6 oct 2013

¿Queremos comer pastel de chucho? Nadando en las aguas turbulentas de la conservación de la biodiversidad venezolana




A Sumito Estévez que le cayó el chaparrón
A Jaime que me enseñó que era totalmente posible el turismo sustentable en las costas venezolanas
A una arepa pelada con “tripa de perla” que no puedo olvidar


En el marco del evento “Margarita Gastronómica” 2013 se anunció como uno de sus eventos principales la elaboración del  “El Pastel de Chucho más grande del mundo”. Este es un plato típico margariteño confeccionado a partir de un guiso de un pez cartilaginoso que tiene cierto parecido con una  mantarraya y que es conocido por los científicos como Aetobatus narinari y por las comunidades del oriente de Venezuela como chucho.

Para ello se anunció que cuarenta “chefs” elaborarían ese plato, esperando poder servir a más de mil personas. No se precisó la cantidad de pescado necesario para realizar esta preparación.

La actividad fue rechazada por organizaciones ambientalistas del Estado Nueva Esparta a través de un comunicado, mediante el cual exigieron retirar esa actividad debido al posible daño que pudiera realizarse a una especie amenazada producto de prácticas pesqueras inadecuadas.

Quizás, como producto de este rechazo, esta actividad parece haber sido descartada y de hecho ha sido retirada de la página Web del evento.

Tal situación fue reflejada en diversos grupos de internet relacionados con la conservación ambiental. En ellos surgieron dos posiciones: Por una parte, los que descalificaron,  no sólo la actividad, sino a sus organizadores. Por otra parte, otros expresaron puntos de vista más moderados, en algunos casos aportando sugerencias para manejar la situación.

Este acontecimiento, permite hacer algunas reflexiones sobre la situación de la gestión de la diversidad biológica en el país, y utilizarla como caso de estudio  para entender y quizás mejorar la acción pro-ambiental de las organizaciones no gubernamentales del país.

¿Cómo estamos en materia de gestión de la biodiversidad?

Podemos extraer algunas ideas preliminares de la experiencia venezolana de muchos años, expresada en diferentes eventos y publicaciones por especialistas, comunidades, empresarios y consumidores:

Aún estamos lejos de tener lineamientos de políticas y normas ambientales eficaces para la gestión de los recursos biológicos del país. Por ello, hay enormes vacíos, desconocimientos e ineficiencia institucional que facilitan el uso insustentable de la biodiversidad. Este hecho se manifiesta día a día en cualquier mercado o restaurant en muchas partes de Venezuela.

En nuestro caso actual, tal situación se expresa en el hecho de que, según el investigador Rafael Tavares, el “chucho” a pesar de que es un recurso pesquero importante en la región oriental del país carece de medidas de manejo y conservación específicas.

Me pregunto ¿no sería en este caso donde debería verse la implementación de la Estrategia Nacional para la Conservación de la Diversidad Biológica? ¿No es prioritario establecer medidas para proteger la especie y el modo de vida de los pescadores?

Existen importantes vacíos de información fidedigna, actualizada y disponible sobre la situación de los recursos biológicos del país. La información cuando existe es frecuentemente incompleta, poco actualizada y de difícil acceso. Adicionalmente, gran parte del conocimiento técnico existente no está articulado con los programas de gestión ambiental. Este tema se ha agravado de manera preocupante por la crisis universitaria nacional y la desprofesionalización de los cuadros técnicos en los organismos de gestión. Es claro que, sin información científica suficiente y adecuada, toda acción que se realice es como  creer que lanzando flechas al azar podamos dar en el blanco.

En este caso particular, resulta urgente aumentar la base de conocimiento sobre la especie que facilite que en el menor plazo posible se puedan establecer medidas adecuadas de conservación y aprovechamiento sustentable.

Aquí me surge otra pregunta ¿qué organismos deberían promover y financiar estos estudios? A mí no me suena que deberían ser los organizadores de un evento gastronómico como alguien sugirió.

La enorme mayoría de la población desconoce la diversidad biológica del país, su situación de conservación y los límites a la explotación de los mismos. Una de las razones para este desconocimiento es la ausencia de una  educación ambiental adecuada. En el país, los currículos escolares sólo contienen algunos elementos conceptuales sobre ecología y grandes temas ambientales, y estos no se  articulan con la realidad ambiental de los estudiantes. Asimismo, el resto de la educación ambiental fuera del ámbito escolar es un esfuerzo meritorio pero puntual y discontinuo realizado por algunas pocas instituciones y organizaciones, con mucha voluntad y muy pocos recursos económicos y profesionales.

La pregunta entonces es ¿castigamos el desconocimiento o trabajamos para eliminarlo?

En el país existen muy pocos modelos y experiencias continuas sobre aprovechamiento sustentable de la biodiversidad. Adicionalmente, algunas de las experiencias conocidas son sólo proyectos de buenas intenciones, ya están desaparecidas, o su pretendida sustentabilidad no está basada en indicadores objetivos.

Además, para un grupo de defensores de los animales, el mismo concepto de “aprovechamiento sustentable” es inaceptable. En algunos de ellos esta posición tiene bases racionales debido a que en algunas partes se mantienen prácticas de explotación absolutamente condenables, incluso en casos pretendidamente "sostenibles" o de “beneficio social”. Pero a la vez, esta posición cuando es mantenida de forma extremista y cerrada puede resultar en el rechazo irracional de todos los métodos de cacería, pesca o cualquier otra forma de captura de organismos vivos para consumo humano.

Estamos perdiendo la batalla contra la extinción de la biodiversidad ¿Estamos dispuestos a buscar alternativas de aprovechamiento sostenible como una de las estrategias para revertir esta situación?

Recientemente en el país  están ocurriendo experiencias interesantes de articulación entre temas económicos, sociales y ambientales.  Este proceso es aún incipiente, pero descubre caminos esperanzadores.  Muchas de las experiencias están relacionadas con la producción y elaboración de alimentos con enfoque sostenible, de tal manera de aumentar la oferta de productos sanos y ambientalmente responsables. Ello no sólo para el consumo local, sino como parte de una oferta dirigida al turismo internacional (¿o Venezuela no se iba a convertir en una potencia turística?)

Por supuesto, esto es una tarea compleja y cargada de dificultades. Aún antes de que uno de estos proyectos pueda superar los escollos financieros y políticos existentes, aparecen los conflictos entre el mantenimiento de las tradiciones culturales y la conservación ambiental, así como los desencuentros entre demandas económicas y restricciones ambientales. Buscarles soluciones viables y aceptables a estos problemas es parte necesaria del proceso de construcción de la sostenibilidad. Para ello es  ineludible el encuentro abierto y armónico entre distintas perspectivas, incluyendo la participación de los profesionales, activistas y gestores de la conservación ambiental.

Esto último implica transformaciones en el movimiento ambiental venezolano y sus relaciones con otros grupos. Promover la conservación ambiental es cada vez más un proceso que implica diálogos, articulaciones, educación y alianzas interinstitucionales. Por ello tenemos que terminar de eliminar algunas prácticas que nos hacen ver como grupo cerrado e intransigente, más dispuesto a cerrar puertas que a encontrar salidas. Por supuesto que frente a los abusos y el delito hay que tener posiciones firmes, pero jamás lo cortés ha quitado lo valiente.

Y entonces, comeremos o no comeremos pastel de chucho

La respuesta a esta pregunta dependerá de que estemos en capacidad de encontrar vías de solución a los desafíos de gestionar de manera responsable nuestra diversidad biológica.

En cualquier caso, los ambientalistas necesitamos estar en capacidad de apoyar y contribuir activamente con la búsqueda de soluciones que garanticen un futuro “ecológicamente equilibrado” como dice el artículo 127 de nuestra Constitución (CRBV). Para ello debemos ponernos de acuerdo en una agenda común para la construcción de la sustentabilidad. Esta agenda podría contener algunas de estas ideas:


  1. Exhortar a las autoridades competentes a establecer de manera participativa lineamientos y acciones dirigidas a establecer normas y prácticas eficaces para promover la conservación y aprovechamiento sostenible de la especies de la diversidad biológica. Estas orientaciones deberán estar basadas en información técnica suficiente y adecuada. En el caso de que esta información no esté disponible, exigir que sean promovidas y financiadas las investigaciones necesarias. En resumen: Debemos exigir que se honren los compromisos existentes en la Estrategia Nacional para la Conservación de la Diversidad Biológica.
  2. Exhortar a las autoridades competentes a cumplir con el artículo 107 de la CRBV que obliga al Estado venezolano a realizar programas de educación ambiental en todos los niveles y modalidades educativas. Adicionalmente exigir que esta sea una educación práctica y centrada en la búsqueda de soluciones participativas a los problemas existentes. Adicionalmente, las autoridades deben apoyar y promover la participación de todos los actores de la sociedad en las labores educativas.
  3. Exhortar a las autoridades a establecer lineamientos claros que permitan establecer programas de aprovechamiento sustentable y formas de consumo responsables y adecuadas a la realidad ambiental y social del país y cada una de sus regiones.
  4. Hacer una llamado de alerta a todos los actores sociales a desarrollar prácticas de producción y consumo responsable basadas en claros enfoques de sustentabilidad y de acuerdo con las normas y lineamientos nacionales.


