22 jun. 2015

La educación en la Encíclica "Alabado sea"




El desafío urgente de proteger nuestra casa común incluye la preocupación de unir a toda la familia humana en la búsqueda de un desarrollo sostenible e integral, pues sabemos que las cosas pueden cambiar. Papa Francisco.



Recientemente la Santa Sede presentó una nueva Encíclica papal llamada "Laudato Si" (Alabado sea)  subtitulada "Sobre el cuidado de la casa común" en la cual se presenta el nuevo pensamiento de la Iglesia Católica con respecto a los temas ambientales.

Este texto representa un hito significativo y un apoyo importante en el avance de los procesos de conservación ambiental en el mundo, estancados recientemente por las sucesivas crisis económicas que han hecho que muchos países de manera explícita o embozada estén retrocediendo en los avances logrados desde la década de los ochenta del siglo pasado.

Un elemento que creo importante en el documento, es que el mismo presenta un enfoque más allá de lo científico de la destrucción ambiental, y la coloca en un plano moral y espiritual, por lo que es un deber y obligación  de todos los ciudadanos del mundo a participar en la construcción de un mundo más sostenible y solidario.

Asimismo, me resultó atractivo que estuviese escrito de tal manera que es posible subscribir sus ideas aún si no se comparte su enfoque religioso y desde el ámbito de muchas ideologías. Eso permite que sea un documento para unir y para articularnos en una acción común por "nuestra casa común" y el futuro de la humanidad.

En esta Encíclica aparece de manera relevante el tema de la educación. Sus ideas, que comparto en gran medida, son pertinentes, claras y necesarias. Por ello me parece importante compartir esta parte del texto y ayudar a su difusión, discusión y trabajo entre los educadores ambientales tanto en Venezuela como en otras partes del mundo.



II. Educación para la alianza entre la humanidad y el ambiente (Páginas 159 – 164 del texto original) 

Para leer el texto completo de la Encíclica marque aquí


209. La conciencia de la gravedad de la crisis cultural y ecológica necesita traducirse en nuevos hábitos. Muchos saben que el progreso actual y la mera sumatoria de objetos o placeres no bastan para darle sentido y gozo al corazón humano, pero no se sienten capaces de renunciar a lo que el mercado les ofrece. En los países que deberían producir los mayores cambios de hábitos de consumo, los jóvenes tienen una nueva sensibilidad ecológica y un espíritu generoso, y algunos de ellos luchan admirablemente por la defensa del ambiente, pero han crecido en un contexto de altísimo consumo y bienestar que vuelve difícil el desarrollo de otros hábitos. Por eso estamos ante un desafío educativo.


210. La educación ambiental ha ido ampliando sus objetivos. Si al comienzo estaba muy centrada en la información científica y en la concientización y prevención de riesgos ambientales, ahora tiende a incluir una crítica de los « mitos » de la modernidad basados en la razón instrumental (individualismo, progreso indefinido, competencia, consumismo, mercado sin reglas) y también a recuperar los distintos niveles del equilibrio ecológico: el interno con uno mismo, el solidario con los demás, el natural con todos los seres vivos, el espiritual con Dios. La educación ambiental debería disponernos a dar ese salto hacia el Misterio, desde donde una ética ecológica adquiere su sentido más hondo. Por otra parte, hay educadores capaces de replantear los itinerarios pedagógicos de una ética ecológica, de manera que ayuden efectivamente a crecer en la solidaridad, la responsabilidad y el cuidado basado en la compasión.


211. Sin embargo, esta educación, llamada a crear una « ciudadanía ecológica », a veces se limita a informar y no logra desarrollar hábitos. La existencia de leyes y normas no es suficiente a largo plazo para limitar los malos comportamientos, aun cuando exista un control efectivo. Para que la norma jurídica produzca efectos importantes y duraderos, es necesario que la mayor parte de los miembros de la sociedad la haya aceptado a partir de motivaciones adecuadas, y que reaccione desde una transformación personal. Sólo a partir del cultivo de sólidas virtudes es posible la donación de sí en un compromiso ecológico. Si una persona, aunque la propia economía le permita consumir y gastar más, habitualmente se abriga un poco en lugar de encender la calefacción, se supone que ha incorporado convicciones y sentimientos favorables al cuidado del ambiente. Es muy noble asumir el deber de cuidar la creación con pequeñas acciones cotidianas, y es maravilloso que la educación sea capaz de motivarlas hasta conformar un estilo de vida. La educación en la responsabilidad ambiental puede alentar diversos comportamientos que tienen una incidencia directa e importante en el cuidado del ambiente, como evitar el uso de material plástico y de papel, reducir el consumo de agua, separar los residuos, cocinar sólo lo que razonablemente se podrá comer, tratar con cuidado a los demás seres vivos, utilizar transporte público o compartir un mismo vehículo entre varias personas, plantar árboles, apagar las luces innecesarias. Todo esto es parte de una generosa y digna creatividad, que muestra lo mejor del ser humano. El hecho de reutilizar algo en lugar de desecharlo rápidamente, a partir de profundas motivaciones, puede ser un acto de amor que exprese nuestra propia dignidad.


212. No hay que pensar que esos esfuerzos no van a cambiar el mundo. Esas acciones derraman un bien en la sociedad que siempre produce frutos más allá de lo que se pueda constatar, porque provocan en el seno de esta tierra un bien que siempre tiende a difundirse, a veces invisiblemente. Además, el desarrollo de estos comportamientos nos devuelve el sentimiento de la propia dignidad, nos lleva a una mayor profundidad vital, nos permite experimentar que vale la pena pasar por este mundo.


213. Los ámbitos educativos son diversos: la escuela, la familia, los medios de comunicación, la catequesis, etc. Una buena educación escolar en la temprana edad coloca semillas que pueden producir efectos a lo largo de toda una vida. Pero quiero destacar la importancia central de la familia, porque « es el ámbito donde la vida, don de Dios, puede ser acogida y protegida de manera adecuada contra los múltiples ataques a que está expuesta, y puede desarrollarse según las exigencias de un auténtico crecimiento humano. Contra la llamada cultura de la muerte, la familia constituye la sede de la cultura de la vida » (1).  En la familia se cultivan los primeros hábitos de amor y cuidado de la vida, como por ejemplo el uso correcto de las cosas, el orden y la limpieza, el respeto al ecosistema local y la protección de todos los seres creados. La familia es el lugar de la formación integral, donde se desenvuelven los distintos aspectos, íntimamente relacionados entre sí, de la maduración personal. En la familia se aprende a pedir permiso sin avasallar, a decir « gracias » como expresión de una sentida valoración de las cosas que recibimos, a dominar la agresividad o la voracidad, y a pedir perdón cuando hacemos algún daño. Estos pequeños gestos de sincera cortesía ayudan a construir una cultura de la vida compartida y del respeto a lo que nos rodea.


214. A la política y a las diversas asociaciones les compete un esfuerzo de concientización de la población. También a la Iglesia. Todas las comunidades cristianas tienen un rol importante que cumplir en esta educación. Espero también que en nuestros seminarios y casas religiosas de formación se eduque para una austeridad responsable, para la contemplación agradecida del mundo, para el cuidado de la fragilidad de los pobres y del ambiente. Dado que es mucho lo que está en juego, así como se necesitan instituciones dotadas de poder para sancionar los ataques al medio ambiente, también necesitamos controlarnos y educarnos unos a otros.


215. En este contexto, « no debe descuidarse la relación que hay entre una adecuada educación estética y la preservación de un ambiente sano ». (2) Prestar atención a la belleza y amarla nos ayuda a salir del pragmatismo utilitarista. Cuando alguien no aprende a detenerse para percibir y valorar lo bello, no es extraño que todo se convierta para él en objeto de uso y abuso inescrupuloso. Al mismo tiempo, si se quiere conseguir cambios profundos, hay que tener presente que los paradigmas de pensamiento realmente influyen en los comportamientos. La educación será ineficaz y sus esfuerzos serán estériles si no procura también difundir un nuevo paradigma acerca del ser humano, la vida, la sociedad y la relación con la naturaleza. De otro modo, seguirá avanzando el paradigma consumista que se transmite por los medios de comunicación y a través de los eficaces engranajes del mercado


Muchísimas gracias Papa Francisco





Nota: Reinserté los pies de páginas presentes en el texto original de tal manera que no se perdieran al extraer esta sección del documento completo.

(1) 149 Juan Pablo II , Carta enc. Centesimus annus (1 mayo 1991), 39: AAS 83 (1991), 842.
(2) 150 Id., Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 1990, 14: AAS 82 (1990), 155




5 jun. 2015

Agenda urgente para las ONG Ambientalistas de Venezuela: O correr o encaramarse






Ciudadano: Habitante de… (los) Estados modernos como sujeto de derechos políticos y que interviene, ejercitándolos, en el gobierno del país  (Diccionario de la Real Academia Española)


Una de las razones para celebrar el “Día Mundial del Ambiente" es que sirva  como momento para la reflexión sobre la labor realizada y proponer nuevas estrategias para ser más eficientes en el logro del propósito de avanzar en un camino de sustentabilidad.

Tal idea viene al caso porque, en mi opinión, el movimiento ambientalista (1) en Venezuela está en una situación muy delicada, por decir lo menos. Condición que lo obliga a repensarse y establecer nuevas estrategias si realmente desea tener incidencia sobre la gestión ambiental en el país.

Tal percepción de deterioro no es un invento mío, ni es nuevo.

En los últimos años he oído varios testimonios y denuncias sobre el desconocimiento y la descalificación del trabajo de las  organizaciones ambientalistas por parte de sectores del gobierno; graves y crecientes limitaciones económicas; restricciones crecientes tanto legales como por la arbitrariedad de funcionarios públicos;  discriminación y exclusión por parte de los organismos del gobierno, así como en algunos casos amenazas directas a organizaciones o sus integrantes.

Ello ha llevado a buena parte de las mismas a restringir actividades, contraer sus ámbitos de acción y en algunos casos a desaparecer. Pero también otras han seguido un camino de autocensura  y del camuflaje. en un intento, a veces vano, de pasar desapercibidos y seguir realizando su trabajo sin demasiada interferencia. El lema parece ser sobrevivir a cualquier precio.

