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10 abr 2018

Taller de Técnicas básicas para la comunicación de derechos ambientales




LLAMADO A INSCRIPCIONES


Sin unas condiciones ambientales adecuadas la vida y la dignidad de las personas no resultan posibles. Por tales razones,  desde hace varios años se ha venido avanzando en la toma de conciencia de que temas ambientales tales como: el acceso al agua y al saneamiento, un ambiente sano libre de contaminantes,  la existencia de condiciones naturales seguras y armónicas, entre otras circunstancias, deben ser considerados derechos humanos.

Para lograr la plena vigencia y disfrute de esos derechos, resulta necesario lograr la concientización de la población sobre los mismos y su importancia para su vida y su desarrollo humano.

En este sentido, las distintas organizaciones que trabajan con temas de derechos humanos ambientales, así como las que desarrollan programas relacionados con la conservación ambiental y el desarrollo sostenible, les corresponde realizar programas efectivos de comunicación que den a conocer los derechos ambientales.

 Igualmente, deben promover su valoración, denunciar las situaciones de violaciones de estos derechos, exigir a los gobiernos y empresas el cumplimiento de sus obligaciones con respecto a los mismos y difundir las historias de las luchas de las comunidades y las personas por alcanzar el disfrute de esos derechos.

Para lograr este propósito es necesario que las organizaciones manejen criterios y técnicas de comunicación que les permitan realizar estas actividades, no sólo de manera eficiente, sino ética, responsable y segura.

Por tales razones la Coalición Clima21 en conjunto con la Fundación Tierra Viva y el apoyo de Civilis DDHH, han organizado este taller cuyo objetivo es aportar a las organizaciones relacionadas con temas ambientales las orientaciones y herramientas básicas para comunicar los derechos ambientales en Venezuela de manera eficiente y responsable.

Las características del taller son las siguientes:
Fecha: 18 de abril.
Lugar: Caracas (el lugar exacto del taller se informará posteriormente)
Duración: 8 horas, de 8:30 am a 4:30 pm.
Facilitadores: Lic. Jeanfreddy Gutiérez, Corresponsal de Mongabay e instructor de AC Medianalisis / Alejandro Álvarez, Coalición Clima21 / Alejandro Luy, Fundación Tierra Viva.
Coordinación: Alejandro Álvarez

Para solicitar inscribirse por favor llene la siguiente planilla electrónica marcando aquí.

Por razones presupuestarias tenemos los cupos muy  limitados. Para la asignación de los cupos tendrán prioridad los miembros de las organizaciones de la sociedad civil e estricto orden de inscripción. Posteriormente se les enviará un correo a las personas que hayan sido aceptadas de acuerdo a los criterios anteriores.

Este proceso de inscripción cerrará el próximo domingo 15 de abril.

En el caso de que se inscriba le pedimos que se comprometa con su participación en el taller. Si por cualquier razón usted no puede asistir, le rogamos le deje su cupo a otra persona.

Cualquier otra pregunta, comentario o sugerencia, le rogamos nos los envíe a través del correo: ​coalicion.clima21@gmail.com

Le agradecemos divulgar esta invitación a las personas que puedan estar interesadas.

7 jun 2016

Un sueño para una joven llamada Caracas


"Mujer vegetal" Mario Abreu 1954




El siguiente texto fue el Discurso de Orden que presenté el pasado 6 de junio de 2016 en el Concejo Municipal del Municipio Bolivariano Libertador en ocasión de la celebración del Día Mundial del Medio Ambiente y la entrega de los Premios y Reconocimientos Waraira Repano – Cerro El Ávila 2016.

 
Miembros del Concejo Municipal del Municipio Bolivariano Libertador
Representantes de la Alcaldía del Municipio Bolivariano Libertador
Representantes del Ministerio Poder Popular para el Ecosocialismo y Aguas, y demás Ministerios del Ejecutivo Nacional
Organizaciones y personas homenajeadas con el Premio y la Orden al Mérito Waraira Repano – Cerro El Ávila 2016
Miembros de organizaciones comunitarias, organizaciones no gubernamentales, y demás organizaciones de la sociedad civil
Representantes de los medios de comunicación
Señoras y señores.


Me siento particularmente honrado de que un día como hoy con tanta significación para mí, tenga la oportunidad de dirigirme a ustedes, en ocasión de la conmemoración del Día Mundial del Medio  Ambiente y la entrega de los Premios y Reconocimientos Waraira Repano – Cerro El Ávila 2016.

Es por ello, que quiero iniciar agradeciendo profundamente esta invitación que me hiciera el Concejo Municipal Bolivariano Libertador, a través de la Comisión Permanente de Ambiente y Turismo, y en función de la misma, aprovechar la oportunidad que me dan para hacer algunas reflexiones desde el ambientalismo sobre nuestra ciudad y el futuro que soñamos para ella. Y hago énfasis que las mismas surgirán desde el ambientalismo y el sueño. He sido calificado tanto de "ambientalista radical" como de “idealista perdido" y uno no puede andar decepcionando a sus críticos, tal como dice el maestro Gustavo Wilches Chaux.

Esta ocasión que aquí nos reúne, busca articular varios temas: La celebración del Día Mundial del Medio Ambiente, a la ciudad de Caracas en conjunto con su montaña guardiana, así como el reconocimiento a un importante grupo de personas que trabajan por ese sueño que es el vivir en una ciudad que pueda evolucionar hasta lograr que su rasgo fundamental sea el respeto y cuidado por la vida, y todas las formas y manifestaciones de vida.

En la actualidad en Venezuela, es de enorme importancia reafirmar nuestro derecho a soñar con un futuro mejor. Frecuentemente, a los ambientalistas nos dicen que debemos ser más realistas y poner los pies sobre la tierra. Nos dicen igualmente, que con tantos problemas que existen en este momento ¿Quién se va estar preocupado por temas como el ambiente? Cuando oigo esos argumentos, recuerdo que hace un poco más de doscientos seis años, a unas pocas cuadras de aquí, en la esquina de Las Ibarras, uno de nuestros héroes civiles olvidados, Juan Germán Roscio, creó la Sociedad Patriótica, núcleo de las ideas independentistas y de libertad en Venezuela. Conceptos que en ese momento eran mucho más difíciles de concebir y practicar que de las que hablamos en este momento.

En este contexto, comencemos hablando del escenario donde es posible alcanzar nuestro sueño ambiental: la ciudad de Caracas.

No resulta fácil resumir casi cuatrocientos cincuenta años de historia de nuestra ciudad. Pero quizás, ella no sea tan vieja como pareciera debido a su edad cronológica. 

Si usamos la idea del escritor argentino Hernán Casciari de calcular el tiempo “humano” de un país dividiendo su edad entre 14, Caracas, pudiera imaginarse como una joven adulta de treinta y dos años: alegre, trabajadora y un poco mandona; madre adoptiva de seis chicos nacidos en el campo y bautizados como Petare, Baruta, Chacao, El Hatillo, Antímano y Macarao, los que ahora envuelve protectoramente en su regazo, aunque algunos de ellos a veces sean respondones y se den aires de superioridad aún inmerecida.

