2 feb. 2016

Lo bueno, lo malo y lo feo de los conucos urbanos




Tomé el título prestado de la película de 1966 “El bueno, el malo y el feo” quizás el mejor exponente del subgénero del “spaghetti western”. Esperemos que nuestra historia de “conuqueo” urbano en Venezuela tenga mejor final que algunos de los contrincantes del duelo final de esta excelente producción cinematográfica.

Pero vayamos al grano. Recientemente el gobierno nacional decidió impulsar el uso del conuco urbano (entendiendo como conuco una pequeña parcela de tierra cultivada por un campesino pobre) como estrategia de producción agrícola en el contexto de una muy grave crisis de abastecimiento de alimentos, e incluso lo plantea como una forma de luchar contra el cambio climático.

Revisemos qué es lo bueno, lo malo y lo feo de esta propuesta.

Lo bueno
La agricultura urbana es una de las tendencias más importantes en los últimos años en la búsqueda de la sustentabilidad de las ciudades. Por ello, en muchos  países se están realizando proyectos de siembras en espacios que van desde terrenos en las periferias urbanas, hasta huertos en azoteas, balcones, pequeñas parcelas y superficies entre edificaciones y muchos otros lugares  en muy distintos sectores y situaciones.

Los beneficios resultantes de esta actividad son importantes: Impulsa la economía y el empleo productivo, produce alimentos con menores costos económicos y ambientales, promueve la diversificación de la dieta de los pobladores, apoya procesos de desarrollo local y mejora la calidad ambiental de las ciudades, a través de la revegetación de áreas degradadas por el crecimiento urbano, entre otros aspectos positivos.

Sobre esa ola, se han desarrollado propuestas interesantes en campos tan diferentes como la gastronomía “cero kilómetros” que promueve una cocina basada en la producción local; hasta formas de terapia para tratar males como el estrés y la depresión, en las cuales los pacientes trabajan la tierra para reencontrar su sentido de pertenencia y propósito.

Asimismo, gobiernos y  organizaciones ciudadanas han encontrado en esta actividad una forma de promover el emprendimiento, fortalecer  la participación y organización comunitaria, así como impulsar la inclusión y la ampliación de oportunidades de trabajo para grupos excluidos.

Otras propuestas apuntan al rescate de saberes ancestrales a través de la recuperación del cultivo de variedades de plantas  locales, incluyendo plantas medicinales. Actividad esta última, que si es realizada con sensatez y responsabilidad, ayuda a promover estilos de vida sanos y la valoración del conocimiento popular.

Más recientemente, aparece como un elemento en la lucha contra el cambio climático al aumentar la superficie vegetal en las ciudades.

Por otra parte, la agricultura urbana es una excelente actividad educativa. Un primer aspecto de esta conexión entre la educación y el cultivo en espacios urbanos, está relacionada con la formación de capacidades en la población tales como la auto-sustentación, la orientación hacia el trabajo productivo y el aprendizaje de hábitos ambientalmente positivos.

Asimismo, otra faceta de su utilidad educativa nace de la preocupación mundial por la reducción acelerada de las posibilidades de contacto con la naturaleza que sufren los habitantes de las grandes aglomeraciones urbanas.

Esa tendencia está teniendo consecuencias indeseables en los habitantes de las ciudades, y principalmente en los miembros más jóvenes de la sociedad. Entre los cuales se aceleran padecimientos tales como: la depresión juvenil e infantil, el trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH), y la apatía juvenil, entre otros problemas. En estos casos. se ha propuesto el contacto con áreas verdes y seres vivos, incluyendo el desarrollo de proyectos agrícolas apropiados a su edad y circunstancias como forma de terapia de apoyo.

Queda claro que la agricultura urbana es una actividad muy positiva y debe ser impulsada y apoyada por toda la población.

Lo malo
Luego de enumerar tantas características positivas, hablar de las facetas negativas de esta actividad no es fácil. Pero en este caso sus problemas no nacen de la idea en sí, sino de la manera de implementarla. Esta actividad pierde valor cuando está asociada a concepciones simplistas, sectarias y al no estar fundamentada en planes técnicamente adecuados, socialmente aceptables y económicamente viables.

En tal sentido, una primera consideración, es que la agricultura urbana aunque puede ser un complemento de la producción agrícola de un país, no tiene la capacidad de generar los volúmenes de alimento necesarios para cubrir las necesidades de toda la población. Por ello, puede ser una ilusión peligrosa creer que su desarrollo puede solucionar, o incluso paliar, los graves problemas de abastecimiento de alimentos de la Venezuela actual.

