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5 oct 2016

Dudamel in the jungle



Imagen del fondo (detrás de Dudamel) "La Jungla" Wilfredo Lam 1943


Recientemente, el director de orquesta Gustavo Dudamel en un polémico discurso realizado en la Casa Blanca de los Estados Unidos, narró que su mentor, el maestro José Antonio Abreu, dijo “que el peor crimen cometido en el mundo moderno ha sido quitar a los niños el acceso a la belleza y a la inspiración”.

No estoy para nada seguro que esa afirmación sea del todo cierta. Así que me toca el difícil trance de rebatir o al menos polemizar con un maestro mundialmente respetado.

La idea atribuida al Maestro Abreu presupone que los niños de algún tiempo pasado tuvieron mayor acceso a la belleza y a la inspiración que los niños de hoy en día ¿Es esto cierto?

Asimismo, habría que preguntarse: cuantos niños, cuáles de ellos, o en qué partes del mundo tuvieron, en algún pasado, la posibilidad de disfrutar de esos dones.

Estoy seguro que en muchísimos lugares y situaciones la mayor parte de los niños, jóvenes e inclusive adultos, en tiempos anteriores a la actualidad no tuvieron esa posibilidad. Que los que tenían aptitudes artísticas tuvieron que luchar de manera muy dura contra los prejuicios, las presiones sociales e incluso en algunos casos contra la violencia para lograr expresar su sensibilidad y creatividad, incluso simplemente para tener acceso al disfrute del arte y la cultura.

No es que las cosas en esta época estén como para montar una fiesta. Pero estoy seguro que en este momento muchos más niños y jóvenes tienen acceso a información y vivencias artísticas que lo que jamás tuvieron sus antecesores. Que además, hemos logrado un nivel de respeto por nuestros hijos suficientemente alto como para que en muchos casos alentemos y no cercenemos sus intenciones de hacer o disfrutar del arte y la creatividad.

Pero por otra parte, si estoy seguro, y eso si es posible de demostrar, que se está cometiendo a escala global un verdadero crimen contra nuestros niños: despojar a la gran mayoría de ellos de tener contacto e interacción real con la naturaleza.

Sufrimos un déficit de naturaleza.

A medida que la población del mundo se hace cada vez más urbana, disminuye de manera dramática la posibilidad de que la población que vive en las ciudades, y principalmente los niños, tengan experiencias de primera mano con elementos de la naturaleza: sean animales silvestres, plantas u otros fenómenos de la naturaleza.

Sólo, a manera de ejemplo, piensen cuantos de los chicos de hoy en día tienen la posibilidad de subirse a un árbol para comerse una fruta arrancada directamente de sus ramas.

Y esa situación parece estar teniendo consecuencias nocivas en los habitantes de las ciudades, y principalmente en los miembros más jóvenes de la sociedad.

Un importante número de médicos, psicólogos y educadores en todo el mundo están asociando padecimientos cada vez más comunes en las grandes ciudades, tales como: la depresión juvenil e infantil, el trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH), la apatía juvenil, así como problemas emocionales, físicos y de comportamiento, con este “déficit de naturaleza”.

Incluso, algunos estudios han correlacionado el aumento de la criminalidad en zonas urbanas con la disminución de áreas verdes en los mismos.

Como consecuencia posible de esta situación, nuestros niños responden sumergiéndose cada vez más en los paraísos y placeres virtuales del mundo digital y la narcodependencia, así como en el vacío existencial y la falta de conexión con la vida que lleva a la violencia.

La solución a este problema es fácil y a la vez difícil. 

Se necesita reverdecer nuestras ciudades. Llenarlas de parques, jardines, calles arboladas.

También hay que reverdecer la educación y sacarla de las aulas y volver a mirar y admirar la naturaleza como lo hicieron muchos educadores venezolanos en los años 50, 60 y 70 del siglo pasado.

Pero también hay que aprender a vivir y convivir en armonía y paz con nuestro ambiente. Para ello hay que reconsiderar nuestros patrones actuales de vida que nos convierte en los robots alienados y altamente vulnerables que somos los habitantes de los entornos cada vez más artificiales de nuestras ciudades

Más aún, si queremos enfrentar el cambio climático debemos evolucionar hacia un nuevo paradigma ambiental a partir de ciudades y personas abiertas a la naturaleza.

Pero esas soluciones, muchas de ellas sencillas, enfrentan una gran cantidad de enemigos que hacen el camino difícil.

Estos personajes, muchos de ellos ecofóbicos, incluyen al funcionario público que dice: “primero hay que resolver los problemas sociales”, como si la mejora de la calidad de vida y la salud ambiental no fuesen temas sociales. Les siguen los que miran la tierra sólo en términos de metros de construcción y kilómetros de pavimento, luego los adoradores del dios-carro, y los gobernantes que nos prefieren encerrados en nuestras casas, entre otros (no sé por qué cuando nombro esta gente me viene a la cabeza el nombre de un exministro).

Y allí no queda la cosa. Actualmente vivimos bajo amenazas mayores. Sobre nuestro país pareciera que ya marchan triunfantes los socios ambientales de los cuatro jinetes del Apocalipsis: "Destrucción", "Contaminación", "Extinción" y "Sed". Todos ellos listos para su Armagedón sobre los campos de Guayana en el llamado Arco Minero del Orinoco.