Pero en cualquier caso, vale la pena recorrer un poco la historia de nuestra joven Caracas.

Comencemos diciendo que la “ciudad de los techos rojos” fue construida en el espacio protegido entre la muralla formada por la montaña que los españoles llamaron “El Ávila” y los barrancos moldeados por los profundos cauces de los ríos Caroata y Catuche. Su territorio había sido reconocido desde antes de la llegada de los europeos como un sitio inmejorable: abundante agua, buenos suelos agrícolas, clima excelente y una localización geográfica privilegiada. A pesar de estas bendiciones, al principio, su crecimiento fue muy lento y por muchos años solo fue una diminuta isla en un mar de plantaciones de caña, café y algunos frutales.

Esta situación cambió, ya avanzado el siglo XX, cuando la ciudad comenzó a crecer y transformarse de manera vertiginosa, como un deslave que va devorando todo a su paso.

Cuando mi familia, como tantas familias venezolanas, se vino a Caracas en los años 60 del siglo pasado, ya la mayor parte de la transformación se había dado. La ciudad había abandonado su ropaje colonial y republicano por un vestido moderno y audaz diseñado por los mejores arquitectos del momento. También había crecido y engordado. Ya la ciudad ocupaba prácticamente todo el valle y empezaba a amenazar con derramarse hacia los espacios fuera de su territorio original. Así fue internándose en los altos mirandinos, las zonas altas de los municipios Baruta y El Hatillo, el corredor vial de la Autopista Regional del Centro y la vía hacia la ciudad de Guarenas. Ya para ese entonces, los pequeños pueblos agrícolas del valle habían prácticamente desaparecido.

La transformación fue inclemente. Se aplanaron cerros, se destruyeron bosques, las quebradas fueron convertidas en cloacas a cielo abierto y se escondieron de la vista del público; los espacios verdes remanentes se domesticaron en unos pocos metros de aceras y jardines, que en gran parte de la ciudad también fueron arrasados, sin que a la mayoría les hubiese preocupado su pérdida.

La bonanza petrolera reclamaba una capital grande, moderna y cosmopolita, sin importar el costo ambiental y humano de ese propósito.

Solo la conciencia y sabiduría de algunos venezolanos permitió proteger unos pocos espacios donde aún sobreviviera la espontaneidad vital de la naturaleza: El Parque Nacional El Ávila, actualmente renombrado como Waraira Repano; el Parque del Este (Francisco de Miranda); los parques Vicente Emilio Sojo, el Universal de la Paz y el Zoológico en Caricuao; el Parque del Oeste (Alí Primera); el Jardín Botánico de Caracas; la Zona Protectora de Caracas; así como un pequeño número de otros parques y espacios verdes diseminados por la ciudad. Todos ellos se hicieron rápidamente insuficientes, para las necesidades de la población y su derecho a disfrutar de la naturaleza, y sólo sirvieron para hacer un ínfimo contraste verde contra extensas zonas sin parques, sin árboles, casi sin vida: sólo dominio para el cemento y el asfalto.

La ciudad en crecimiento necesitó de servicios y suministros cada vez mayores, y al destruir sus propios recursos necesitó importar agua, energía y alimentos así como librarse de sus desechos. Ello generó el despojo y destrucción de una gran ecoregión, la cual incluye el norte del estado Guárico, los altos mirandinos, los valles del Tuy y gran parte de la región de Barlovento, entre otros espacios territoriales.

La ciudad rica se daba el lujo de crecer a expensas de la degradación y explotación de sus vecinos.

En paralelo con el desarrollo urbanístico autorizado, surgió la ciudad informal. Así los cerros menos apetecidos por los empresarios de la tierra, fueron colonizados por millares de personas que elaboraron un heterogéneo mosaico de viviendas construidas, a veces con materiales firmes, pero más frecuentemente con componentes precarios y en terrenos vulnerables. Así se construyeron asentamientos urbanos enormes, muchos sin agua, sin cloacas, sin recolección de desechos sólidos, sin parques y en permanente estado de riesgo de catástrofe. Constituyendo hasta hoy en día, una de las mayores situaciones de injusticia ambiental que existe en nuestra ciudad.

A lo largo de esta historia se hicieron algunos intentos de ordenar y “racionalizar” el crecimiento urbano a través de leyes y ordenanzas, y se realizaron algunos avances importantes en materia de suministro de agua, transporte y otros programas de desarrollo de infraestructura y servicios.

Estos propósitos, llenos de buenas intenciones, y en algunas ocasiones con éxito momentáneo, tuvieron a la larga poca eficacia o fueron insuficientes, producto de la falta de continuidad administrativa, la poca voluntad política y en particular por el poder del dinero sobre otras consideraciones. 

El último golpe a cualquier propósito de ordenamiento urbano, se lo asestó el nuevo avance de la ciudad, ahora hacia adentro, nacido de la idea de que “en Caracas cabe otra Caracas”. Planteamiento que, desde mi punto de vista personal, es irresponsable y perjudicial, al no ir acompañado de un plan urbano integral, coherente y consensuado que diera respuestas, no solo al derecho de los ciudadanos a un techo, sino que buscara la mejora real y sostenible de la calidad de vida de todos los habitantes de la ciudad,  incluyendo, por supuesto, de aquellos que están siendo beneficiados por las nuevas viviendas.

Así llegamos a la segunda década del siglo XXI, y tenemos una ciudad desordenada, con graves problemas de suministro de agua – incluso en años donde no hay “niños” a la vista – con sistemas de gestión de desechos ineficiente, con una de las tasas de área verde por persona más baja entre las ciudades de la región,  enormemente vulnerable a los efectos de los eventos climáticos extremos y sin casi ninguna previsión, ni preparación para enfrentar los efectos del cambio climático.

Pero quizás, el peor de los problemas de la ciudad sea su escasa gobernabilidad generada por la desarticulación institucional, la feudalización de territorios, la hostilidad política y la negación de todo intento de concebir y avanzar hacia una ciudad propicia para todos.

Adicionalmente, en esta época de múltiples crisis simultáneas, de policrisis la llamó el sociólogo y filósofo Edgar Morin, solemos creer que el problema central de la ciudad es sólo de tipo político. Pero esta es únicamente una fiebre pasajera, tal como muchas otras han ocurrido en toda su historia, algunas mucho peores que la actual. Los verdaderos problemas están en un nivel más profundo, son temas sociales, culturales y ambientales. Lo peor, en relación con el tema ambiental, lo pudiéramos describir parafraseando el célebre microcuento de Augusto Monterroso: “cuando despertemos, el dinosaurio ambiental todavía estará allí”… y quizás, agrego yo, hasta haya crecido.

Al final de esta historia, esta mujer que hemos llamado Caracas, ha llegado a la edad adulta con importantes problemas de salud ambiental, con dificultades para encaminarse hacia un proyecto de vida sostenible, vulnerable y amenazada por múltiples peligros. Nada fuera de lo común en la Venezuela actual.