Esto es más complejo en el caso de países como Venezuela con el 90% de su población viviendo en ciudades.

Una característica de las zonas urbanas es su desconexión con la producción agrícola la cual ocurre generalmente en zonas más o menos alejadas de las ciudades. Por ello, la mayor parte de la población en estos asentamientos humanos no tiene ni experiencia, ni conocimientos, ni actitudes para participar permanentemente en esta actividad.

En tal sentido, la agricultura urbana busca reconectar  los espacios distanciados de la ciudad y el campo, así como de las personas que los habitan. Pero no es esperable que esta sea una actividad masiva, ni mucho menos que tenga resultados inmediatos.

Por otra parte, la agricultura, más que otra actividad económica, es una cultura. Casi cualquier persona puede aprender técnicas básicas de cultivo e incluso participar activamente en estas labores, pero no  cualquiera puede ser agricultor.

Ser productor agrícola nace de una forma de pensar y actuar que es muy diferente a la que es común en las personas que habitamos en las grandes ciudades. En la agricultura se depende de los ciclos naturales y de factores ecológicos complejos. Por ello, el agricultor entiende su actividad como una secuencia de procesos circulares, condicionados por los cambios presentes en su entorno. Asimismo, el producto de su labor puede estar lejano en el tiempo (en una futura cosecha) y sujeto a la incertidumbre producida por factores no controlables tanto socioambientales (clima, plagas, eventos extremos, etc.) como socioeconómicos (costos, rentabilidad, etc.).

Igualmente, el que quiera dedicarse a esta actividad necesita de habilidades, conocimientos y valores que se aprenden, no de forma conceptual, sino a través del contacto diario con el trabajo de las personas que lo realizan.  Es decir, que no es posible generar agricultores por decreto.

Otro elemento a considerar, es que la actividad agrícola no está regida por doctrinas políticas. La misma, por supuesto, se verá influenciada por factores históricos, sociales y económicos que pueden promoverla u obstaculizarla. Pero ninguna ideología logra que las semillas germinen mejor, ni que las plantas produzcan más y mejores frutos. Esto es un asunto de conocimiento adecuado, insumos apropiados y suficientes, mucho trabajo, y algo de suerte.

Por ello, el intento actual del gobierno nacional de encajonar esta actividad dentro de un enfoque político sectario, será un obstáculo severo en su desarrollo. Como ha sido reiteradamente demostrado en Venezuela, ese empeño, más que contribuir con el mejoramiento de la sociedad y su seguridad alimentaria, generará más divisiones y tensiones en la población. Ello traerá como consecuencia la pérdida de la oportunidad de convocar a la sociedad y construir consensos alrededor del apoyo a una acción que pudiera beneficiar a muchas personas.

Un componente adicional desde el enfoque ideologizado de la agricultura, es el uso de terminologías como “conuco” para la actividad de cultivo y de “conuqueros” para quienes la practiquen. La idea de conuco está asociada en Venezuela, más allá de sus orígenes indígenas, a una historia de pobreza y exclusión .

En gran parte de nuestra historia, los campesinos sin tierras debieron recurrir a la práctica ancestral del conuqueo en terrenos marginales. Pero actualmente, la subsistencia de estas prácticas y sus ideas subyacentes, están asociados al mantenimiento del campesino en la mayor pobreza, vulnerabilidad y destrucción de su entorno, y a la negación a incorporar nuevos enfoques y técnicas que pueden hacer de esta labor más productiva y de menor impacto ambiental.

Finalmente, otra perspectiva que es necesario considerar, es que, como toda actividad económica que se desea promover, necesita de condiciones adecuadas, incluyendo financiamiento y acceso a materiales, equipos e insumos, incluyendo semillas, fertilizantes (naturales o no) y agua para riego. Y hasta este momento nadie parece haber respondido a la pregunta de cuál será la inversión que se realizará y de dónde provendrán los recursos económicos para impulsar y mantener un programa a escala nacional como el que se propone. Tal consideración económica no es  menor en este momento de la historia de Venezuela. Mi abuela hubiera dicho: ¿Con qué culo se sienta la cucaracha? O es que al final serán cambiados los Sukhois y otros armamentos por huertos urbanos, para hacer realidad el texto bíblico que profetiza que "...de las espadas forjarán arados, de las lanzas, podaderas. No alzará la espada pueblo contra pueblo, no se adiestrarán para la guerra"

Lo feo
En Venezuela estamos en una de las mayores crisis de abastecimiento de alimentos en la historia nacional. Tal situación está afectando de manera grave a toda la población, especialmente a la de menores recursos económicos, los cuales ven enormemente restringida su acceso a una dieta suficiente, sana y nutritiva.

