la I Conferencia Intergubernamental sobre Educación Ambiental, celebrada en 1977 en Tiblisi (Georgia).

Así que para mí, es en este período entre el año de 1976 al 78 que debería considerar el inicio de la EA en Venezuela. Por lo que, si tomamos el año intermedio, en este año, 2017, se están cumpliendo cuarenta años de la institucionalización de este campo educativo en el país.

Cuadro 4. La educación ambiental entra en las instituciones educativas

A partir de la creación del Ministerio del Ambiente, este organismo inicia una actividad intensa para “ambientalizar” los currículos de todos los niveles educativos.

En tal sentido, en conjunto con el Ministerio de Educación, se incorporaron contenidos ambientales en los programas de estudio en preescolar, educación básica y parte de la educación media. En consecuencia, hubo que hacer un gran esfuerzo de capacitación de los docentes en ejercicio en todo el país. Para el año 93, casi 80.000 docentes de educación básica y media habían realizado cursos de formación dictados por el Ministerio del Ambiente.

Asimismo, se trabajó en conjunto con varias universidades nacionales para incorporar contenidos educativos en la educación superior. Como consecuencia de esas acciones, varias de estas instituciones incorporaron asignaturas y temas ambientales en diversas carreras.

Cuadro 5. La educación ambiental: De Venezuela para el mundo

Venezuela como país pionero en Latinoamérica en materia de educación ambiental también tuvo una importante acción fuera de sus fronteras.

En los años ochenta, funcionarios y especialistas venezolanos brindaron asesorías para el desarrollo de programas de educación ambiental en diversos países latinoamericanos y caribeños.

Asimismo, en el año 1992 con la celebración del IV Congreso Mundial de Parques Nacionales de la IUCN  en Caracas, el país puede mostrar al mundo sus avances en materia de concientización ciudadana sobre el valor de estas áreas protegidas.

Posteriormente, en el año 2000, el país fue sede del 3er Congreso Iberoamericano de Educación Ambiental. Evento que permitió a Venezuela coordinar los primeros pasos para un proceso regional de articulación entre instituciones gubernamentales de EA en toda la región.

La experiencia lograda en el Congreso, sirvió de base para que el país promoviera y liderara (infortunadamente por poco tiempo) el desarrollo del Programa Latinoamericano y del Caribe de Educación Ambiental (PLACEA) un marco regional de cooperación y articulación entre políticas públicas de educación ambiental en toda la región.

Cuadro 6. ¿Cuándo las ONG ambientales comenzaron a hacer educación ambiental? 

Es enormemente difícil dar a una respuesta a esta pregunta. Sabemos que las organizaciones más antiguas realizaron actividades de divulgación de temas de la naturaleza desde muy temprano en su formación.

Quizás algunos de los ejemplos más importantes, son la Revista “Natura” de la Sociedad de Ciencias Naturales La Salle, publicada desde el año 1958 y mucho más tarde, el álbum de barajitas (cromos) “Venezuela en Cromos. Sus Paisajes, su Flora, su Fauna y su Gente” patrocinado por la Fundación La Salle realizado en 1974.

Pero como ya dijimos, la EA en Venezuela se inicia posteriormente y desde otra perspectiva.

Quizás, el primer programa formal de educación ambiental realizado por una ONG fue la promoción del material educativo “Hazlo y Muéstralo”. Un programa educativo creado en conjunto por la Oficina Scout Mundial y la WWF y editado en Venezuela en 1976 (en la rayita de la fecha de inicio). Muchas otras ONG siguieron este camino en los ochenta pero sus actividades fueron más puntuales generalmente dirigidos a difundir información sobre la conservación de especies en peligro de extinción y áreas protegidas.

Para finales de los años noventa, un Directorio de Organizaciones no Gubernamentales Ambientalistas de Venezuela incluía más de 200 organizaciones que reseñaban a la EA entre sus actividades.

Cuadro 7. En Venezuela la educación ambiental se hizo juego

Juegos Ecológicos en los Parques, fue un programa de educación ambiental al aire libre realizado por Inparques, el cual estaba dirigido a niños en edad escolar durante el período de vacaciones escolares. Su particularidad fue el uso de estrategias lúdicas, creativas y activas dirigidas al desarrollo  de conciencia ambiental de los participantes.

Este Programa se inició en 1979 en el Parque del Este de Caracas (actualmente Parque Generalísimo Francisco de Miranda) con apenas 50 niños. En 1999 se estaba realizando en  17 sedes en todo el país. Para ese momento, se calculaba que a lo largo de su historia habían participado más de 40.000 niños y adolescentes.

Pero no todo fueron números. Este programa fue pionero en el desarrollo conceptual, metodológico y programático de sus actividades, incluyendo mecanismos permanentes de seguimiento y evaluación, así como la permanente innovación en sus todas sus acciones.

Cuadro 8. ¿Existe en Venezuela la educación para el desarrollo sustentable?

En la Agenda XXI, el documento central aprobado durante la “Cumbre de la Tierra” en Río de Janeiro en 1992, no aparece el nombre de educación ambiental, sino el de educación para el desarrollo sustentable (o sostenible) Este hecho generó una muy dura polémica internacional entre los que defendían la validez de la EA y aquellos que consideraban que el nuevo concepto permitía asumir un enfoque integral de los problemas humanos.

Venezuela quedó al margen de esa polémica. Más allá de unos pocos focos de discusión, no se produjo una posición oficial al respecto, y la mayoría de las ONG que hacían EA desconocieron esta situación.

En contraste, la Fundación Tierra Viva, desde sus inicios a principios de los años 90, incorporó una orientación educativa dirigida a mejorar la calidad de vida de los ciudadanos a través de su  incorporación activa en la solución de los problemas ambientales que los afectan desde una perspectiva integral de sustentabilidad.