Pero a pesar de todo ello, la ciudad aún está viva, llena de color y belleza. No solo por la magia de su cordillera que le hace una espléndida cortina verde a la ciudad, sino por los cientos de especies de aves que aún recorren los caminos de su cielo, así como por el verde de algunas urbanizaciones y pequeños rincones naturales que aún perviven a lo largo de la urbe. Pero más que todo, por el trabajo de miles de personas que en alcaldías, organizaciones ambientales, organizaciones vecinales y comunales luchan cada día por defender nuestro derecho a vivir y convivir en un ambiente sano, seguro y ecológicamente equilibrado como nos cuenta la Constitución.

Esas personas son los verdaderos héroes de la ciudad y como tales estamos obligados a premiarlos, reconocerlos, retribuir sus esfuerzos, pero en particular apoyar decididamente su trabajo. Hoy me honro en estar entre una excelente muestra de esos seres humanos imprescindibles para el futuro de la ciudad.

Ellos son el segundo de los componentes de este sueño del que hemos estado hablando y la clave para hacerlo realidad.

Me llama la atención que la mayoría de los homenajeados, y quizás esta sea la magia de este premio, militan en la causa de la educación y la comunicación ambiental.

Esto es un tema enormemente importante. Nelson Mandela nos dejó la idea de que “La educación es el arma más poderosa que puedes usar para cambiar el mundo”. Y así es: Los educadores ambientales queremos cambiar al mundo. Ya que pretendemos usar las herramientas educativas para avanzar hacia un mundo más responsable, consciente, solidario y justo. Pero ello no implica imponer ideas a la gente, por buenas que parezcan. El gran educador Paulo Freire decía que “Enseñar exige respeto a la autonomía del ser del educando”, por ello, la educación debe dirigirse no a la mera inculcación de conceptos y doctrinas, cuales quiera que sean, sino enseñar a cada persona, a pensar, a ser consciente y crítico; a entender su relación profunda con su ambiente y a ser capaz de participar activamente en la solución de los problemas que les toca enfrentar.

Dentro de estos propósitos, los educadores ambientales nos encontramos frente a un reto formidable: educar a toda la sociedad sobre la amenaza del cambio climático y las maneras de enfrentarlo. Ello no implica necesariamente enseñar ciencias ambientales, ni meteorología, sino ayudar a la gente a transitar el camino de la resiliencia, la creatividad, la solidaridad, la gestión de riesgos y la responsabilidad. 

Para ello, nosotros también tenemos que formarnos y romper con los paradigmas educativos que actualmente limitan la acción formativa. Tenemos que decir no a la educación basada en la mera transmisión de información. Sobre todo a la descontextualizada, sin pertinencia social, ni cultural, abstracta y sin contacto con la realidad y los problemas de la población. Necesitamos construir una educación viva, pertinente, contextualizada y eminentemente práctica.

Pero también para poder avanzar, es necesario que se fortalezca la educación ambiental en este país y en esta ciudad. Ello principalmende debido a que actualmente este campo de la educación pasa en Venezuela por un momento de mengua. Tal situación se debe principalmente a la falta de apoyo, la desinstitucionalización, la desvalorización del trabajo educativo y la falta de inversión en programas educativos apropiados y permanentes. 

Al fin de cuentas es un tema de prioridades. La joven premio Nobel de la Paz, Malala Yousafzai, en uno de sus discursos expresó, que: "Si se quiere acabar la guerra con otra guerra, nunca se alcanzará la paz. El dinero gastado en tanques, en armas y soldados se debe gastar en libros, lápices, escuelas y profesores" y yo agrego, con humildad, que también tenemos que invertir en apoyar a los educadores comunitarios, animadores sociales, comunicadores y cultores que quieran enseñar sobre cómo enfrentar los desafíos del cambio climático y la degradación ambiental.

Frente a retos tan grandes, en este momento soy optimista, al encontrarme frente a este grupo extraordinario de personas, que estoy seguro, que desde la gestión, la educación, la comunicación y el canto, seguirán persiguiendo el sueño de la Caracas sensible, preparada, resiliente, participativa y respetuosa de la vida en todas sus formas y manifestaciones. 

El Dalai Lama dijo que “El planeta no necesita más `gente exitosa´. El planeta necesita desesperadamente más constructores de paz, sanadores, restauradores, cuentacuentos y amantes de todo tipo”. Tenemos la dicha y fortuna de estar entre esa gente y que aquí se encuentren reunidos para ser homenajeados.

A todos ellos, muchas gracias en nombre de la gente de Caracas.




5 mar 2012

La construcción de la cultura ambiental en Venezuela





Susanita, Carlos Genatios y la construcción de una sociedad ambientalmente sustentable

¿El tema ambiental es importante para la sociedad venezolana? Algunos opinan que no, que en el país el ambiente se ha convertido en un tema difuso y a veces clandestino. Por mi parte, también creo que es un tema “Susanita”. Es decir, que es uno de esos asuntos en los que la mayoría prefiere decir: ¡Qué barbaridad! y listo, vayamos a otra cosa.

El “Síndrome Susanita” aparece  a veces asociado a problemas como la violencia, las situaciones de riesgo, la inflación, las violaciones a los derechos humanos y otros problemas sociales.

En ciertas circunstancias, ocurre que la población, aunque comprende que el problema existente es perjudicial para  sus vidas, no tiene los conocimientos, habilidades y motivación necesaria para convertir su preocupación en acción organizada y permanente en defensa de sus derechos ciudadanos.

Por supuesto, que este caso no es la peor de las situaciones posibles, ya que con frecuencia encontramos circunstancias donde diversos actores sociales eluden, disimulan o falsean su falta de conciencia ambiental.

Sin llegar a los extremos que representan claros delitos contra el ambiente, la experiencia habla de una desconexión entre el discurso (lo que la gente cree) y la acción (lo que la gente efectivamente hace) Esto ocurre aún en los casos donde esta ruptura entre pensamiento y acción los perjudica claramente.

En el caso de Venezuela, esta situación parece ser la prevaleciente, llegando al caso que incluso entre grupos de personas preparadas y conscientes, parece haber dudas sobre la importancia del tema ambiental como componente estratégico del desarrollo nacional.

Permítanme contarles un ejemplo reciente de esto último.

Hace unos pocos días, estaba viendo a Carlos Genatios en un programa de televisión. Allí en compañía de otro peso pesado de la academia venezolana, el profesor Luis Pedro España, promovían el “Encuentro de Organizaciones Sociales Venezuela 2012”.

En un momento de la transmisión, al serle consultado sobre el programa del evento, Genatios tuvo que hacer un esfuerzo consciente para recordar  que el tema ambiental estaba incluido en el evento.

Su dificultad parecía relacionarse con el hecho, de que este tema no fue incluido hasta última hora, y sólo debido a la presión de los grupos ambientalistas.

El asunto se complicaba porque lo ambiental no aparece si no de forma difusa en el programa del Encuentro, asimismo no tiene ponencia central, ni aparece en los eventos paralelos que se realizarán en el resto del país (sólo me faltaría decir que los grupos ambientales venezolanos no fueron convocados en un principio).