Pero no sólo necesitamos mirar hacia fuera, también tenemos trabajo por hacer:

  1. Establecer programas de educación ambiental en todos los ámbitos de acción de las ONG ambientalistas del país, en particular aquellos dirigidos a conocer, valorar y aprovechar de manera sostenible nuestra diversidad biológica. En el caso del estado Nueva Esparta aprovechar los recursos didácticos existentes para generar un proceso de concientización pública, incluyendo el uso de películas como “Hoy no se hace pastel de chucho” de Braulio Rodríguez y el libro Conservación De Tiburones En Venezuela” de Rafael Tavares, Isabel Magan y María Alejandra Faría.
  2. Desarrollar un proceso de discusión, reflexión y formación dirigido a desarrollar enfoques dirigidos hacia la búsqueda de diálogos, el trabajo común interdisciplinario y las búsqueda de alianzas entre sectores dirigidos a lograr soluciones ambientalmente responsables, justas, viables y aceptables para todos los involucrados.
  3. Apoyar y acompañar activamente las propuestas de distintos grupos dirigidos a establecer nuevas modalidades de relacionarnos con nuestro entorno. Entender que las soluciones las tenemos que encontrar entre todos.

Estas ideas son sólo un paso de inicio que deberá ser completadas con las de muchas otras personas. Pero si queremos en el futuro que nuestros hijos puedan disfrutar de la belleza y riqueza de nuestros mares y puedan disfrutar de una empanada de cazón, y quién sabe si un pastel chucho sustentable, tenemos que comenzar ahora.


P.S. Para completar las ideas aquí expresadas recomiendo leer estos artículos: “Chucho” de Sumito Estévez y "Pastel de chucho con conciencia y sin chucho" de Marialejandra Farías



27 may 2013

¿Para qué sirve un parque urbano? Parte 1. Los parques y el desarrollo humano



Acaba de pasar el “Día del Árbol”, la fecha ambiental más antigua de Venezuela, con su colección de pequeñas actividades con las cuales escondemos que somos uno de los países con mayor tasa de deforestación en América Latina (1)

Esta destrucción no sólo está ocurriendo en las áreas naturales, sino también hacia el interior de nuestras ciudades, en las cuales sus áreas verdes se van reduciendo a un mínimo testimonial.
Algunas personas consideran que este problema es una preocupación menor frente a los graves problemas sociales que sufre la población.

Vale entonces preguntarse ¿es realmente importante mantener y  proteger espacios  arbolados en las ciudades?

En este texto quiero presentar algunas razones que pueden justificar que los ciudadanos exijamos a los gobiernos locales que no sólo mantengan los parques urbanos, sino que desarrollen políticas efectivas para incrementar las áreas verdes en cada una de las zonas de la ciudad. En una segunda entrega hablaré de las consecuencias individuales, sociales y culturales del empobrecimiento biológico de las ciudades, principalmente sobre los niños.

El tránsito de los niños libres – a los niños enjaulados

"Nuestros niños son parte de un vasto experimento –  al ser la primera generación que se está criando sin tener contacto significativo con el mundo natural" Bill McKibben.

Mi niñez estuvo ligada a zonas verdes urbanas y libros. En el centro de ese recuerdo están muchos patios, jardines, plazas, parques y mucho terreno sin construir donde la vegetación y los niños crecíamos de forma silvestre.

Durante ese período de mi vida, me subí a árboles, fui picado por avispas, recogí piedras interesantes, observé la actividad de las hormigas, exploré la vida dentro de un charco, capturé una pequeña serpiente, encontré huevos de lagartijos, me escondí en un bosque, corrí “perseguido” por un murciélago enorme, comí frutas caídas de un árbol, ensayé probar cosas que no debía (jamás muerdan una hoja de malanga) y muchísimas cosas más. Todo eso dentro de los límites de una ciudad.

No se cómo influenciaron esas experiencias en mí, o si ellas me llevaron a ser lo que ahora soy: un educador ambiental y ambientalista. Pero en cualquier caso me llevaron a desear que muchos niños tuvieran la misma oportunidad de contactar con la naturaleza de manera directa y espontánea. Pero para ello se necesitan muchos parques, muchas plazas, muchos árboles.

En los últimos años, los parques urbanos no han corrido con mucha suerte en nuestras ciudades venezolanas: La mayoría sufre de diferentes grados de desidia o abandono. A ello se une que muchos de ellos han sufrido vandalismo, invasiones, mutilación  e incluso de eliminación con fines presuntamente “sociales”. Por su parte, las aceras no han tenido mejor suerte y se han convertido en largos cementerios de lo que alguna vez fueron calles arboladas.

Barriada popular en Caracas. Imagen de Google Earth
Caracas, la ciudad que alguna vez fue famosa por sus brillantes colores naturales, al ser transformada para albergar a más personas se hace cada día más gris, más rígida, más hostil, paradójicamente más inhumana.

Sin parques, ni otras áreas verdes, muchos de sus  niños ahora sólo viven en el mundo virtual de las tres pantallas: el televisor, el juego de video y la computadora. Habitando en espacios cada vez más artificializados, enclaustrados y restrictivos. Son niños enjaulados. Niños sin árboles.

¿Qué son esas manchitas verdes que se ven en el mapa de esa ciudad? ¿Serán tierras ociosas?

“… siempre ha habido una ambigüedad con respecto a la vegetación urbana… ya que por un lado se propicia la construcción de edificaciones, autopistas, estacionamientos y otros locales, todo eso en detrimento de la vegetación, y por otra se controla la misma cercándola y limitándola” Giovanna Merola

Desde hace muchos años, fueron reconocidos los enormes beneficios ambientales, sociales y estéticos del arbolado en las ciudades. Esta afirmación está basada en un extenso cuerpo de investigación científica realizada a lo largo de todo el mundo. Vamos a revisar algunos de estos  beneficios y los trabajos que los apoyan:

Las zonas arboladas urbanas ayudan a disminuir la temperatura local, mitigan el ruido, absorben  contaminantes, así como controlan la radiación solar y el viento  (2, 3)

Asimismo, ayudan a disminuir el consumo de energía en edificaciones,  mejoran el entorno social, protegen los suelos, promueven formas de vida sanas, la participación comunitaria y el encuentro social (4)

También es bien conocido que las áreas verdes urbanas generan beneficios sobre la salud psicológica y emocional de las personas y en particular pueden promover un desarrollo más sano en los niños (5, 6) Por ello, la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda que toda ciudad disponga de al menos 9 m2 de área verde por persona. En Caracas sólo se llega a los 1,5 m2 de área verde por habitante (7) No tengo datos de cómo está la situación en otras ciudades venezolanas.

Por otra parte, la vegetación es un elemento integral del diseño arquitectónico y urbanístico, al integrar los elementos construidos con el entorno natural. En Venezuela este enfoque arquitectónico fue llevado a su máxima expresión por Carlos Raúl Villanueva en el diseño de la Ciudad Universitaria de Caracas. En esta obra, Patrimonio de la Humanidad, este genial arquitecto logró una extraordinaria armonía de las formas arquitectónicas “…con la luz, con la vegetación, con el entorno; este entorno que pasa a ser parte del mismo espacio, en una fusión externo-interno que está presente en todos los edificios del conjunto universitario " (8).

Más recientemente, se han desarrollado una serie de nuevos enfoques que agregan aún más valor a las zonas verdes urbanas. Algunos de ellos son los siguientes:

Las áreas verdes como expresión de la biodiversidad urbana, se consideran ahora fundamentales para generar ecosistemas urbanos sanos y seguros. Por ello, representan elementos claves en las estrategias para el desarrollo humano sustentable, la defensa del hábitat humano en particular de las zonas populares, la protección contra los riesgos de desastres socio-naturales y la lucha contra el cambio climático (9).

Igualmente, existe evidencia que sugiere que el contacto adecuado con la naturaleza y el desarrollo de actividades al aire libre, pueden ser formas de terapia importante en casos de trastorno de déficit de atención e hiperactividad (TDAH) e incluso tener beneficios en el tratamiento con niños autistas (10, 11).

Un área de estudio reciente y muy importante está relacionada con la gestión del hábitat popular. Investigaciones sugieren la posibilidad de que los espacios arbolados en comunidades pobres pueden inhibir la delincuencia y generar zonas más seguras para las familias y los niños (12). Igualmente la gestión de estas zonas verdes puede promover la participación, la inclusión y el sentido de pertenencia (13, 14) Asimismo, es claro que la ausencia de zonas verdes en zonas populares es un claro reflejo de inequidad e injusticia ambiental.

Todo este cuerpo de evidencia parece decirnos de manera muy clara que las áreas verdes urbanas cumplen un rol muy importante para cualquier estrategia de desarrollo humano de las ciudades. Por esas razones muchas ciudades del mundo han incluido en su planificación urbana el aumento del área de parques y otras zonas arboladas dentro de las ciudades, con énfasis en zonas populares.