Aunque este enfoque no ha permeó a todas las organizaciones y programas educativos, es claro que el trabajo de esta organización tuvo una influencia muy fuerte en difundir los enfoques de sostenibilidad entre muchos educadores ambientales venezolanos.

Cuadro 9. Y cómo está actualmente la salud de la educación ambiental

No tenemos buenas noticias. La Dirección General de Educación Ambiental y Participación Comunitaria fue “dada de baja”  del Ministerio de Ecosocialismo y Aguas en enero de 2015. Unos meses después fue creada la “Dirección General de Formación Ecosocialista” transformando una acción que era dirigida a todos y construida entre todos, en una doctrina sectaria y desconocida para el mundo ambiental. Ahora la educación relativa al ambiente no es de todos.

Desde su creación, la nueva Dirección ha tenido una acción muy poco visible y alejada de la función de ente orientador y promotor de los programas educativos relativos al ambiente en el país. Por su parte, en otras organizaciones gubernamentales la situación no es mejor y sólo van quedando algunas campañas, frecuentemente vía medios digitales, en temas como el consumo responsable del agua, el cuidado de las áreas protegidas y otros temas urgentes.

En la educación escolar tampoco la situación es feliz. El desorden educativo formado por sucesivos intentos inacabados de modificar los programas escolares, hace que la actividad educativa ambiental dependa exclusivamente de la buena voluntad de los docentes. Por otra parte, materiales como la Colección Bolivariana, libros de texto, considerados de referencia para el desarrollo de la praxis educativa, presentan un enfoque meramente conceptual del ambiente, así como una orientación partidista de la comprensión de la problemática ambiental.

Desde fuera del gobierno, las ONG luchan con sus muy escasos presupuestos para mantener alguna acciones, pero el sector se minimiza y las acciones se hacen puntuales, locales y sin mucho impacto.

Esperaremos como las sabanas el comienzo de lluvias para reverdecer.

Cuadro 10. Caminos para un futuro de la educación ambiental en Venezuela

Todo camino hacia un futuro posible y deseable comienza desde el presente. En este momento y a pesar de las dificultades, podemos encontrar algunas acciones que presentan experiencias que pueden servir como modelos para buenas prácticas en educación ambiental de cara al futuro. Veamos unos pocos:

En el estado Mérida, la organización Geografía Viva, ha desarrollado una valiosa labor de educación y participación comunitaria con comunidades altoandinas articulando la gestión de riesgo y la educación ambiental. Adicionalmente, viene realizando un programa educativo con estudiantes de educación media en el que se construye el conocimiento ambiental a través de su participación en noticieros radiales y la producción de radionovelas.

Por su parte, la organización Phynatura trabaja con comunidades indígenas y criollas en el estado Bolívar, aportándoles herramientas conceptuales y metodológicas que les permiten participar en la explotación sustentable y no destructiva del bosque, así como y la implementación comunitaria de acuerdos de conservación de estos ecosistemas.

Asimismo, la Fundación Tierra Viva realiza una serie de programas con comunidades indígenas, tanto en el estado Delta Amacuro, como en otras regiones del país, promoviendo el desarrollo de formas de emprendimiento comunitario basados en el uso sustentable de los recursos de su entorno, la iniciación en el turismo sustentable y la inserción de temas de salud.

Es imposible no nombrar a Adolfo Cardozo desde la UNELLEZ y su permanente labor de lograr una mejor calidad de vida de los campesinos venezolanos con estrategias innovadoras que van desde la permanente búsqueda de alternativas creativas y sustentables para mejorar actividades del campo, hasta el uso de la música como instrumento de educación.

Me faltan otras por nombrar, pero me falta espacio.

Bonus track: ¿Venezuela inventó el Día Mundial de la Educación Ambiental?

Finalizo con una nota curiosa. Una hipótesis sobre el posible origen de esta celebración no oficial del calendario ambientalista mundial.

La versión más común que corre en Internet, y que se toma como cierta, es que su origen está relacionado con el Seminario Internacional de Educación Ambiental, realizado en Belgrado (antigua Yugoslavia) en 1975. Evento donde se establecieron los principios aún vigentes de la Educación Ambiental.

Por mi parte, entro en esa historia en el 2009 cuando me preguntaron que sabía sobre esa celebración... y quedé como ignorante. Intenté buscar información al respecto sin ningún resultado. Pareciera que nadie anteriormente a esa fecha conocía de la existencia de esa celebración. Asimismo, no se celebraba en la mayor parte del mundo, no existía información al respecto en la literatura especializada, ni aparecía en el calendario de fechas a ser celebradas de ningún organismo internacional.

A pesar de ello, cada nuevo año, más páginas Web la reseñan, eso sí, siempre en el ámbito Iberoamericano.

Posteriormente, traté de profundizar en el tema con idénticos resultados. Pero me encontré con un dato muy curioso: en el 2009 y años sucesivos, la mayor parte de la información que aparecía en la Web estaba en páginas venezolanas.

¿Entonces de dónde habría salido ese dato? No estoy para nada seguro. Pero tengo algunas hipótesis. En primer lugar, es posible que durante el Seminario de Belgrado o inmediatamente después, se haya hecho la propuesta de este Día de la Educación Ambiental. No se me ocurre por qué el 26 de enero que no coincide con el de la celebración del Seminario. En todo caso, por alguna razón esta propuesta "no cuajó" y nunca se formalizó, quedando en “vida latente”, quién sabe donde, hasta que fue descubierta en los años previos al 2009 por una organización venezolana que estaba buscando fechas para la construcción de un calendario de efemérides ambientales. Este calendario fue publicado en Internet y allí comenzó esta historia: La información con la fecha de esta celebración se hizo viral y se multiplicó en cientos de páginas Web que la dieron por buena y cierta, quedando oficializada por “aclamación popular”.