Estoy totalmente seguro que el entrevistado es un hombre por demás inteligente y preparado, y que el tema ambiental no es en lo más mínimo ajeno a sus preocupaciones profesionales. Por lo contrario, es una persona que de manera clara ha conectado los procesos de desarrollo humano con variables ambientales.

El punto es, que sí para este personaje, así como al resto de los prestigiosos organizadores de este evento, no les resultó del todo obvio que el tema ambiental es prioritario y estratégico para el desarrollo del país, y, que las organizaciones ambientalistas de la sociedad civil son una parte significativa del entramado social del país, entonces  ¿qué podemos exigirle al resto de los habitantes e instituciones?

Esta situación, sí la vemos de manera aislada, sería sólo anecdótica y quizás trivial, ya que cualquiera puede decirme que todo el mundo tiene derecho a un momento de confusión.

Pero para mí, más que un hecho circunstancial, es un síntoma de un tema más complejo: la poca eficiencia  de las políticas públicas (y no públicas) de comunicación y educación en pro del ambiente.

Aquellos que nos dedicamos a trabajar en labores educativas y de comunicación ambiental, tenemos que empezar a reflexionar sobre este punto. Y a partir de allí,  plantearnos el reto de establecer una hoja de ruta que permita promover que la sociedad asuma el tema ambiental como uno de los pilares fundamentales de la construcción de una sociedad sana, segura y ambientalmente equilibrada, como lo exige nuestra Constitución.

Necesitamos encontrar procesos educativos y comunicacionales efectivos que muestren que el deterioro ambiental es un drama cotidiano, concreto y cercano y no un evento inusual, y abstracto que les ocurre a otros.

Asimismo, establecer estrategias potentes que informen y eduquen a las personas de tal manera de activarlas para que actúen de manera participativa en la solución de los problemas existentes y en la defensa de sus derechos ambientales.

Fundamentado en estas ideas, voy a presentar en una secuencia de artículos, una visión sobre cómo se percibe el tema ambiental en distintos sectores del país: incluyendo a los medios de comunicación, las instituciones políticas, las instituciones universitarias, entre otras.

Más que análisis exhaustivos, quiero usar algunos indicadores basados en situaciones y vivencias recientes. En estos artículos voy a explorar algunas de las distintas maneras como nos negamos como sociedad a percibir y darle valor al tema ambiental. Identificar estas “patologías” nos ayudará a encontrar recursos que nos ayuden a “sanar” como sociedad.

Este ejercicio de pensar sobre la concienciación ambiental de la población venezolana, espero que motive a más personas a trabajar en conjunto para establecer las acciones que tenemos que emprender para hacer de Venezuela un país ambientalmente sustentable.


7 feb 2012

Educadores Ambientales de Venezuela 24 – Alejandro Luy




En Venezuela, la comunicación ambiental ha tenido un desarrollo relativamente lento. Esto a pesar de los extraordinarios aportes realizados por un grupo de importantes y aguerridos  periodistas ambientales (*1).

Parte del problema, ha sido la confusión aún existente entre información ambiental y comunicación ambiental (*2) Por lo que el periodismo ambiental, como proceso de divulgación de noticias, ha venido relegando frecuentemente a la comunicación, como acción dialógica y motivadora que resulta fundamental para el éxito de las políticas de gestión y educación ambiental (3).

Tal situación se complica, porque estos conceptos nacieron en un mundo dominado por la prensa y la televisión. Pero a partir de la década de los noventa con la irrupción del Internet, y más recientemente con la aparición de las herramientas de la Web 2.0, la comunicación social está sufriendo otro proceso de evolución vertiginosa, y se ha venido transformando y adquiriendo nuevos enfoques y nuevos actores.

En este contexto cambiante, también ha transformado el perfil del comunicador ambiental. Cada día más personas quieren enviar y recibir información sobre los temas relacionados con el ambiente. Y estos nuevos comunicadores lo vienen haciendo desde contextos, perfiles profesionales y motivaciones en extremo heterogéneas, con resultados que van desde lo absolutamente trivial a lo altamente significativo, importante y valioso.

Esta introducción resulta necesaria para presentar a un personaje ecléctico e inquieto que distintas personas pueden haberlo conocido actuando en roles tan diversos como: gerente, comunicador, promotor social y de procesos participativos e incluso como humorista (*4).

Alejandro Luy es un biólogo con una larga trayectoria profesional, incluyendo trabajar en el Ministerio del Ambiente y Organizaciones no Gubernamentales, a participar en diferentes iniciativas promoviendo la participación de la sociedad civil en diferentes proyectos nacionales, así como actuar como representante ante diferentes instancias nacionales e internacionales. Su última aventura lo llevó a conseguir una Maestría en Gerencia Ambiental de la Universidad de los Andes en Bogotá, Colombia.

Pero en este momento, vale la pena resaltar su faceta de comunicador ambiental que lo ha llevado a explorar prácticamente todas las herramientas comunicacionales, desde la más tradicional: la comunicación interpersonal, ya que es un gran motivador y dinamizador de grupos y personas, pasando por las publicaciones – incluyendo los textos en Warao – los boletines vía correo electrónico, blogs, participación en programas radiales, portales Web y Twitter.

En fin, que vale la pena leer esta entrevista, para meterse en las ideas de un gran comunicador ambiental.

¿Puedes contarnos por qué te convertiste en  comunicador ambiental?
En un momento, durante mis primeros años como profesional, descubrí la “incomunicación”  entre lo que saben y como lo dicen los biólogos o ingenieros sobre los temas ambientales y lo que entienden o no la gente común, y pensé que esa distancia no podía ser cubierta sólo como licenciados en comunicación social.  Sin embargo no solo era un problema de falta de entendimiento sino también abundaban los datos y conceptos errados, los cuales – casi por arte de magia – calan más que los verdaderos.  De ese tiempo recuerdo haber leído en una revista seudocientífica que las cotúas le sacaban los ojos a los peces (no que se lo comían completos) una historia que luce tan fascinante que fácilmente todo el mundo puede creer.

Así me di cuenta que para contribuir al entendimiento de lo que es y significa el ambiente para el ser humano, era necesario tratar de amalgamar las dos profesiones. 

¿Cómo fue el proceso de formarte como comunicador ambiental?
A partir de allí, y de manera natural, me propuse tomar la información correcta y “traducir” el lenguaje técnico en sonidos, imágenes y conceptos comprensibles  por el ciudadano común.  Y eso es lo que he intentado hacer, con base a mis estudios formales de Biología, estudios complementarios vinculados con la comunicación (talleres de facilitación, de uso de medios, de comunicación corporativas, entre otros), y mucho accionar al lado de los educadores, agrónomos y demás técnicos que han estado vinculados a Fundación Tierra Viva, donde entre otras cosas hemos producido más de 30 publicaciones de distinto tipo, editamos por más de 10 años el Boletín Ambiente en Letras y contamos con el Portal de Desarrollo Sustentable (www.desarrollosustentable.com.ve) y desde 2011 estamos sumado a twitter (@tierravivavzla).