Claro, hay personas que ignoran o no creen en ninguno de estos trabajos y afirman que el problema es sólo de “oxigenación” y que en el caso de Caracas con el Parque Nacional Warairarepano es suficiente (15)

En relación con esta peregrina explicación, podemos pensar en ignorancia o mala intención, pero quizás también podemos imaginar que esas personas, en su niñez, nunca se subieron a un árbol.


A los demás nos toca seguir trabajando por lograr el sueño de una ciudad llena de árboles fructificados de aves y niños.


1 abr 2013

La educación y el agua: Renovando el eslogan: “el agua es vida, no la malgastes”




El pasado 22 de marzo, Día Mundial del Agua, participé en la “I Jornada de uso, conservación y recuperación de agua” que se realizó en Barquisimeto, Edo. Lara.

Allí tuve la oportunidad de oír a varios expertos presentar diagnósticos sobre la situación del agua en el país. Una palabra describe mi percepción de sus presentaciones: ALARMANTE.

Pareciera que como país nos hemos convencido de que los problemas coyunturales (principalmente políticos) son los realmente importantes y cada vez somos más ciegos, sordos y mudos, como los famosos monitos, a la destrucción ambiental y sus consecuencias sobre nuestra vida y nuestro futuro.

Es necesario reconocer que, en Venezuela se han realizado grandes inversiones para aumentar el acceso equitativo al agua potable, pero, a la vez, está claro que todavía un número importante de venezolanos no cuentan con ningún tipo de suministro, el líquido les llega de manera intermitente o es de mala calidad, y que en algunas zonas del país esta situación está deteriorándose cada vez más.

En simultáneo, el agua se derrocha irresponsablemente en las zonas donde el flujo es adecuado. Ese gasto excesivo va desde el aprovechamiento industrial sin criterios de ecoeficiencia, hasta el despilfarro irresponsable en nuestros propios hogares.

También es clara la responsabilidad de los gobiernos por la falta de planificación y la negligencia en la ejecución de los programas de gestión, lo que lleva a que las fuentes de agua sean mal usadas, destruidas y, contaminadas.

Estamos seguros que estos problemas no se corrigen con acciones individuales, por lo que no podemos cargar la solución de los mismos a cada uno de los pobladores del país.

Pero también es cierto, que tendremos un futuro muy precario como país si cada uno de nosotros no entiende el valor e importancia del agua, y seguimos mirando con indiferencia y pasividad como este recurso se nos va haciendo cada vez más escaso, por lo tanto costoso e inequitativo.

Educando para la gestión responsable

Es claro que necesitamos mejorar la gestión del agua, y por supuesto, en este trabajo la acción de los gobiernos es fundamental. Pero a la vez, no podrá haber ningunas posibilidades de éxito, si los programas de gestión no cuentan con el apoyo masivo y la participación activa de toda la sociedad y de todos sus actores.

Esto es más válido cuando nos demos cuenta que los problemas del agua en Venezuela comenzarán a ser resueltos únicamente cuando una masa crítica de ciudadanos exijamos a nuestros gobernantes que se realice una gestión eficiente y responsable de este recurso. Esa masa crítica sólo podrá surgir a partir de comunidades y personas informadas  educadas y motivadas para hacer valer su derecho al acceso al agua potable suficiente y de calidad.

¿Y cómo llegaremos a este nivel de conciencia? La clave está en la realización de programas educativos bien planificados, bien ejecutados y  sostenidos en el tiempo.

Necesitamos transformar la educación ambiental

Los humanos tenemos una extraordinaria capacidad para aprender, y lo hacemos muy rápidamente. Esto es cierto, siempre y cuando, lo que aprendemos nos interese, gratifique  y nos permita identificarnos con algo valioso. Adicionalmente, queremos aprender sobre temas que nos permitan entender y conectarnos con el mundo en que vivimos.

Paulo Freire
El problema es, que cuando los venezolanos pensamos en educación, nos llega inmediatamente a la cabeza la imagen de un maestro hablando frente a un grupo de estudiantes. Estos últimos, en nuestra imaginación, son meros receptores de información, que en la mayor parte de los casos es abstracta, desconectada de sus vidas y para colmo francamente aburrida.

Esta es la concepción “bancaria” de la educación que denunció Paulo Freire hace ya muchos años. Ella resulta además de alienante, inefectiva. Nadie hasta ahora ha mejorado su valoración sobre la importancia del agua aprendiendo que la fórmula del agua es H2O o memorizando la lista de ríos en la margen derecha del Orinoco.

Entonces, ¿a quién podremos convencer de cuidar el agua si les llenamos la cabeza con información que  no entiende, que no le sirve, que no le parece interesante, ni le es importante?

 Por eso necesitamos una educación ambiental que se convierta en un proceso activo y atractivo dirigido a transformar y mejorar nuestras vidas.

Para aprender a nadar hay que meterse al agua

Sobre la base de esas premisas, los programas de educación ambiental sobre la gestión del agua deben estar inmersos en la cotidianidad: Es decir en la casa, en la escuela, el lugar de trabajo y la comunidad. No será necesario hablar de agua, sino enseñar a usarla en la práctica mediante su uso. Hablamos de una educación para la acción mediante la acción.

Ella puede incluir transmisión de toda información científica que sea pertinente. Pero más que palabras técnicas esa educación debe ofrecer ejemplos, prácticas y nuevas maneras de vivir.

Para ello, necesitamos aprender técnicas para usar el agua más eficientemente y para hacerla segura para nuestra salud. Pero lo más importante es educar de manera permanente en cómo usar el agua de manera responsable en cada actividad en que el agua se necesite.

Asimismo, debemos conectar el agua con todas nuestras actividades. Entender que sin agua nuestra salud
está en peligro, no habrá alimentos y nuestra vida y país se hará más difícil.

El siguiente paso, es aprender de dónde proviene el agua que llega a nuestro grifos y entender la relación entre esa agua y los bosques y cuencas que la producen. Por cierto: ¿Sabes de dónde viene el agua que tomas?

Finalmente, es necesario aprender a hacer valer nuestro derecho al agua potable y practicar los métodos ciudadanos de luchar por profundizar el ejercicio de ese derecho humano.

Todo ello es un aprender social, que se adquiere en procesos participativos. Pero no hablamos de una educación improvisada, y chapucera que parece ser ahora lo que muchos quieren entender por “participativa”. Por lo contrario, debe ser una acción basada en las mejores prácticas de la educación, en la reflexión crítica, en la constancia y el compromiso, así como en el trabajo organizado y sistemático.

Sólo así lograremos que cada uno de nosotros pueda entender y vivir que si no usamos el agua con responsabilidad y solidaridad, nos convertiremos en una nación pobre y sin futuro. Necesitamos aprender que el agua “es nuestra vida”.



Agradezco a Adriana Boccalon y a Carelia Hidalgo la oportunidad de conseguir la información y motivación para desarrollar estas ideas

6 mar 2013

Desde la educación ambiental: Paz para todos





"La muerte de cualquier hombre me disminuye porque estoy ligado a la humanidad..."
John Donne


Este día es necesario que todos los venezolanos nos unamos en el respeto y solidaridad por el dolor por el fallecimiento del Presidente de la República. En tal sentido, desde este blog enviamos un mensaje de condolencia y pésame a su familia, sus deudos y todos los que lamentan su pérdida.


Este es un momento para que los educadores ambientales, desde todas las tendencias y posiciones, nos constituyamos en constructores de paz y en factores de unión y respeto.


Venezuela, en este momento, más que nunca, necesita de todos sus ciudadanos y en tal sentido creemos que podemos usar este período de recogimiento y reflexión para enfatizar nuestra unidad en la diversidad como requisito necesario para ampliar y ahondar la labor diaria de usar a la educación como instrumento principal para defender nuestros derechos ambientales.

Sigamos trabajando por una mejor Venezuela

"Según la ley del universo, el odio, la venganza y las represalias sólo consiguen que el ciclo prosiga" Mojá Gosananda (Monje budista camboyano)


27 ene 2013

Elogio a la educación ambiental: Un homenaje en su NO día







A mi padre que nació un 26 de enero hace 83 años y que con su austeridad y disciplina marcó mis búsquedas actuales.



Tomé prestado la esencia del título de un imprescindible artículo de Pablo Meira para hablar del porqué la educación ambiental en nuestro país tiene una historia y unas características que la hacen una acción fundamental para poder avanzar hacia un mejor país (1).

Asimismo, me parece interesante y divertido contar esta historia en los días cercanos al 26 de enero, fecha en la cual una parte de las personas e instituciones venezolanas tienen la convicción de la existencia de una “efeméride” relacionada con la educación ambiental (2).

La educación ambiental venezolana: Una historia en cuatro tiempos

Contar la historia de la educación ambiental en Venezuela es recorrer el curso de un río que  va creciendo a medida que diferentes tributarios van sumando sus aguas y mezclando colores, olores, químicas y vida, haciéndose ancho y profundo, Pero también encontrando raudales, aguas bravas y cañones que estrechan su cauce.

Este río lo han navegado muchas personas. Ahora que las vemos en retrospectiva, podemos ser críticos, pero también debemos ser respetuosos y agradecidos. Cada etapa tuvo sus razones y sus sinrazones. Pero los que nos precedieron nos trajeron hasta esta playa y ahora podemos mirar hacia adelante con confianza de que la parte difícil del viaje ya pasó.