No tengo manera de corroborar estas hipótesis. Pero me resulta muy simpática esa posibilidad. Me encantaría oír su opinión al respecto.

Que viva la educación ambiental. Celebremos este día con optimismo al comprobar el poder irreverente e iconoclasta de las personas interactuando en Internet. Y la posible capacidad de los venezolanos de hacer historia.

Les coloco los enlaces a los artículos que escribí al respecto por si a alguien pudiera interesarle:

https://forotuqueque.blogspot.com/2009/01/da-de-la-educacin-ambiental.html
https://forotuqueque.blogspot.com/2012/01/dia-de-la-educacion-ambiental.html
https://forotuqueque.blogspot.com/2012/01/dia-de-la-educacion-ambiental-2.html

25 dic. 2016

Plegaria Ambiental Venezolana en Navidad



Foto Juan Carlos Valero


Hace un poco más de dos mil años nació un niño en una familia tan pobre que sus padres no tuvieron como pagar ni siquiera un lugar decente en el momento de su nacimiento y tuvo que nacer en un establo. En vez de cuna tuvo algo de paja, en vez de ropas, trapos, en vez del calor de un hogar el calor de animales de trabajo.

Ese niño se convirtió en un gran maestro que hablo de amor, respeto, tolerancia e igualdad. Para mucha gente estas son las bases de su fe y su religión y reconocen a ese Maestro como su Dios.

Hoy en Venezuela nacen muchos niños en condiciones tan difíciles o peores que el niño del pesebre de Belén. Su corta vida está marcada por la destrucción de su entorno y las condiciones que hacen posible la vida.

Por eso, en la fecha que conmemoramos al niño nacido en el pesebre, quiero pedir esta noche por los niños nacidos en Venezuela en el medio de la destrucción ambiental.

Pido por los niños indígenas y criollos del Alto Caura nacidos ya envenenados con mercurio producto de la codicia y la corrupción.

Pido por los niños nacidos en barrios sin agua, ni cloacas, en el medio de desechos que nadie recoge. Niños que sólo serán recordados en la próxima campaña electoral.

Pido por los niños de la Cuenca del Lago de Valencia tomando agua envenenada por culpa de gobernantes que cerraron los ojos y abrieron sus bolsillos.

Pido por los niños pescadores y habitantes del lago de Maracaibo sumergidos en un lago moribundo, infectado por el desarrollismo que beneficia a unos pocos.

Pido por los niños enfermos en hospitales sin agua, ni saneamiento, doblemente enfermos, muchas veces abandonados.

Pido por los niños campesinos, hambrientos, sedientos y siempre damnificados porque sus tierras han sido destruidas por la ignorancia y la perversidad de los que no buscan hacer florecer el campo venezolano, sino sólo sus cuentas en el exterior.

Pido por los niños de nuestras costas suplicando por una lata de sardinas, aunque vivan frente a un mar lleno de riquezas que se ha convertido en territorio de otros y que cada día se degrada un poco hasta que al final solo quede un desierto de agua sin vida.

Pido por los niños de nuestras ciudades grises, creciendo sin nunca aprender que en un país lleno de miles de animales y plantas se puede vivir con salud y abundancia.

Pido finalmente, por los niños que nacerán en el Arco Minero del Orinoco que serán sacrificados en el altar del becerro de oro.

Pido en esta Navidad por todos ellos. 

Pero también no puedo olvidar pedir por los niños de Alepo sacrificados y dolientes de la perversión del primer genocidio masivo de este siglo.

23 nov. 2016

La sociedad civil de Venezuela realizará un taller de trabajo para actuar contra el cambio climático





La Coalición Clima21, la Red Ara y la Fundación Tierra Viva, en conjunto con el Grupo Social Cesap,  con el apoyo de Civilis DDHH, se han unido para articular y fortalecer a la sociedad civil venezolana de tal manera de  actuar de manera eficaz frente a los desafíos derivados del cambio climático y sus efectos sobre los derechos humanos.

Por ello llevaremos a cabo el 1er Taller de trabajo: “La Sociedad Civil Venezolana Frente al Reto del Cambio Climático”, el cual tendrá lugar el día 29 de noviembre próximos.

El objetivo de este espacio de trabajo es establecer de manera consensuada las bases para un plan de trabajo de las organizaciones de la sociedad civil de Venezuela en relación con el cambio climático.

Durante el mismo, esperamos identificar acciones prioritarias para trabajar los temas del cambio climático desde la sociedad civil, así como establecer propuestas para una agenda climática de la sociedad civil venezolana. Adicionalmente el taller  espera definir estrategias para facilitar la comunicación  y colaboración de la sociedad civil en materia de cambio climático.

Este evento es el primero que espera realizarse para promover y apoyar desde la sociedad civil de Venezuela el cumplimiento del Acuerdo de París, el Objetivo 13 sobre acción climática de los Objetivos de Desarrollo Sostenibles de las Naciones Unidas y los objetivos climáticos del Plan Nacional de Derechos Humanos. Asimismo, el mismo se realiza en seguimiento a los acuerdos y compromisos alcanzados en el Seminario Regional sobre el Cambio Climático para las Organizaciones de la Sociedad Civil de Latinoamérica, promovido por la Unión Europea, el cual fue realizado el pasado mes de septiembre.

Por razones presupuestarias el Taller tiene cupos limitados, por lo que no está abierto al público en general. En función de esa limitación se realizará el mayor esfuerzo por hacer la más amplia divulgación de sus resultados.