¿Cuál es el proyecto más significativo en materia de educación / comunicación ambiental en el cual has participado o participas?
El proyecto más significativo en mi desempeño profesional se llama Fundación Tierra Viva.  La razón es muy lógica: he estado involucrado a esta institución desde su primer proyecto en la Cuenca del Lago de Valencia.  Aquí he aprendido escuchando a otras personas – mis compañeros, los docentes y las comunidades con quienes hemos trabajado – y diseñando junto a educadores, biólogos, agrónomos, administradores, un modelo para educar e impulsar cambios significativos en torno al desarrollo sustentable.  Así soy, cuando menos, co-responsable de lo bueno y lo malo, de los aciertos o errores, de esta institución y de los impactos que ha logrado en distintos espacios.

¿Cuáles fueron los logros más importantes que se obtuvieron con ese proyecto?
La manera como Fundación Tierra Viva ha abordado diversos temas, como la educación ambiental, el desarrollo sustentable, la producción agroecológica de cacao, la educación intercultural, el comercio justo, ha ido dejando resultados concretos a distintos niveles y se han convertido en referencia en el país.  Eso ha sido posible porque los temas y el abordaje en muchos casos fueron innovadores. Creo que ese es el más importante resultado institucional;  una metodología de abordaje muy propia y distintiva, efectiva para el logro de objetivos del desarrollo sustentable. 

¿Cuál crees que fueron las lecciones más importantes que te quedaron de ese proyecto?
Quizás la primera lección es que no hay verdades absolutas y por eso lo que piensan y conciben un conjunto de técnicos solo se hace posible en la medida de que sean diseñadas, conversadas, validadas y puestas en práctica con los aportes de los “beneficiarios”, los dolientes.  Por eso, en otra ocasión he dicho – y es la otra lección - que hay que ensuciarse con la gente para entender sus visiones, necesidades y expresar el sentido de tu presencia en la comunidad.  Graciela una productora de cacao, que fue un gran apoyo en el Proyecto Pittier y quien murió hace un par de años, decía que a ella no le gustaban los “extensionistas de la carretera”, para referirse a aquellos que llevan sus pasos sólo hasta donde llega el asfalto.

Fundación Tierra Viva ha sido también una lección de perseverancia, y eso ha sido porque hemos podido transmitir al equipo y la gente con quienes trabajamos que el trabajo vale la pena a pesar de las dificultades.  Motivos para “tirar la toalla” hemos tenido durante estos casi 20 años de existencia, pero cuando crees en tu trabajo prefieres buscar otras salidas.

¿Cuáles temas ambientales consideras en este momento que son urgentes de trabajar mediante programas de educación y/o comunicación ambiental?
La urgencia del trabajo en educación y comunicación ambiental viene dada por el ámbito de acción donde te enfoques y por su impacto en la calidad de vida.  A nivel nacional la Gestión de Residuos Sólidos junto al consumo y conservación del recurso agua para mí son prioritarias.  A nivel de cada estado y municipio las prioridades deben estar más supeditadas a las condiciones particulares del entorno. Por ejemplo, hay regiones de Venezuela donde la educación y comunicación ambiental sobre la gestión de riesgo es fundamental, mientras que en otras el uso de agroquímicos o la conservación de una especie, deberían ser las guías integradoras.  

 Independientemente de cuál sea el tema de “urgencia” lo que debe existir es una metodología y un plan construido colectivamente con metas e indicadores precisos en los cuales puedan estar alineados distintos sectores de la sociedad: gobiernos, ONG, comunidades y empresas. 

¿Cómo ves el estado actual de la educación / comunicación ambiental en Venezuela?
Para esta pregunta tengo tres respuestas, lo cual pueda significar que no hay una sola. 

La primera es que no tengo todos los elementos para hacer una evaluación objetiva y completa de la educación ambiental en Venezuela.  La segunda, es que evidentemente hay una amplia variedad de iniciativas académicas y de proyectos, principalmente en el ámbito de la sociedad civil organizada con algunas propuestas de gobiernos, que demuestra que el tema está presente en muchos ámbitos del país.  La última, es que pareciera que aun estamos muy lejos de cumplir lo establecido en la Constitución sobre la obligatoriedad de la educación ambiental en todos los niveles de la educación formal, y eso se debe a la inexistencia de una política coherente y consensuada que ayude a darle vida al texto constitucional.  Además en ámbitos tan relevantes a nivel internacional como la Convención Ramsar resulta preocupante que en Venezuela no se haya nombrado, por falta de iniciativa del Ministerio del Ambiente, el Coordinador No Gubernamental de Comunicación, Educación y Concienciación del Público, habiendo tantos profesionales calificados en el tema dentro de organizaciones no gubernamentales.

Si la misma pregunta la haces con relación a la “comunicación ambiental” yo creo que las llamadas tecnologías de información y comunicación, y las redes sociales han provisto un espacio importante para que noticias, entrevistas y opiniones puedan llegar a un mayor número de personas y espacios.  Curiosamente la aparición de graves problemas ambientales, como el cambio climático y sus consecuencias, han sido los que han logrado abrir algunos espacios en los medios de comunicación tradicional.  Sin embargo, en nuestro país los medios de comunicación tradicional, públicos y privados, han sido – cuando menos – tímidos a la hora de considerar el ambiente y su incidencia en la calidad de vida en su pauta diaria.

¿En función de lo anterior, cuáles serían las acciones más urgentes que habría que iniciar para hacer más efectiva y de mejor calidad la educación y comunicación ambiental en el país?
Responder esa pregunta equivale a responder ¿cómo hacemos para usar el capital humano y las experiencias de educación ambiental para solucionar los problemas ambientales del país?  La respuesta sencilla es: identificando las capacidades, divulgando las experiencias y articulando el accionar.  La difícil es cómo hacerlo.  Pero creo que podríamos empezar por la creación de uno o varios espacios (congresos, espacios virtuales, etc.) para mostrar lo que se ha venido haciendo en materia de educación ambiental, en el ámbito formal y no formal, y a partir de allí y de manera participativa y consensuada se elabore una Estrategia Nacional de Educación Ambiental.  Ese trabajo podría coordinarlo el Ministerio de Ambiente, pero debe ser una acción que involucre a toda la sociedad, y no solo al gobierno central.  Para el financiamiento de ésta Estrategia se podría contar con los fondos de la Ley Orgánica de Ciencia, Tecnología e Innovación que maneja el Ministerio de Ciencia y Tecnología.

Un comentario final
Yo tengo la percepción de que la educación y la comunicación ambiental son vistas por la mayoría de los ciudadanos, las empresas, por gobernantes y ministros, medios de comunicación, incluso por sectores de la sociedad civil no vinculados al área como “las hermanitas huérfanas”, lo “comeflor”, lo poco importante, o – en el otro extremo – la vía para los mensajes catastróficos y las acciones imposibles, de las cuáles es mejor no saber para no deprimirnos.