De la educación para la conservación a la educación ambiental


En los años 40 y 50 del siglo pasado se inició un proceso de transformación frenética en todos los ámbitos del país, desde lo económico hasta lo cultural. En esta situación los recursos naturales comenzaron a ser saqueados con la excusa de que de esta acción surgiría la Venezuela moderna que dejaría atrás el atraso y la pobreza que habían reinado hasta avanzado el siglo XX.

Los naturalistas e intelectuales de esa época vieron este proceso con tremenda preocupación, y  consideraron que la única manera de frenar esta catástrofe era educar a la población en la conservación de sus recursos naturales.

Estos pioneros y sus seguidores tomaron las herramientas de su momento: El modelo de gestión ambiental conservacionista y la educación para la ciencia. Pero también creyeron profundamente que había que salir a buscar el país, e ir al encuentro de los paisajes, los seres vivos y las tradiciones culturales que el afán de modernismo estaban dejando atrás.

El surgimiento de la institucionalidad ambiental


El período final de los años 70 resultó crucial para la educación ambiental venezolana. En 1976 se promulgó la primera Ley Orgánica del Ambiente y, como consecuencia de la misma, se crea al año siguiente el Ministerio del Ambiente.

En el otro lado del mundo en ese mismo año se realiza la llamada Conferencia de Tiblisi En dicha conferencia se definieron por primera vez la naturaleza, los objetivos y los principios pedagógicos de la Educación Ambiental.

Estos sucesos llevaron al inicio de la educación ambiental como acción y política pública. En poco tiempo se inicia la “ambientalización” de los currículos escolares en todos los niveles educativos y se comienzan un programa nacional de formación de docentes para la educación ambiental.

Asimismo, ONG y otras instituciones inician proyectos educativos que van a llevar la educación ambiental a una variedad de ámbitos sociales y a la aparición de metodologías y recursos novedosos para el país.

Esta nueva educación se concibe como una herramienta de gestión ambiental, y por lo tanto su función es “problematizar el ambiente” y buscar soluciones a las situaciones existentes.


La educación en búsqueda del desarrollo sostenible


Este nuevo período que inicia aproximadamente en los años 90, está caracterizado por la influencia del paradigma emergente del desarrollo sostenible. Este nuevo marco genera un cambio en los enfoques y metodologías de trabajo, que ahora buscan establecer una educación dirigida al desarrollo humano integral.

Como consecuencia de este impulso, se produce una expansión de programas educativos realizados por  organizaciones de la sociedad civil, instituciones de educación superior y organismos del Gobierno.

Este esfuerzo colectivo se traduce en un movimiento ambientalista que logra convertir a la educación ambiental en una aspiración social, y finalmente a lograr que la nueva Constitución de 1999 la reconociera como un derecho ciudadano.

Polarización, fragmentación, invisibilización


Los últimos trece años representan un período extremadamente complejo y difícil de analizar. Parte de la educación ambiental se hace banal e inefectiva. Pero en contraste, se dan experiencias de gran valor a partir del trabajo de educadores, gestores e investigadores comprometidos, creativos y sensibles  a los temas sociales (3)

Pero el factor que modela esta etapa, es la polarización política sectaria. El ámbito de la educación ambiental que había sido un espacio de encuentro, ahora se hace parte de la pugna política nacional. Esto generó una enorme fragmentación de esfuerzos, aislamiento entre sectores, desencuentros y desconocimientos.

En este contexto, la educación ambiental gubernamental inicia esta etapa de manera muy prometedora, siendo sus momentos cumbres la organización del II Congreso Iberoamericano de Educación Ambiental en Caracas en el año 2000 y la acción del gobierno venezolano para la creación del Programa Latinoamericano y del Caribe de Educación Ambiental (PLACEA)

Por otra parte, el gobierno busca acercarse a los enfoques de ecología social y educación popular. Por ello enfatiza el trabajo directo con actores sociales prioritarios: tales como campesinos, niños y niñas, y comunidades urbanas populares.

Pero luego de estos éxitos y promesas iniciales, la falta de continuidad administrativa, la desprofesionalización institucional, los escasos presupuestos y la ausencia de marcos de trabajo claros, han generado que estos enfoques hayan tenido un impacto y trascendencia muy escasa. Asimismo, estos mismos problemas han tenido como consecuencia la invisibilización de la educación ambiental dentro de las instituciones de gobierno.

A estas situaciones se suma el hecho de que las políticas gubernamentales han aislado e incomunicado las acciones del gobierno, con las de otros sectores sociales, tales como universidades y ONG que ahora son descritas, no como aliados, sino como enemigos políticos. Por ello se fragmentan y aíslan los distintos esfuerzos que se realizan en el país en materia de educación ambiental.

Por su parte, estos últimos sectores han venido realizando importantes esfuerzos para navegar en estas aguas llenas de escollos. De esta manera, en este período ha crecido de manera importante los programas de formación universitaria en materia de educación ambiental y se ha realizado un importante esfuerzo en materia de investigación educativa en los temas ambientales.

Igualmente, se han articulado actividades educativas con programas de gestión ambiental, se han elaborado una gran cantidad de materiales educativos, se  han establecidos redes de comunicación entre educadores y en los últimos años muchas instituciones se han sumado con entusiasmo al uso de las herramientas de la Web 2.0 para la educación ambiental.

A pesar de estos grandes esfuerzos, la capacidad de estas instituciones para incidir sobre  la cultura ambiental del país ha estado fuertemente limitada por las deficiencias presupuestarias, la falta de articulación, la ausencia de procesos de seguimiento y evaluación y el cada vez menor interés por parte de muchos educadores por formarse en teorías y herramientas de la educación ambiental.

El desafío de avanzar


Pareciese que hubiéramos llegado a un estancamiento en el flujo de esta historia, pero sabemos que todo río  buscará finalmente conseguir su curso para seguir avanzando hacia su destino final.

Para comenzar a destrabar nuestro trabajo, un buen comienzo es valorar lo que hemos logrado hasta ahora.
Aunque usted no lo crea, los educadores ambientales hemos alcanzado una serie de avances importantes, muy a pesar de los obstáculos y de las personas que dicen que ha sido un esfuerzo perdido. Algunos ejemplos de estos son los siguientes:

  • Que en la conciencia colectiva del país se haya fijado el hecho de que Venezuela es un país con una enorme diversidad biológica, y que éste es uno de los principales patrimonios del país (La imagen turística del país es su diversidad paisajista, los avatares del Parque Nacional Waraira Repano son seguidos con preocupación e interés por una cantidad de habitantes de Caracas, entre otros muchos ejemplos)
  • Que una parte importante de la población esté consciente de que existen graves problemas ambientales y que estos los afectan (Hable con cualquier persona luego del surgimiento de una nueva crisis ambiental y verá la preocupación aflorando, aún entre los menos informados)
  • Que muchas instituciones, organismos y empresas consideren los temas ambientales entre sus preocupaciones actuales (En este momento pocos son capaces de decir en público que no les importan los temas ambientales)
  • Que hayan aparecido los temas ambientales en la agenda política del país (Para bien o para mal todos los grupos políticos tienen propuestas ambientales)
  • Que se considere necesario tomar en cuenta la participación de las comunidades como una condición para avanzar hacia la solución de los problemas ambientales (Un verdadero logro que los educadores ambientalista y las ONG ambientales vienen persiguiendo desde los años 80 del pasado siglo)
  • Que se haya logrado el reconocimiento de la educación ambiental como derecho ciudadano (Como diría un viejo profesor mío, esto no es una concha de ajo)


Además de esos logros significativos, la educación ambiental venezolana ha sido pionera en el uso de enfoques y propuestas tales como: capacitación para el desarrollo local, formación de comunidades,  capacitación de grupos prioritarios en temas de gestión ambiental, uso de TIC en la educación ambiental y un largo etcétera.

Por otra parte tenemos que reconocer los retos que aún tenemos por delante. Creo que los más importantes son:

  • Comunicar a la sociedad venezolana el valor de una educación plural y diversa que respete y valore los contextos culturales, creencias y valores legítimos de todos los actores involucrados en la gestión ambiental
  • Trabajar en la creación de una visión de país compartida donde se garantice un ambiente seguro, sano y equilibrado para todos
  • Ampliar y profundizar el derecho a la educación ambiental para todos los venezolanos
  • Establecer mecanismos más efectivos para comunicar mensajes ambientales a todos los involucrados. Estos mensajes deben ser contextualizados, pertinentes y con objetivos claros.
  • Abrir espacios de discusión, intercambio y trabajo con los distintos actores sociales  del país para volver a poner la agenda ambiental entre las prioridades nacionales
  • Extender el desarrollo de programas educativos a temas como: cambio climático global, producción y consumo sostenible, gestión de servicios públicos, gestión de riesgo, etc.
  • Aumentar el nivel de profesionalización de los educadores ambientales.
  • Profundizar el uso de metodologías de evaluación y sistematización de procesos educativos. Dar a conocer los resultados obtenidos.