Contacto: Alejandro Álvarez Iragorry  coalición.clima21@gmail.com
Twitter: @clima21_VE



12 oct. 2016

¿Resistencia indígena?



Indígenas pemones protestando en la
pista aérea en la Gran Sabana

Sí. La que están realizando los pueblos indígenas de Guayana contra el horror de la minería ilegal, con su carga de contaminación, enfermedad, destrucción y explotación humana, y asimismo contra el peligro creciente del arco minero del Orinoco que es la peor amenaza contra su propia existencia como pueblos y como cultura.

Resistencia, la de los pueblos de la Sierra de Perijá contra las minas de carbón, la codicia criminal de los ganaderos y la de la narcoguerrilla. La de los pueblos de Amazonas contra la minería ilegal y la invasión de sus territorios por parte de la guerrilla colombiana. La del pueblo wayuu contra el permanente estado de ocupación militar de todo su territorio, contra el hambre y la indiferencia. La del pueblo warao contra la miseria y el abandono.

Resistencia es la de todos los pueblos indígenas por el reconocimiento de sus derechos constitucionales hoy pisoteados, contra la pobreza, la enfermedad, la violencia y la destrucción de sus culturas.

Si, más que nunca los indígenas de Venezuela están en una lucha por su supervivencia. Es un día importante para recordar eso.

El tema de hoy no es la invasión que ocurrió hace 500 años, sino la resistencia contra la destrucción masiva de su derecho a la existencia y a decidir sobre su vida de manera autónoma. Es al final también una lucha por la dignidad, la libertad y la justicia, es decir por la democracia. Y esa es la lucha de todos, por ello la resistencia indígena es también nuestra lucha por nuestro país, es nuestra resistencia.


Una versión prelimimar de este escrito lo publiqué en mi cuenta de Facebook

5 oct. 2016

Dudamel in the jungle



Imagen del fondo (detrás de Dudamel) "La Jungla" Wilfredo Lam 1943


Recientemente, el director de orquesta Gustavo Dudamel en un polémico discurso realizado en la Casa Blanca de los Estados Unidos, narró que su mentor, el maestro José Antonio Abreu, dijo “que el peor crimen cometido en el mundo moderno ha sido quitar a los niños el acceso a la belleza y a la inspiración”.

No estoy para nada seguro que esa afirmación sea del todo cierta. Así que me toca el difícil trance de rebatir o al menos polemizar con un maestro mundialmente respetado.

La idea atribuida al Maestro Abreu presupone que los niños de algún tiempo pasado tuvieron mayor acceso a la belleza y a la inspiración que los niños de hoy en día ¿Es esto cierto?

Asimismo, habría que preguntarse: cuantos niños, cuáles de ellos, o en qué partes del mundo tuvieron, en algún pasado, la posibilidad de disfrutar de esos dones.

Estoy seguro que en muchísimos lugares y situaciones la mayor parte de los niños, jóvenes e inclusive adultos, en tiempos anteriores a la actualidad no tuvieron esa posibilidad. Que los que tenían aptitudes artísticas tuvieron que luchar de manera muy dura contra los prejuicios, las presiones sociales e incluso en algunos casos contra la violencia para lograr expresar su sensibilidad y creatividad, incluso simplemente para tener acceso al disfrute del arte y la cultura.

No es que las cosas en esta época estén como para montar una fiesta. Pero estoy seguro que en este momento muchos más niños y jóvenes tienen acceso a información y vivencias artísticas que lo que jamás tuvieron sus antecesores. Que además, hemos logrado un nivel de respeto por nuestros hijos suficientemente alto como para que en muchos casos alentemos y no cercenemos sus intenciones de hacer o disfrutar del arte y la creatividad.

Pero por otra parte, si estoy seguro, y eso si es posible de demostrar, que se está cometiendo a escala global un verdadero crimen contra nuestros niños: despojar a la gran mayoría de ellos de tener contacto e interacción real con la naturaleza.

Sufrimos un déficit de naturaleza.

A medida que la población del mundo se hace cada vez más urbana, disminuye de manera dramática la posibilidad de que la población que vive en las ciudades, y principalmente los niños, tengan experiencias de primera mano con elementos de la naturaleza: sean animales silvestres, plantas u otros fenómenos de la naturaleza.

Sólo, a manera de ejemplo, piensen cuantos de los chicos de hoy en día tienen la posibilidad de subirse a un árbol para comerse una fruta arrancada directamente de sus ramas.

Y esa situación parece estar teniendo consecuencias nocivas en los habitantes de las ciudades, y principalmente en los miembros más jóvenes de la sociedad.

Un importante número de médicos, psicólogos y educadores en todo el mundo están asociando padecimientos cada vez más comunes en las grandes ciudades, tales como: la depresión juvenil e infantil, el trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH), la apatía juvenil, así como problemas emocionales, físicos y de comportamiento, con este “déficit de naturaleza”.

Incluso, algunos estudios han correlacionado el aumento de la criminalidad en zonas urbanas con la disminución de áreas verdes en los mismos.

Como consecuencia posible de esta situación, nuestros niños responden sumergiéndose cada vez más en los paraísos y placeres virtuales del mundo digital y la narcodependencia, así como en el vacío existencial y la falta de conexión con la vida que lleva a la violencia.

La solución a este problema es fácil y a la vez difícil. 

Se necesita reverdecer nuestras ciudades. Llenarlas de parques, jardines, calles arboladas.

También hay que reverdecer la educación y sacarla de las aulas y volver a mirar y admirar la naturaleza como lo hicieron muchos educadores venezolanos en los años 50, 60 y 70 del siglo pasado.