Al final, quizás necesitemos de un Dudamel que pregunte, no sobre si Venezuela podrá salvar su Sistema de Orquestas, que estoy seguro que sí, sino que interpele al país, su gobierno, políticos y sus ciudadanos si Venezuela podrá salvar a su naturaleza, para salvar a su gente.

5 mar 2012

La construcción de la cultura ambiental en Venezuela





Susanita, Carlos Genatios y la construcción de una sociedad ambientalmente sustentable

¿El tema ambiental es importante para la sociedad venezolana? Algunos opinan que no, que en el país el ambiente se ha convertido en un tema difuso y a veces clandestino. Por mi parte, también creo que es un tema “Susanita”. Es decir, que es uno de esos asuntos en los que la mayoría prefiere decir: ¡Qué barbaridad! y listo, vayamos a otra cosa.

El “Síndrome Susanita” aparece  a veces asociado a problemas como la violencia, las situaciones de riesgo, la inflación, las violaciones a los derechos humanos y otros problemas sociales.

En ciertas circunstancias, ocurre que la población, aunque comprende que el problema existente es perjudicial para  sus vidas, no tiene los conocimientos, habilidades y motivación necesaria para convertir su preocupación en acción organizada y permanente en defensa de sus derechos ciudadanos.

Por supuesto, que este caso no es la peor de las situaciones posibles, ya que con frecuencia encontramos circunstancias donde diversos actores sociales eluden, disimulan o falsean su falta de conciencia ambiental.

Sin llegar a los extremos que representan claros delitos contra el ambiente, la experiencia habla de una desconexión entre el discurso (lo que la gente cree) y la acción (lo que la gente efectivamente hace) Esto ocurre aún en los casos donde esta ruptura entre pensamiento y acción los perjudica claramente.

En el caso de Venezuela, esta situación parece ser la prevaleciente, llegando al caso que incluso entre grupos de personas preparadas y conscientes, parece haber dudas sobre la importancia del tema ambiental como componente estratégico del desarrollo nacional.

Permítanme contarles un ejemplo reciente de esto último.

Hace unos pocos días, estaba viendo a Carlos Genatios en un programa de televisión. Allí en compañía de otro peso pesado de la academia venezolana, el profesor Luis Pedro España, promovían el “Encuentro de Organizaciones Sociales Venezuela 2012”.

En un momento de la transmisión, al serle consultado sobre el programa del evento, Genatios tuvo que hacer un esfuerzo consciente para recordar  que el tema ambiental estaba incluido en el evento.

Su dificultad parecía relacionarse con el hecho, de que este tema no fue incluido hasta última hora, y sólo debido a la presión de los grupos ambientalistas.

El asunto se complicaba porque lo ambiental no aparece si no de forma difusa en el programa del Encuentro, asimismo no tiene ponencia central, ni aparece en los eventos paralelos que se realizarán en el resto del país (sólo me faltaría decir que los grupos ambientales venezolanos no fueron convocados en un principio).

Estoy totalmente seguro que el entrevistado es un hombre por demás inteligente y preparado, y que el tema ambiental no es en lo más mínimo ajeno a sus preocupaciones profesionales. Por lo contrario, es una persona que de manera clara ha conectado los procesos de desarrollo humano con variables ambientales.

El punto es, que sí para este personaje, así como al resto de los prestigiosos organizadores de este evento, no les resultó del todo obvio que el tema ambiental es prioritario y estratégico para el desarrollo del país, y, que las organizaciones ambientalistas de la sociedad civil son una parte significativa del entramado social del país, entonces  ¿qué podemos exigirle al resto de los habitantes e instituciones?

Esta situación, sí la vemos de manera aislada, sería sólo anecdótica y quizás trivial, ya que cualquiera puede decirme que todo el mundo tiene derecho a un momento de confusión.

Pero para mí, más que un hecho circunstancial, es un síntoma de un tema más complejo: la poca eficiencia  de las políticas públicas (y no públicas) de comunicación y educación en pro del ambiente.

Aquellos que nos dedicamos a trabajar en labores educativas y de comunicación ambiental, tenemos que empezar a reflexionar sobre este punto. Y a partir de allí,  plantearnos el reto de establecer una hoja de ruta que permita promover que la sociedad asuma el tema ambiental como uno de los pilares fundamentales de la construcción de una sociedad sana, segura y ambientalmente equilibrada, como lo exige nuestra Constitución.

Necesitamos encontrar procesos educativos y comunicacionales efectivos que muestren que el deterioro ambiental es un drama cotidiano, concreto y cercano y no un evento inusual, y abstracto que les ocurre a otros.

Asimismo, establecer estrategias potentes que informen y eduquen a las personas de tal manera de activarlas para que actúen de manera participativa en la solución de los problemas existentes y en la defensa de sus derechos ambientales.

Fundamentado en estas ideas, voy a presentar en una secuencia de artículos, una visión sobre cómo se percibe el tema ambiental en distintos sectores del país: incluyendo a los medios de comunicación, las instituciones políticas, las instituciones universitarias, entre otras.

Más que análisis exhaustivos, quiero usar algunos indicadores basados en situaciones y vivencias recientes. En estos artículos voy a explorar algunas de las distintas maneras como nos negamos como sociedad a percibir y darle valor al tema ambiental. Identificar estas “patologías” nos ayudará a encontrar recursos que nos ayuden a “sanar” como sociedad.

Este ejercicio de pensar sobre la concienciación ambiental de la población venezolana, espero que motive a más personas a trabajar en conjunto para establecer las acciones que tenemos que emprender para hacer de Venezuela un país ambientalmente sustentable.