Pero no es posible achacar todo el problema a la situación política, económica y social de la Nación. El clima de polarización y confrontación política crea bandos en apariencia, irreconciliables y mutuamente excluyentes. Por ello es muy fácil echar a otros la culpa de todos los problemas existentes (sobre todo si en muchas ocasiones puede ser verdad)

No es un asunto de distribuir culpas, sino de ser auto-críticos

Algunos de los juicios que voy a emitir pueden parecer negativos e incluso destructivos, pero lo hago no desde la idea de tirar piedras desde el exterior, sino como ejercicio de autocrítica. Nada de lo que aquí digo es una opinión contra alguien, soy parte y formo parte de todo lo que aquí voy a comentar por lo que todo lo que aquí exprese me involucra, me señala y me compromete (2)

La situación de confrontación política es una excusa perfecta para no reconocer que parte, quizás importante, del problema es causado por nuestros propios desaciertos, formas de pensamiento anacrónico e ineficiente y a veces auto-saboteador.

Algunos dirán que exagero y dramatizo, pero una serie de síntomas así lo parecen demostrar. Revisemos unos pocos:

  • La decisión de eliminar el Ministerio del Ambiente fue adversada de manera pública por un grupo de organizaciones, instituciones y personalidades (incluyendo individuos que se identifican con las políticas gubernamentales) pero también es cierto que muchas otras organizaciones nunca se manifestaron al respecto. Unos meses después, una nueva decisión vuelve a fundar el ministerio con nuevo nombre, lo que implica un cambio completo de concepción: del ministerio técnico sectorial al ministerio promotor de una doctrina política.  En este segundo momento el número de organizaciones o personas que opinaron al respecto fue marcadamente menor (ni siquiera para aplaudir la decisión) ¿Estas decisiones no les importaba o no les afectaba de ninguna manera a las mismas?
  • Recientemente se han denunciado casos graves de destrucción de ecosistemas, deterioro de la salud ambiental, amenazas sobre las áreas protegidas , menoscabo de las condiciones de vida urbana, sin que por ello se haya producido un movimiento social organizado para enfrentar estos temas ¿Si el deterioro ambiental de los venezolanos no es preocupación de los ambientalistas, de quién es?
  • Una organización muy conocida ha desarrollado un programa para ofrecer herramientas de diversos tipos para fortalecer a las organizaciones del sector, a pesar de ello frecuentemente solo unas pocas aprovechan este beneficio y algunas ni siquiera responden a los llamados a participar de las mismas ¿Estas organizaciones no creen que pueden mejorar o que ya tienen resueltos todos sus problemas y no tienen nada que aprender?.


Puedo seguir dando ejemplos, pero como se decía antes: para muestra basta un botón.

Al conversar y reflexionar con muy distintas personas dentro del sector sobre esta situación  encontré varias opiniones y patrones:

  • Organizaciones ancladas en  enfoques y modos de trabajo que no están adaptados a la realidad actual tanto venezolana como internacional.
  • Aislamiento y escasa capacidad para realizar acciones articuladas tanto con otras organizaciones, como con otros sectores de la sociedad, tanto a escala nacional como internacional.
  • Desconexión con los grandes temas sociales y socio-ambientales nacionales y globales. 
  • Poca capacidad para monitorear la realidad ambiental y conectarse con temas emergentes.
  • Poco interés en formarse, reflexionar, evaluar y cuestionar sus acciones
  • Renuencia a establecer acciones para buscar incidir y participar en el diseño y evaluación de las políticas ambientales el país.


Por supuesto que cada uno de estos temas es matizable y encontraremos ejemplos de excepciones en todos los casos. Pero como diría el viejo dicho: la excepción confirma la regla.

No es posible en este momento, analizar el origen y consecuencia de cada uno de estos problemas, así que voy a revisar  solo el último de los mismos, el cual involucra principalmente a las organizaciones que realizan proyectos en temas específicos y cuentan con personal pagado para implementarlos.

El gran tema es la participación

Estas organizaciones frecuentemente se consideran a sí mismas como “instituciones técnicas”, rechazando toda relación con temas considerados como “políticos”. Estas perciben lo “técnico” como un valor cercano a la tolerancia, la honestidad, la neutralidad, y la racionalidad, mientras que lo “político” lo entienden como la labor que realizan los partidos políticos y movimientos de activistas, lo que lo relacionan con acciones de confrontación, realizadas por personas deshonestas y sectarias que desconocen y desprecian la racionalidad científica.

Esta concepción estrecha y tergiversada de la política, ignora que las organizaciones de la sociedad civil  surgen de la acción pública de ciudadanos que se organizan en defensa de los derechos, intereses e ideales de la colectividad, y que esta labor es claramente política, aunque no partidista.

En tal sentido, las mismas  desarrollan sus actividades a través de diferentes roles. Ellos pueden incluir, entre otros: articular las demandas ciudadanas con las acciones del Estado, incidir sobre las decisiones de los entes públicos para mejorar la eficacia de sus políticas, dar respuesta a necesidades sociales insatisfechas por deficiencias de los gobiernos, promover la participación de las comunidades, así como supervisar la acción de los entes gubernamentales con respecto al cumplimiento de las leyes y acuerdos internacionales  (3).

Esto en términos sencillos, se puede resumir como: resistir, exigir, proponer y construir, tal como lo expresa Deborah Van Berkel Directora Ejecutiva de Sinergia.

Dentro de todas estas funciones quizás el elemento central es  que las organizaciones de la sociedad civil deben participar en la toma de decisiones sobre la concepción, formulación y ejecución de las políticas en todos los niveles del Estado, de tal manera que representen las aspiraciones, valores e ideas de la sociedad.

El término clave en este caso es participar. Más allá de la retórica improductiva y vacía que nos han impuesto, la sociedad civil debe involucrarse activamente en todos los temas que le interesa y compete. Participar no es opinar o asistir a actividades: Es como se ha dicho en muchas ocasiones: Ser parte y tomar parte.

Se es parte, porque como ciudadanos toda acción que nos afecte nos compromete y afecta y a partir de allí exigimos tomar parte en el diseño, planificación, ejecución y evaluación de estas decisiones.

El problema es que si no tomamos parte (no participamos) al final terminaremos no siendo parte (perdiendo nuestra condición de ciudadanos y transformados en masa o en simple público)

La participación es un derecho. Los derechos se ganaron con mucho esfuerzo, en ningún caso  fueron concesiones de los gobernantes. A los gobiernos, a ningún gobierno, les interesa ceder su poder. De allí el peligro: si no se ejercen los derechos terminan perdiéndose.

Es por ello que las organizaciones ambientales en Venezuela deben activarse, articularse y generar maneras novedosas de participar en todo los que nos compete y forma parte de nuestra misión central: la defensa de nuestros derechos ambientales.

O corremos o nos encaramamos. O mucho mejor expresado por Simón Rodríguez hace casi doscientos años: O inventamos o erramos.




NOTAS:
(1) Uso el término ambientalista en la acepción del DRAE: Dicho de una persona: Que se preocupa por la calidad y la protección del medio ambiente. En tal sentido, llamo movimiento ambiental a las distintas organizaciones de la sociedad civil articuladas o no, en cualquier nivel de la sociedad que desarrollan acciones para apoyar la gestión ambiental y la vigencia de los derechos ambientales.
(3) Este párrafo quedó por error fuera de la versión inicial publicada
(2) Recomiendo leer en la página de Civicus una discusión mucho más detallada y completa de estas ideas


12 abr. 2015

Carta abierta a Guillermo Barreto, Ministro de Ecosocialismo y Aguas



Sin educación no puede haber gestión participativa del ambiente



Ciudadano Guillermo Barreto, 
Ministro de Ecosocialismo y Aguas
Su despacho.

Me dirijo a usted en este momento que ha sido nombrado para este importante cargo, con el fin de llamar su atención sobre un tema que considero  preocupante: La eliminación de la Dirección General de Educación Ambiental y Participación Comunitaria (DGEAPC) que ocurrió como parte del proceso de reorganización del ya desaparecido Ministerio de Ecosocialismo Vivienda y Hábitat.

Esta infortunada, y a mi entender equivocada, decisión desechó la extensa e importante trayectoria que tuvo esta dirección dentro del antiguo Ministerio del Ambiente. La DGEAPC fue clave para el establecimiento de políticas públicas como la incorporación de la educación ambiental en los currículos educativos en el país, la formación de educadores en temas ambientales, la realización de procesos de articulación y apoyo con otros países de la región, la asesoría a otros entes del Estado y el diseño de estrategias, políticas y orientaciones para el trabajo educativo en la gestión ambiental, entre otros logros. Asimismo, impulsó desde sus inicios procesos participativos, en un principio con las Juntas Ambientales, hasta llegar a los Consejos Comunales. Por otra parte, fue un ente articulador con otros organismos del Gobierno Venezolano como ministerios, gobernaciones y municipios, a la vez que vinculó las políticas de gestión ambiental del ministerio con organizaciones y movimientos de la sociedad civil del país, así como con Universidades, empresas y otras instituciones.

La labor de la DGEAPC fue fundamental para el establecimiento de una política de gestión
ambiental con enfoque social. Esta reconoce la necesidad de educar a la población en materia ambiental y promover la participación de la sociedad como elemento fundamental de la gestión del ambiente. Es por ello que la educación ambiental pasó a tener rango constitucional a partir de la Constitución Bolivariana de 1999; e igualmente está contemplada como estrategia de gestión en toda la normativa ambiental venezolana, así como en los tratados firmados y ratificados por la República.

Como muestra de estos compromisos internacionales: El Convenio sobre la Conservación de la Diversidad Biológica, a partir del desarrollo del su artículo 13, se ha propuesto la implementación de una Iniciativa mundial sobre Comunicación, Educación y Conciencia Pública. Igualmente, la Convención Marco de las Naciones Unidas para el Cambio Climático establece  la realización de programas de educación y concienciación pública, los cuales han sido reafirmados en la COP 20 a partir de la Declaración Ministerial de Lima sobre la Educación y la Sensibilización.

La desaparición de la DGEAPC fue a mi entender el resultado de la acción de sus enemigos, tanto internos, en el propio ministerio, como fuera de el mismo. Contra su existencia se alegó la “transversalidad” de esos temas en todos los programas del ministerio, lo que supuestamente hacía innecesaria esta Dirección. Argumento falaz que desconoce la educación como proceso sustantivo y formal, el cual no puede ser asumido desde el empirismo educativo; igualmente omite la necesidad de establecer una rectoría que permita orientar, coordinar, promover y articular las diferentes acciones que se implementen en el país. Otros criterios en su contra incluyeron que las acciones educativas debieran ser asumidas por el ministerio de educación y no por el que tiene  la competencia ambiental. Esta opinión ignora la diferencia entre los procesos educativos que se realizan en instituciones educativas y aquellos que ocurren y deben ocurrir en todos los procesos, espacios y situaciones de la vida del país como parte de la gestión ambiental. Por supuesto los ministerios con competencia ambiental y educativa tienen que coordinar sus acciones, y esto se  ha venido realizando desde hace muchos años. 