Pero también hay que aprender a vivir y convivir en armonía y paz con nuestro ambiente. Para ello hay que reconsiderar nuestros patrones actuales de vida que nos convierte en los robots alienados y altamente vulnerables que somos los habitantes de los entornos cada vez más artificiales de nuestras ciudades

Más aún, si queremos enfrentar el cambio climático debemos evolucionar hacia un nuevo paradigma ambiental a partir de ciudades y personas abiertas a la naturaleza.

Pero esas soluciones, muchas de ellas sencillas, enfrentan una gran cantidad de enemigos que hacen el camino difícil.

Estos personajes, muchos de ellos ecofóbicos, incluyen al funcionario público que dice: “primero hay que resolver los problemas sociales”, como si la mejora de la calidad de vida y la salud ambiental no fuesen temas sociales. Les siguen los que miran la tierra sólo en términos de metros de construcción y kilómetros de pavimento, luego los adoradores del dios-carro, y los gobernantes que nos prefieren encerrados en nuestras casas, entre otros (no sé por qué cuando nombro esta gente me viene a la cabeza el nombre de un exministro).

Y allí no queda la cosa. Actualmente vivimos bajo amenazas mayores. Sobre nuestro país pareciera que ya marchan triunfantes los socios ambientales de los cuatro jinetes del Apocalipsis: "Destrucción", "Contaminación", "Extinción" y "Sed". Todos ellos listos para su Armagedón sobre los campos de Guayana en el llamado Arco Minero del Orinoco.

Al final, quizás necesitemos de un Dudamel que pregunte, no sobre si Venezuela podrá salvar su Sistema de Orquestas, que estoy seguro que sí, sino que interpele al país, su gobierno, políticos y sus ciudadanos si Venezuela podrá salvar a su naturaleza, para salvar a su gente.

21 jul. 2016

Unión, unión… A propósito del Arco Minero del Orinoco





“Somos en la hora presente un archipiélago: o sea, islas unidas por aquello que las separa”. Vladimir Maiakovski, poeta ruso.

¿Cómo unirnos para la defensa de nuestro “canon” histórico y de nuestros intereses nacionales, cuando pululan las circunstancias que nos conducen a la feroz discordia? 
Mario Briceño-Iragorry, historiador y ensayista venezolano.


Cada vez más personas en este país rechazan el Decreto de Zona de Desarrollo Estratégico Nacional Arco Minero del Orinoco.

Esa mayoría entiende que el mismo trae implícita la locura de destruir el 12% del territorio nacional, la reserva de agua del país, múltiples culturas indígenas y la posibilidad de un desarrollo armónico a partir de las riquezas de nuestra biodiversidad. Esto a cambio de la riqueza ilusoria y efímera surgida de extraer un puñado de oro, diamantes y otros minerales. Asimismo muchos repudian el intento de disimular las verdaderas intenciones de este proyecto usando un disfraz “ecosocialista”.

Frente a esta situación, se ha producido una enorme marejada de rechazo: En oposición al decreto se han divulgado comunicados, se han dado entrevistas en radio y televisión y se han publicado decenas de artículos de  opinión. Asimismo han ocurrido reuniones de científicos, activistas ambientales, defensores de derechos humanos y actores políticos, todos ellos condenando la terrible intención de destrucción y muerte.

Esta amenaza ha generado un escenario político que parecía imposible hace unos pocos años: La aproximación, en las ideas, entre grupos, organizaciones y personas que aún están en orillas opuestas del abismo creado por la política de polarización que nos han impuesto en el país. Y no es que estos grupos estén renunciando a sus posiciones políticas, ni a sus desconfianzas y resentimientos mutuos, sino que parafraseando a Jorge Luis Borges, no los une el amor, sino el espanto.

Un elemento interesante de esta movilización de opinión es, que si revisamos todos los argumentos emitidos, nos pudiera quedar la idea de que, aparte de ciertos puntos de vista particulares, se utilizan premisas y considerandos tan similares que pueden parecer provenientes de un solo grupo de actores y no de una enorme diversidad política, profesional y sectorial.

Pero a pesar de la similitud en sus argumentos, en casi todos falta un aspecto fundamental: Que no hay propósito de unión, más allá de la condena unánime al decreto.

Como diría Cantinflas “allí está el detalle”. En estos grupos no parece existir la necesidad de actuar articulados alrededor del objetivo común de defender los derechos ambientales de los venezolanos.

Siguen presentes los mismos tropismos políticos que han destruido la unidad nacional y nos ha convertido en un archipiélago de islotes tropicales llenos de aves vociferantes, pero a la vez sordas a todo lo que venga de la isla de al lado. Aunque nos estén alertando del tsunami que nos destruirá a todos.

Así que volvemos a la vieja política del “chiripero”. No importa que Alí Primera haya intentado glorificar esa acción en uno de sus cantos, pero el aislacionismo y el sectarismo han sido siempre errores políticos que han impedido el logro de avances sociales importantes.

Son tan fuertes estos hábitos de aislamiento y exclusión, que todos los intentos que han sido realizados para reunir a los principales grupos ambientales bajo la bandera común de la defensa del ambiente han sido respondidos con el silencio, el escepticismo o la suspicacia.

Dentro de este panorama de grupos blindados y mutuamente excluyentes, surgen los caudillos del ambientalismo radical. Ellos se colocan en la posición de jueces que invalidan, deslegitiman y condenan todo intento de actuar de manera distinta a sus dogmas personales.

Eso no quiere decir que no sea importante la discusión constructiva, pero no es lo mismo debatir sobre las mejores maneras para enfrentar un problema, que descalificar a priori cualquier postura distinta a la suya.