Una de las causas centrales de esta situación es la dramática caída de la producción de alimento en el país en prácticamente todos los rubros.

Las razones para haber llegado a este momento son múltiples, e incluyen motivos económicos y climáticos, pero principalmente políticos: Una cadena de decisiones gubernamentales que destruyeron la capacidad nacional de producir alimento. Al final el objetivo de lograr la “soberanía y seguridad alimentaria” terminó en uno de los mayores fracasos o fraudes, como usted lo prefiera.

Y en esta situación dramática, la respuesta gubernamental  es la creación de un “Ministerio de Agricultura Urbana”, con su carga de burocracia, presupuestos, espacios, etc. cuya misión es la promoción de “conucos urbanos”

Se me escapa  la lógica detrás de esa propuesta de políticas públicas en este momento, pero quizás resulte de una desconexión profunda por parte de los que toman decisiones con la magnitud de nuestra crisis actual.

Algún día tendremos importantes programas de agricultura urbana y nuestras ciudades reverdecerán, pero ahora lo que tenemos es algo tan feo como un insulto lanzado desde las alturas de un poder enceguecido a un pueblo con hambre.

11 comentarios:

  1. Bien Alejandro, nosotros siempre apoyamos la agricultura urbana y creemos en lo positivo que tú señalas. La creación del Ministerio nos dicen que se trata de una especie de ministerio sin cartera, con poca burocracia y casi sin presupuesto, ¿cabe entonces no era mejor crear una Fundación de Estado, dependiente del MAT y con buen presupuesto? Si lo que nos comunicaron es cierto, entonces es un error político el nombre que se le dio, porque el ciudadano común lo ve como más y más burocracia.
    Equipo de Geografía Viva

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  2. Muy buen análisis Alejandro, muy esclarecedor; muy oportuno en estos días aciagos cuando muchos quieren "confundir" la gimnasia con la magnesia, en el crítico tema de la producción de alimentos

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  3. Excelente texto alejandro!! Hilastes fino en un tema grueso!! Tuve experiencia en el tema cuando intenté con fuerza impulsar un modelo de agricultura urbana con criterio de sostenibilidad, sin embargo, la incertidumbre, inseguridad, inestabilidad y macrodevaluación hizo que cerrara todo proyecto productivo, perdiéndose con ello 2 años de trabajo arduo. Luego de esta experiencia vivida considero que es una nueva "locura sin cura" de este gobierno proponer agricultura urbana sin planear insumos, uso de agua entre otros "detalles" para tener un mínimo éxito. En conclusión, otro tiro al vacío quemado por este ejecutivo nacional bizarro. Te felicito Alejandro.

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  4. Muy buen análisis Alejandro. Esas son las políticas de gobiernos populistas desconectados de las necesidades y las soluciones. En México decimos "dar atole con el dedo" cuando salen con este tipo de medidas simplistas que nada resuelven, sólo dan continuidad al engaño social.

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  5. El potager es parte de la cultura europea y, más que tener fines de eficiencia productiva, se trata, como bien dices, de la conexión tradicional del europeo, en este caso, con su tierra y con la naturaleza y, tiene, sobre todo, un beneficio sicológico, muy positivo en la tercera edad, pero que jamás ha pretendido ni siquiera complementar la enorme y necesaria industria agroalimentaria.
    ¿Será que a punta de latas y tobos emplazados en patios y balcones lograremos las casi 900 mil toneladas/año de harina precocida de maiz que requiere el país?

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  6. Estimado Alejandro, aprecio tu elocuente escrito. Hay que hacer valer la realidad a gente que cree en pamplinas y trata con estas de engañar al pueblo al que cree ignorante.
    Abrazos,
    Carlos

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  7. Muy buen analisis, me impacto el titulo, que de verdad esta como anillo al dedo para explicar en forma muy sencilla el tema de "conucos o "agricultura urbana" ...Pienzo que si podria ser una salida viables pero en una forma familiar o de participacion comunitaria, pero de rubros de corto ciclo y que no requieran tantos espacios (horticultura); pero cpmop sembrariamos en la urbe soya, maiz, caña de azucar, cafè y otros ah y los frutales perennes? ....bueno asi que por ahì no van las soluciones economicas de nuestro paìs en banca rota!!!! ....la politequeria va por delante y las soluciones se quedan atras ....Dios mio.