Asumiendo que esa percepción es cierta, considero que una tarea para quienes laboramos en la educación y comunicación ambiental es estructurar mejor el discurso y el mensaje sobre la relevancia de la educación ambiental como instrumento para mejorar el bienestar humano, además de buscar formas asertivas de comunicación que nos ayuden a acercarnos más a nuestro público objetivo, tan amplio y diverso como la sociedad misma.

Con nuestro mensaje la gente debe percibir inspiración, no sólo frustración y calamidad.  Las palabras deben activar al ciudadano a partir del entendimiento de la importancia del entorno, y no como muchas veces ocurre que los condiciona a pensar – dicho vulgarmente y en criollo – “ésta vaina se jodió”. 
Ese es uno de los retos más importantes para educadores y comunicadores ambientales.



*1. Ver las entrevistas en este mismo blog a María Eugenia Gil, Adriana Bocalón y Gilberto Carreño y el homenaje a Marisela Salvatierra en el artículo sobre las mujeres en el ambientalismo en Venezuela.
*2. La información ambiental o periodismo ambiental, que ha sido definida como el tratamiento a través de los medios masivos de comunicación de los temas relacionados con el medio ambiente. Por su parte, la comunicación ambiental es una herramienta de gestión dirigida a promover el apoyo y participación hacia políticas ambientales específicas, así como favorecer los procesos de negociación sobre estos temas. Así mismo, en conjunto con la educación ambiental, ayuda a conformar nuestra comprensión sobre el ambiente, motiva a la acción proambiental, promueve la participación de los sectores involucrados en las situaciones y procesos de gestión ambiental y ayuda a tender puentes entre diversas perspectivas y enfoques relacionados con estos temas. Estas definiciones fueron tomadas en parte de: Bacchetta, V. 2000. El periodismo ambiental, un convidado de piedra. Onda Digital, Nº 18.  / Castro, R. 1999. Retos y oportunidades de la comunicación para el cambio ambiental. Ciclos, 5: 5-8. / Gomis, A. y Hesselink. F. 1995. La comunicación como instrumento de la política ambiental. UICN. / Solano, D. 2008. Estrategias de comunicación y educación para el desarrollo sostenible. UNESCO. Chile. / Castro, R. (ed.)  2005. Más que palabras. Comunicación ambiental para una sociedad sostenible. GEA, España.
*3. La interacción cada vez mayor entre estos dos grandes campos humanos: La educación y la comunicación ha llevado a acuñar el término “educomunicación” que cada vez tiene más aceptación. Ver: http://educarencomunicacion.com/2010/11/educomunicacion-mas-alla-de-2-0/
*4. Desde hace varios años Alejandro ha desarrollado su faceta de humorista y cronista de la realidad venezolana, algunos de sus textos pueden verse en: www.nojile.chovet.com y en su blog “Vivir viviendo” (cuyo nombre fue vilmente plagiado) en http://alejandroluy.blogspot.com/  

28 nov 2010

Educadores Ambientales de Venezuela 21 – Adriana Boccalon



Muchos de los profesionales que trabajan en el tema ambiental viven intensamente la pasión por la búsqueda de la verdad y la justicia. Y la verdad en temas ambientales es frecuentemente compleja, afecta intereses y muestra los desatinos de los poderes políticos y económicos: Recordemos la famosa frase de Lord Northcliffe: “Noticia es lo que alguien hace en alguna parte, que no quiere que sea publicado. Todo lo demás es publicidad".

En este contexto, vamos a recorrer las ideas y vivencias de una periodista que ha vivido intensamente su profesión y que de esas vivencias nos puede mostrar el difícil camino de informar a la población como se lesionan sus derechos ambientales y como luchar para hacer valer estos derechos. Para mi, esta entrevista es una forma de homenaje a todos los comunicadores que trabajan intensamente, a través de su trabajo de información, en hacer de este país un sitio más democrático, justo y donde se respeten los derechos de todos los venezolanos.

En un giro interesante de estas entrevistas, Adriana se presenta a sí misma, por lo que los dejo directamente con sus palabras:

La lectura siempre fue mi pasión, así como la lucha por el bienestar de la sociedad basado en el desarrollo de sus ciudadanos, la educación y, por supuesto, la justicia, quizás por eso no fue difícil para mí tomar la decisión de estudiar Comunicación Social, sabiendo desde que comencé mi formación académica que jamás me dedicaría a hacer diarismo, sino mas bien a estudiar los procesos para interpretarlos desde sus diferentes aristas y entonces, desde mi tribuna como Periodista, desempeñarme de acuerdo a mi propuesta.

Tuve excelentes profesores, quizás los mejores que han pasado por la Escuela de Comunicación Social de la UCV, quienes contribuyeron con creces a abonar mis ideales que logré materializar con éxito durante mis años de ejercicio profesional, especialmente en el diario El Correo del Caroní, en Ciudad Guayana, donde gracias a la confianza de su Director, el Dr. David Natera Febres, consolidé un espacio valiosísimo donde el medio ambiente fue siempre el principal protagonista. En paralelo, mis años de desempeño en Fundacite-Guayana me permitieron estrechar vínculos con investigadores y científicos especializados en diferentes disciplinas, participar con ellos en múltiples actividades como jornadas, congresos, simposios y charlas, incluyendo, por supuesto, salidas de campo, lo que me permitió ganar su confianza y respeto, así como la credibilidad de mis seguidores.

Durante años trabajé el tema ambiental desde dos ópticas: La primera, la información para la educación; la segunda, la denuncia, y fue precisamente esta ultima la que prácticamente me forzó, bajo amenazas,  a alejarme de los medios de comunicación social a finales de 2006, acabando de recibir el Premio de Periodismo en Biodiversidad que otorga Conservation International. Desde entonces sigo activa, pero desempeñándome freelance para revistas, trabajando en mi taller de diseño y confección de bolsos, y sintiéndome siempre Periodista Ambiental.

 ¿Puedes decir por qué eres una comunicadora ambiental?
Primero me gustaría puntualizar que entiendo el “ambiente” desde su óptica más amplia, es decir, mucho más que flora y fauna, pues integra al hombre y todo lo que este hace para modificar para bien o para mal, su entorno natural. Y ha sido desde esa visión que he trabajado la mayoría de mis reportajes periodísticos relacionados al tema ambiental, siempre asesorada por especialistas en cada disciplina.

¿Cómo llegaste a convertirte en comunicadora ambiental?
Como comenté al inicio, siempre supe que el diarismo no sería mi fuerte, y no porque desestime esta actividad, sino porque me interesaba mucho más hacer trabajos de investigación que explicaran el por qué y el para qué de los acontecimientos, de los sucesos, de las tendencias, y de este modo poder transmitir un mensaje más completo, integral, con posibilidades de razonamiento y reflexión. Entonces, estando en la Universidad, cayó en mis manos un libro sobre Periodismo Científico de Manuel Calvo y decidí que indudablemente esa sería mi especialidad, aunque académicamente no existía nada parecido en el país. Mucho menos el periodismo ambiental, por supuesto, quizás porque el “ambiente” no estaba de moda.