En función de todo lo anterior, estamos realmente dispuestos a remar todos juntos o por lo contrario ¿Seremos capaces de traicionar las exigencias y obligaciones que tenemos hacia nuestro país y hacia el mundo? ¿Seremos capaces de hacernos responsables de haber convertido la función educadora ambiental en un archipiélago de pequeñas acciones desarticuladas y sin orientaciones claras y por lo tanto ineficientes por obligación?

El río sigue su curso y la educación ambiental en nuestro país seguirá también el suyo fertilizando los suelos por donde pasa y abriéndose paso hacia su mar.



  1. Parte de las ideas presentadas en este artículo fueron sacadas de: Córdova, P., Álvarez Iragorry, A. y González, O. 2009. Comunicación pública de la ciencia en Venezuela: prácticas, actores, y orientaciones. Redes 30 (15): 125-148. 
  2. Sobre opiniones sobre la existencia del Día Internacional (o Mundial) de la Educación Ambiental ver: “¿Día de la educación ambiental? 2. Investigaciones, venezolanismos, rendiciones, conversaciones y propuestas” http://forotuqueque.blogspot.com/2012/01/dia-de-la-educacion-ambiental-2.html “¿Día de la educación ambiental? efemérides fantasmas o los gatos amarrados” http://forotuqueque.blogspot.com/2012/01/dia-de-la-educacion-ambiental.html “¿Día de la Educación Ambiental?” http://forotuqueque.blogspot.com/2009/01/da-de-la-educacin-ambiental.html 
  3. Recomiendo revisar las entrevistas a educadores ambientales venezolanos publicadas en el blog: http://forotuqueque.blogspot.com
  4. Quero, F. 1983. Hacia una educación ambiental en Venezuela., en La defensa del hábitat. Gondelles, R. y otros. Ediciones de la Presidencia de la República, Venezuela.








28 oct 2012

Educación Ambiental: Un árbol con más de tres raíces

Entrevista hecha por Alba Marina Gutiérrez Miembro de la Red de Periodismo ante el Cambio Climático (PCC)



Se caracteriza por ser universal, transversal y participativa. Dota de herramientas para la vida como la corresponsabilidad para solucionar problemas. Una persona puede ser un excelente profesional pero un habitante despreciable si no advierte su impacto negativo en el entorno familiar, laboral y comunitario. Triada Gobierno-ong-universidades es clave

“Ando buscando un carguito, aunque sea de educador”. Esta frase común entre venezolanos y venezolanas descalifica la Educación como profesión y lesiona al autoestima de quienes se han capacitado y ejercen con vocación este rol. “Eso duele porque sabemos que es un problema estructural que arrastramos de otros gobiernos, y que se agudizó” sostiene con vehemencia, Alejandro Álvarez Irragorry, biólogo, doctor en ecología, director técnico de la ong Ecojuegos.

Añade “No todos podemos ser educadores ni educadores ambientales. Sería como decir que la nutrición es igual para todas las personas. Ser educador implica conocer al ser humano en todas sus dimensiones. Para esto hay que formarse, contar con herramientas bien desarrolladas, reinventarse para entender los cambios. Un educador logra el milagro de formar a las personas para la vida. No es posible que una persona sin capacidades ejerza esta profesión, ni puede llevar a cabo esta tarea para alcanzar los estándares que demanda el país”.

La arenga de Álvarez traslada a la reportera hacia el maestro Simón Rodríguez, una de las fuentes ideológicas para el cambio social que inspiró al actual Gobierno para formar al nuevo republicano según el modelo Robinsoniano: integridad, creatividad, respeto, amor por el conocimiento y la técnica, entre otras virtudes ciudadanas; y le da antesala para preguntar:

¿Para qué sirve la Educación Ambiental?
Complementa la Educación formal, construye urbanidad, civismo. La educación sin apellido no forma ciudadanos, forma profesionales. Fíjate, una persona quizás no hizo estudios formales pero debe recibir educación ambiental porque esa información lo instruye como ciudadano y le capacita para la solución de problemas de su entorno. Este proceso formativo se convierte en una vía para sensibilizar sobre el ambiente y la corresponsabilidad que cada persona tiene con el espacio que habita; es una formación para la vida; no es para aprender conceptos, es educar para vivir mejor. Cada persona debe estar informada y necesita saber, por ejemplo, si los alimentos que compra están contaminados; cómo evitar que los químicos lleguen al agua o el aire; conocer qué son los riesgos socionaturales; qué hacer con los residuos y desechos sólidos. Cada uno de esos elementos, dota de información que hace que cada persona en su cotidianidad adquiera conciencia y responda de manera adecuada, corresponsable, para solucionar los problemas de tipo ambiental o de otra dimensión que surjan.

¿Cuál es el diagnóstico de Venezuela en materia de Educación Ambiental?
Entre los años 70-90 fue in crecendo y desarrollando. La triada gobierno-ong-academia dio un auge muy importante: surgieron más de 200 ambientalistas y se multiplicaron los programas gubernamentales en los diferentes despachos de gobierno. Esa dinámica impactó positivamente sobre la población, entendió que había problemas ambientales que debían solucionarse. Pero esa es solo la primera fase de la Educación Ambiental: informar. La segunda y tercera fase son: identificar las soluciones y emprender la participación para resolver.

Con la llegada del actual Gobierno se transforma este proceso. “Trata” de unirlo a propuestas de Educación Ambiental que se han desarrollado en otras partes del mundo con enfoques de izquierda, algunos muy buenos, por cierto, como la pedagogía de Paulo Freire, ecoformación, ecología social. Pero, cuando digo “trata” es porque el Gobierno anunció que iba hacia allá pero no fue hacia ninguna parte. A partir del año 2004, la Educación Ambiental comenzó a caer marcadamente; con la idea de que se debía hacer acción directa sobre las comunidades, se perdió la capacidad de hacer políticas públicas nacionales; se hizo acción directa sin brújula; la única política precisa fue no trabajar con las ong. Esta vía desarticuló la triada gobierno-ong-universidades. Esta separación de piezas descompuso y frenó un proceso de educación ambiental que no había llegado a una condición ideal pero que avanzaba. Hoy, se diluye entre dos elementos distintos: un discurso y una acción que no tiene contacto entre sí. El discurso es progresista, contacta con modelos interesantes, pero la acción es escasa y se desprofesionalizó. Es decir, tenemos cualquier persona haciendo educación ambiental; sin formación en materia educativa ni ambiental.

¿Qué sugiere?
Reunirnos: gobierno, comunidades, universidades, ong, empresas. Tener diálogos claros y ponernos de acuerdo para empujar la educación ambiental hacia una dirección y lograr resultados con plazos definidos. Llevar la Educación Ambiental a todos los niveles educativos y espacios como indica el artículo 107 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela.

Al cierre, Álvarez precisó “esto un asunto complejo como el Cubo de Rubik, “no hay manera que una sola de sus caras, en este caso, el gobierno, las ong o las universidades puedan por sí solas desarrollar todas las áreas; deben articularse”.

Tomado de http://www.quintodia.net/cambio-climatico/3624/educacion-ambiental-un-arbol-con-mas-de-tres-raices

13 sept 2012

¿Mamá? ¿Qué hay para comer? – Hijo, biodiversidad como siempre

Agricultor con lulo en la Colonia Tovar. Foto. A. Álvarez

Este artículo va dedicado a la memoria de Saúl Gutiérrez, que hace unas semanas atrás me pidió que le presentara unas ideas para divulgar y promover el uso sostenible de la biodiversidad venezolana en especial relacionado con la producción de alimentos.

Lamentablemente, no tuve la oportunidad de cumplir con su encargo, pero tengo la sensación persistente de que aún lo está esperando. Por eso reuní las ideas básicas sobre este tema, con la esperanza de, que esté donde esté, aún le resulten interesantes, y aún mejor, que a partir de su extraordinario empuje y generosidad podamos aportar propuestas y acciones útiles para el país.


Venezuela es un país megadiverso ¿y eso para qué sirve?

La diversidad biológica de Venezuela es una de las más altas del mundo. Esta frase ha sido repetida tantas veces, que ya parece que sólo quedó como dato curioso para promover el turismo nacional. Pero a la vez, infortunadamente, esta enorme riqueza parece no tener casi ninguna relevancia para una parte importante de los venezolanos.

Algunos pocos datos nos pueden servir para corroborar esta situación:

Para cualquiera de nosotros es notoria la poca representación de vegetales, carnes y otros productos de la diversidad biológica nativa en la dieta actual del venezolano, así como también es comprobable, la muy escasa y esporádica oferta de productos nativos en los mercados y supermercados.

Por otra parte, si pedimos  a cualquier persona que nombre alguna fruta de su preferencia, la mayoría mencionará la manzana, el durazno o la fresa y casi nadie recordará al semeruco, el jobo o al túpiro. Por otra parte, si preguntamos por fuentes de proteína la mayoría hablará de carne de res o pollo y muy raramente pensará en báquiro, iguana, guácara o morrocoy. Incluso, para un grupo de personas estas últimas menciones pueden parecerles inaceptables.