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  8. Como siempre, amigo Alejandro, excelentes tus reflexiones. Es verdaderamente angustiante vivir en un país donde sólo parece imperar la más pura irracionalidad. Además, a nuestra actual nomenclatura gubernamental al parecer también se le olvida que el desarrollo de la Agricultura -e incluso del Conuco- es el resultado cultural de largos milenios de relacionamiento del Hombre con su entorno. Y por si fuere poco, habría que reflexionar acerca de si nuestros "centro poblados" pueden ser considerados "urbanos" en sentido estricto.

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  9. La siembra y la cria en casa nace del corazón y depende en gran medida de cuánto tiempo disponga el "agricultor/productor urbano" para atenderla. No veo a la población laboral que se levanta a las 4 am y regresa a casa a las 8 pm, dispuesta al cuidado de esa siembra o a la limpieza de la "caca" de gallina. Que el jefe de estado y su esposa tengan 50 gallinas me parece muy bien y ejemplarizante, pero me gustaria saber quién limpia el corral y los comederos y bebederos, le pone el alimento y el agua y a que partida presupuestaria de la nación corre el gasto del alimento y las vacunas. Porque sí, las gallinas se enferman. Mas allá de 4 pequeños tomates a los que el agricultor casero les sacará una foto y se publicará en redes sociales, la propuesta de sembrar tomates o verduras no saciará el hambre en este momento. Una planta de tomate tarda 4 meses en condiciones ideales para dar fruto, por ejemplo, y eso si no se muere por plagas o exceso de humedad o sequia. Si el vecino no tiene pollo para alimentar a su familia y ve tu gallina, crees que la gallina va a corretear mucho tiempo mas por tu patio? ¿Y si sobrevive, que va a comer la gallina si el kilo de maiz pasa de 1000 Bs?
    ¿Que es una idea que se puede explotar con resultados a futuro? Si. ¿Que se podrá aplicar en todo el país? No. Por otra parte, estoy de acuerdo con que es un insulto en este momento. Y no solo para los ciudadanos, es un insulto para los agrónomos. Es un insulto porque después de 17 años de sepultar la producción agrícola nacional con expropiaciones e importaciones que abultaron los bolsillos de los vivos, nos dicen que sembremos en el balcón sin instrucción alguna porque no hay más dinero para importar o no se quiere dar marcha atrás con la expropiación de las fincas que ahora se han convertido en eriales o "clubes" privados para que tomen whisky los fines de semana. Hay que tenerlas cuadradas, con perdón de la expresión. Muchas gracias por tu artículo. Realmente lo disfruté.

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  10. Hola Tocayo 1: coincido totalmente en lo malo y en lo feo. En cuanto a lo bueno, solamente cuando señalas que es bueno un acercamiento de la población urbana en las técnicas de la agricultura, pero para eso sobran los "tobos" de la ex-ministra para cultivar romero, cilantro, uno que otro ají, etc.
    Ahora bien, olvídense que ante la necesidad diaria de ofrecer miles de toneladas de productos agrícolas, los conucos van siquiera a rasguñar. Parecido argumento utilizo a quien pretenda que la artesanía popular puede resolver, con el reciclaje, el problema abrumador (medido en toneladas diarias) de los residuos sólidos urbanos. Palante ¡¡¡

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  11. Saludos desde UNELLEZ-Barinas, creo que es un buen resumen y excelente para iniciar el debate. Yo le agregaría a lo bueno de la agricultura urbana, la posibilidad de producir, mediante prácticas alternativas, alimentos más sanos, quizás lejos de las certificaciones de agricultura ecológica, pero al menos más cerca de una etiqueta de circuito corto o producto local que pueden ganar espacios de mercado. En lo malo, hay que recordar que muchas experiencias de agricultura urbana venezolanas, se han mantenido gracias a incentivos o subsidios directos a sus participantes y cuando se agotan dichos estímulos se esfuma la continuidad de la producción, asimismo a los productores urbanos su modo de vida les permite emplear otras estrategias para sobrevivir. En lo feo, hay que recordar, el carácter complementario y no sustitutivo de la misma. Necesitamos de los dos enfoques: una agricultura que responda al resto de producir alimentos para una población creciente, que urge de ser aderezada con principios de una agricultura doblemente verde (es decir ecológicamente intensiva en las superficies ociosas que aun tenemos) y una agricultura urbana que poco a poco vaya innovando sus prácticas y creando sus propios espacios de producción sostenibles. Un abrazo!. Carlos Ojeda. Grupo de Economía Agroalimentaria del CIES-UNELLEZ.

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