En el fondo, la negación a aceptar la necesidad de generar políticas públicas en materia de educación y la participación ambiental es una expresión del desconocimiento y desprecio por los temas sociales. Situación que infortunadamente aún prevalece dentro de ciertos sectores de la sociedad venezolana, incluyendo el gubernamental, a pesar de la retórica a favor de los mismos.

Por supuesto, la DGEAPC  había caído en un letargo e ineficacia progresiva. Pero ello no fue responsabilidad de sus funcionarios a lo largo del país, sino de la pérdida de orientaciones y capacidad profesional, los escasos presupuestos y la falta de conocimiento en temas de educación ambiental de algunos de sus directores. De hecho, uno de los signos más significativos de la pérdida de capacidades fue el abandono de los procesos de seguimiento y articulación con  las grandes discusiones en materia de educación ambiental que están ocurriendo en nuestra región y del liderazgo que en estos temas Venezuela siempre había tenido. Esta desidia llegó al extremo cuando en el pasado Congreso Iberoamericano de Educación Ambiental, cuyo eje fue la Educación Ambiental Comunitaria, el Gobierno del Perú, anfitrión del mismo, realizó una invitación formal al MINAMB para que presentara la experiencia de Venezuela en este tema, invitación que no fue aceptada sin que aparentemente mediara ninguna razón.

Ahora hay una nueva oportunidad de rectificar esta situación. En el Decreto de creación del Ministerio de Ecosocialismo y Aguas se establecen las competencias del Viceministro de Ecosocialismo Ambiental las cuales  incluyen: ”Diseñar, impulsar y desarrollar planes, programas y proyectos orientados a la investigación, educación y divulgación para la promoción de la ética ecosocialista y la conservación y el uso sustentable de la diversidad biológica y sus componentes”. Aunque la redacción es para mí poco clara, pareciera que esta función permitiría que volviera a crearse la Dirección General de Educación Ambiental y Participación Comunitaria., y en tal sentido darle cumplimiento al artículo 107 de nuestra Constitución y al artículo 15 numeral 5 de la Ley Orgánica del Ambiente e incluso a la Estrategia Nacional de Educación Ambiental y Participación Comunitaria diseñada y aprobada en el MINAMB:

Por todo lo anterior, le pido que aproveche esta situación y promueva que el ministerio a su cargo  restablezca la DGEAPC de tal manera que puedan avanzarse en las políticas y acciones necesarias para educar y promover la participación de la sociedad en la solución de los problemas ambientales del país. 

Estoy seguro que en caso de que así lo decidiera, muchos apoyaremos las acciones positivas e incluyentes que se realicen a favor de lograr que sea garantizado nuestro derecho a ser educados ambientalmente.

En tal sentido, le sugiero que convoque de manera abierta a las Universidades,  ONG, movimientos sociales y comunicadores que realizan acciones de educación ambiental, los cuales en conjunto con las instituciones del Estado que tienen competencias en este campo podremos ofrecer propuestas para avanzar en este sentido.

Finalmente, es importante entender que sin educación, ni participación no podrá haber ni gestión ambiental eficaz, ni más Ecosocialismo que el nombre del ministerio.




Dr. Alejandro Álvarez Iragorry
Coordinador del Foro Venezolano de Educación Ambiental (Red FOVEA)
Animador Nacional de la Comisión de Comunicación y Educación (CEC) de la IUCN.
Miembro del Consejo Directivo de la ONG EcoJuegos

(Todas las opiniones que en esta carta se expresan son de mi absoluta responsabilidad y no comprometen a las organizaciones en las cuales participo)

26 ene. 2015

Ecosocialismo sin educación

En memoria de la Dirección General de Educación Ambiental del MINAMB (QEPD)







Dedicado a MHH, FP, MFC, AM, SA, EP y los demás que construyeron la parte bonita de esta historia y a todos aquellos que construirán el futuro de la gestión pública de la educación ambiental venezolana.


Hoy, 26 de enero, en algunas partes del mundo se estará celebrando el “Día Mundial de la Educación Ambiental”. Esa particular efeméride surgida de la espontaneidad de Internet (1) que es el primer llamado del año a revisar nuestra situación ambiental y las acciones que estamos realizando para intentar mejorar la relación con nuestro entorno.

Pero en Venezuela los educadores ambientales tendremos poco que celebrar porque aún estaremos de luto por un fallecimiento reciente.

La víctima quizás no fuera muy conocida. Eso lo digo porque su muerte prácticamente pasó desapercibida. Ni siquiera porque fue una muerte injusta y estúpida producto de algún siniestro constructor de viviendas que por quitarla del medio no dudó en atropellarla con un camión de cemento.

Sí, murió la Dirección General de Educación Ambiental y Participación Comunitaria. A su vez hija del recién extinguido Ministerio del Ambiente. Falleció a principios de enero, sin que nadie, ni sus deudos más cercanos, parecieran haber lamentado su pérdida. Y al igual que a los muertos pobres la enterraron rapidito para que sus pocos allegados pudieran volver a sus ocupaciones.

Realmente es triste leer la burocrática nota luctuosa en forma de Gaceta Oficial donde se nombra a la nueva Directora General de “Redes Populares Ecosocialistas y Atención al Ciudadano” del nuevo Ministerio de “Ecosocialismo” Vivienda y Hábitat (Gaceta Oficial Nº 40.575 del 7 de enero de 2015 [2]) la cual parece ser la heredera de los restos de la que alguna vez fue el organismo rector de las políticas de educación ambiental del país.

En ese documento oficial se especifican las funciones de la nueva directora de esa unidad dentro del organigrama del nuevísimo ministerio. Tales funciones no tienen absolutamente nada  que ver con el diseño y ejecución de políticas públicas en materia de educación ambiental y participación comunitaria en el contexto de la gestión ambiental. Es una simple lista de actividades de atención a los beneficiados de la “Gran Misión Vivienda Venezuela".

Descansa en paz la educación ambiental en el nuevo ministerio.

Algunas almas sencillas cuentan  que su fantasma pena por los pasillos y oficinas del primer ministerio de “Ecosocialismo” del mundo entero.


¿Pero quién era la víctima?

La educación ambiental como política pública en Venezuela nació con la creación del Ministerio del Ambiente. Ya en la Ley Orgánica del Ambiente de 1976 se contemplaba como elemento constituyente de la conservación, defensa y mejoramiento del ambiente.  Por lo que al iniciar las actividades de ese ministerio fue creada la Dirección de Educación Ambiental, en ese primer momento inmersa dentro de oficinas relacionadas con la capacitación de personal y las relaciones internacionales. 

En los años subsiguientes, el desarrollo de programas cada vez más ambiciosos, llevó a que fuese elevada su función al rango de Dirección General Sectorial de Educación Ambiental y Participación Ciudadana  ya como una unidad sustantiva dentro de la estructura ministerial.

Durante sus primeros veinte años de vida realizó  una enorme cantidad de programas y proyectos, tanto en el ámbito educativo,  como en el inicio de los procesos participativos en la gestión ambiental. 

No fueron años fáciles. Los bajos presupuestos asignados, la ausencia de apoyo, la falta de continuidad administrativa e incluso los desencuentros y la falta de articulación con otros sectores hicieron que su gestión fuese irregular y a ratos menguada. 

Pero  su principal enemigo estaba en los grupos desarrollistas y tecnócratas que, incluso dentro del MINAMB, nunca entendieron la importancia de una gestión social del ambiente.  En varias ocasiones se llegó a considerar su eliminación. Sólo la enérgica defensa de la educación ambiental por parte de los funcionarios de la DGEAPC impidió que se concretara esta acción.

A pesar de las dificultades, la labor realizada consolidó la educación ambiental como elemento fundamental de la gestión ambiental y educativa del país. Este sentimiento llevó, en su momento cumbre, a lograr la inclusión de la educación ambiental como derecho constitucional.

Esta novedad no mejoró la situación de la DGEAPC, la cual fue cada vez más arrinconada -a pesar de algunos pocos momentos brillantes-  con presupuestos cada vez exiguos, la eliminación de las direcciones de educación ambiental en las regiones (unidades estadales del MINAMB), la desprofesionalización y politización de sus cuadros técnicos y el nombramiento de directores muy poco idóneos y algunos francamente incompetentes. 

Hace un par de años ocurrió la última batalla por la supervivencia de la DGEAPC. Una serie de personajes siniestros prepararon desde adentro del ministerio su funeral (3). Pero no tuvieron el valor de darle muerte por sí mismos y esperaron cobardemente la llegada del equipo de demolición con las consecuencias que ya conocemos. 

Ya solo faltaba emitir el acta de defunción. En el velorio alguien dijo;  “que había que refundarla bajo los lineamientos del Ecosocialismo”. Su “refundación”  tendrá que esperar por mejores tiempos.


¿Cuál es el legado que deja la DGEAPC? (esto por la moda de hablar de legados)

Es muy difícil hacer un claro inventario de los logros de la DGEAPC, en un país que parece tener fobia a la evaluación y sistematización de sus procesos y actividades. Pues, no hay indicadores o mediciones realizadas, sólo listas de actividades ejecutadas.

A pesar de ello es posible conseguir algunas pistas que nos hablan de logros alcanzados.

Para no construir esas listas de virtudes con que a veces vestimos a los muertos que queremos exaltar, deseo resaltar sólo cuatro resultados que me parecen muy importantes:

  • La incorporación de la educación ambiental en los currículos escolares en todos los niveles, desde la escuela inicial (preescolar) hasta la secundaria (media) Algunos de estos procesos se lograron desde los años 80 del siglo pasado y su acción se prolongó hasta recientemente con el desarrollo del llamado “Currículo Bolivariano”.
  • La incorporación de las instituciones de educación universitaria al proceso de ambientalización curricular. Proceso iniciado igualmente a mediados de los ochenta y continuado en el tiempo y que condujo a que una buena parte de las instituciones universitarias del país tuvieran componentes curriculares para la educación de sus estudiantes en temas ambientales. 
  • La capacitación en temas ambientales de miles educadores en ejercicio en todo el país. Este trabajo se mantuvo por muchos años y fue aparentemente eliminado en algún momento de la última década. Pero su influencia aún se deja sentir en muchos planteles escolares y docentes en todo el país.
  • El desarrollo de los procesos de participación en la  gestión ambiental. Tal acción se inició en los años 80 del siglo pasado con la formación de las Juntas para la Conservación, Defensa y Mejoramiento del Ambiente y continuó hasta el presente con la asesoría a los Consejos Comunales.