Igualmente, productos como la “miel de erica”, el culantro de monte y el merey pasado, por nombrar unos pocos ejemplos, son reminiscencias de un pasado perdido o productos con muy pocas posibilidades de conseguirlos en las grandes ciudades.

En contraste, en muchos países del mundo viene ocurriendo un movimiento dirigido a conocer, aprovechar y disfrutar de las posibilidades de la biodiversidad local desde el marco de la sustentabilidad.

Esta no es una idea utópica o romántica. El uso sustentable  de la biodiversidad local puede generar grandes beneficios económicos, ambientales, sociales y culturales a la población.

Esto se debe a varias razones: Por una parte, muchas de las especies locales tienen mejores rendimientos y valor nutricional que las especies tradicionalmente usadas para la producción de alimento. Igualmente, varias de ellas tienen un importante potencial económico, incluso como componente de una oferta de productos para exportación. Asimismo, las especies nativas permiten aumentar y asegurar la productividad local  al promover la diversificación e integración de varios rubros en producción en un mismo territorio.

Asimismo, las especies nativas están mejor adaptadas a las condiciones ambientales locales, por lo que pueden desarrollarse en áreas de baja productividad, toleran mejor las variaciones climáticas y su producción generalmente ocasiona un menor impacto ambiental.

De igual forma, las actividades de biocomercio con criterios de sostenibilidad pueden promover una mayor equidad y justicia en el reparto de los beneficios derivados de su explotación, favorecen la conservación del patrimonio biocultural de los pueblos originales, así mismo refuerzan y promueven nuestra identidad cultural.

Adicionalmente a todas esas ventajas, el uso sustentable de la biodiversidad local está interconectado con la seguridad alimentaria de la nación.

Este último concepto ha sido entendido como el acceso físico y económico de todas las personas a suficientes alimentos inocuos y nutritivos para satisfacer sus necesidades alimenticias y sus preferencias en cuanto a los alimentos a fin de llevar una vida activa y sana.

En tal sentido, el uso sustentable de la biodiversidad local puede favorecer que la población, incluyendo la de menores recursos económicos, tenga un mayor y mejor acceso a alimentos de buena calidad y bajo costo que no están condicionados por la influencia – frecuentemente perversa – de los grandes mercados mundiales de alimento.

Apostando a la biodiversidad

En función de esas realidades ¿Podremos lograr que en Venezuela se valore la biodiversidad como elemento promotor del desarrollo nacional? Y en particular  ¿conseguiremos consolidar nuestra seguridad alimentaria en base al uso sostenible de los recursos propios de nuestro territorio?

Lograr estos objetivos exigirá iniciar estudios que permitan:  identificar especies adecuadas, establecer programas de aprovechamiento, instaurar mecanismos que permitan financiar y facilitar la comercialización de las mismas, así como fijar normas de comercio justo que garanticen beneficios adecuados y equitativos a los productores.

En simultáneo, hay que establecer políticas claras, eficaces y continuadas que garanticen que la producción sea realmente sostenible y no una de las máscaras que han sido usadas para esconder la explotación indiscriminada, irresponsable y destructiva de la naturaleza.

Promoviendo la educación para la biodiversidad

Más allá de las acciones mencionadas, será prioritario establecer procesos educativos dirigidos a promover el desarrollo de una consciencia y una cultura ciudadana sobre la necesidad de conocer, aprovechar y cuidar nuestra biodiversidad.

Esta educación tiene que ir directamente a los distintos grupos de actores sociales – productores, industriales, comerciantes y consumidores – para ofrecerles información, motivación y herramientas que les permitan pensar y actuar de manera sostenible.

Estos programas deberán adicionalmente promover el conocimiento y gestión social de la biodiversidad local, revitalizar los saberes y prácticas locales sobre la biodiversidad, así como fortalecer la conservación de los patrimonios bio-culturales de las comunidades.

Igualmente, deberán promover la idea de que el modelo de consumo y alimentación que tenemos actualmente, basado en la importación masiva de productos exógenos, es totalmente insostenible y nos conducirá cada vez más al empobrecimiento económico, ambiental y cultural. Por el contrario, es necesario aprender cómo el uso sostenible de nuestra biodiversidad es un camino hacia la prosperidad y bienestar como nación.

Afortunadamente, ya algunos de estos procesos están en marcha. En particular la aparición de un movimiento creciente de cocineros venezolanos que buscan reivindicar los ingredientes y sabores nativos y crear el gusto y placer por consumir lo venezolano. Es notable que algunos de los mismos manifiesten claramente su compromiso con acciones enmarcadas en el desarrollo sustentable y la responsabilidad social.

Estos profesionales de la cocina no hablan por hablar. Para demostrar ello, transcribo una descripción de una demostración de cocina venezolana en un evento internacional realizada recientemente en Brasil:

“La cena se inició con un vuelve la vida presentado en frasco cerrado, con jugo de ají dulce y aire de galleta de soda, luego una ensalada de lau-lau con mayonesa de catara; para pasar a una pisca andina, con el huevo cocido mediante la nueva técnica de baja temperatura, y llegar al plato principal, báquiro con salsa de manaca y cremoso de yuca. Dos postres culminaron esta velada, en donde se sirvió un total de 810 platos: Bombón de piñonate con queso de cabra y confitura de merey paso; y un cremoso de chocolate, turrón y ron”.

Participando en la feria de la sustentabilidad

Quizás una comida como la antes descrita, no esté al alcance de nuestros bolsillos, pero la próxima vez que usted vaya a un mercado, busque y pida nísperos, parchas, chirimoyas, lulos, ciruelas de huesito, así como el mapuey, el cabello de ángel y las múltiples variedades de ají.

Foto. A. Álvarez
Cuando viaje, si va al sur del país, busque el copoasú, el túpiro, la manaca, el dulce de merey y deléitese con la catara de culo de bachaco. En los llanos busque el pavón, el curito, la cachama y las distintas variedades como se prepara el dulce de lechoza. En el oriente busque lairén, la cerecita (semerucos) y pruebe los mejillones carupaneros, la naiboa y los dulces de jobo y moriche. En Falcón pruebe el buche, el “vuelve a la vida” y el cocuy Pecayero. En Zulia no se olvide del dulce de icaco, los huevos de lisa, el cangrejo azul y pregunte por la sopa de armadillo. En Margarita busque donde  probar los “conos de erizo” o el “carite oreao”. Sí nos los consigue, también están el pastel de chucho y el hervido de chipichipi.

Condimente con culantro de monte y malagueta. Disfrute de una infusión de malojillo. Aprenda a conocer las plantas y animales comestibles de su tierra y rescate recetas antiguas de su familia.

Si tiene un espacio para sembrar, plante riñones (sí, riñones), zapotes, pendangas y jobos (los pájaros también se lo agradecerán).

Apoye el trabajo para establecer programas de producción y consumo responsable de la fauna silvestre. A través de ellos, quizás algún día consigamos carne de chigüire, baba, lapa y báquiro, y a los mercados lleguen pavas, patos silvestres, pavones, langostas y quiguas, todos criados de manera sostenible.

Finalmente, apoyemos entusiastamente los esfuerzos de los cocineros venezolanos que buscan imponer el sello “hecho en Venezuela” en la cocina internacional, así como a los que están innovando a partir de usar productos e ingredientes naturales del país. Será necesario igualmente acompañarlos en la tarea de manejar las complejidades de la producción y consumo sostenibles.

En fin, que la mesa está servida y sólo falta que usted se incorpore.



Para un glosario de especies y productos nombrados en este trabajo marque aquí

26 jun 2012

Discurso de Waek Hamidan representante de las ONG en Río +20




Aquí coloco una traducción libre del discurso de Waek Hamidan, representante de las ONG en Río +20 instando a los líderes allí reunidos a modificar el documento final aprobado.

Por mi parte, tengo la creencia cada vez más intensa que la solución a los problemas de sostenibilidad del mundo no pasan por reuniones "cumbres" de líderes sin voluntad de cambiar nada. El futuro está en manos de los que desean cambiar y está a nuestro alcance y en nuestro entorno.


Discurso de Waek Hamidan 
(abajo los textos originales en inglés)

"Hago esta declaración en nombre de las ONG en el Río +20.

Es una sensación increíble estar en esta sala con todos los líderes del mundo a mí alrededor y sentir todo ese poder que puede dar forma al mundo. Todos conocemos el peligro que tenemos ante nosotros y no es necesario enfatizar su urgencia.  La ciencia es muy clara: Si no cambiamos en los próximos cinco a diez años la forma en que nuestras sociedades funcionan, estaremos amenazando la supervivencia de las generaciones futuras y a todas las demás especies del planeta. A pesar de ello, ustedes, los que están sentados aquí en esta sala tienen el poder de cambiar todo esto. Ustedes tiene la posibilidad de lograr aquí algo que sería el sueño de cada uno de nosotros: tener la oportunidad de ser los salvadores del planeta.

Y sin embargo, están a punto de transformar a Río +20 en un intento fallido, con gobiernos tratando de proteger sus intereses estrechos en vez de inspirar al mundo y devolvernos la fe en la humanidad, como sería necesario. Si ello llega a pasar, sería un gran desperdicio de poder y de oportunidad de liderazgo.

