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3 feb 2019

La necesaria ambientalización del Plan País





Recientemente la Asamblea Nacional presentó al país un documento con los elementos principales de un plan de reconstrucción nacional para Venezuela. Muchos venezolanos aplaudimos este avance y queremos sumarnos al esfuerzo de recuperación de la democracia y reconstrucción nacional.

A pesar de ello a algunos de nosotros nos hizo falta encontrar en el mismo una clara mirada ambiental.

Por supuesto que no hay manera de quitarle dolor e indignación al crimen cometido sobre la población de Venezuela.

Sólo debido a la opacidad y la campaña de desinformación oficial no tenemos una idea exacta del número de venezolanos muertos por la inseguridad, la enorme crisis de salud, el hambre y las masacres generadas por organismos del gobierno y sus cómplices. Quizás alguna vez una investigación imparcial nos muestre la película completa de esta era cargada de horrores y mentiras.

Pero también hay que decir que, al igual que en otras crisis humanitarias en el mundo, en Venezuela el ambiente ha sido una víctima olvidada.

También en este caso el olvido nace del velo de desinformación y mentiras oficiales. Pero también a que los daños ambientales quedan mezclados con los otros factores involucrados en la emergencia humanitaria compleja.

También este olvido nace de la creencia que los temas ambientales están separados de los grandes temas sociales y económicos. Eso no es verdad en ninguna situación y en el caso de la Venezuela actual lo social, lo económico , lo cultural y lo ambiental están profundamente entremezclados en la crisis que vivimos.

Pero al igual que en los otros temas sólo conocemos una parte del problema y nos falta mucha información sobre temas muy importantes:

No sabemos cuántas de las enfermedades son causadas por la crisis de agua que lleva a comunidades completas a vivir sin prácticamente sin suministro del líquido por meses. Tampoco tenemos idea de cuál ha sido la disminución de la capacidad de generar agua en las cuencas debido a la desaparición de la capacidad y voluntad de protegerlas.

Tampoco tenemos conocimiento sobre cuantas personas se han enfermado o han fallecido debido a la contaminación por mercurio usado en las minas de oro en toda la región de Guayana, por los continuos derrames petroleros derivados de las malas prácticas de seguridad de la industria petrolera nacional o por complicidad con países vecinos. Mucho menos de las personas afectadas por la muy mala calidad del agua que se distribuye en las redes de acueductos aún operativos.

Asimismo, ignoramos el tamaño del daño producido a la capacidad de producir alimento debido a políticas agrícolas y pesqueras tomadas con total ignorancia de las dinámicas ambientales territoriales, incluso a la ausencia de información sobre las variaciones climáticas naturales o generados por las cambios globales.

Igualmente desconocemos el número de personas afectadas: muertas, lesionadas o desplazadas por causa de eventos meteorológicos extremos: Inundaciones, sequías, derrumbes, deslizamientos y tormentas. La mayoría de estos daños no fueron causados directamente por el evento sino por el aumento de la vulnerabilidad de la población debido a la ausencia de políticas de gestión de riesgos socio-ambientales y de información ambiental.

A veces, hasta queremos ignorar el número de personas muertas, desplazadas y vidas arruinadas por las políticas mineras criminales y sus daños ambientales, incluyendo el aumento sin precedentes de la epidemia de malaria y otras enfermedades que se extienden a partir de las zonas mineras.

Todas estas situaciones son parte de la actual crisis nacional. Desconocer esta realidad es suicida.

Venezuela necesita desarrollar políticas ambientales de emergencia que actúen desde las primeras etapas del proceso de transición para poder salir de la crisis.

Pero también estamos obligados a tener una visión más amplia y empezar a definir el futuro de la nación como país ambientalmente sustentable.

Para ello debemos definir políticas que frenen la deforestación, preserven los ecosistemas de alto valor ecológico y generadores de servicios ambientales, generen políticas integrales de gestión de desechos sólidos, promuevan el desarrollo de ciudades sustentables y enfrentar los retos del cambio climático y hagan valer los compromisos internacionales del país en materia ambiental.

Todo ello no sólo desde una perspectiva conservacionista sino como base de un futuro de prosperidad basado en el uso sustentable y respetuoso de nuestra riqueza natural.

Por supuesto necesitaremos rescatar y renovar la institucionalidad ambiental, redefinir las políticas de educación y participación ambiental y establecer políticas integrales nacionales basadas en los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas y los derechos humanos ambientales.

Los profesionales y activistas relacionados con temas ambientales, así como los defensores de los derechos ambientales, en su enorme mayoría, tenemos la absoluta disposición y voluntad de participar activamente en este proceso y aportar conocimientos, experiencia y trabajo para hacer posible este cambio.