En particular, estas personalidades no perdonan ningún intento de moderación o de búsqueda de articular diferentes puntos de vista. Mucho menos parecen entender que para alcanzar objetivos mayores siempre será necesario sumar, dialogar y acercar posiciones de tal manera de  acumular las fuerzas necesarias para lograr avances efectivos, especialmente en situaciones difíciles. No entienden la diferencia entre hacer incidencia política y tirar piedras en las esquinas.

Mientras tanto, los enemigos del ambiente usan sin escrúpulos las armas de la más baja política. Así siguen avanzando en sus propósitos: logran contratos, reclutan profesionales para que les maquillen sus propósitos, seducen a otros gobiernos, blindan sus posiciones, crean ministerios y se hacen los sordos ante cualquier argumento que trate de impedir su propósito.

Únicamente un movimiento ambiental y de derechos humanos organizado, con objetivos claros de largo plazo, podrá hacer frente a esa embestida de lo peor del desarrollismo extractivista del país.

Sólo queda seguir diciendo como Bolívar: “¡Unión! ¡Unión! o la anarquía os devorará”.

Esta generación tiene frente a sí la posibilidad de que en un futuro sea conocida por haber logrado defender al país o, por el contrario, de haber permitido que un grupo pequeño de codiciosos delincuentes vendiera al país por treinta piezas de plata, o en este caso de oro.

La pelota está en el bando de los que creemos en un futuro para Venezuela más allá de  convertirse (otra vez) en espacio para el despojo y la destrucción.


7 jun. 2016

Un sueño para una joven llamada Caracas


"Mujer vegetal" Mario Abreu 1954




El siguiente texto fue el Discurso de Orden que presenté el pasado 6 de junio de 2016 en el Concejo Municipal del Municipio Bolivariano Libertador en ocasión de la celebración del Día Mundial del Medio Ambiente y la entrega de los Premios y Reconocimientos Waraira Repano – Cerro El Ávila 2016.

 
Miembros del Concejo Municipal del Municipio Bolivariano Libertador
Representantes de la Alcaldía del Municipio Bolivariano Libertador
Representantes del Ministerio Poder Popular para el Ecosocialismo y Aguas, y demás Ministerios del Ejecutivo Nacional
Organizaciones y personas homenajeadas con el Premio y la Orden al Mérito Waraira Repano – Cerro El Ávila 2016
Miembros de organizaciones comunitarias, organizaciones no gubernamentales, y demás organizaciones de la sociedad civil
Representantes de los medios de comunicación
Señoras y señores.


Me siento particularmente honrado de que un día como hoy con tanta significación para mí, tenga la oportunidad de dirigirme a ustedes, en ocasión de la conmemoración del Día Mundial del Medio  Ambiente y la entrega de los Premios y Reconocimientos Waraira Repano – Cerro El Ávila 2016.

Es por ello, que quiero iniciar agradeciendo profundamente esta invitación que me hiciera el Concejo Municipal Bolivariano Libertador, a través de la Comisión Permanente de Ambiente y Turismo, y en función de la misma, aprovechar la oportunidad que me dan para hacer algunas reflexiones desde el ambientalismo sobre nuestra ciudad y el futuro que soñamos para ella. Y hago énfasis que las mismas surgirán desde el ambientalismo y el sueño. He sido calificado tanto de "ambientalista radical" como de “idealista perdido" y uno no puede andar decepcionando a sus críticos, tal como dice el maestro Gustavo Wilches Chaux.

Esta ocasión que aquí nos reúne, busca articular varios temas: La celebración del Día Mundial del Medio Ambiente, a la ciudad de Caracas en conjunto con su montaña guardiana, así como el reconocimiento a un importante grupo de personas que trabajan por ese sueño que es el vivir en una ciudad que pueda evolucionar hasta lograr que su rasgo fundamental sea el respeto y cuidado por la vida, y todas las formas y manifestaciones de vida.

En la actualidad en Venezuela, es de enorme importancia reafirmar nuestro derecho a soñar con un futuro mejor. Frecuentemente, a los ambientalistas nos dicen que debemos ser más realistas y poner los pies sobre la tierra. Nos dicen igualmente, que con tantos problemas que existen en este momento ¿Quién se va estar preocupado por temas como el ambiente? Cuando oigo esos argumentos, recuerdo que hace un poco más de doscientos seis años, a unas pocas cuadras de aquí, en la esquina de Las Ibarras, uno de nuestros héroes civiles olvidados, Juan Germán Roscio, creó la Sociedad Patriótica, núcleo de las ideas independentistas y de libertad en Venezuela. Conceptos que en ese momento eran mucho más difíciles de concebir y practicar que de las que hablamos en este momento.

En este contexto, comencemos hablando del escenario donde es posible alcanzar nuestro sueño ambiental: la ciudad de Caracas.

No resulta fácil resumir casi cuatrocientos cincuenta años de historia de nuestra ciudad. Pero quizás, ella no sea tan vieja como pareciera debido a su edad cronológica. 

Si usamos la idea del escritor argentino Hernán Casciari de calcular el tiempo “humano” de un país dividiendo su edad entre 14, Caracas, pudiera imaginarse como una joven adulta de treinta y dos años: alegre, trabajadora y un poco mandona; madre adoptiva de seis chicos nacidos en el campo y bautizados como Petare, Baruta, Chacao, El Hatillo, Antímano y Macarao, los que ahora envuelve protectoramente en su regazo, aunque algunos de ellos a veces sean respondones y se den aires de superioridad aún inmerecida.

Pero en cualquier caso, vale la pena recorrer un poco la historia de nuestra joven Caracas.