Al cabo de varios años, después de graduarme, me fui a vivir a Ciudad Guayana y allí fue justamente donde tuve la oportunidad de involucrarme con la gente de los centros de investigación de las universidades y las empresas, conocer los proyectos, estudiarlos, entenderlos y servir de puente entre el científico y su lenguaje, y el público en general. Recorrí un largo trayecto antes de sentirme una periodista ambiental, pues hay que derrumbar algunos muros rígidos que levanta, generalmente, el mismo investigador, quien celoso de su trabajo de años, teme, con sobrada razón, que este termine siendo malinterpretado por algún profesional de la comunicación social que por falta de formación en tan delicada lid o acostumbrado a hacer sólo diarismo, escriba o hable con ligereza de temas que podrían tener una génesis muy remota, un sinfín de interpretaciones, términos que son necesarios aprehender o resultados que a su vez generan información para nuevas investigaciones, y a la hora de divulgar estos tópicos al ciudadano común, es importante que el periodista haya establecido un vínculo estrecho con su principal fuente de información: el científico o el investigador. Y así fue justamente como me formé como Periodista Ambiental.

¿Cuál es el proyecto más significativo en materia de comunicación ambiental en el cual has participado o participas?
 Honestamente debo confesar que no tengo UN proyecto que considere el más significativo en lo que a comunicación ambiental se refiere, pues desde el más sencillo hasta el más engorroso cumplió su objetivo; sin embargo, la serie de seis reportajes de investigación que titulé “Aguas” fue quizás uno de los trabajos que más revuelo causó en Guayana, pues quedaron al descubierto muchos entuertos que tenían como escenario el Lago de Macagua, donde van a parar todo tipo de desechos, desde los biológicos hasta los tóxicos y químicos, sin haber sido tratados adecuadamente antes de llegar al cuerpo de agua, donde a escasos metros están ubicadas las tomas de la Planta de Tratamiento de Agua Potable, que dicho sea de paso tiene una infraestructura obsoleta y un mantenimiento muy básico, tal como quedó demostrado por los resultados de laboratorio de las muestras de agua, indicando que la salud de los sectores que reciben esa agua está en permanente riesgo, amén del otro porcentaje de la ciudad que solamente recibe agua industrial. Esta serie de reportajes generó reuniones de emergencia, visita de la entonces Ministra de Ambiente, declaraciones de altos funcionarios de la CVG, ofertas, promesas, pero la ciudad sigue creciendo y la situación empeora con el transcurrir del tiempo.

El caso de las lagunas de Lodos Rojos de CVG Bauxilum también fue a parar a mis páginas de ambiente, cuando comprobamos que las mismas tienen filtraciones que terminan drenando su compuesto de agua, hierro, alúmina, sílice, galio y soda cáustica, una combinación altamente tóxica, junto a los lixiviados del relleno sanitario de Cambalache, hacia la laguna natural de Cardonal donde la gente pesca para alimentarse, o hacia el mismísimo río Orinoco. Han transcurrido varios años desde aquella denuncia refrendada entonces por representantes y técnicos del Ministerio de Ambiente en la región, la vice-presidencia de Ambiente Ciencia y Tecnología de la CVG, la Defensoría del Pueblo y la Guardería Ambiental de la GN; sin embargo, la situación se torna cada día más delicada y la indiferencia gubernamental asusta.

¿Cómo ves el estado actual de la comunicación ambiental en Venezuela?
Evidentemente, de unos años a esta fecha los medios de comunicación han entendido que el tema ambiental merece un espacio privilegiado, aunque siguen siendo muy pocos los periodistas con dedicación exclusiva a la temática ambiental; sin embargo, este esfuerzo no es suficiente si en paralelo el estado venezolano no implementa responsablemente un programa sostenido, no una mera campaña, dirigido a la educación ambiental en escuelas, colegios, liceos y universidades, tal como lo señala la Constitución Nacional. Y para que este programa resulte efectivo con el transcurrir de los años, debe contar, además, con el apoyo de los medios de comunicación y las ONG, así como la asesoría de científicos, especialistas e investigadores, de modo que se establezca una sinergia a favor de una cultura ambiental que lamentablemente no tenemos en el país. Observo apreciadas iniciativas en algunos medios de comunicación social, ONG que hacen un trabajo excelente y el esfuerzo de profesionales conocedores del tema que transmiten mensajes en positivo, pero del mismo modo percibo un preocupante vacío oficial así como la participación en público de personas como locutores de radio y entrevistados, por ejemplo, que opinan a la ligera sobre temas ambientales, probablemente con la mejor intención, pero sin bases sólidas para hacerlo.

¿Qué sería lo más importante que habría que hacer para mejorar la comunicación ambiental en el país?
Concretamente, creo que la simbiosis debe establecerse entre científicos/investigadores, comunicadores sociales y Estado, pero en vista que este último parece ser el más difícil de integrar, quizás por ser sus empresas las que más atentan contra la sanidad del entorno natural, entonces deberíamos comenzar por estrechar vínculos entre los otros dos componentes. Para ello, los primeros deben perder el miedo de conversar con los periodistas y dedicarles un poco de su tiempo a “educarlos” en materia ambiental para contribuir a derrumbar el muro, mientras que la nueva generación de comunicadores sociales debe interesarse en el tema y comprender que el periodismo dejó de ser, hace años, la noticia que responde al qué, quién, dónde, cuándo y cómo, para aclarar el por qué y el para qué, y para eso es necesario el estudio, la reflexión y la especialización.

Un comentario final
Durante mis 6 meses de “exilio” en Montreal, Canadá, de marzo a septiembre de 2007, a diario compraba el diario Gazette de la prensa local. Una sola vez llegué a leer un suceso en aquellas páginas, recuerdo que se trataba de un asesinato pasional en Alberta, mientras que el tema ambiental con frecuencia abría la edición. Entre lo que más me llamó la atención, recuerdo el caso de un crucero de verano por el río Saint Laurent al que una periodista descubrió que no tenía planta de tratamiento y dejaba colar los excrementos humanos al cuerpo de agua. El gobierno sancionó a la empresa con suspensión de licencia y una multa millonaria. Otro caso interesante fue el Presidente de la Comisión de Ambiente del Senado, al que otro periodista lo hizo seguimiento para descubrir que el susodicho sacaba la basura de su casa colocando en la misma bolsa todo tipo de desecho, cuando por regla cada tipo de residuo debe ir en su respectiva bolsa y depositado, en consecuencia, en el pipote que le corresponde. El hombre no hacía lo que predicaba, como tantos otros. Fue sancionado y removido de su cargo.

10 oct 2010

Educadores Ambientales de Venezuela 18 – Gilberto Carreño


Antes de iniciar esta entrevista, quizás vale la pena recordar que la educación, la comunicación y la participación son las tres herramientas sociales de la gestión ambiental. Todas ellas se interconectan y retroalimentan, y en las buenas prácticas de gestión ambiental todas deben estar presentes.