Ya hay información, organización, y capacidades para que los ambientalistas y los profesionales del ambiente participemos desde el principio en la transformación.

Al final participar en este proceso de ambientalización será nuestra única garantía de éxito como sociedad.

5 jun 2015

Agenda urgente para las ONG Ambientalistas de Venezuela: O correr o encaramarse






Ciudadano: Habitante de… (los) Estados modernos como sujeto de derechos políticos y que interviene, ejercitándolos, en el gobierno del país  (Diccionario de la Real Academia Española)


Una de las razones para celebrar el “Día Mundial del Ambiente" es que sirva  como momento para la reflexión sobre la labor realizada y proponer nuevas estrategias para ser más eficientes en el logro del propósito de avanzar en un camino de sustentabilidad.

Tal idea viene al caso porque, en mi opinión, el movimiento ambientalista (1) en Venezuela está en una situación muy delicada, por decir lo menos. Condición que lo obliga a repensarse y establecer nuevas estrategias si realmente desea tener incidencia sobre la gestión ambiental en el país.

Tal percepción de deterioro no es un invento mío, ni es nuevo.

En los últimos años he oído varios testimonios y denuncias sobre el desconocimiento y la descalificación del trabajo de las  organizaciones ambientalistas por parte de sectores del gobierno; graves y crecientes limitaciones económicas; restricciones crecientes tanto legales como por la arbitrariedad de funcionarios públicos;  discriminación y exclusión por parte de los organismos del gobierno, así como en algunos casos amenazas directas a organizaciones o sus integrantes.

Ello ha llevado a buena parte de las mismas a restringir actividades, contraer sus ámbitos de acción y en algunos casos a desaparecer. Pero también otras han seguido un camino de autocensura  y del camuflaje. en un intento, a veces vano, de pasar desapercibidos y seguir realizando su trabajo sin demasiada interferencia. El lema parece ser sobrevivir a cualquier precio.

Pero no es posible achacar todo el problema a la situación política, económica y social de la Nación. El clima de polarización y confrontación política crea bandos en apariencia, irreconciliables y mutuamente excluyentes. Por ello es muy fácil echar a otros la culpa de todos los problemas existentes (sobre todo si en muchas ocasiones puede ser verdad)

No es un asunto de distribuir culpas, sino de ser auto-críticos

Algunos de los juicios que voy a emitir pueden parecer negativos e incluso destructivos, pero lo hago no desde la idea de tirar piedras desde el exterior, sino como ejercicio de autocrítica. Nada de lo que aquí digo es una opinión contra alguien, soy parte y formo parte de todo lo que aquí voy a comentar por lo que todo lo que aquí exprese me involucra, me señala y me compromete (2)

La situación de confrontación política es una excusa perfecta para no reconocer que parte, quizás importante, del problema es causado por nuestros propios desaciertos, formas de pensamiento anacrónico e ineficiente y a veces auto-saboteador.

Algunos dirán que exagero y dramatizo, pero una serie de síntomas así lo parecen demostrar. Revisemos unos pocos:

  • La decisión de eliminar el Ministerio del Ambiente fue adversada de manera pública por un grupo de organizaciones, instituciones y personalidades (incluyendo individuos que se identifican con las políticas gubernamentales) pero también es cierto que muchas otras organizaciones nunca se manifestaron al respecto. Unos meses después, una nueva decisión vuelve a fundar el ministerio con nuevo nombre, lo que implica un cambio completo de concepción: del ministerio técnico sectorial al ministerio promotor de una doctrina política.  En este segundo momento el número de organizaciones o personas que opinaron al respecto fue marcadamente menor (ni siquiera para aplaudir la decisión) ¿Estas decisiones no les importaba o no les afectaba de ninguna manera a las mismas?
  • Recientemente se han denunciado casos graves de destrucción de ecosistemas, deterioro de la salud ambiental, amenazas sobre las áreas protegidas , menoscabo de las condiciones de vida urbana, sin que por ello se haya producido un movimiento social organizado para enfrentar estos temas ¿Si el deterioro ambiental de los venezolanos no es preocupación de los ambientalistas, de quién es?
  • Una organización muy conocida ha desarrollado un programa para ofrecer herramientas de diversos tipos para fortalecer a las organizaciones del sector, a pesar de ello frecuentemente solo unas pocas aprovechan este beneficio y algunas ni siquiera responden a los llamados a participar de las mismas ¿Estas organizaciones no creen que pueden mejorar o que ya tienen resueltos todos sus problemas y no tienen nada que aprender?.


Puedo seguir dando ejemplos, pero como se decía antes: para muestra basta un botón.