Quizás habría que agregar temas como la asesoría permanente al Ministerio de Educación, la elaboración  de materiales educativos y la reciente visibilización de temas como la agroecología y la participación comunitaria en temas como suministro de agua, gestión de desechos, etc.

No es posible dejar de nombrar la acción de la DGEAPC más allá de las fronteras venezolanas. Aquí vale la pena mencionar tres momentos importantes: En los años ochenta las asesorías para el desarrollo de programas de educación ambiental en diversos países latinoamericanos y caribeños. La organización del 3er Congreso Iberoamericano de Educación Ambiental en el 2000 y el diseño del Programa Latinoamericano y del Caribe de Educación Ambiental (PLACEA). Esta acción internacional mantuvo al país como referencia en el desarrollo de programas educativo-ambientales.

En este momento nuestros vecinos y aliados de Venezuela nos miran con incredulidad y parecen decir “Camaradas, la educación ambiental es uno de los temas prioritarios de los enfoques progresistas y de vanguardia de Latinoamérica ¿y ustedes la eliminan?”


¿Qué pierde Venezuela con la muerte de la DGEAPC?

Por las pocas reacciones muchos pueden creer que no mucho. Es claro que a la DGEAPC se le había realizado un trabajo de vaciado que la llevó a que se juzgara como casi inútil. Pero es una falsa percepción creada por sus enemigos.

Así que vamos a pasearnos por algunos de los espacios que ahora quedarán totalmente desatendidos:

El artículo 107 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela establece que: “La educación ambiental es obligatoria en los niveles y modalidades del sistema educativo, así como también en la educación ciudadana no formal…” Este artículo, aparece en el capítulo de los derechos culturales y educativos de los venezolanos, por ello parece deducirse que es un derecho de los venezolanos ser educados ambientalmente y que es obligación del Estado garantizar el mismo. Esto último implica que para disfrutar ese derecho tienen que existir las condiciones, instituciones, financiamiento, planes y programas dirigidos a que los venezolanos podamos ser ambientalmente educados.

Por otra parte, el artículo 4, Numeral 6 de la Ley Orgánica del Ambiente indica que: La conservación de un ambiente sano, seguro y ecológicamente equilibrado debe ser un valor ciudadano, incorporado en la educación formal y no formal”. Igualmente el Artículo 10 de esta misma Ley precisa que es objetivo de la gestión del ambiente, bajo la rectoría y coordinación de la Autoridad Nacional Ambiental: Fomentar y estimular la educación ambiental y la participación protagónica de la sociedad (Art. 10 Num.  5) y que la misma es parte del Plan Nacional del Ambiente (Artículo 30 Num. 7)

Asimismo, TODAS las leyes ambientales establecidas en los últimos quince años incluyen artículos referidos a la educación ambiental y la participación de la población en el tema objeto de esa norma. Esto es particularmente patente en la Ley de Gestión de la Diversidad Biológica del 2008, la Ley de Residuos y Desechos Sólidos del 2004, entre otras.

Por su parte, muchos de los Convenios Internacionales en materia ambiental firmados por Venezuela incluyen enunciados sobre el desarrollo de programas educativos dirigido a la población en general. Algunos de ellos con cláusulas de obligatorio cumplimiento para las Partes.

A su vez, la Ley Orgánica de Educación establece que la educación tiene como fines: “…  Impulsar la formación de una conciencia ecológica para preservar la biodiversidad y la sociodiversidad, las condiciones ambientales y el aprovechamiento racional de los recursos naturales.” (Art. 15 Num. 5)

El órgano rector para el cumplimiento de estas normas es el Ministerio de Educación. Pero es bien sabido que éste no cuenta con las capacidades, ni personal especializado en materia de educación ambiental, y que la DGEAPC ha sido la asesora permanente del despacho de educación en materia de la inserción de los temas ambientales en los programas educativos.

¿Ahora cuáles instituciones van a cumplir estas normas constitucionales y legales?, ¿Cuáles van a orientar, promover, planificar y ejecutar las acciones que la Constitución y las Leyes exigen al Estado Venezolano? Y en particular ¿Cuál institución tendrá la rectoría en materia de educación ambiental del país, particularmente en el caso de la gestión ambiental no formal asociada a los programas de gestión ambiental? Y ¿Cuál es la Autoridad Nacional del Ambiente que tiene la obligación de incluir a la educación ambiental en el Plan Nacional del Ambiente?

Lo que realmente vamos a perder es la enorme oportunidad que nos da ese marco legal y la experiencia acumulada por treinta y siete años para avanzar en lograr los objetivos que la Constitución establece y así avanzar hacia una sociedad sustentable.


¿Y qué nos queda a los demás?

Las consecuencias de un retroceso en materia de conciencia ambiental en la población de Venezuela no son siquiera imaginables. Nadie puede prever hasta donde podría llegar el deterioro ambiental cuando ya muy poca gente entienda que de la conservación de su entorno depende su vida, su salud, su seguridad y el futuro propio y el de sus hijos.

Ahora será un país corriendo en la oscuridad. Nunca como ahora estará vigente la frase del Libertador Simón Bolívar: “Un pueblo ignorante es un instrumento ciego de su propia destrucción”.

Y pensar que muchos apostaron por el cambio de las estructuras del ministerio ahora bajo una nueva ética Ecosocialista ¿En qué habrán quedado los llamados de los participantes en el Congreso Constituyente de Ecologistas y Ambientalistas a profundizar la educación ambiental en Venezuela? (4) Su silencio es cómplice necesario de este crimen.

Pero en términos ecológicos la vida siempre ha superado todos los obstáculos y las mayores catástrofes. La vida no se extingue, evoluciona.

Los educadores ambientales de Venezuela tenemos que evolucionar para ahora cubrir los espacios de los cuales el Estado venezolano está desertando: Para ello necesitamos desarrollar nuestras capacidades, ampliar nuestro trabajo para llegar a más personas, aprender nuevas manera de educar, ser contralores de los procesos de daño ambiental y trabajar de manera unida y en red.

La recién laureada con el premio Nobel de la Paz Malala Yousafzai, cuando se le preguntó si iba a renunciar a sus objetivos, luego de ser baleada a los quince años por tropas talibanes que se niegan a que las mujeres vayan  a la escuela, contestó: "Nunca voy a renunciar. Ellos sólo dispararon a un cuerpo pero no pueden destruir mis sueños."

Ellos, y ahora vuelvo a Venezuela, sólo destruyeron una institución, pero nunca destruirán el deseo del pueblo de Venezuela expresado en su Constitución de ser un país sano, seguro y ecológicamente equilibrado.

Nos vemos en el camino hacia la Venezuela de la biodiversidad productiva y responsable.



NOTAS:

(1) Para una discusión sobre el Día Internacional o Mundial de la Educación Ambiental ver: http://forotuqueque.blogspot.com/2012/01/dia-de-la-educacion-ambiental-2.html
(2)  Esta Gaceta está disponible en: http://www.mp.gob.ve/c/document_library/get_file?p_l_id=10240&folderId=6647509&name=DLFE-8407.pdf)
 (3) Algunos ignorantes pretendieron imponer la idea de que ya la educación ambiental no existía y que se había dividido en temas separados tales como la “educación para la conservación de la biodiversidad” y otros disparates por el estilo, por lo que ya no se necesitaba una dirección de educación ambiental.
(4) Ver:  http://www.avn.info.ve/contenido/proponen-impulsar-educaci%C3%B3n-ambiental-todos-niveles-acad%C3%A9micos

13 ene. 2015

Acuerdos y desacuerdos sobre el artículo "Sacar y seguir sacando"

Imagen tomada de http://www.eluniversal.com/


Recientemente el periodista Oscar Medina publicó en el diario El Universal un artículo titulado "Sacar y seguir sacando" en el cual muestra los efectos perversos tanto sociales como ambientales de una economía basada en un modelo extractivista. Este artículo tuvo como fuentes un informe realizado por la organización civil Laboratorio de Paz y las opiniones de sus autores Rafael Uzcátegui y Lexys Rendón.

El artículo nos recuerda uno de los temas que deberían ser parte de la discusión nacional sobre nuestro modelo de país, en un momento donde la agenda pareciera estar exclusivamente en  temas como el precio del petróleo, la inflación y la escasez de productos de primera necesidad. Debería ser claro que ninguna estrategia de desarrollo nos permitirá salir de la crisis sino entendemos que, más que los precios del petróleo, dependemos de nuestra capacidad para gestionar de manera responsable y sustentable nuestros recursos naturales, y en particular la biodiversidad, el agua y los suelos.

Por ello, recomiendo leer, discutir y compartir este artículo. Pero a la vez quiero expresar mi desacuerdo con algunas afirmaciones que aparecen en el texto, algunas expresadas en el mismo a manera de preguntas y, que en mi opinión son sobre-simplificaciones de la realidad ambiental y social venezolana y que creo que no deberían ser tomadas como verdades definitivas. Peor aún si parecieran provenir de conocidos y muy meritorios defensores de derechos humanos.

Revisemos las mismas en el mismo orden en que aparecen en el artículo (los textos entrecomillados son tomados textualmente del artículo):

“¿Se ha preguntado por qué no se escucha casi nada sobre las consecuencias ambientales y sociales de estas actividades? ¿Por qué los ambientalistas no hacen ruido como antes? ¿Por qué en Venezuela, a diferencia de buena parte de Latinoamérica, esto no es objeto de discusión?”