Comencemos diciendo que la “ciudad de los techos rojos” fue construida en el espacio protegido entre la muralla formada por la montaña que los españoles llamaron “El Ávila” y los barrancos moldeados por los profundos cauces de los ríos Caroata y Catuche. Su territorio había sido reconocido desde antes de la llegada de los europeos como un sitio inmejorable: abundante agua, buenos suelos agrícolas, clima excelente y una localización geográfica privilegiada. A pesar de estas bendiciones, al principio, su crecimiento fue muy lento y por muchos años solo fue una diminuta isla en un mar de plantaciones de caña, café y algunos frutales.

Esta situación cambió, ya avanzado el siglo XX, cuando la ciudad comenzó a crecer y transformarse de manera vertiginosa, como un deslave que va devorando todo a su paso.

Cuando mi familia, como tantas familias venezolanas, se vino a Caracas en los años 60 del siglo pasado, ya la mayor parte de la transformación se había dado. La ciudad había abandonado su ropaje colonial y republicano por un vestido moderno y audaz diseñado por los mejores arquitectos del momento. También había crecido y engordado. Ya la ciudad ocupaba prácticamente todo el valle y empezaba a amenazar con derramarse hacia los espacios fuera de su territorio original. Así fue internándose en los altos mirandinos, las zonas altas de los municipios Baruta y El Hatillo, el corredor vial de la Autopista Regional del Centro y la vía hacia la ciudad de Guarenas. Ya para ese entonces, los pequeños pueblos agrícolas del valle habían prácticamente desaparecido.

La transformación fue inclemente. Se aplanaron cerros, se destruyeron bosques, las quebradas fueron convertidas en cloacas a cielo abierto y se escondieron de la vista del público; los espacios verdes remanentes se domesticaron en unos pocos metros de aceras y jardines, que en gran parte de la ciudad también fueron arrasados, sin que a la mayoría les hubiese preocupado su pérdida.

La bonanza petrolera reclamaba una capital grande, moderna y cosmopolita, sin importar el costo ambiental y humano de ese propósito.

Solo la conciencia y sabiduría de algunos venezolanos permitió proteger unos pocos espacios donde aún sobreviviera la espontaneidad vital de la naturaleza: El Parque Nacional El Ávila, actualmente renombrado como Waraira Repano; el Parque del Este (Francisco de Miranda); los parques Vicente Emilio Sojo, el Universal de la Paz y el Zoológico en Caricuao; el Parque del Oeste (Alí Primera); el Jardín Botánico de Caracas; la Zona Protectora de Caracas; así como un pequeño número de otros parques y espacios verdes diseminados por la ciudad. Todos ellos se hicieron rápidamente insuficientes, para las necesidades de la población y su derecho a disfrutar de la naturaleza, y sólo sirvieron para hacer un ínfimo contraste verde contra extensas zonas sin parques, sin árboles, casi sin vida: sólo dominio para el cemento y el asfalto.

La ciudad en crecimiento necesitó de servicios y suministros cada vez mayores, y al destruir sus propios recursos necesitó importar agua, energía y alimentos así como librarse de sus desechos. Ello generó el despojo y destrucción de una gran ecoregión, la cual incluye el norte del estado Guárico, los altos mirandinos, los valles del Tuy y gran parte de la región de Barlovento, entre otros espacios territoriales.

La ciudad rica se daba el lujo de crecer a expensas de la degradación y explotación de sus vecinos.

En paralelo con el desarrollo urbanístico autorizado, surgió la ciudad informal. Así los cerros menos apetecidos por los empresarios de la tierra, fueron colonizados por millares de personas que elaboraron un heterogéneo mosaico de viviendas construidas, a veces con materiales firmes, pero más frecuentemente con componentes precarios y en terrenos vulnerables. Así se construyeron asentamientos urbanos enormes, muchos sin agua, sin cloacas, sin recolección de desechos sólidos, sin parques y en permanente estado de riesgo de catástrofe. Constituyendo hasta hoy en día, una de las mayores situaciones de injusticia ambiental que existe en nuestra ciudad.

A lo largo de esta historia se hicieron algunos intentos de ordenar y “racionalizar” el crecimiento urbano a través de leyes y ordenanzas, y se realizaron algunos avances importantes en materia de suministro de agua, transporte y otros programas de desarrollo de infraestructura y servicios.

Estos propósitos, llenos de buenas intenciones, y en algunas ocasiones con éxito momentáneo, tuvieron a la larga poca eficacia o fueron insuficientes, producto de la falta de continuidad administrativa, la poca voluntad política y en particular por el poder del dinero sobre otras consideraciones. 

El último golpe a cualquier propósito de ordenamiento urbano, se lo asestó el nuevo avance de la ciudad, ahora hacia adentro, nacido de la idea de que “en Caracas cabe otra Caracas”. Planteamiento que, desde mi punto de vista personal, es irresponsable y perjudicial, al no ir acompañado de un plan urbano integral, coherente y consensuado que diera respuestas, no solo al derecho de los ciudadanos a un techo, sino que buscara la mejora real y sostenible de la calidad de vida de todos los habitantes de la ciudad,  incluyendo, por supuesto, de aquellos que están siendo beneficiados por las nuevas viviendas.

Así llegamos a la segunda década del siglo XXI, y tenemos una ciudad desordenada, con graves problemas de suministro de agua – incluso en años donde no hay “niños” a la vista – con sistemas de gestión de desechos ineficiente, con una de las tasas de área verde por persona más baja entre las ciudades de la región,  enormemente vulnerable a los efectos de los eventos climáticos extremos y sin casi ninguna previsión, ni preparación para enfrentar los efectos del cambio climático.