Al conversar y reflexionar con muy distintas personas dentro del sector sobre esta situación  encontré varias opiniones y patrones:

  • Organizaciones ancladas en  enfoques y modos de trabajo que no están adaptados a la realidad actual tanto venezolana como internacional.
  • Aislamiento y escasa capacidad para realizar acciones articuladas tanto con otras organizaciones, como con otros sectores de la sociedad, tanto a escala nacional como internacional.
  • Desconexión con los grandes temas sociales y socio-ambientales nacionales y globales. 
  • Poca capacidad para monitorear la realidad ambiental y conectarse con temas emergentes.
  • Poco interés en formarse, reflexionar, evaluar y cuestionar sus acciones
  • Renuencia a establecer acciones para buscar incidir y participar en el diseño y evaluación de las políticas ambientales el país.


Por supuesto que cada uno de estos temas es matizable y encontraremos ejemplos de excepciones en todos los casos. Pero como diría el viejo dicho: la excepción confirma la regla.

No es posible en este momento, analizar el origen y consecuencia de cada uno de estos problemas, así que voy a revisar  solo el último de los mismos, el cual involucra principalmente a las organizaciones que realizan proyectos en temas específicos y cuentan con personal pagado para implementarlos.

El gran tema es la participación

Estas organizaciones frecuentemente se consideran a sí mismas como “instituciones técnicas”, rechazando toda relación con temas considerados como “políticos”. Estas perciben lo “técnico” como un valor cercano a la tolerancia, la honestidad, la neutralidad, y la racionalidad, mientras que lo “político” lo entienden como la labor que realizan los partidos políticos y movimientos de activistas, lo que lo relacionan con acciones de confrontación, realizadas por personas deshonestas y sectarias que desconocen y desprecian la racionalidad científica.

Esta concepción estrecha y tergiversada de la política, ignora que las organizaciones de la sociedad civil  surgen de la acción pública de ciudadanos que se organizan en defensa de los derechos, intereses e ideales de la colectividad, y que esta labor es claramente política, aunque no partidista.

En tal sentido, las mismas  desarrollan sus actividades a través de diferentes roles. Ellos pueden incluir, entre otros: articular las demandas ciudadanas con las acciones del Estado, incidir sobre las decisiones de los entes públicos para mejorar la eficacia de sus políticas, dar respuesta a necesidades sociales insatisfechas por deficiencias de los gobiernos, promover la participación de las comunidades, así como supervisar la acción de los entes gubernamentales con respecto al cumplimiento de las leyes y acuerdos internacionales  (3).

Esto en términos sencillos, se puede resumir como: resistir, exigir, proponer y construir, tal como lo expresa Deborah Van Berkel Directora Ejecutiva de Sinergia.

Dentro de todas estas funciones quizás el elemento central es  que las organizaciones de la sociedad civil deben participar en la toma de decisiones sobre la concepción, formulación y ejecución de las políticas en todos los niveles del Estado, de tal manera que representen las aspiraciones, valores e ideas de la sociedad.

El término clave en este caso es participar. Más allá de la retórica improductiva y vacía que nos han impuesto, la sociedad civil debe involucrarse activamente en todos los temas que le interesa y compete. Participar no es opinar o asistir a actividades: Es como se ha dicho en muchas ocasiones: Ser parte y tomar parte.

Se es parte, porque como ciudadanos toda acción que nos afecte nos compromete y afecta y a partir de allí exigimos tomar parte en el diseño, planificación, ejecución y evaluación de estas decisiones.

El problema es que si no tomamos parte (no participamos) al final terminaremos no siendo parte (perdiendo nuestra condición de ciudadanos y transformados en masa o en simple público)

La participación es un derecho. Los derechos se ganaron con mucho esfuerzo, en ningún caso  fueron concesiones de los gobernantes. A los gobiernos, a ningún gobierno, les interesa ceder su poder. De allí el peligro: si no se ejercen los derechos terminan perdiéndose.

Es por ello que las organizaciones ambientales en Venezuela deben activarse, articularse y generar maneras novedosas de participar en todo los que nos compete y forma parte de nuestra misión central: la defensa de nuestros derechos ambientales.

O corremos o nos encaramamos. O mucho mejor expresado por Simón Rodríguez hace casi doscientos años: O inventamos o erramos.




NOTAS:
(1) Uso el término ambientalista en la acepción del DRAE: Dicho de una persona: Que se preocupa por la calidad y la protección del medio ambiente. En tal sentido, llamo movimiento ambiental a las distintas organizaciones de la sociedad civil articuladas o no, en cualquier nivel de la sociedad que desarrollan acciones para apoyar la gestión ambiental y la vigencia de los derechos ambientales.
(3) Este párrafo quedó por error fuera de la versión inicial publicada
(2) Recomiendo leer en la página de Civicus una discusión mucho más detallada y completa de estas ideas