Los ambientalistas en Venezuela estamos claros con respecto a la grave crisis por la cual está pasando el sector de las Organizaciones de la Sociedad Civil de Venezuela y, dentro de éste, el de las que trabajan en la conservación del ambiente y la defensa de los derechos ambientales de los ciudadanos. No es noticia hablar de la exclusión, aislamiento, estrangulamiento económico y rechazo a toda forma de contacto y diálogo que han venido sufriendo estas organizaciones en los últimos años. En este contexto se ha generado un repliegue del sector (Una explicación más rigurosa de este proceso lo da la profesora García Guadilla en un trabajo publicado recientemente)

A pesar de esta situación, los ambientalistas venezolanos han seguido trabajando y generando propuestas, acciones y divulgado opinión al respecto de los temas ambientales que afectan al país. Con respecto de los temas mencionados en el artículo valdría la pena mencionar los trabajos realizados por la Red ARA en los últimos años. En particular el diagnóstico de la situación ambiental del país realizado por esta red en el año 2011, así como el informe sobre los efectos de la minería ilegal de oro presentado en el 2013, así como otros trabajos recientes. Igualmente las múltiples denuncias realizadas sobre la explotación carbonífera en la Sierra de Perijá realizadas por la ONG Homo et Natura. A esto se suma un importante trabajo de articulación, diálogo, educación y comunicación tanto de forma directa como a través de medios de comunicación tradicionales, páginas web, blogs y otros medios.

"Al mirar el mapa de conflictos actuales en América Latina la resistencia a proyectos de gran minería está en primer orden", explica Uzcátegui: "Todas las comunidades indígenas y los ambientalistas están en esa lucha. Pero aquí no. ¿Cómo es posible que no sea así en un país petrolero y de vocación extractivista?"

Decir que “aquí no”, sin más explicaciones ni matices, es desconocer el enorme esfuerzo de resistencia que están realizando las comunidades indígenas en el país. En particular en los últimos años distintas organizaciones han venido realizado denuncias sobre los conflictos, tanto sociales como ambientales, relacionados con la explotación minera tanto carbonífera como de oro. Estas denuncias han sido presentadas ante instituciones del Estado venezolano, organizaciones internacionales y la opinión pública venezolana. Asimismo, organizaciones civiles, universidades y grupos religiosos han realizado denuncias e informes sobre las graves situaciones existentes en las zonas bajo explotación minera y petrolera.

Por otra parte, el hecho de que no se haya realizado un mapa de conflictos socio-ambientales del país no es atribuible al desinterés o a la negligencia de ningún grupo, sino a las enormes limitaciones, presiones y restricciones que afectan a las instituciones y organizaciones venezolanas.

Adicionalmente las sucesivas crisis políticas y económicas que ha venido sufriendo el país en la última década, han generado que la sociedad venezolana pareciera estar en una etapa de perplejidad e incertidumbre, por lo que los temas socio-ambientales, incluyendo los efectos negativos del extractivismo, no parecieran resonar en la mayor parte de la sociedad. Esto lo podemos ver en la reciente eliminación del Ministerio del Ambiente y su fusión (¿demolición?) con el Ministerio de Vivienda y Hábitat sin que esta situación haya generado más que algunas protestas por parte de organizaciones ambientalistas y universidades sin que haya generado una respuesta mayor de la población.

“En general esas organizaciones indígenas se atreven más a alzar la voz aunque se identifiquen con el chavismo porque viven el problema y lo entienden con claridad”

Entiendo claramente que en el contexto de una entrevista a veces es necesario resumir y simplificar ideas, pero este mismo proceso puede generar que algunas ideas se sobre-simplifiquen y puedan ser mal interpretadas.

Generalizar sobre la situación del mundo indígena venezolano es una tarea riesgosa. El mismo, al igual que el resto de la sociedad venezolana, es muy heterogéneo y se resiste a ser encasillado. Existen fuertes diferencias en el modo de enfocar los temas relacionados con la minería entre etnias, entre comunidades y aún en el interior de las mismas. He oído directamente a dirigentes indígenas lamentar las divisiones y enfrentamientos que la minería de oro está generando en las comunidades indígenas.

Es claro que la mayor parte de los grupos indígenas apoyaron las políticas gubernamentales generadas a partir del reconocimiento constitucional de sus derechos culturales, territoriales y económicos y que este apoyo se mantiene en gran medida. Pero a su vez, la gravísima situación de deterioro social y económico derivado de los efectos más perversos de la minería (contaminación por mercurio, violencia, pérdida de sus valores culturales, pobreza, explotación humana) está generando cambios en la percepción de las comunidades indígenas sobre las políticas desarrolladas por el gobierno nacional. En palabras de uno de sus dirigentes: “En la región se está produciendo un proceso de neocolonización tan destructivo como los anteriores”.

En conclusión

El tema del extractivismo (y en particular de su variante actual el neoextractivismo ) y sus efectos ambientales y sociales es bastante complejo en particular en la realidad actual venezolana donde nada parece ser claro y cierto. Más aún con la aparente caótica dinámica política que se ha desarrollado recientemente. En el medio de esa turbulencia aún hay esfuerzo, resistencias y acciones importantes.

Más allá de las diferencias en enfoques y percepciones, creo que debemos buscar juntar esfuerzos y trabajar cada vez más unidos para cambiar la actual narrativa del país como campamento minero tal como lo definió José Ignacio Cabrujas  y construir el país de la diversidad productiva y responsable.

Bienvenida la discusión y bienvenido la organización Laboratorio de Paz al mismo.

30 dic. 2014

En solidaridad con la gente del MINAMB





En estas fechas la mayor parte de nosotros estamos preparándonos para finalizar el año con mucha alegría y renovando las esperanzas para iniciar el nuevo año con la mejor de las expectativas para el nuevo año.

Pero este año un grupo de compañeros, amigos, colegas, trabajadores ambientales, funcionarios públicos que laboran (o laboraban) en el Ministerio del Ambiente de Venezuela están finalizando su año con una gran angustia, incertidumbre y preocupación por su futuro.

Cuando se decretó la creación del nuevo "Ministerio de Ecosocialismo, Vivienda y Hábitat" se decidió que la desaparición del MINAMB se haría efectiva a partir del 1º de enero de 2015. Para cumplir con ese mandato las autoridades del nuevo ministerio están procediendo a desmantelar la estructura funcional, organizacional y, lo peor de todo, laboral de este organismo.

La información que se ha logrado recabar de fuentes internas indican que se ha procedido a separar del cargo a casi todos los directores regionales y fueron sustituidos por personal del Ministerio de Vivienda y Hábitat. Así mismo se les informó que un número muy importante de funcionarios contratados quedarían fuera del nuevo ministerio y que desaparecerían unidades importantes existentes en el antiguo MINAMB.

Por otra parte, parece que, según estas mismas informaciones, la prioridad a partir de este momento será la construcción de viviendas, por lo que el personal con estudios de ingeniería serían dedicados a ese fin y dejarían de cumplir con las funciones que venían realizando. 

Igualmente la estructura remanente del ministerio sería reducida al mínimo (con la consiguiente reducción de personal) y prácticamente llevada a la parálisis al no asignarle presupuesto para proyectos.

En este contexto, y más allá de las consecuencias que para el país pueda tener la, en la práctica, demolición del MINAMB, sus funciones y su capital humano, quiero enviar en este momento un mensaje de solidaridad y apoyo a todos los compañeros, amigos, colegas y todo el resto de los funcionarios de este ministerio que terminan este año de manera tan ingrata. Un país que les debe tanto, les paga simplemente echándolos al botadero de basura.

Se que en este momento la esperanza es corta y quizás este gesto no sirva para mejorar la situación de muchos de ustedes, pero tengan la seguridad que este país reconocerá el muy grave e irresponsable error cometido al desechar este muy importante capital humano, el recurso de más difícil renovación y hará un muy importante esfuerzo por repararlo.

Tendré un momento para pensar en ustedes al finalizar este año y seguiré apoyando todo esfuerzo en mejora de la conservación de nuestro ambiente.

Un abrazo y mi deseo que salgan lo mejor posible de esta situación, fuerza y resiliencia para sobrellevar esta terrible situación.

26 nov. 2014

¿Cuál es el ministerio del ambiente que necesitamos? 2. Una estructura para una nueva historia





Este artículo está basado en la ponencia “¿Qué queremos? Aprovechando la oportunidad” presentada en el Foro: ¿A dónde va el ambiente en Venezuela? Realizado el 05 de noviembre de 2014 en el Centro Cultural Chacao, Caracas.

En el artículo pasado, presenté algunas ideas para la discusión de las bases para una nueva estructura del Ministerio del Ambiente que deseamos y necesitamos. Allí comentamos la necesidad de no comenzar a pensar en  una estructura sin antes pensar cuál es el propósito que debería cumplir en la Venezuela que soñamos y en particular entender que más que una institución necesitamos una nueva concepción – una narrativa – que guíe el desarrollo futuro de nuestra relación con la naturaleza existente en el territorio nacional, los recursos naturales que en él se encuentran y nuestro ambiente.

La propuesta que hice en esa ocasión es trabajar para cambiar nuestra concepción “minera” del ambiente: extractivista, cortoplacista, que niega y destruye nuestras verdaderas riquezas, y sustituirla por una nueva idea que se expresa en la narrativa de país de la diversidad productiva. Es decir entender que de valorar y gestionar con responsabilidad, justicia y solidaridad nuestra diversidad (biológica, social y cultural) nacerá el camino hacia un nuevo futuro.

Sobre este sustrato, podemos comenzar a construir la nueva edificación.

En primer lugar, necesitaremos de una institución que conozca y comprenda las condiciones ambientales del país, así como las dinámicas de cambio de las mismas. Es claro que sin una comprensión de la realidad ambiental toda planificación será ficticia y toda acción un viaje en la oscuridad.

Este  conocimiento deberá nacer del desarrollo de agendas de investigación que promuevan, articulen y faciliten la incorporación de todos los actores del sector ciencia y tecnología, así como a las empresas, comunidades y a la cooperación científica internacional.

Nuestra diversidad debe ser conocida y nuestros científicos deben ser convocados, apoyados y estimulados. Nuestra riqueza nace de una poderosa ciencia nacional. Sin que esto signifique ninguna xenofobia ni exclusión, necesitaremos del apoyo de científicos de todo el mundo y del apoyo de las tecnologías que no tenemos.

El resultado de estas investigaciones, convertida en una base de datos de conocimiento sobre todos los aspectos de nuestra realidad ambiental servirá como insumo para desarrollar procesos de planificación integrales y abiertos que se convertirán en políticas públicas dirigidas a orientar tanto la acción del Estado y de la sociedad, como al propio ministerio.

Estos procesos de planificación ambiental incluirán como aspecto fundamental la ordenación del territorio, pero deberá a su vez incluir una visión integral de todos los aspectos ambientales de manera integral y sistémica.

Estas políticas a lo interno, deberán permitir establecer programas de gestión dentro de cuatro temas estratégicos:

1) La preservación a largo plazo del funcionamiento de los ecosistemas que generan bienes y  servicios ambientales necesarios para la sustentabilidad del país.