Pero quizás, el peor de los problemas de la ciudad sea su escasa gobernabilidad generada por la desarticulación institucional, la feudalización de territorios, la hostilidad política y la negación de todo intento de concebir y avanzar hacia una ciudad propicia para todos.

Adicionalmente, en esta época de múltiples crisis simultáneas, de policrisis la llamó el sociólogo y filósofo Edgar Morin, solemos creer que el problema central de la ciudad es sólo de tipo político. Pero esta es únicamente una fiebre pasajera, tal como muchas otras han ocurrido en toda su historia, algunas mucho peores que la actual. Los verdaderos problemas están en un nivel más profundo, son temas sociales, culturales y ambientales. Lo peor, en relación con el tema ambiental, lo pudiéramos describir parafraseando el célebre microcuento de Augusto Monterroso: “cuando despertemos, el dinosaurio ambiental todavía estará allí”… y quizás, agrego yo, hasta haya crecido.

Al final de esta historia, esta mujer que hemos llamado Caracas, ha llegado a la edad adulta con importantes problemas de salud ambiental, con dificultades para encaminarse hacia un proyecto de vida sostenible, vulnerable y amenazada por múltiples peligros. Nada fuera de lo común en la Venezuela actual.

Pero a pesar de todo ello, la ciudad aún está viva, llena de color y belleza. No solo por la magia de su cordillera que le hace una espléndida cortina verde a la ciudad, sino por los cientos de especies de aves que aún recorren los caminos de su cielo, así como por el verde de algunas urbanizaciones y pequeños rincones naturales que aún perviven a lo largo de la urbe. Pero más que todo, por el trabajo de miles de personas que en alcaldías, organizaciones ambientales, organizaciones vecinales y comunales luchan cada día por defender nuestro derecho a vivir y convivir en un ambiente sano, seguro y ecológicamente equilibrado como nos cuenta la Constitución.

Esas personas son los verdaderos héroes de la ciudad y como tales estamos obligados a premiarlos, reconocerlos, retribuir sus esfuerzos, pero en particular apoyar decididamente su trabajo. Hoy me honro en estar entre una excelente muestra de esos seres humanos imprescindibles para el futuro de la ciudad.

Ellos son el segundo de los componentes de este sueño del que hemos estado hablando y la clave para hacerlo realidad.

Me llama la atención que la mayoría de los homenajeados, y quizás esta sea la magia de este premio, militan en la causa de la educación y la comunicación ambiental.

Esto es un tema enormemente importante. Nelson Mandela nos dejó la idea de que “La educación es el arma más poderosa que puedes usar para cambiar el mundo”. Y así es: Los educadores ambientales queremos cambiar al mundo. Ya que pretendemos usar las herramientas educativas para avanzar hacia un mundo más responsable, consciente, solidario y justo. Pero ello no implica imponer ideas a la gente, por buenas que parezcan. El gran educador Paulo Freire decía que “Enseñar exige respeto a la autonomía del ser del educando”, por ello, la educación debe dirigirse no a la mera inculcación de conceptos y doctrinas, cuales quiera que sean, sino enseñar a cada persona, a pensar, a ser consciente y crítico; a entender su relación profunda con su ambiente y a ser capaz de participar activamente en la solución de los problemas que les toca enfrentar.

Dentro de estos propósitos, los educadores ambientales nos encontramos frente a un reto formidable: educar a toda la sociedad sobre la amenaza del cambio climático y las maneras de enfrentarlo. Ello no implica necesariamente enseñar ciencias ambientales, ni meteorología, sino ayudar a la gente a transitar el camino de la resiliencia, la creatividad, la solidaridad, la gestión de riesgos y la responsabilidad. 

Para ello, nosotros también tenemos que formarnos y romper con los paradigmas educativos que actualmente limitan la acción formativa. Tenemos que decir no a la educación basada en la mera transmisión de información. Sobre todo a la descontextualizada, sin pertinencia social, ni cultural, abstracta y sin contacto con la realidad y los problemas de la población. Necesitamos construir una educación viva, pertinente, contextualizada y eminentemente práctica.

Pero también para poder avanzar, es necesario que se fortalezca la educación ambiental en este país y en esta ciudad. Ello principalmende debido a que actualmente este campo de la educación pasa en Venezuela por un momento de mengua. Tal situación se debe principalmente a la falta de apoyo, la desinstitucionalización, la desvalorización del trabajo educativo y la falta de inversión en programas educativos apropiados y permanentes. 

Al fin de cuentas es un tema de prioridades. La joven premio Nobel de la Paz, Malala Yousafzai, en uno de sus discursos expresó, que: "Si se quiere acabar la guerra con otra guerra, nunca se alcanzará la paz. El dinero gastado en tanques, en armas y soldados se debe gastar en libros, lápices, escuelas y profesores" y yo agrego, con humildad, que también tenemos que invertir en apoyar a los educadores comunitarios, animadores sociales, comunicadores y cultores que quieran enseñar sobre cómo enfrentar los desafíos del cambio climático y la degradación ambiental.

Frente a retos tan grandes, en este momento soy optimista, al encontrarme frente a este grupo extraordinario de personas, que estoy seguro, que desde la gestión, la educación, la comunicación y el canto, seguirán persiguiendo el sueño de la Caracas sensible, preparada, resiliente, participativa y respetuosa de la vida en todas sus formas y manifestaciones. 

El Dalai Lama dijo que “El planeta no necesita más `gente exitosa´. El planeta necesita desesperadamente más constructores de paz, sanadores, restauradores, cuentacuentos y amantes de todo tipo”. Tenemos la dicha y fortuna de estar entre esa gente y que aquí se encuentren reunidos para ser homenajeados.

A todos ellos, muchas gracias en nombre de la gente de Caracas.