No se puede tener un documento titulado "El futuro que queremos", sin ninguna mención a los límites del planeta,  a puntos de inflexión o a la capacidad de carga de la Tierra. El texto tal como está, ha perdido por completo contacto con la realidad. Hablando claramente, las ONG aquí presentes en Río, de ninguna manera apoyan este documento. Hasta este momento, en un solo día, más de 1.000 organizaciones e individuos han firmado la petición llamada "El futuro que no queremos" que rechaza totalmente el texto actual. Este no refleja en modo alguno nuestra aspiraciones, y por lo tanto exigimos que la frase "con la plena participación de la sociedad civil" sea eliminada del primer párrafo.

Si ustedes aprueban el texto en su forma actual, ustedes dejarán de  garantizar un futuro para las generaciones futuras, incluyendo el de sus propios hijos.

Sólo para mencionar algunos ejemplos de fallas en el documento:

En el tema de tema de obtención recursos para implementar el desarrollo sostenible, vemos países que utilizan la crisis económica como excusa, al mismo tiempo que gastan cientos de miles de millones de dólares subsidiando a la industria de combustibles fósiles, que es la industria más rentable del mundo. La primera acción que ustedes pueden hacer es eliminar los perniciosos subsidios existentes, especialmente los subsidios a los combustibles fósiles, tema que fue elegido como prioritario durante las sesiones de  diálogo con la sociedad civil.

En la sección relativa a los Océanos, ustedes erraron al no dar un mandato claro de, por lo menos, comenzar a negociar un acuerdo de implementación que detenga los abusos al estilo del Viejo Oeste que ocurren en alta mar.

Hay muchos otras fallas en el documento relacionadas con la salud reproductiva de las mujeres, la pérdida de la oportunidad para iniciar nuevos tratados mundiales sobre la participación de la sociedad civil en los informes sobre sostenibilidad, la extraordinaria ausencia cualquier referencia a los conflictos armados, o sobre a la energía nuclear (especialmente a la luz de la catástrofe de Fukushima) y muchos otros.

Pero aún no es demasiado tarde. No creemos que todo esté concluido. Ustedes van a estar aquí por tres días más y aún pueden lograr inspirarnos tanto a nosotros como al mundo. Sería una vergüenza y un derroche haber venido hasta aquí sólo para firmar un documento. Los instamos a crear una nueva voluntad política que nos haga ponernos de pie y aplaudirlos, como nuestros auténticos líderes.

Gracias. "


Video del discurso
Texto en inglés

17 jun 2012

Ambiente y política en la Venezuela actual: Negación, ira y más allá




En los últimos años, en Venezuela se ha producido un proceso de politización progresiva de los temas ambientales en el país.

Cuando hablamos de politizar, queremos decir  que se asume el enfoque ambiental como guía para realizar acciones colectivas dirigidas a mejorar el bienestar humano y la responsabilidad sobre la vida en nuestro planeta.

Este cambio es muy positivo para la sociedad venezolana, ya que los derechos y situaciones ambientales comienzan a ser percibidos como valores importantes para todos sus miembros.Pero, desafortunadamente este proceso tiene su cara oscura.

Los venezolanos nos encontramos en medio de un escenario político demencial, cuyos objetivos no son la gestión política de una nación en democracia, sino la lucha entre concepciones políticas antagónicas que se niegan mutuamente.

En esta situación, toda estrategia para vencer al enemigo es considerada válida. Por ello la política ambiental se convirtió en otra arma para la guerra.

En el medio de esta situación, o quizás como consecuencia de ella, en el último año, los temas ambientales  aparecieron cada vez más frecuentemente en la agenda política y comunicacional del país.

Si hacemos una apretada lista de las situaciones ambientales más destacadas en el último año, es necesario incluir: El derrame petrolero de Guarapiche, la intensificación de la crisis de la Cuenca del Lago de Valencia, el deterioro de la calidad de agua potable en varias ciudades, las graves intervenciones en diversos Parques Nacionales, las obras públicas que deterioran la calidad del ambiente urbano, las fallas en los procesos de recolección de desechos sólidos y las permanentes situaciones de desastres naturales que afectan la vida de muchas poblaciones.

Las respuestas políticas a estos acontecimientos han sido cónsonas con el estado de guerra que vivimos, y, hasta cierto punto, reproducen las fases sicológicas del duelo: Negación, ira, negociación, depresión y aceptación. 
 
Por supuesto, no es posible trasladar de manera directa y exacta este modelo a un proceso político complejo, ni son visibles todas las etapas. A pesar de ello, estas nos pueden ayudar a entender lo que está pasando en las difíciles relaciones entre política y ambiente en el país.

Negación

En esta fase el paciente se niega a aceptar la realidad de su situación.

Esta es la respuesta gubernamental por definición.  Por ello, oficialmente no se produjo impacto ambiental en Guarapiche, el agua de los acueductos en los estados Carabobo y Aragua es totalmente sana, el cambio climático es culpa de otros, etc. Estas afirmaciones se repiten, aún en los casos en que es imposible negar situaciones evidentes.

Pero la negación tiene aristas aún más perversas: La negación de la información, la negación a aplicar la legislación vigente y la negación a ver (o ceguera políticamente inducida)
.
La negación de la información ocurre cuando, las autoridades a distintos niveles de la administración pública, se niegan de manera sistemática a suministrar información sobre cualquier situación ambiental: sean indicadores de calidad de agua, tasas de deforestación,  volúmenes de desechos recogidos o presupuestos asignados.  Esto ocurre aún en los casos que por mandato constitucional o por Ley están obligados a suministrar información a solicitud de comunidades o grupos de interesados.

Este año llegamos a la negación política extrema, cuando por decisión de un tribunal se prohibió que los medios de comunicación social divulguen información sobre la calidad del agua en el país. No se puede informar de lo que oficialmente no existe.

Igualmente, la negación a la aplicación de las leyes queda demostrada por el hecho de que en ninguno de los casos recientes se adelantaron procedimientos judiciales.  Esto, a pesar de que la Ley Penal del Ambiente vigente obliga a las autoridades a ejercer acciones y castigar a los culpables ¿Cómo investigar lo que no ocurrió?

Finalmente, la negación a ver, una especie de ceguera unilateral, se expresa en documentos y declaratorias políticas. En los mismos se hacen críticas, a veces muy justificadas, contra la acción de las corporaciones globales y el  neo-liberalismo económico como causantes del daño ambiental. Pero a la vez, estos mismos documentos encubren el grave estado de deterioro existente en el país, causado en gran medida por instituciones del gobierno nacional.

Por su parte, en el campo de la oposición política del país, la negación ocurre por exclusión o dilución de los temas ambientales en su discurso, y, cuando estos temas aparecen, lo hacen como ideas más o menos difusas, mal pegadas a una oferta imprecisa de progreso.  Desde esta perspectiva,  el ambiente desaparece como elemento fundamental del bienestar humano.

Hemos llegado a un extremo de negación que vemos a toda una sociedad que cree posible seguir su vida “normal” a pesar de las claras señales de que nuestro entorno de deteriora de manera peligrosa y a veces irreversible.

Ira

La ira es la respuesta de rabia y frustración ante una situación dramática que ya no puede negarse. La persona con ira se vuelve agresiva y necesita conseguir culpables de su situación.

Esta es la reacción de muchos dirigentes gubernamentales a toda crítica o información sobre una situación ambiental, y por ello los denunciantes son descalificados, excluidos o criminalizados.

Esta situación genera una respuesta refleja desde los grupos afectados, principalmente ONG, medios de comunicación y universidades. En estas instituciones es frecuente oír a sus integrantes expresar indignación por los efectos de la hostilidad gubernamental, por lo que como una forma de represalia niegan valor o legitimidad a las propuestas y acciones gubernamentales.

Otra manifestación de la ira ocurre cuando algunos políticos de oposición utilizan cada situación o evento ambiental como oportunidad para enfatizar su mensaje sobre la incompetencia del gobierno.

Las consecuencias de la ira es el cierre de toda oportunidad de diálogo y trabajo en común, alejando las posibilidades de conseguir soluciones eficaces, viables y de largo plazo.

Negociación, depresión y aceptación

Las tres etapas siguientes son actualmente menos obvias y se manifiestan de formas menos intensas.

La negociación es el intento de la persona de posponer o retrasar lo inevitable. En este caso la negociación ocurre cuando las autoridades posponen las soluciones efectivas o definitivas a problemas ambientales graves “negociando” con los afectados la promesa de conseguir un remedio a su situación en algún futuro.

Asimismo se negocia sustituyendo las soluciones efectivas y permanentes por falsas soluciones. Por ejemplo, sí la comunidad no tiene suministro continuo de agua, se reparten  toneles y se suministra agua en camiones; sí la comunidad se inunda se promete establecer una mesa de trabajo entre la comunidad y algunas autoridades.

Este permanente “correr la arruga” termina empeorando  la situación de las comunidades afectadas. 