2) La regulación de las actividades que se realicen de tal manera de prevenir, mitigar, restaurar y compensar los daños que se puedan generar sobre el ambiente.

 3) La ampliación y optimización de los servicios públicos ambientales dirigidos a mejorar la calidad de vida de la población, y

4) La promoción de una agenda ciudadana que promueva la incorporación de toda la población en la defensa de los derechos ambientales, así como en el cuidado y uso responsable de los recursos y bienes naturales.

Esta última área estratégica será fundamental para el éxito de la misión del nuevo ministerio, el cual deberá convertirse en facilitador de la construcción colectiva de un acuerdo nacional dirigido a generar los cambios en los valores y prácticas personales, institucionales y productivas.

Transitar este camino de transformación cultural, necesitará de las mejores herramientas comunicacionales, educativas y de promoción social existentes. Pero principalmente precisará establecer procesos de diálogo, articulación y conciliación.  Todo ello dirigido a construir la confianza social en la posibilidad de que podemos lograr y tenemos derecho a una vida sana, segura y ecológicamente equilibrada y a un futuro mejor basados en el uso responsable de nuestras  riquezas naturales.

Las cuatro áreas estratégicas actuarán en permanente vínculo y simbiosis a través de procesos matriciales y retroalimentarán la planificación mediante el monitoreo continuo de nuestro ambiente.

Igualmente, permitirán establecer una base de conocimientos y experiencias que permitirán al país, desde una visión nacional, participar proactivamente en la construcción de una agenda internacional dirigida a promover y apoyar una alianza global dirigida a la solución de los problemas ambientales globales sobre la base de los principios de corresponsabilidad, solidaridad y justicia ambiental.

Finalmente, una propuesta de futuro también implica conectarse, literalmente, al mundo de las nuevas tecnologías. No es posible seguir entendiendo la complejidad ambiental con herramientas que en el mejor de los casos son de una generación anterior. Los retos actuales exigen manejar información de formas mucho más exhaustivas, detalladas y urgentes de tal manera de monitorear los cambios y entender la complejidad natural y socio-ambiental. Necesitaremos desde tecnologías satelitales, manejo masivo de datos, sensores de alta tecnología y el modelaje matemático, hasta el manejo eficiente de redes sociales, entre muchas otras herramientas.

Alcanzar este sueño exigirá establecer una institución fuerte, bien dotada de recursos financieros y humanos, así como de los recursos técnicos y las herramientas sociales necesarias. Pero ante todo, requerimos una institución con la suficiente autoridad ética y política que le permita promover los cambios necesarios para convertirnos en una sociedad sustentable.

Todos estos planteamientos pueden sonar utópicos, pero no tenemos más remedio que buscar hacerlos  realidad o fracasar como país. O como diría el viejo educador: “O Inventamos o erramos”.

Es el momento de demostrar nuevamente que los venezolanos tenemos el espíritu y la capacidad para actuar juntos y tejer el país de la diversidad floreciente que nuestros hijos disfrutarán.

La idea que quiero dejar al final es de Bertolt Brecht: “No aceptes lo habitual como cosa natural. Porque en tiempos de desorden, de confusión organizada, de humanidad deshumanizada, nada debe parecer natural. Nada debe parecer imposible de cambiar”

Por eso podemos y debemos cambiar y convertirnos en el país de la diversidad productiva.

11 nov. 2014

¿Cuál es el ministerio del ambiente que necesitamos? 1. Cambiando de historia






Este artículo está basado en la ponencia “¿Qué queremos? Aprovechando la oportunidad” presentada en el Foro: ¿A dónde va el ambiente en Venezuela? Realizado el 05 de noviembre de 2014 en el Centro Cultural Chacao, Caracas.



Para todos aquí es conocida la decisión reciente del Ejecutivo Nacional de eliminar, luego de treinta y siete años de trayectoria, al Ministerio del Ambiente. Esta decisión ha generado rechazo aún entre grupos cercanos a las políticas del gobierno. Pero por otra parte, algunos de nosotros creemos que esta decisión es una oportunidad para repensar su existencia, misión y funciones.

Este ejercicio ciudadano nos permitirá prepararnos para el momento en que recuperemos esta institución en el marco del restablecimiento pleno de los principios y garantías establecidas en nuestra Constitución y en particular desde las orientaciones expresadas en el Artículo 2 de la misma.

Lograr este objetivo no será una tarea nada fácil, pero en este sentido tomo las palabras del científico colombiano Bernardo Toro de que “una sociedad se convierte en nación en la medida que es capaz de responder proactiva y colectivamente a los desafíos que le presenta la historia”.

Nuestra idea es adelantar la vista al futuro de tal manera de reconstituir su acción desde nuevas orientaciones, de tal manera que pueda desempeñar cabalmente su rol dentro de un sistema integrado de instituciones que garanticen los derechos ambientales de los venezolanos.

Darle a este deseo una forma concreta, necesitará del trabajo en común de muchos venezolanos que desde la diversidad y los múltiples enfoques y caminos para la gestión pública del ambiente, puedan construir una propuesta suficientemente acabada para ofrecérsela al país.

Para ello, será necesario establecer mecanismos de consulta amplios e incluyentes donde tengan cabida la visión del gestor, el científico, el político, los empresarios, los profesionales, las organizaciones de la sociedad civil, así como del resto de la ciudadanía.

La propuesta final a este proceso de consulta debe trascender la idea común de que el ministerio tiene que ser una institución técnica que diseñe y ejecute la política ambiental del país, idea que lo convierte en un sector más de la acción del Estado y tiende a aislarlo del resto de la sociedad. Asimismo, debe abandonar, por falaz e ineficiente, la perspectiva populista que resume la gestión ambiental en el desarrollo de algunas actividades comunitarias generalmente esporádicas sin ninguna base técnica y con objetivos principalmente político-electorales.

Por ello, debemos pensar en este proceso desde una perspectiva más amplia y sistémica que nos permita superar las limitaciones y vacíos  que tuvo el desaparecido ministerio.

En tal sentido, presento algunas ideas preliminares que espero puedan contribuir a iniciar la discusión en relación con este ente esencial para el país que todos necesitamos.

Partamos de la pregunta ¿Cuál es el desafío a emprender?

En principio la respuesta a esta pregunta no debería ser una estructura para un nuevo ministerio, sino partir de la creación de una nueva narrativa. Esto quiere decir, una nueva manera de expresar nuestras percepciones, creencias con respecto al ambiente y nuestras relaciones con el ambiente.  Ella nos debe guiar para generar una nueva manera de pensar y actuar con respecto a los temas ambientales; y partir de allí, transformar la gestión de nuestro territorio y recursos a través de un proyecto ético dirigido a la utilización responsable, prudente, participativa, equitativa y solidaria de la riqueza ambiental del país como elemento fundamental del desarrollo social y económico de Venezuela, en conjunto con la responsabilidad y el respeto por las distintas manifestaciones de la vida presentes en el país.

La nueva narrativa debe transformar nuestra percepción de la naturaleza y nuestra relación con la misma. En particular debe remplazar la percepción de que ella es un almacén infinito de recursos que pueden ser apropiados, explotados y consumidos sin ninguna limitación, ni responsabilidad con ninguna otra persona actual o futura. Y por lo tanto, frente a esta perspectiva la única acción posible para frenar esta depredación es crear instituciones cuasi-policiales que controlen y sancionen la destrucción del ambiente.

En remplazo de esta idea será necesario percibir los recursos biológicos y los ecosistemas presentes en el territorio nacional como un espacio de interacciones, oportunidades, valores y contextos que nos generan sentido y propósito como sociedad y cultura. 

Una primera aproximación a esta idea, parte del hecho de que somos el territorio de la diversidad biológica, social y cultural y que las interacciones entre las mismas nos construyen y definen como nación.

Bajo esta premisa, todas las acciones que se realicen deben apuntar a convertirnos en un país donde la naturaleza y los procesos socio-productivos relacionados con ella sean el fundamento de nuestro desarrollo común, nuestro futuro y nuestra identidad cultural. Por tal razón, una narrativa basada en esa visión nos permitirá crear un nuevo modelo de desarrollo que orienten procesos productivos y estilos de vida basados en el reconocimiento de nuestra diversidad, el respeto a la vida en todas sus formas y la responsabilidad en el cuidado y el uso de los recursos naturales.

Es decir la nueva idea que nos puede orientar es que somos y seremos la tierra de la diversidad productiva.

Este marco nos permitirá acercarnos desde una nueva perspectiva a los grandes temas ambientales, económicos y sociales del país y a partir de ella articular y movilizar a la población en el cuidado y manejo responsable de nuestro capital natural para el beneficio de todos los venezolanos presentes y futuros.

Petróleo, minería, agricultura, industria y muchos otros temas deben ser repensados desde esta perspectiva. Habrá que preguntarnos: ¿Necesitamos de una riqueza que destruya nuestro patrimonio natural, nuestra cultura y tejido social?

O a la inversa pensemos ¿Cómo estas actividades pueden servir para fortalecer estos atributos? Y ¿Cuáles otras actividades productivas pueden reforzar nuestra identidad, diversidad y preservar las condiciones para ser cada vez más sanos, vivir seguros y tener una vida digna?

Preguntarnos definitivamente ¿Cómo ser prósperos a partir de lo que somos y tenemos?

Esta narrativa adicionalmente determina que solo se podrá avanzar con la participación activa de todos los sectores del país, incluyendo el Estado, las Empresas, las Comunidades y las Organizaciones de la Sociedad Civil. Es decir aprovechar también nuestra diversidad social y cultural. Igualmente es claro que ninguno de estos sectores por sí solo podrá tener éxito en avanzar en el logro de este proyecto nacional.

Sólo a partir de estas bases es que podemos comenzar a pensar en las características de la institución que pueda ser la promotora del avance hacia ese nuevo horizonte.

12 oct. 2014

Notas sobre la extinción del Ministerio del Ambiente en Venezuela 2. Metiendo el ambiente por el ojo de una aguja


Imagen: Micro-escultura de Willard Wigan


Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre en el reino de Dios. Marcos, 10. 25.