Es por ello que deseaba poder incluir en esta serie a más comunicadores ambientales y es para mí un orgullo tener la oportunidad de entrevistar a alguien con la trayectoria de Gilberto Carreño. Este comunicador formado en la UCV y egresado en 1979 tiene una extensa e importante hoja de vida que lo llevó a trabajar en importantes diarios tales como Ultimas Noticias, El Universal y El Nacional entre otros; pero también en instituciones del Estado venezolano como el Ministerio del Ambiente y la Alcaldía de el Hatillo, entre otros retos y aventuras periodísticas que le llevó a acometer su enorme impulso como divulgador y promotor ambiental.

En todas estas etapas, una de sus preocupaciones permanentes fue la formación de los periodistas como comunicadores ambientales y su desarrollo como colectivo importante y trascendente. Este esfuerzo tuvo su época dorada en los años ochenta y noventa del siglo pasado al haberse consolidado un extraordinario grupo de periodistas que fueron factores muy importantes de las luchas ambientales de esa época. Pero aún en este momento presente lo conseguimos trabajando con gran pasión en la formación de los nuevos talentos necesarios para informar y estimular a los venezolanos a actuar responsablemente por la protección de nuestro ambiente.

Sin más aquí los dejo con Gilberto Carreño.

¿Puedes decir por qué eres un comunicador ambiental?
Después de más de 40 años vinculado al manejo de la temática ambiental, desde diversas posiciones,  sospecho que mi inclinación predominante es la de comunicar a distintos públicos, a través de los más variados medios, lo que en el curso de todo este tiempo he venido conociendo y aprendiendo en materia de ambiente y recursos naturales.
 
¿Cómo llegaste a convertirte en comunicador ambiental?

La preocupación  por el deterioro que venía observando de la Caracas que  comencé a conocer desde el año 1946, cuando me trajeron de apenas un año de nacido desde Carúpano, mi ciudad natal, me impulsaron a solicitar siempre un espacio en el primer periódico al cual preste mi servicios en 1972. Fue en el diario La Verdad, donde pese a que mi pauta estaba generalmente orientada hacia la búsqueda de informaciones políticas, siempre me las arreglé para que mis jefes de información me aceptaran las informaciones “coladas” sobre asuntos relacionados con el maltrato a la vegetación caraqueña  y al progresivo desmejoramiento de la calidad de vida en nuestra querida ciudad capital.

Últimas Noticias fue el otro periódico que, durante mi paso por ese diario (1979-80), me permitió adentrarme en los barrios para conocer de una manera directa sus diversos problemas, y adonde a simple vista resaltaban las paupérrimas condiciones en las que se desenvolvía (y se sigue desenvolviendo) la vida de sus pobladores.

Mi desempeño como periodista al servicio del Ministerio de Agricultura y Cría y Corpomercadeo (1975), me permitió conocer sobre la realidad ambiental de las comunidades campesinas del país, que contribuyeron a darme otra visión sobre el modo de vida de una gran porción de venezolanos; pero puedo asegurar que mi afirmación como comunicador ambiental la logré en el diario El Universal (1980-1989), donde tuve por parte de mis jefes de información la más amplia libertad y apoyo para desempeñarme en el área. Ya no sólo se trataba de abordar sobre los distintos temas ambientales de la ciudad, sus problemas y sus propuestas, sino que me permitió ir al encuentro de otros grupos de pobladores de nuestro país, para conocer la vida y problemas ambientales de comunidades indígenas como las los guarao, en el Delta, o de  los yanomami y otras etnias, en Bolívar y Amazonas.

Es importante señalar la importancia que ha tenido en este proceso, que me llega a la conclusión de considerarme un periodista ambiental, mi participación en curso dictados por variadas instituciones, entre las que debo destacar a las empresas que en su momento formaban parte de la industria petrolera (Maraven, Lagoven, Corpoven), el Ministerio del Ambiente, así como organizaciones no gubernamentales del país, entre otras.

¿Cuál es el proyecto más significativo en materia de comunicación ambiental en el cual has participado o participas?
 Considero que mis proyectos ambientales más significativos, además de lo que considero mi realización personal como periodista ambiental, es y ha sido el de promover el ejercicio de la comunicación en esta materia. Puedo, en primer lugar, citar uno pasado: como director de Información y Relaciones Públicas del Ministerio del Ambiente (1989-1990), cargo a través del cual me propuse conformar en el país un amplio grupo de comunicadores ambientales. Así, con el apoyo del Círculo de Periodismo Científico (CPC), representado en su oportunidad por una de las periodistas que más ha aportado en esa interminable y encomiable tarea de formar comunicadores ambientales, Marisela Salvatierra, fuimos a varios estados del país a promover el ejercicio de esta actividad y a conformar capítulos ambientales del CPC en ciudades como Maracaibo, Porlamar y Puerto La Cruz, entre otras, cosa que en su momento se logró de una manera aceptable.

También los considero de importancia, dos proyectos que llevó a cabo actualmente: por una parte, el desarrollo del portal informativo www.circuloambiental.net  concebido como un instrumento dedicado a divulgar las actividades de las diversas instituciones, gubernamentales y no gubernamentales relacionadas con el tema ambiental y, en segundo lugar, la labor que despliego en las aulas de la escuela de comunicación social de la Universidad Santa María, destinada a continuar esa que me he trazado como una de las tareas que más me animan en la vida, como es la de convencer y entusiasmar, en este caso a estudiantes, para que entiendan la necesidad de contribuir a la conformación de  la cultura ambiental que el país requiere.

¿Cómo ves el estado actual de la comunicación ambiental en Venezuela?
Observo que no se encuentra en su mejor momento. El espacio es muy reducido y el tema es sólo atendido en casos cuando se presenta como suceso (un incendio forestal, un derrame petrolero, un ecocidio demasiado evidente…). No se desarrolla de una manera sistemática, ni hay institución (por lo menos no la visualizamos) que se ocupe de la formación científica del periodismo ambiental. Muy atrás quedaron los tiempos, como aquellos que no tocó vivir en Caracas, cuando reporteros de distintos medios desplegaban un reporterismo sistematizado en distintos medios. Recordamos en los periódicos a destacados comunicadores ambientales como Asdrúbal Barrios en El Nacional; Doris Seguí en el Diario de Caracas; Marinella Hernández en Ültimas Noticias, y en televisión la estelar María Teresa Gutiérrez.

¿Qué sería lo más importante que habría que hacer para mejorar la comunicación ambiental en el país?
En primer lugar, establecer entre las materias prioritarias en las universidades que forman comunicadores sociales en el país, cursos de periodismo ambiental. Segundo, que los organismos oficiales faciliten la comprensión de los variados temas ambientales, mediante la promoción de cursos especialmente dirigidos a los comunicadores sociales, con visitas de campo incluidas. Cabe señalar también en este sentido, la necesidad de que las autoridades ambientales abran sus puertas a la prensa, ya que en la actualidad el acceso a las fuentes oficiales en materia ambiental se encuentra bloqueado, y lo afirmamos con propiedad demostrable. Y, en tercer lugar, que organizaciones no gubernamentales de carácter científico asuman un papel activo en la inaplazable tarea de formar a los comunicadores en las materias que les permitan una mejor comprensión y dominio de la temática ambiental.