11 nov. 2014

¿Cuál es el ministerio del ambiente que necesitamos? 1. Cambiando de historia






Este artículo está basado en la ponencia “¿Qué queremos? Aprovechando la oportunidad” presentada en el Foro: ¿A dónde va el ambiente en Venezuela? Realizado el 05 de noviembre de 2014 en el Centro Cultural Chacao, Caracas.



Para todos aquí es conocida la decisión reciente del Ejecutivo Nacional de eliminar, luego de treinta y siete años de trayectoria, al Ministerio del Ambiente. Esta decisión ha generado rechazo aún entre grupos cercanos a las políticas del gobierno. Pero por otra parte, algunos de nosotros creemos que esta decisión es una oportunidad para repensar su existencia, misión y funciones.

Este ejercicio ciudadano nos permitirá prepararnos para el momento en que recuperemos esta institución en el marco del restablecimiento pleno de los principios y garantías establecidas en nuestra Constitución y en particular desde las orientaciones expresadas en el Artículo 2 de la misma.

Lograr este objetivo no será una tarea nada fácil, pero en este sentido tomo las palabras del científico colombiano Bernardo Toro de que “una sociedad se convierte en nación en la medida que es capaz de responder proactiva y colectivamente a los desafíos que le presenta la historia”.

Nuestra idea es adelantar la vista al futuro de tal manera de reconstituir su acción desde nuevas orientaciones, de tal manera que pueda desempeñar cabalmente su rol dentro de un sistema integrado de instituciones que garanticen los derechos ambientales de los venezolanos.

Darle a este deseo una forma concreta, necesitará del trabajo en común de muchos venezolanos que desde la diversidad y los múltiples enfoques y caminos para la gestión pública del ambiente, puedan construir una propuesta suficientemente acabada para ofrecérsela al país.

Para ello, será necesario establecer mecanismos de consulta amplios e incluyentes donde tengan cabida la visión del gestor, el científico, el político, los empresarios, los profesionales, las organizaciones de la sociedad civil, así como del resto de la ciudadanía.

La propuesta final a este proceso de consulta debe trascender la idea común de que el ministerio tiene que ser una institución técnica que diseñe y ejecute la política ambiental del país, idea que lo convierte en un sector más de la acción del Estado y tiende a aislarlo del resto de la sociedad. Asimismo, debe abandonar, por falaz e ineficiente, la perspectiva populista que resume la gestión ambiental en el desarrollo de algunas actividades comunitarias generalmente esporádicas sin ninguna base técnica y con objetivos principalmente político-electorales.

Por ello, debemos pensar en este proceso desde una perspectiva más amplia y sistémica que nos permita superar las limitaciones y vacíos  que tuvo el desaparecido ministerio.

En tal sentido, presento algunas ideas preliminares que espero puedan contribuir a iniciar la discusión en relación con este ente esencial para el país que todos necesitamos.

Partamos de la pregunta ¿Cuál es el desafío a emprender?

En principio la respuesta a esta pregunta no debería ser una estructura para un nuevo ministerio, sino partir de la creación de una nueva narrativa. Esto quiere decir, una nueva manera de expresar nuestras percepciones, creencias con respecto al ambiente y nuestras relaciones con el ambiente.  Ella nos debe guiar para generar una nueva manera de pensar y actuar con respecto a los temas ambientales; y partir de allí, transformar la gestión de nuestro territorio y recursos a través de un proyecto ético dirigido a la utilización responsable, prudente, participativa, equitativa y solidaria de la riqueza ambiental del país como elemento fundamental del desarrollo social y económico de Venezuela, en conjunto con la responsabilidad y el respeto por las distintas manifestaciones de la vida presentes en el país.

La nueva narrativa debe transformar nuestra percepción de la naturaleza y nuestra relación con la misma. En particular debe remplazar la percepción de que ella es un almacén infinito de recursos que pueden ser apropiados, explotados y consumidos sin ninguna limitación, ni responsabilidad con ninguna otra persona actual o futura. Y por lo tanto, frente a esta perspectiva la única acción posible para frenar esta depredación es crear instituciones cuasi-policiales que controlen y sancionen la destrucción del ambiente.

En remplazo de esta idea será necesario percibir los recursos biológicos y los ecosistemas presentes en el territorio nacional como un espacio de interacciones, oportunidades, valores y contextos que nos generan sentido y propósito como sociedad y cultura. 

Una primera aproximación a esta idea, parte del hecho de que somos el territorio de la diversidad biológica, social y cultural y que las interacciones entre las mismas nos construyen y definen como nación.

Bajo esta premisa, todas las acciones que se realicen deben apuntar a convertirnos en un país donde la naturaleza y los procesos socio-productivos relacionados con ella sean el fundamento de nuestro desarrollo común, nuestro futuro y nuestra identidad cultural. Por tal razón, una narrativa basada en esa visión nos permitirá crear un nuevo modelo de desarrollo que orienten procesos productivos y estilos de vida basados en el reconocimiento de nuestra diversidad, el respeto a la vida en todas sus formas y la responsabilidad en el cuidado y el uso de los recursos naturales.

Es decir la nueva idea que nos puede orientar es que somos y seremos la tierra de la diversidad productiva.

Este marco nos permitirá acercarnos desde una nueva perspectiva a los grandes temas ambientales, económicos y sociales del país y a partir de ella articular y movilizar a la población en el cuidado y manejo responsable de nuestro capital natural para el beneficio de todos los venezolanos presentes y futuros.

Petróleo, minería, agricultura, industria y muchos otros temas deben ser repensados desde esta perspectiva. Habrá que preguntarnos: ¿Necesitamos de una riqueza que destruya nuestro patrimonio natural, nuestra cultura y tejido social?

O a la inversa pensemos ¿Cómo estas actividades pueden servir para fortalecer estos atributos? Y ¿Cuáles otras actividades productivas pueden reforzar nuestra identidad, diversidad y preservar las condiciones para ser cada vez más sanos, vivir seguros y tener una vida digna?

Preguntarnos definitivamente ¿Cómo ser prósperos a partir de lo que somos y tenemos?

Esta narrativa adicionalmente determina que solo se podrá avanzar con la participación activa de todos los sectores del país, incluyendo el Estado, las Empresas, las Comunidades y las Organizaciones de la Sociedad Civil. Es decir aprovechar también nuestra diversidad social y cultural. Igualmente es claro que ninguno de estos sectores por sí solo podrá tener éxito en avanzar en el logro de este proyecto nacional.

Sólo a partir de estas bases es que podemos comenzar a pensar en las características de la institución que pueda ser la promotora del avance hacia ese nuevo horizonte.

1 comentario:

  1. Alejandro hace un planteamiento muy oportuno, recurriendo a la formulación de preguntas importantes en un momento tan crítico de la institucionalidad ambiental venezolana. Parece predominar en las autoridades de la región una postura con produndas contradicciones, entre sus convicciones ideolólgicas y la necesidad de captar capitales e inversiones como sea. El desarrollo sustentable marca el camino adecuado para hacer posible la generación de riqueza y bienestar de nuestros pueblos, sin comprometer o degradar nuestro parimonio biodiverso.

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