En un artículo anterior en este mismo blog, comencé a presentar los argumentos críticos que han sido publicados con respecto a la desaparición del Ministerio del Poder Popular para el Ambiente en Venezuela, así como los contraargumentos usados hasta el momento para intentar invalidar las opiniones contrarias a esta decisión. Para ello, revisé los distintos artículos de opinión, declaraciones, resoluciones, artículos y notas de prensa publicados hasta el momento. A partir de este análisis encontré cuatro argumentos básicos utilizados para criticar u oponerse a la decisión:

  1. Se percibe esta decisión como un retroceso en materia de desarrollo institucional en un país pionero y con avances innegables en este tema, y, aún peor, por parte de un gobierno que se presenta internacionalmente como adalid de las causas ambientales del mundo.
  2. Se consideran incompatibles las funciones de un ministerio que debe actuar como ente rector de las políticas ambientales del país – que deberían ser transversales a toda la acción del Estado – con las de un ministerio dirigido al desarrollo urbano y que a su vez, sus actividades deberían ser orientadas y supervisadas por el primero. 
  3. Se percibe una desproporción entre los retos ambientales que afectan al país y el hecho de que de ahora en adelante estos deberán ser asumidos por una institución degradada al rango de “sub-ministerio” (luego aclaro este término) y 
  4. Finalmente, un grupo expresa estar en desacuerdo con el uso del concepto de “Ecosocialismo” para definir el objeto del nuevo ministerio y por lo contrario otro grupo celebra y apoya esta decisión.

En el primer artículo analicé el primero de estos argumentos y ahora sigo con el segundo, para ello me hice la pregunta:

¿Es compatible la gestión ambiental del país con la construcción de viviendas?

“Veo dificultad para ejercer la función reguladora sobre todo el Estado (si se maneja) desde un viceministerio (…) creo que estamos a tiempo de hacer de una rectificación. Un ministerio regulador no puede estar subsumido en un ministerio constructor” Declaraciones de Ana Elisa Osorio, ex-ministra del Ambiente 

Para contestar esta pregunta, en primer lugar es necesario saber cuáles son las funciones que fueron asignadas al Ministerio del Ambiente (MINAMB) para entender su rol en la estructura del Estado venezolano.

El MINAMB tiene asignadas una variedad de funciones que lo definen como rector de las políticas ambientales del país, contralor de las actividades capaces de generar daño al ambiente, orientador de las actividades realizadas en el país, promotor de educación y participación en temas ambientales, así como ejecutor de programas de conservación, uso sostenible, control ambiental, entre otros.

Vale la pena decir que estas funciones, que aquí se resumieron de forma muy apretada, nacen de un muy complejo cuerpo de leyes existentes en Venezuela, que orientan y regulan las políticas y gestión ambiental del país.

En tal sentido, el ministerio tuvo una dimensión múltiple y compleja que es transversal a todas las actividades que se realizan en todos los ámbitos territoriales, incluyendo zonas urbanas y no urbanas, espacios terrestres y acuáticos, así como espacios aéreos influenciados por la actividad humana. Por otra parte su acción se articula con temas prioritarios para la vida y desarrollo nacional como la salud, alimentación, seguridad, economía, cultura y ocupación territorial, entre otros. Asimismo es un ministerio con doble función: De orientador del desarrollo nacional a través de la definición de instrumentos de ordenamiento territorial, control ambiental, manejo de recursos y procesos de educación y participación, así como de ejecutor de acciones específicas en cada una de esas áreas.

Por su parte, las funciones del Ministerio de Vivienda y Hábitat están definidas por la Ley del Régimen Prestacional de Vivienda y Hábitat, norma que fue dictada para garantizar el derecho de los venezolanos a una vivienda digna.

En el artículo 5º de esta Ley se indica que este ministerio ejercerá la rectoría del Sistema Nacional de Vivienda y Hábitat en los ámbitos nacional, regional y municipal para el desarrollo del Sistema Nacional de Vivienda y Hábitat, de seguimiento y monitoreo de la ejecución programática, física y financiera, así como la coordinación de todas las instancias organizativas y territoriales.

Asimismo, le asigna competencias sobre la política nacional de vivienda, hábitat, diseño, ejecución y seguimiento de planes de ordenamiento de asentamientos urbanos, establecimiento de normas, procedimientos y orientaciones para el desarrollo de programas de vivienda, establecer fondos para la financiación de estos planes, e intervenir en la ejecución de los mismos, entre otros.

A través del ejercicio de estas funciones, el Ministerio de Vivienda y Hábitat es un ente sectorial, dirigido a establecer, implementar políticas y acciones dirigidas a establecer políticas de desarrollo urbanístico y habitacional del país, así como a la planificación y ejecución de programas y proyectos dirigidos a garantizar viviendas para la población.

Al comparar las funciones que debían desempeñar ambos ministerios ahora fusionados, me queda claro que son totalmente diferentes y en su mayor parte difícilmente compatibles. En este punto difiero un poco de la apreciación antes mencionada de la diputada y ex-ministra Ana Elisa Osorio: Para mí, ambos ministerios, previo a la fusión, tenían roles reguladores dentro de su ámbito de competencia particular, pero la diferencia es que mientras que la función que fue asignada al ministerio de Vivienda y Hábitat queda enmarcado en un tema sectorial: El desarrollo urbanístico y promoción de la construcción de viviendas, el MINAMB tenía asignadas funciones que son transversales a todas las acciones del Estado venezolano en toda la geografía nacional, y que ahora de alguna manera nada clara toca mezclar.

Respondiendo a las críticas y dudas existentes, el ministro de “Ecosocialismo, Hábitat y Vivienda” (como ahora lo nombran a pesar del Decreto de creación) Ricardo Molina indicó “No se está eliminando la palabra ambiente, ahora la tenemos más presente que nunca, hábitat es sinónimo de ambiente, y la construcción de vivienda asociada al desarrollo armónico con la naturaleza, es la unión de conceptos de políticas que tendrán que convertirse en una sola” (sic).

El intento del ministro de hacer sinónimos los conceptos de ambiente y hábitat, no me parece inocente, ni resultado de simple ignorancia. En este último caso bastará que el nuevo vice-ministro de “Ecosocialismo Ambiental” (sic) el biólogo y profesor de la Universidad Simón Bolívar Guillermo Barreto pueda aclararle la diferencia entre ambos términos. Por otra parte pudiera ser un intento, poco feliz según mi opinión, de justificar la razón jamás explicada de esta fusión.

Pero, más allá de estas posibilidades, creo que hay un trasfondo subyacente más complejo: el intento de vaciar de significado al concepto central de las ciencias ambientales para poder constreñirlo dentro del ámbito del hábitat humano. Es decir empequeñecer las dimensiones ecológicas, económicas, sociales y políticas del ambiente para poder referir de aquí en adelante a proyectos de desarrollo urbanístico como temas ambientales. Más adelante en este artículo desarrollaremos esta idea.

Luego de esas declaraciones me quedaron dos preguntas: ¿En dónde, además de algunas pocas experiencias en el mundo, la construcción de viviendas está asociada al desarrollo armónico con la naturaleza? Y por otra parte ¿en cuál de los proyectos urbanísticos desarrollados por el gobierno venezolano se ha intentado lograr este objetivo?

Por otra parte, el argumento del señor ministro de que “la fusión de los dos ministerios es la unión de conceptos de políticas que tendrán que convertirse en una sola”, podría haber sido usado para fusionar el ministerio del ambiente con una variedad de otros ministerios, quizás haciendo sinónimos los conceptos de ambiente con los de salud, cultura o quizás el de planificación, entre otros.


¿Cuál ha sido la experiencia de otros países al hacer fusiones similares?

Otro nivel de análisis acerca de la posible inadecuación de fusionar ministerios de Ambiente y Vivienda es revisar los resultados logrados por otros países donde se haya realizado una acción similar. Sorprendentemente, esta situación, hasta donde he podido saber, solo había ocurrido hasta ahora en Colombia durante el gobierno del presidente Álvaro Uribe y revertida al inicio del gobierno del actual Presidente Juan Manuel Santos.

En tal sentido tenemos un punto de comparación, no necesariamente equivalente, pero sí con algunas similitudes ambientales, históricas, sociales y culturales (mas no ideológicas) que permiten establecer algunas analogías.

Al respecto, podemos citar las declaraciones del ambientalista y ex-ministro de Ambiente colombiano Juan Mayr, el cual en declaraciones a la revista Semana calificó como: “un desastre” esa fusión, porque “minimizó y debilitó la gestión ambiental en el país, pues el ministerio obedeció más a la política desarrollista, sin consideraciones ambientales”. Asimismo, expresó que: “la fusión de funciones puso al ministerio en un escenario inconveniente, al señalar que se convirtió en “juez y parte”, pues al tener competencias en vivienda y desarrollo, algunas disposiciones se enfrentaban a su papel de defensa ambiental”. Igualmente alertó que frente al… reto de la inversión extranjera, especialmente para la minería, (se) necesita un ministerio que garantice que el ambiente esté a salvo y sea derecho de todos los colombianos. Eso sólo lo puede hacer un ministerio con dientes y voluntad política para avanzar en procesos de desarrollo sostenible”. (Las negrillas son mías)

Más claro imposible. Y en gran medida aplicable a nuestra realidad actual, principalmente ante la entrada de empresas extranjeras que vienen a explotar nuestros recursos naturales, la mayor parte de las mismas provenientes de países muy poco conocidos por su preocupación, avances y responsabilidad en temas ambientales.

Por otra parte, la intención explícita del gobierno del presidente Uribe al producir estas y otras fusiones fue la reducción del tamaño del gobierno, dentro de una política común dentro de gobiernos con ideologías mucho más a la derecha que la seguida por nuestro gobierno. Entonces ¿si ideológicamente no pareciese tener sentido que las razones políticas fuesen similares, cuál entonces fue la razón de fondo del gobierno venezolano de haber tomado una decisión similar?


Receta para hacer pasar un camello por el ojo de una aguja

Las ideas aquí analizadas me llevan continuamente a la pregunta: sí no parece tener sentido ni ideológica, ni técnica, ni políticamente hablando esta fusión; entonces ¿cuáles fueron las razones que guiaron a esta decisión?

No hemos encontrado hasta ahora ninguna respuesta más o menos coherente a esta pregunta más allá del intento de rescribir los conceptos que sustentan a las ciencias ambientales o el de la implantación del ecosocialismo (que en este caso hubiese tenido más sentido fortalecer a un ministerio que le diera fuerza a esta idea)

Por ello habrá que recurrir a la imaginación: Usemos esta analogía: Si queremos pasar un camello (la gestión ambiental) por el ojo de una aguja (del desarrollismo) solo existen dos posibilidades: O hacer agujas muy grandes o hacer que el camello sea muy pequeño.