La depresión nace de la convicción de que no hay salida o solución a la situación existente. Es la condición que expresan con mucha frecuencia profesionales que laboran en muchos organismos de gestión ambiental, miembros de ONG e investigadores en universidades, pero también aparece en comunidades que sufren situaciones graves por períodos largos de tiempo.

La persona o comunidad deprimida tiene la sensación de “que esto se jodió”, por lo que no vale la pena intentar buscar soluciones e incluso paraliza todo deseo de buscarlas.

Finalmente,  la aceptación nace de reconocer lo inevitable y de asumir sus consecuencias. Esta etapa, aunque compleja y, a veces muy dolorosa, permite avanzar y eventualmente superar las situaciones penosas.

Entre más rápido podamos como sociedad llegar a esta etapa, más posibilidades tendremos de reconocer y avanzar hacia la solución de nuestros problemas. 

La aceptación de nuestra realidad ambiental será la oportunidad de tomar conciencia de que no podemos seguir viviendo como si el deterioro ambiental no existiera, como si no nos afectara, como si no nos importara, y a seguir dejando nuestro presente y futuro en manos de los que no les importa.

En cambio será la oportunidad  de comenzar a participar, cada uno de nosotros, en la construcción de una gestión ambiental eficaz, responsable, justa y solidaria dirigida a lograr una buena vida para todos los venezolanos.


Todas las imágenes añadidas a este texto son del artista inglés Banksy

8 mar 2012

Abriendo la participación: "La culpa no es (solo) de la estaca"





Este es una muy bienvenida respuesta de Alejandro Luy al artículo “La construcción de la cultura ambiental en Venezuela:  Parte 1.  Susanita, Carlos Genatios y la construcción de una sociedad ambientalmente sustentable” colocada en una entrada anterior y que para mi permite abrir el diálogo, la discusión de propuestas, ideas y puntos de vistas, la apertura a la diversidad y a lo opuesto-complementario. 


Mis comentarios al mismo los coloco más abajo.




Complemento y respuesta al artículo “La construcción de la cultura ambiental en Venezuela:  Parte 1.  Susanita, Carlos Genatios y la construcción de una sociedad ambientalmente sustentable” de Alejandro Álvarez.


Alejandro Luy
Gerente general de Fundación Tierra Viva

I
El 31 de octubre de 2011 y a partir de una invitación de Feliciano Reyna presidente de Sinergia, institución co-organizadora del Encuentro de Organizaciones Sociales, participe en la reunión preparatoria de dicho evento.  Lo hacía con dos cachuchas: Fundación Tierra Viva y la Red Ara, donde soy miembro del Comité Coordinador. Era el único representante de una ONG "ambiental".

Ese día, a partir del primer borrador de trabajo, se logró algo básico, importante; quizás insuficiente.  La mesa de Vivienda e Infraestructura, pasó a llamarse Hábitat e Infraestructura, a fin de que el “ambiente” pudiera hacerse presente de alguna manera en el encuentro.

A partir de allí, prácticamente al día siguiente y por varias vías, informé a decenas de ONG “ambientales” sobre el evento y las posibilidades de participar que, para ser franco, no estuvieron del todo claras incluso hasta el último momento.  La respuesta a mi llamado inicial y luego continuado por el comité organizador por parte de las ONG ambientales (al menos en Caracas) fue pobre, muy pobre.

En un evento donde hubo centenares de “organizaciones sociales”, educativas de salud, derechos humanos, de género, etc., las que tienen algún trabajo con el ambiente que identifiqué eran: Una Montaña de Gente, Fundación Vivienda Popular, Acción Campesina, Cesap, Por la Caracas Posible, Fundación Tierra Viva y Red Ara, estas dos últimas bajo mi representación.

II
En su artículo “La construcción de la cultura ambiental en Venezuela:  Parte 1.  Susanita, Carlos Genatios y la construcción de una sociedad ambientalmente sustentable”, Alejandro Álvarez expresa un legítimo malestar por la poca importancia que la sociedad, y específicamente el Encuentro de Organizaciones Sociales le da al ambiente. 

Señala: “El punto es, que sí para este personaje (Carlos Genatios), así como al resto de los prestigiosos organizadores de este evento, no les resultó del todo obvio que el tema ambiental es prioritario y estratégico para el desarrollo del país, y, que las organizaciones ambientalistas de la sociedad civil son una parte significativa del entramado social del país, entonces  ¿qué podemos exigirle al resto de los habitantes e instituciones?”.

III
Creo que uno de los retos que tenemos las ONGs ambientales es el de ganarnos el espacio necesario para hacer entender a distintos públicos (academia, políticos, ciudadanos comunes, “organizaciones sociales”) la importancia del ambiente en el desarrollo del país.  Es evidente que en este país, eso debemos hacerlo “pulseando” todos los días en todos los espacios que nos ofrezcan o donde podamos colarnos.

Pareciera que el hecho de que hagamos un trabajo bueno y significativo (de lo cual no tengo dudas), es condición suficiente para que la gente entienda sobre la importancia del ambiente y la relevancia del trabajo de las ONG ambientales.  Luego todos correrán desbocados a buscarnos.  La mala noticia es que, lamentablemente, en este país eso no es así.

IV
Yo estuve el día de la inauguración del Encuentro de Organizaciones Sociales, y luego en la Mesa de Hábitat e Infraestructura, no como expositor sino como comentarista y en 5 minutos deje tres ideas, ante un auditorio repleto de un público que pocas veces nos escucha:

  1. El desarrollo en Venezuela debe ser sustentable; y por tanto el ambiente es una pata de ese desarrollo y no un tema transversal o complementario.
  2. Se requiere fortalecer la institucionalidad ambiental en Venezuela; un Ministerio del Ambiente con el 1% del presupuesto nacional y un Instituto Nacional de Parques con el 0,04% no pueden garantizar la conservación efectiva de áreas protegidas que garantizan electricidad para el 70% de los venezolanos y agua para 20 millones de habitantes.
  3.  La biodiversidad  es un elemento para el desarrollo sustentable; no es como muchos creen y predican un obstáculo para una mejor calidad de vida.

V
Estoy agradecido de que Feliciano Reyna me haya invitado a la reunión preparatoria, con Carlos Genatios por darme espacio para los comentarios y en general a quienes concibieron el Encuentro de Organizaciones Sociales.

Sin embargo, como evaluación de ésta iniciativa, los organizadores del Encuentro de Organizaciones Sociales deben en un próximo evento estructurar una mesa específica de ambiente, y algunos de los motivos de la petición y las necesidades quedan expresados en el artículo de Alejandro Álvarez y en estas líneas.

Pero por otra parte, yo creo que las organizaciones ambientales debemos reflexionar acerca de la estrategia para captar la atención de nuestro trabajo en un público distinto al cual están acostumbrados, con el fin de lograr introducir el ambiente en la agenda de distintos sectores y en los propio ciudadanos.  No se es exitoso sólo hablándole a los conversos.

Así, no basta con culpar a aquellos para los que el ambiente no tiene la misma importancia que nosotros le asignamos (y que se merece) sino asumir nuestras fallas en el proceso de “evangelización” sobre el ambiente.

Parafraseando el dicho popular, la culpa no sólo es de la estaca si el sapo salta y se ensarta.




Mis comentarios a este artículo de mi tocayo Alejandro. 

En primer lugar, quiero decir que, estoy totalmente de acuerdo con el punto de vista de Alejandro, y que como el claramente lo expresa, es complementario a lo dicho en el primer artículo de la serie sobre la construcción de la cultura ambiental en Venezuela. De hecho, uno de los artículos de esa serie estará dedicado a las ONG ambientalistas de Venezuela sus fortalezas y debilidades, incluyendo algunas de sus debilidades estructurales, las cuales llamo patologías.

Lo que si me gustaría subrayar del primer artículo de la serie es, que si se lee con cuidado, no tiene ninguna intención de culpar de manera particular a nadie por la situación cierta de que el tema ambiental no fue incluido si no de manera un poco tardía en el Encuentro de Organizaciones Sociales, y que el episodio televisivo fue tal como se narró. 

Para mi personalmente, es totalmente inútil el ejercicio de repartir culpas. Me gusta mirar hacia adelante y en este país todos los actores debemos revisar nuestra acción y empezar a desarrollar una nueva manera de hacer las cosas. Comparto la frase atribuida a Albert Einstein que dice que: "No pretendamos que las cosas cambien, si siempre hacemos lo mismo" y más aún la idea de que: "Hablar de crisis es promoverla, y callar en la crisis es exaltar el conformismo. En vez de esto, trabajemos nuestro talento y nuestras habilidades para encontrar soluciones, acabemos de una sola vez con la única crisis amenazadora, que es la tragedia de no querer luchar por superarla" Ese es la idea que está detrás de esta serie de artículos (y de este Blog)

Un último comentario, es que asumí el riesgo de nombrar a un personaje público conocido como Carlos Genatios como recurso comunicacional para llamar la atención de una situación: el hecho cierto que el discurso y la acción ambiental no ha sido asumida por la sociedad venezolana y que necesitamos conseguir entre todos soluciones urgentes a esta situación.

Muchas gracias a Alejandro Luy y bienvenidas cualquier otra contribución a esta discusión.

Alejandro