Como ya lo había comentado más arriba, este pudo ser el trasfondo de esta decisión: la necesidad de tener un sector ambiental muy pequeño, que no tenga capacidad política ni técnica de controlar los futuros planes de desarrollo urbanístico, industrial, minero o de cualquier otro tipo.

Varias pistas parecen apuntar en esa dirección: En los últimos años se han multiplicado las denuncias referidas a la minimización de la partida presupuestaria del MINAMB, el secuestro continuado de sus competencias por otras instituciones, la demolición de las bases técnicas de su trabajo a través de la incorporación de conceptos e ideas ambiguas, inaplicables o simplemente absurdas, la reducción y desvalorización de sus cuadros técnicos, la pérdida de su capacidad operativa, y un muy largo etcétera.

Si este análisis tiene algún sentido, la fusión del MINAMB con el ministerio de Vivienda y Hábitat fue únicamente la última fase de este proceso de miniaturización que ahora puede permitir pasarlo sin problema por el ojo de cualquier aguja que hayan previsto los grupos desarrollistas del país.

Cuál entonces será el futuro de la gestión ambiental del país. No tengo ninguna respuesta lógica e esta pregunta, pero siguiendo en la onda bíblica, quizás valga la pena citar el siguiente proverbio: “El que confía en sus riquezas, caerá, pero los justos prosperarán como la hoja verde(Proverbios 11:28)

1 oct. 2014

Notas sobre la extinción del Ministerio del Ambiente en Venezuela 1. La guagua va en reversa




Recientemente, el Ejecutivo Nacional decretó la creación del Ministerio del Poder Popular de Vivienda, Hábitat y Ecosocialismo a la vez que ordenó la supresión del Ministerio del Poder Popular para el Ambiente  (Ver texto del decreto)

Esta decisión representó el cambio más importante en la política ambiental del país desde la creación del Ministerio del Ambiente y los Recursos Naturales Renovables en 1977.

La medida generó una enorme sorpresa y contrariedad entre las personas relacionadas con la conservación, investigación y gestión del ambiente. Esta percepción ha quedado plasmada en un importante número de declaraciones y artículos de opinión (una recopilación de estos artículos está disponible en el Portal de Desarrollo Sustentable)

Revisando los textos publicados hasta la fecha, parece existir un acuerdo básico en considerar inconveniente tal decisión. Esta idea ha sido expresada tanto por personas afectas a las políticas gubernamentales, como aquellos críticos a las mismas. Tal consenso resulta una novedad en la historia reciente de Venezuela marcada por una extrema división y polarización entre muchos grupos sociales.

Por otra parte, al analizar los mismos es posible clasificar los argumentos utilizados en cuatro ideas básicas:

  1. Se percibe esta decisión como un retroceso en materia de desarrollo institucional en un país pionero y con avances innegables en este tema, y, aún peor, por parte de un gobierno que se presenta como adalid de las causas ambientales del mundo.
  2. Se consideran incompatibles las funciones de un ministerio que debe actuar como ente rector de las políticas ambientales del país – que deberían ser transversales a toda la acción del Estado – con las de un ministerio dirigido al desarrollo urbano y que a su vez, sus actividades deberían ser orientadas y supervisadas por el primero. 
  3. Se percibe una desproporción entre los retos ambientales que afectan al país y el hecho de que de ahora en adelante estos deberán ser asumidos por una institución degradada al rango de “sub-ministerio” (luego aclaro este término) y 
  4. Finalmente, un grupo expresa estar en desacuerdo con el uso del concepto de “Ecosocialismo” para definir el objeto del nuevo ministerio y por lo contrario otro grupo celebra y apoya esta decisión.
En artículos sucesivos les presentaré un análisis de estos argumentos, así como las contra-argumentaciones que he podido conseguir hasta el momento. Quizás esta revisión nos permita comprender cuáles son las circunstancias que definirán los posibles escenarios futuros de la gestión ambiental del país.

Debo decir que procuraré realizar este trabajo de la manera más honesta posible, aunque no necesariamente de manera objetiva, ya que estoy totalmente en desacuerdo con esta decisión. Para mayor rigurosidad del trabajo, todas las citas que se hacen en el texto pueden ser revisadas mediante los enlaces colocados en cada caso.

Fundamentado en lo anterior iniciemos en este artículo el análisis del primer grupo de argumentos:

¿Vamos hacia atrás? O “ni lo uno ni lo otro sino todo lo contrario”

Muchos de los artículos críticos cuestionan la inconveniencia de destruir una de las historias de éxito de Venezuela al haber sido un país pionero y líder regional en materia de institucionalización y desarrollo de políticas para la gestión ambiental.

En tal sentido, quizás valga la pena preguntarse: ¿haber avanzado tempranamente en estos temas fue de alguna utilidad para el país?

Un resumen apretado y no exhaustivo de estos logros son los siguientes: Durante los treinta y siete años de existencia del Ministerio del Ambiente (MINAMB) se decretaron treinta y uno de los Parques Nacionales existentes, lo cual permite la protección de los ecosistemas que producen el 70% de la electricidad y el 80% del agua consumida en el país y se creó el sistema de administración hidráulica de Venezuela. Por otra parte se implantaron múltiples programas de conservación de la biodiversidad, se concretaron Planes de Ordenamiento del Territorio para todo el país, se establecieron Normas Técnicas especializadas para el control de contaminantes, mitigación de daños ambientales y procedimientos para la realización de estudios de impacto ambiental y se implantaron programas de control y guardería de las actividades generadoras de daños ambientales. Asimismo, se promovió la inserción de programas de educación ambiental en todos los niveles de enseñanza y se realizaron acciones para el cumplimiento de los compromisos internacionales del país en materia de protección de diversos temas ambientales y del desarrollo sustentable.

Por supuesto esto no quiere decir que su labor fue totalmente satisfactoria, ya que igualmente a lo largo de estos años hubo muchas fallas, errores y omisiones, incluso graves, pero el balance es enormemente positivo en cualquier contabilidad que se haga y estos logros, representan avances importantes en materia de gestión ambiental en comparación con otros países vecinos similares a Venezuela, y así fue reconocido incluso por el Presidente de la República en su reciente discurso en la ONU.

Creo que hay que destacar un logro adicional que quizás no es tan visible. Durante esos años y hasta el presente, una gran cantidad de trabajadores del MINAMB y sus instituciones adscritas, fueron la vanguardia de una lucha muy desigual dirigida a resistir las apetencias, intereses y negociados de todo un ejército de empresarios y políticos inescrupulosos que siempre consideraron las normas ambientales como una limitación excesiva a sus ambiciones.

Quizás también valga  la pena decir que el último capítulo de esta guerra fue el progresivo desmantelamiento de sus cuadros técnicos, el secuestro de sus funciones por otros entes gubernamentales, la contracción de su capacidad de acción real y la depreciación de su presupuesto a niveles incompatibles con la importancia de sus funciones. Es posible que esa acción fuese el preámbulo a la decisión actual y justifica para muchos su eliminación final.

Es importante añadir que en algunos de los textos críticos escritos por personas ideológicamente cercanos al gobierno, argumentan que no solo no se debió eliminar el ministerio del ambiente, sino que por el contrario se debió elevar al nivel de Vice-Presidencia (en este caso de Vice-Presidencia de Ecosocialismo)

Frente a estas críticas, el Ministro Ricardo Molina, actuando como vocero del Gobierno Nacional, respondió que no se habían sumado dos ministerios, sino que se había creado uno nuevo, cuyo nombre ahora sería (noten el giro) de “Ecosocialismo, Vivienda y Hábitat” Que este no sea el que aparece en la Gaceta Oficial no parece ser problema para el ministro.

Asimismo declaró que el presidente Maduro “está dando un paso adelante mundial, no hay ministerio en ninguna parte del mundo que anteponga la palabra ecosocialismo…”.

Según el ministro, no sólo no perdimos nada, sino que ahora volvemos a estar en posición de vanguardia. Me parece una idea brillante  por parte de este funcionario. Que esto haya sido logrado a través de mezclar las funciones de rectoría ambiental con las de construcción de viviendas es un detalle menor. Quizás los colombianos nos pueden explicar que tal funcionó en su país durante el gobierno del presidente Uribe, del cual quizás se tomó la idea de esta fusión.

En relación con el argumento dado por el ministro, uno puede pensar que, en los años setenta del siglo pasado una de las tendencias globales que definieron las políticas internacionales y nacionales, fue la preocupación por el deterioro ambiental, y por ello fue realmente revolucionario avanzar tempranamente en esa dirección. Por otra parte, no sé si será  demostrable que el ecosocialismo en este momento sea una tendencia global.

Lo que sí parece ser palpable, es la necesidad que tiene los voceros gubernamentales de cambiar la percepción negativa inicial sobre la decisión, tanto dentro como fuera del país, en particular entre los grupos cercanos al gobierno.

Por tal razón, el gobierno ha tenido que apresurarse a reafirmar en el plano internacional su discurso político ambientalista. A la vez que hacia dentro del país ratificar su apego a los lineamientos expresados en el Objetivo 5 del Plan de la Patria y aclarar que serán mantenidas todas las funciones y actividades asignadas al extinto ministerio.

A pesar de la necesidad de mejorar la percepción en relación con la decisión tomada, en ninguna de estas explicaciones se intenta presentar, y mucho menos justificar, las razones por las cuales se consideró necesario eliminar al MINAMB, en vez de por el contrario fortalecerlo en consonancia con los principios que el gobierno dice defender.

Un elemento adicional que surge en el análisis, es que en varias de las declaraciones recientes realizadas por voceros gubernamentales aparecen ideas que no estaban o son distintas a las presentadas en los primeros momentos luego de que fuese comunicada la decisión de la desaparición del MINAMB. Asimismo se evidencia en las mismas una gran confusión conceptual y técnica por parte de estos funcionarios. Tales imprecisiones sugieren que sobre la marcha y de manera improvisada ha sido necesario corregir y explicar aspectos que resultaron inaceptables para algunos grupos o que simplemente nunca estuvieron totalmente definidos y justificados.

Finalmente, este primer análisis parece dejar en evidencia que la decisión fue arbitraria y que sus motivaciones políticas no están para nada claras. Por lo contrario, quizás haya que buscar explicaciones relativas a intereses grupales con vaya usted a saber cuáles objetivos. Por ello, parafraseando al cantautor dominicano Juan Luis Guerra da la impresión que en Venezuela en materia ambiental "la guagua va en reversa”.